FUNDAMERCED

viernes, 27 de mayo de 2016

Ante el acoso, prevención e intervención.

Noticias de la Ciencia y la Tecnología 
(Amazings ® NCYT ®)

Ante el acoso, prevención e intervención

Viernes 27 de Mayo de 2016




La violencia entre iguales no solo campa a sus anchas en los patios de las escuelas, también en las redes sociales. El bullying y el cyberbullying se han convertido en las lacras de una sociedad, donde ha echado raíces el acoso, las humillaciones y la perversión. Pero, la violencia entre iguales no solo es nociva para las víctimas, también tiene efectos muy negativos para los agresores y observadores de esas conductas violentas.

Maite Garaigordobil, catedrática de Evaluación Psicológica de la Universidad del País Vasco lleva muchos años evaluando y estudiando este problema, que según opina, va en aumento. Fruto de esta labor investigadora, la profesora Garaigordobil y su equipo elaboraron un programa de intervención para prevenir y reducir el bullying y el cyberbullying, dirigido a adolescentes, y para ser aplicado en el contexto escolar. Su nombre: Cyberprogram 2.0.

“El programa -explica la profesora Maite Garaigordobil- tiene tres grandes objetivos: por un lado, clarificar qué es el bullying y el cyberbullying, así como los roles implicados como son la víctima, el observador y el agresor; en segundo lugar, con este programa intentamos que analicen las consecuencias negativas que tiene para todos los implicados y además, desarrollar en ellos la capacidad crítica y de denuncia de estos comportamientos, y la empatía con la víctima; y, en última instancia, intentamos enseñarles con este programa básicamente estrategias de afrontamiento para prevenir el bullying y el cyberbullying desde la perspectiva de la víctima y los observadores”.

Cyberprogram 2.0 fue implementado en tres centros educativos de Gipuzkoa durante un curso escolar. En total, participaron 176 adolescentes de 13 a 15 años (43,8% varones y 56,3% mujeres) que cursaban Educación Secundaria. Del conjunto de la muestra, 93 participantes se dividieron en grupos experimentales y 83 en grupos de control. “Hicimos sesiones semanales de una hora de duración a unos grupos y, con otros grupos, realizamos las actividades habituales de tutorías. Además, antes y después del programa, aplicamos dos test para medir la violencia escolar y la agresividad”.


Un estudio ha evaluado ahora los efectos de la implementación de este programa “en distintos tipos de violencia escolar, en la violencia física, verbal y social, entre los miembros del grupo, así como la violencia mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, es decir, el cyberbylling. También se ha evaluado el efecto en la agresividad”.

“Está comprobado que altas dosis de afecto, de cariño, y de implicación con los hijos, con unas dosis de razonables de castigo, disciplina y coerción, es el modelo educativo más adecuado”

Los resultados obtenidos constatan que Cyberprogram 2.0 es una herramienta eficaz para prevenir y reducir la violencia entre iguales en cualquiera de sus formas. Así, ha confirmado que entre los adolescentes que realizaron la experiencia comparados con aquellos que no la llevaron a cabo, ha disminuido significativamente el bullying y el cyberbullying (violencia del profesorado hacia el alumnado; violencia entre iguales: física, verbal, social y tecnológica) y la agresividad (impulsiva y premeditada), y han aumentado las conductas sociales positivas, la empatía, la autoestima y la capacidad para resolver conflictos constructivamente. Estos datos han sido recogidos en un artículo titulado ‘Impact of Cyberprgram 2.0 on Different Types of School Violence and Aggressiveness’, y publicado recientemente en la revista científica “Frontiers in Psychology”.

“Hay que destacar que, aunque la intervención no iba dirigida al profesorado, el estudio muestra que el alumnado participante percibe una disminución en la conducta agresiva, entendida como conducta no adecuada, del profesorado hacia ellos. Su relación ha mejorado, aunque el panorama general no es tan positivo. De hecho, el último informe del sindicato docente ANPE confirma que se ha incrementado un porcentaje muy alto la violencia del alumnado hacia el profesorado, aumentando además la gravedad de esta violencia. Sin duda es un informe preocupante. Una sociedad que valora a su profesorado es una sociedad que avanza. Y, en nuestra sociedad, esta situación no se está dando. Hemos llegado a una situación en la cual los padres y las madres tienen muy poca tolerancia a la frustración y no admiten que nadie diga nada negativo de su hijo o hija. Y eso se traduce en crítica al profesorado”. Ante esta situación, la profesora Garaigordobil apela a la colaboración entre familia y escuela. “Está comprobado que altas dosis de afecto, de cariño, y de implicación con los hijos, con unas dosis de razonables de castigo, disciplina y coerción, es el modelo educativo más adecuado”.

A pesar de todos los esfuerzos realizados a nivel educativo, los datos arrojan datos preocupantes que hablan de un aumento de los casos de bullying y el cyberbullying en el contexto de la escuela. “Tenemos que tener tolerancia cero al acoso y, para ello, habría que realizar más intervenciones. Por un lado, a través de programas como el Cyberprogram 2.0, donde confrontamos directamente al alumnado con esa violencia e intimidación, así como con las consecuencias tan negativas que tienen, enseñándoles estrategias de afrontamiento positivas. Y, por otro lado, diseñando programas de desarrollo socio-emocional desde la educación infantil a lo largo de toda la educación reglada. Programas que estimulen la comunicación, los ámbitos de escucha activa, el respeto por el otro, la empatía, la autoestima… Si estos programas fueran una asignatura más, seguramente nos encontraríamos con tasas inferiores de bullying y el cyberbullying en las aulas”, concluye Maite Garaigordobil.


(Fuente: UPV/EHU)

jueves, 26 de mayo de 2016

México: Radiografía de las autodefensas



Una radiografía de las autodefensas

POR DAVID ESPINO ,  26 MAYO, 2016

El fenómeno de las guardias comunitarias no empezó en Michoacán, sino en Guerrero. Durante tres años, David Espino reporteó las autodefensas en ese estado, y en su libro Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas esclarece algunas de las razones que les dieron origen, da cuenta de sus conflictos y aclara su auge y declive. Reproducimos aquí un fragmento de la obra, que subraya un riesgo: las injusticias y violencias que dieron origen a las guardias se mantienen vivas y más crueles que nunca. El latigazo de Ayotzinapa no modificó la iniquidad.


“Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas”, nuevo libro de David Espino. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Antes del 26 de septiembre de 2014, el día en que 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecieron a manos de supuestos pistoleros del grupo criminal Guerreros Unidos en Iguala, coludidos con policías municipales, en este estado los desaparecidos por el narco eran casos de todos los días que nadie volteaba a ver. Desde que en mayo de 2010 se localizó en Taxco una mina abandonada con 54 cadáveres –cuyo rescate duró más de una semana– hasta las narcofosas descubiertas en 2013 y 2014 en Zumpango, Acapulco e Iguala, los hallazgos no pararon.
Hice un reportaje para la revista Esquire sobre esta atrocidad. Antes, en julio de 2014 lo había enviado a otro medio nacional que no le dio mucha importancia. Esquire aceptó publicarlo cuando el caso de los normalistas desaparecidos ya era noticia internacional. ¿Por qué a nadie le interesó antes lo que estaba pasando en Guerrero? ¿Por qué nadie volteó a ver los cientos de desaparecidos, no en pueblos perdidos, sino en lugares tan conocidos como Taxco, Acapulco, Chilpancingo? ¿Por qué se creyeron el discurso del Estado de que todas las víctimas tenían algo que ver con el narco?
Mientras seguía el caso de una chica de 15 años que había desaparecido en Zumpango en diciembre de 2013, conocí a Leonid Arreaga Martínez, el antropólogo forense que la halló seis meses después en una fosa clandestina junto con otras 13 personas. Leonid, único en su tipo en Guerrero, empleado del Servicio Médico Forense, me hizo entender muchas cosas. Me dijo que el estado estaba plagado de fosas que seguramente nunca descubrirían porque no tenían cómo hacerlo. Recuerdo que le planteé usar una especie de escáner para monitorear el suelo en los focos rojos y con altos índices de asesinatos. Su respuesta fue una sonrisa de conmiseración hacia mí, y comprendí que eso jamás ocurriría. Y no ocurrió a pesar de que los familiares de otros desaparecidos, es decir, los ajenos al caso de los 43 normalistas, pidieron a la Procuraduría General de la República que usaran todos los medios disponibles para localizarlos.

Tuvieron que emprender ellos mismos la búsqueda y escarbar con sus uñas la tierra donde fueron hallando de a poco otros cientos más. Con Leonid y un colega suyo, el odontólogo forense Emilio Gregorio Ayala, contamos 197 desaparecidos de enero a agosto de 2014, y cuando le sumamos los 43 normalistas de Ayotzinapa dieron 240. Una cifra espeluznante que nadie quiso ver hasta después de que el daño fue mucho mayor e irreversible: el monstruo creció alimentado de tantos cadáveres que cuando se le quiso parar fue imposible.
Quiero decir, nadie de afuera del estado había reconocido el tamaño del crimen que se estaba cometiendo en Guerrero, porque acá adentro un puñado de hombres y mujeres ya se había armado en sus pueblos y comunidades para enfrentar con sus medios y sus armas a narcotraficantes y extorsionadores, los cuales, amparados por el Cártel de los Beltrán Leyva, asolaban lo mismo ciudades que rancherías.
En junio de 2012, en Huamuxtitlán, región de la Montaña de Guerrero, surgió la primera autodefensa armada, antes incluso que en Michoacán, sólo que con una diferencia: acá las armas no pasaban de escopetas y pistolas de bajo calibre, mientras que en Michoacán, aunque el fenómeno emergió más tarde, los cuernos de chivo llamaron la atención de inmediato para las fotos de los titulares de los grandes diarios nacionales e internacionales.
El alzamiento de Huamuxtitlán fue visto por muchos medios sólo como una turba embravecida que rescató a unos secuestrados de un grupo que saqueaba la región y que casi linchó al alcalde sustituto en la plaza central. Pero fue más que eso. No fue el embrión, porque el embrión de la Policía Comunitaria fue el nacimiento de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) en noviembre de 1995, pero sí representó el inicio de una autodefensa más frontal contra un enemigo visible: el narco. Fue una declaratoria de guerra que la población lanzó contra un adversario inmenso e imbatible, cuando las cifras alcanzaban ya 10 mil asesinatos violentos en Guerrero (según datos forenses, los homicidios se incrementaron 315% de 2004 a 2013).
En octubre de 2012, a Huamuxtitlán le siguió Olinalá, que tuvo mayor relevancia. A mediados de agosto de 2013, su comandanta Nestora Salgado García cobró notoriedad a partir de que la autodefensa que dirigía detuvo al síndico procurador del municipio, Armando Patrón Jiménez.
La comandanta había arrestado al síndico en Huamuxtitlán luego del asesinato de dos ganaderos en una carretera rural que conduce al municipio vecino de Cualac. Nestora tomó la decisión cuando se supo que después del atentado a los ganaderos había un sobreviviente desaparecido. La autodefensa fue en su búsqueda y llegó hasta Huamuxtitlán. En el sitio ya se encontraba Patrón Jiménez, quien había ido a recoger una camioneta en la que viajaban los ganaderos y transportaban una res. Nestora le reclamó que debería estar dirigiendo la búsqueda del sobreviviente de la matanza. El síndico no supo cómo explicar su presencia en el lugar. La autodefensa lo detuvo. El alcalde de Olinalá, Eusebio González Rodríguez, entendió el acto como una provocación y ensanchó sus desavenencias con Nestora.
Se trataba de una lucha de poder. Las diferencias surgieron porque los narcos se paseaban por el pueblo sin que la Policía Municipal –que obedecía a Eusebio González– moviera un dedo. El propio González, que había asumido la presidencia municipal apenas un mes antes, fue denunciado de ser beneficiario de esa situación. La detención del síndico fue el error que el gobierno municipal buscaba que cometiera Nestora. El hecho se convertiría en la mejor coartada del gobierno para aprehenderla.
El 2 de diciembre de 2012, Telamacatzingo, pueblo perteneciente al municipio de Olinalá, siguió los pasos de la cabecera con otra mujer al frente: esta vez se trataba de la indígena nahua y profesora bilingüe Citlali Pérez Vázquez.
El 5 de enero de 2013, Ayutla de los Libres se sumó a los levantamientos, encabezado por otro indígena: el na’savi Bruno Plácido Valerio, tal vez de los dirigentes más sobresalientes junto con Nestora Salgado, pero con radicales diferencias en su forma de conducir las autodefensas. Mientras Nestora se confrontó con el gobierno del estado, de quien en un principio recibió sólo una pick up, Bruno se hizo su aliado, aceptó cualquier cantidad de prebendas, desde playeras y radios para sus efectivos hasta una camioneta blindada en la que se transportaba; además, hizo de la residencia oficial del gobernador una casa donde entraba y salía sin mayores complicaciones.
De Ayutla de los Libres, Bruno y sus hombres saltaron 10 días después a Tecoanapa. Y ocho días más tarde, el 18 de enero de 2013, surgió en Iguala otra autodefensa, esporádica, sin mayores efectos ni dirigentes visibles. Para entonces, José Luis Abarca Velázquez ya era alcalde de ese municipio. Los sucesos violentos avanzaban con rapidez. El 8 de marzo de ese año, el síndico Justino Carvajal Salgado fue asesinado a unos pasos del ayuntamiento. En mayo, Arturo Hernández Cardona, dirigente de Unidad Popular, una organización de colonos y campesinos, fue desaparecido junto con otros siete integrantes. Tres, incluyendo a Arturo, aparecieron asesinados cuatro días después. De inmediato, las células sociales que conformaban Unidad Popular responsabilizaron al alcalde Abarca, quien posteriormente sería preso junto con su esposa, inmersos ambos en la trama que envuelve la desaparición de los 43 normalistas. No se sabía del todo por qué en Iguala no había surgido con fuerza alguna autodefensa hasta que el municipio se descubrió como el reino de Guerreros Unidos.
En enero de 2013 surgieron cinco diferentes autodefensas en Guerrero. Además de la liderada por Bruno en Ayutla y la llamarada de Iguala, el 21 de enero se rebelaron en Tixtla, a media hora de la capital, Chilpancingo; el 26 de enero en Cuetzala, Tierra Caliente, un movimiento que no terminó de germinar hasta febrero de 2014. Y una más en El Mesón, Ayutla de los Libres.
La de Tixtla fue una autodefensa diferente, más confrontada con el gobierno municipal al que acusaban de estar coludido con los narcos del lugar. El liderazgo más visible fue el de Gonzalo Molina González, muy cercano al de Nestora Salgado y Arturo Campos Herrera, de El Paraíso, Ayutla.
¿Cómo se conformaron estos liderazgos en medio de una oleada de violencia que no respetaba a nadie? ¿De dónde sacaron valor esos hombres y esas mujeres para enfrentar, confrontar o al menos desafiar a una horda de nihilistas que como jinetes del apocalipsis sembraron y siguen sembrando el terror en Guerrero? Esta crónica busca hacer un retrato de las situaciones en las cuales el movimiento de autodefensas surgió, avanzó, creció y se extinguió al igual que sus dirigentes. De cómo el gobierno corrompió y tejió alianzas y de cómo encarceló a los que se mostraron renuentes.
Desde 2012, cuando emergieron en Huamuxtitlán, las autodefensas no han parado en Guerrero. No han parado porque los asesinatos, los hallazgos de fosas clandestinas, los desaparecidos, los secuestros y lo que se ha dado en llamar levantones no han dejado de ocurrir. La escalada de violencia no se ha detenido: no sólo en Acapulco –que fue desde 2005 el centro de la lucha entre el Cártel de Sinaloa, aliado en ese momento de los Beltrán Leyva, y el Cártel del Golfo–, sino en todo Guerrero. La cifra de muertes violentas va en aumento. Siempre en aumento. Y no es tremendismo.
La última autodefensa, surgida apenas el 11 de enero de 2016 en Teloloapan, región norte, es un eslabón más de todas las que se han manifestado a lo largo de las siete regiones de Guerrero en muy diversos municipios: El Mesón, Cualac, Coyuca de Benítez, Tierra Colorada, Teloloapan, Xaltianguis (Acapulco), Tecpan, Costa Grande y Atlixtac, Alpoyeca, Tlapa (centro económico de la Montaña), Chichihualco, Zumpango, Apaxtla. En enero de 2014 emergió una autodefensa donde el gobierno del estado se resistía a que surgiera: Chilpancingo, y aunque si bien no fue en la mera capital, sí en seis pueblos pertenecientes al municipio: Ocotito, Mazatlán, Dos Caminos, Buena Vista, Barrio Viejo y Mojoneras. La autodefensa tardó otro año para acercarse 15 minutos a Chilpancingo: en febrero de 2015, al final, llegaron a la comunidad de Petaquillas, en la zona conurbada de la capital.
Todas estas irrupciones se formaron por un patrón, el mismo por el que continúan apareciendo: la población no quiere más, se niega a vivir atemorizada. Ha habido heroísmo en más de uno, pero también muchos excesos. No han tardado en aparecer las diferencias que han terminado en masacres. La más cruenta fue Xolapa, un pueblo cercano a Xaltianguis, donde el 7 de junio de 2015 dos grupos primero aliados y luego contrarios de la autodefensa se enfrentaron a balazos y hubo 16 asesinados. La explicación de uno de los comandantes, Salvador Alanís Trujillo, fue que se había tratado de una pelea por el control del territorio. Bruno Plácido, en cambio, ha dicho que al final la autodefensa terminó por ser infiltrada por el narco y minada desde adentro.
El fenómeno de las autodefensas en un estado con 3 millones de habitantes, 500 mil de los cuales son indígenas empobrecidos, sigue tan vigente como desde el principio; por lo menos los motivos por los cuales se hizo presente. Al menos las razones por las que inicié esta crónica reporteada durante tres años. Desde Huamuxtitlán hasta Teloloapan, y desde Teloloapan hasta Tecpan, he contado 81 municipios donde grupos armados han desafiado al crimen organizado.
A pesar de todo, el narcotráfico sigue inamovible e imbatible: controla la ciudad más grande y más poblada, Acapulco, y el pueblo más recóndito y pobre, Zitlala; ha causado miles de muertes y ha desplazado a cientos de personas, imponiendo así la ley de la selva, donde el Estado es débil o de plano inexistente. Sin embargo, ese vacío lo han llenado también hombres y mujeres que siguen creyendo en la armonía como norma y en la paz como sistema. Que si tuvieron que tomar las armas, que si siguen tomando las armas, ha sido para desarmar a los otros. Aunque en el intento pierdan la vida.
____
Fuente: http://www.proceso.com.mx/441763/una-radiografia-las-autodefensas   

Enlaces relacionados:

no. Aunque 

domingo, 22 de mayo de 2016

Política Criminal en Venezuela

Política Criminal en Venezuela

Fundamerced
Caracas, 22 de Mayo de 2016

     Recientemente fue inaugurada la Dirección de Política Criminal del Ministerio Público. Este es el boletín de prensa, al cual se puede acceder desde la siguiente dirección electrónica: http://avn.info.ve/node/353522
Caracas, 03 May. AVN.- La nueva Dirección de Política Criminal del Ministerio Público (MP) dará importantes aportes a la seguridad ciudadana y a la celeridad procesal y, en consecuencia, optimizará la marcha del sistema de justicia penal y fomentará la credibilidad y la confianza de la colectividad en los cuerpos de seguridad, sostuvo este martes la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz.
En rueda de prensa, tras la inauguración de la nueva instancia en Caracas, la fiscal explicó que esta dependencia estará presidida por Rafael González, quien cuenta con amplia trayectoria en el sistema de la justicia penal. Agregó que el funcionario dirigirá un equipo de profesionales que trabajarán en función de elaborar una propuesta integral al Estado para contrarrestar el accionar de las bandas delictivas y para ello recurrirán a insumos y estadísticas de las instancias vinculadas con el área, así como de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y demás entes del sistema de justicia penal.
"Somos el único organismo del país que cuenta con una dependencia especializada para realizar estudios, diagnósticos y recomendaciones en materia de política criminal que sirvan para mantener la armonía y la tranquilidad de los ciudadanos", dijo.Ortega Díaz reiteró su llamado al desarme de la población y consideró que la tenencia de las armas debe estar controlada por el Estado con el fin de evitar incitaciones a la violencia, así como resaltó la importancia de promover valores del buen vivir para garantizar la paz.
     A tal respecto hemos de señalar que en Venezuela existe desde el año 1951 un ente público cuya misión es ocuparse de la política criminal, cuándo por Decreto Nº 323 de fecha 19-10-1951 fue creada la Comisión de Prevención  de la Delincuencia. Esta Comisión tenía como objetivo “…investigar las causas de la criminalidad de las distintas regiones del país, y proponer al Ejecutivo Federal las medidas adecuadas para contrarrestarla.” Era ésta una época caracterizada políticamente por la represión política, la segregación de los disidentes políticos –tildados como “comunistas”- en centros de reclusión alejados de los grandes centros urbanos –como la Isla Guasina, en el curso final del río Orinoco, en Delta Amacuro, o la Isla del Burro, en el Lago de Valencia- pocos meses antes de la asunción al poder del General Pérez Jiménez.
    Conforme al decreto que la creó, esa Comisión de Prevención de la Delincuencia estaba conformada así:
► Directores de Política y Seguridad Nacional, en representación del Ministerio de Relaciones Interiores
► Directores de Renta Interna y Aduanas, en representación del Ministerio de Hacienda
► Comandante de las Fuerzas Armadas de Cooperación (actual Guardia Nacional Bolivariana), en representación del Ministerio de la Defensa
► Director de Educación Primaria y Normal, en representación del Ministerio de Educación
► Jefe de la División de Higiene Mental y el Presidente del Consejo Venezolano del Niño (actual INAM, en proceso de desaparición jurídica), en representación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social
► Directores de Justicia y Prisiones, en representación del Ministerio de Justicia.
     Esta Comisión de Prevención de la Delincuencia fue reemplazada mediante Decreto Nº 241 de fecha 11-02-1970, durante la primera presidencia de Rafael Caldera, por la Dirección de Prevención del Delito, actualmente existente, adscrita al Ministerio de Justicia, integrada exclusivamente por personal ministerial, sin participación de otros entes ni públicos ni privados.  
     Desde ese entonces, más de sesenta años luego, la política criminal en Venezuela se ha caracterizado por la aplicación discontinua de programas aislados y carentes de un marco o plan de acción que los unifique y confiera al menos coherencia conceptual y metodológica respecto a una norma rectora que los oriente hacia un fin específico y que ha provocado más bién un incremento del auge delictivo debido a que las soluciones aportadas para abordar y hacer frente al fenómeno criminal son coyunturales y no estructurales, y de allí que en vez de prevenir las causas de la criminalidad  y brindar tratamiento resocializador a quienes delinquen, impone medidas represivas que afectan más a quienes no delinquen, qué sería la población en general, o ciudadanía. 
   Entonces, es falso que en Venezuela no exista una “…dependencia especializada para realizar estudios, diagnósticos y recomendaciones en materia de política criminal…”; ha existido desde la época de las juntas militares que gobernaron al país hace más de sesenta años, cómo ya quedó evidenciado; igualmente es falso que la política criminal para ser dictada deba nutrirse meramente de datos estadísticos respecto a cuántos incurren en determinado delito cómo pareciera afirmar la Fiscal General, dado que para dictar una medida pública en materia de prevención del delito se requiere conocer más bién cuál es la norma cultural que orientará precisamente esa medida de política criminal a ser dictada o formulada. Por tanto, nos parece que esta nueva dependencia viene a engrosar aún más la ya abultada burocracia que poseemos a nivel nacional, y que al existir ya una dependencia cuya función es implementar medidas de política criminal esta nueva dependencia estaría invadiendo entonces la esfera de competencias de esa antigua Dirección de Prevención del Delito, e incurriendo igualmente en un dispendio de recursos públicos, lesionando aún más así nuestro ya maltratado erario público.
            Somos de la opinión igualmente que la Fiscalía del Ministerio Público bastante tiene de que ocuparse, en vez de estar indagando también acerca de la fenomenología criminal: Crímenes atroces por doquier como decapitaciones, descuartizamientos y
Caso de corrupción pública:
Tercer Puente sobre el Río Orinoco
desmembramientos; linchamientos por la desesperación de la gente al sentirse impotentes ante los embates del hampa; notorios casos de corrupción pública; miles y miles de funcionarios públicos devengando sueldos y salarios sin prestar servicio alguno ni cumplir horario, tráfico y distribución de drogas…¿Quieren investigar? Investiguen entonces los innumerables casos de la cifra negra de la criminalidad, y cuya persecución criminal deberían abrir de oficio vía “noticia criminis” dado que tanto en las redes sociales como en la prensa escrita circulan datos respecto a esos delitos cuya comisión no es denunciada ante los correspondientes organismos de investigación criminal o que siendo denunciados son desestimados hasta por la propia Fiscalía.
      En cuanto al hacinamiento carcelario y el retardo procesal, son graves cuestiones a ser resueltas, indudablemente; la primera, no sólo incrementando la capacidad de albergue del sistema carcelario sino procurando minimizar tanto la reincidencia criminal como la comisión misma de actos delictivos; la segunda, extendiendo a 24 horas al día los 365 días del año el horario de actividad efectiva de los tribunales de la República así como el de todos los factores del sistema de justicia: Fiscales, Defensores Públicos, cuerpos policiales, etc. 
      El hampa no descansa ni toma vacaciones ni reposa, ni siquiera cuándo hay racionamientos de energía eléctrica o se decreta como no laborables tres días de cada semana para ahorrar energía eléctrica: El hampa actúa todos los días y a toda hora, indefectiblemente.
      De modo pues, a sabiendas que no existe esa política criminal, deberíamos comenzar entonces por formularla; nosotros la comenzaríamos así:
    Quién llame vía telefónica debido a una emergencia policial, debería ser atendido inmediatamente por el sistema judicial, el día qué sea, a la hora qué sea…y que la policía esté en las calles a toda hora, patrullando, a pie, no mediante drones ni por cámaras remotas colocadas en lo alto de postes…y que quién delinca sepa que purgará condena sí es hallado
culpable, y que purgando condena habrá de modificar su comportamiento pues sí reincide, purgará una sanción adicional por haber reincidido…pero purgando “condena” en una cárcel, en vez de estar reforzando su propia conducta desviada en un recinto con piscinas, restaurantes y discotecas, disfrutando de la compañía de sus compinches y exhibiendo en redes sociales su smartphone y sus armamentos, por lo cual deberían colocar entonces bloqueadores de llamadas telefónicas en todos los recintos, e impedirle a los reos el uso y posesión de teléfonos móviles y computadoras, evitando así que desde el interior de esos recintos prosigan ejecutando actividades criminales tales como extorsiones, secuestros, robos, etc.; asimismo, para evitar que consuman drogas y alcohol dentro de las cárceles, todo recinto carcelario debería estar provisto de sistemas electrónicos
de detección tanto de armas como de sustancias estupefacientes y psicotrópicas, e incluir el uso de brigadas caninas antidrogas, evitando así tanto el ingreso de armas y drogas por parte de los visitantes, como el vejatorio examen de las partes íntimas de las mujeres que visitan a los reclusos, con exploración digital incluída, pese a que dentro de algunas cárceles los reclusos estacionan los vehículos recién robados.          
   En definitiva, es inexistente en Venezuela una política criminal, un programa integral de medidas públicas en materia de prevención de la criminalidad; existen sí programas  para recrear y dar esparcimiento a las madres de los reclusos; o llevarlos en gira artística por Europa como integrantes de una sinfónica; pero no una sana medida en cuya virtud se establezca cómo ha de ser socializado todo individuo miembro de nuestra sociedad venezolana, o resocializarlo sí perturba el orden social, al incurrir en la comisión de algún delito.
   No basta expresar públicamente: “Dile no a las drogas” o “No más bullying”; son 


Basura en Caracas: ¿Quién debería responder?
Respuesta: El Alcalde.
frases y expresiones carentes de todo sentido sí la impunidad criminal es promovida por el propio Estado al no castigar oportuna y adecuadamente a quién delinque, son simples clichés.
     La política criminal ha de ser formulada como un todo integral, que comprenda todas las incidencias y facetas de la vida cotidiana de los miembros de una sociedad: ¿Cómo y por qué evitar los embarazos precoces? ¿A partir de cuál edad se podrá mantener relaciones sexuales o consumir alcohol? ¿Evitamos que determinados programas de televisión sean transmitidos durante el día, o impediremos que sean transmitidos a cualquier hora? ¿Legalizamos el consumo de la marihuana, pues en otros países la consumen legalmente? ¿Permitimos el matrimonio entre humanos y animales, pese a que en Alemania todavía el asunto está en discusión? ¿Un hombre se podrá casar con un perro macho, o una mujer con una perra? 
      Cómo podremos advertir, formular una política criminal va más allá que el de ordenar una simple razzia para exterminar unos delincuentes que se hallen ubicados en una determinada ubicación geográfica; tampoco podría ser formulada de modo improvisado, ni guiado por las hormonas ni por la moda del momento ni por aquellos que a cada rato y en todas partes opinan y pontifican sobre cualquier tema. Corresponde a la sociedad formularla pero a partir de sus correspondientes normas culturales, qué tras ser establecidas y enunciadas servirían como fundamento sobre el cuál formular entonces éstas medidas públicas de prevención de la criminalidad. Por supuesto, mientras impere como norma el encubrimiento y el espíritu de complicidad en una sociedad, difícilmente podría ser formulada una adecuada y sana medida de política pública, debiendo conformarse por las esporádicas razzias efectuadas de en vez en cuando para depurar un poco el tejido social de la sociedad como ente, extrayendo y extirpando lo dañado y pernicioso.   




___
Enlaces relacionados:

jueves, 19 de mayo de 2016

La libertad humana desde la perspectiva de la neurociencia

La libertad humana desde la perspectiva de la neurociencia

Conversaciones con Ramón María Nogués (II)

A mediados de abril, se publicó en Tendencias21 de las Religiones una conversación con Ramón María Nogués, Catedrático de Biología Humana en la Universidad Autónoma de Barcelona, sobre lo religioso desde una perspectiva biológica, neurológica y antropológica. En esta segunda entrevista se plantea el cuestionamiento neurológico de la libertad o “determinismo neurológico”.

Por Diego Bermejo
Martes, 3 de Mayo 2016

Ramón María Nogués, doctor en biología, Catedrático de Biología Humana en la Universidad Autónoma de Barcelona, es especialista en investigación en genética de poblaciones y en evolución molecular del cerebro. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre evolución, genética y relaciones entre cerebro y experiencias espirituales y religiosas. 


En 2015, fue invitado a la Universidad de Deusto para impartir tres seminarios y sendas conferencias dentro del ciclo Ciencia y Religión, en que yo mismo actuaba como organizador y moderador, sobre el tema neurociencias y espiritualidad. Recientemente, la Editorial Sal Terrae ha publicado el libro Neurociencias, espiritualidades y religiones (Sal Terrae, Santander, 2016), que recoge y completa el contenido de estos encuentros. De ellos nacieron las entrevistas que ahora publicamos (la primera apareció a mediados de abril). 



Esta conversación esta centrada globalmente en la naturaleza neurológica del ser humano, y parte del hecho de la libertad y de su consideración neurológica, para conectar con la dignidad, el yo y la personalidad humana.   
  
Otro tema estrechamente ligado a la espiritualidad es el tema de la conciencia y de la libertad. ¿Conducen las neurociencias necesariamente al determinismo y la consiguiente negación de la libertad? ¿Cuál es el estado de la cuestión? 



 Creo que lo característico del  momento actual de la neurología en relación con la libertad se situaría en desplazar las posturas fundamentalmente  ideológicas sobre la libertad (afirmación o negación a priori) hacia un planteamiento operacional; es decir, aproximarse a las decisiones humanas analizándolas como resultado de procesos complejos, para constatar cómo se desenvuelve la decisión individual y qué posibilidades de indeterminación y elección se plantean.  Este es el caso de neurólogos de primera línea como Fuster, Tse o el mismo Libet que en un primer momento sugirió dudas sobre la posibilidad de hablar de libertad. 



Actualmente  muchos eminentes neurólogos piensan que la complejidad del sistema neural del cerebro permite situar el funcionamiento cerebral humano dentro de los sistemas caótico-deterministas que se caracterizan por un  comportamiento poco predecible que admite diversas soluciones. El cerebro generaría la base comportamental básica de nuestras pulsiones y emociones y este mismo cerebro gozaría de una cierta capacidad de reorientación de estas pulsiones y de la facultad de mostrar “tarjeta roja” (es el símil que utilizaba Libet) a una conducta vivida o percibida como no adecuada. 



Esta capacidad de modular el margen de indeterminación disponible correspondería a lo que consideramos la libertad. Esta opinión está reforzada por autores expertos en física fundamental como Kaku y otros. Estos planteamientos se distancian de lo que significaría una aplicación automática y puramente teórica e ideológica del principio causa-efecto. Este principio se respeta perfectamente en el análisis de los sistemas complejos. El sistema es determinista pero caótico-determinista. 



Esto invita a poner en relación la neurociencia y la física cuántica… 



No conozco suficientemente los planteamientos cuánticos y los sistemas hipercomplejos, pero veo en autores competentes la idea de que uniendo la indeterminación, las aportaciones de la física cuántica, y una cierta dosis de azar, como dice Kahn,  hay un margen interesante para huir de las visiones simplistas y aceptar dimensiones de imprevisibilidad en la decisión humana en las que cabe un margen de libertad. Una sola de los cien mil millones de neuronas del cerebro constituye un sistema complejísimo integrado en unos estados variables moleculares y eléctricos del amplio conjunto cerebral, en el que, funcionando perfectamente el principio de causa-efecto,  se dan imprevisibilidades que admiten la denominación de márgenes de libertad, de parte del “yo” gestor (relativo pero real) del sistema. 



Lo que quiere decir es que tampoco el campo neural sería el último territorio ni la piedra fundamental sobre la que descansa la experiencia de libertad. Sino que, si entráramos en procesos cuánticos, indefinidos, complejos, inciertos, indecidibles, etc. 



Exactamente, Heisenberg… 



Entonces entraríamos en un concepto de realidad mucho más difuso, elusivo e inasible, y en el que las neuronas que estudiamos como si fueran los últimos detectores de la libertad o del determinismo, en realidad estarían abiertas a un campo de realidad que se escapa a la determinación y al control. 



El mismo Libet ya lo reconoció. El experimento Libet,  cuando se hizo, era un experimento muy elemental: hay una detección de respuesta eléctrica anterior a la toma de conciencia. Pero de aquí deducir que la libertad no tiene ningún sentido es excesivo. El mismo Libet volvió atrás de una primera interpretación de sus experiencias y en un texto último admitió la posibilidad de un cierto control secundario, libre y consciente de las respuestas generadas de forma un tanto automática por nuestro cerebro. No hay que entender esta posibilidad como una capacidad trascendental de responder de forma autónoma a todos y cada uno de los retos que nos planta la vida, con una especie de libertad trascendental y esencialista. 



Schopenhauer está siendo muy citado en estos debates: “El hombre puede hacer lo que quiera, pero no puede querer lo que quiera”. ¿Qué dirías a esto? 



Estoy de acuerdo, porque el querer en esta frase representa al mundo impulsivo, y aquí volvemos otra vez a la idea de Libet: la mayor parte o, al menos, muchas de nuestras conductas nacen de un fondo que no controlamos conscientemente. Ahora bien, tenemos un cierto margen para darles cauce o no, y este sería el margen de la libertad, que puede ser mucho mayor en unas personas que en otras, porque naturalmente los condicionamientos son muy fuertes y, por tanto, nadie sabe exactamente cuál es el margen de libertad de un individuo concreto. 



En cualquier caso, con Ortega y otros vitalistas, podríamos decir que estamos determinados a ser libres, valga la paradoja o el oxímoron… Condenados a ser libres, afirmaban los existencialistas. 



Sí, sí... 



En torno a la libertad y a la espiritualidad, nuestra cultura muy antropocéntrica, sobre todo androcéntrica, ha puesto mucho relieve y mucho énfasis en la idea de la autorrealización, es decir, en la idea de un yo fuerte, el sujeto moderno, agente racional y libre, llamado a imponer su voluntad a un mundo convertido en objeto. Y, sin embargo, accedemos a experiencias menos verbales, menos verbalizables, arracionales –ni puramente racionales ni puramente emocionales, más bien transracionales– que estarían en el territorio de lo que llamamos espiritualidad y que tú llamas trascendencias múltiples: la ética, la estética, la espiritualidad, la religión… Me refiero en concreto a que estas experiencias que se producen en estos territorios no del todo definibles serían más bien salidas de sí –de un yo demasiado centrado, demasiado individualizado y demasiado egocéntrico– que realización de sí. El éxtasis religioso, la experiencia regalada de sentido pleno de la vida, la gratuidad de un instante gozoso, la contemplación serena de la naturaleza y el cosmos, la conmoción ante la belleza, el orgasmo erótico-sexual, la armonía repentina de un momento que reclama eternidad y reconcilia con la muerte, el deseo vivo y ardiente de justicia, el temblor ante lo sublime e incontrolable… estas experiencias y otras parecen cuestionar la idea tan moderna y racionalista de conciencia y libertad, e indicarían más bien que somos conscientes de nosotros mismo en la misma medida en que nos sentimos sobrepasados, transcendidos, transpasados por un plus de realidad para el que no tenemos ni razón, ni siquiera palabra… Esas experiencias “trans” que te hacen salir de ti, aun siendo consciente de ti, ¿tendrían alguna explicación neuronal, o entramos en un campo transneuronal de conciencia que está más allá de los cerebros individuales? ¿Sería la espiritualidad esto? 



Yo creo que aquí hay una cuestión controvertida que es el valor que la cultura occidental da al individuo, que posiblemente sea desmesurado. Por otra parte, esta misma cultura occidental se ve tentada, quién sabe si como compensación, a dejarse seducir por la idea espiritual de una corriente hindú que es el Vedanta y que insiste en la no-dualidad. Hay que destacar que el “yo” lo ponen en duda también muchos neurólogos para los que este yo sería una fantasía. Entonces aquí se plantea el tema de una manera muy curiosa, porque de una parte la afirmación del yo es una petición clara de la cultura occidental, de la libertad, el yo, el individualismo incluso; en cambio, la reivindicación espiritual está de acuerdo con lo más opuesto a la espiritualidad, con la neurología más dura, y reduccionista, la que dice que el YO es una pura ilusión, porque es una reunión de unos cuantos datos en un momento de sincronía neuronal y no pasa de aquí. Estamos aquí ante un tema muy divertido, porque los extremos se tocan, porque lo más materialista de la interpretación neural coincide con lo más espiritualista de la superación del yo. En este sentido, hemos debatido frecuentemente el tema con Corbí.  Corbí  es muy reticente ante el yo y tiende a coincidir en sus afirmaciones con las de los neurólogos que niegan el valor del yo, aunque él lo plantea desde el punto de vista de la espiritualidad o la filosofía vedanta. Estamos ante una cierta paradoja.


¿Y cuál es tu postura? 


Yo creo que neurológicamente y psicológicamente al yo hay que otorgarle una buena consistencia. Esto en el mundo occidental se ha traducido en un egocentrismo atroz y en la negación del individuo a someterse a nada. Aquí, por ejemplo,  yo creo, que hasta el mismo Freud, cuando habla de una ley superior a mí, no una ley civil, sino una ley metafísica que es superior al individuo, está criticando el individualismo de occidente. Y yo estoy de acuerdo con esta crítica. Hay algo superior, yo no soy la instancia última a la cual se ha de rendir el universo, por tanto yo he de respetar instancias superiores. ¿Cuáles son? Esto es otro tema, el de las  instancias superiores.  Yo creo que, por ejemplo, que los mitos religiosos y espirituales ayudan a reconocer que el yo no es un valor absoluto. Siempre pongo el ejemplo del mito bíblico de Caín y Abel. 



Las personas podemos llegar a la convicción de que no se puede matar a un hermano, y para esto no se necesita inevitablemente ninguna referencia religiosa. Ahora bien,  todos tenemos una debilidad y puede ser que en algún momento perdamos la convicción de que no se puede matar al hermano. Entonces, esta instancia superior que Freud la denominará un superego bueno, o que los relatos religiosos simbólicamente lo determinarán como un mandato de Dios,  creo que  es bueno que yo lo reconozca como superior a este yo ingobernable que en occidente está prestigiado a todo tren y que no reconoce ninguna superioridad a nada. Por tanto, aquí hay un juego tremendo de la neurología, de la espiritualidad y de la responsabilidad social del yo…. Y creo que aquí hay mucho material para elaborar. 



Así, pues, es probable que occidente valore desproporcionadamente el yo, pero el  yo es una pieza central e insubstituible del psiquismo normal. Sin un yo bien establecido la vida psíquica se desmorona. Un psiquismo sin un yo suficiente amenaza con la demencia. Incluso el célebre no-dualismo de la tradición Vedanta supone un yo muy bien establecido psicológicamente. La no-dualidad, paradójicamente, es una sutileza de un yo muy sólido. 



Siguiendo este mismo hilo conductor, en occidente sobre todo y en general en la historia de la humanidad -pasamos al mundo de la ética- sin yo consciente y libre no hay responsabilidad y, entonces, tampoco hay imputabilidad de actos; y, en ese caso, no habría posibilidad de hablar de ética.  Tenemos que postular, por tanto, un mínimo de yo, consciente y libre, para que la cultura ética pueda sobrevivir. 



Claro, si no, nos lo cargamos todo. 



El marco actual que define la cultura ética laica son los derechos humanos, fundados en la idea de dignidad intrínseca de todos los seres humanos. La idea de la dignidad no es unívoca y los intentos de fundamentación de la misma son todo menos “naturales” –¡y menos mal! El supuesto de la dignidad está claro que no depende de la neurociencia. ¿O sí? 



Yo creo que no. La dignidad, como tantos otros valores centrales, no podemos delimitarla neurológicamente. Es un constructo sutil mental que no es posible relacionar en su conjunto con un producto de una red neuronal, aunque podamos ser capaces de detectar alguna zona cerebral que reacciona ante la experiencia de dignidad. 



Entonces, estamos hablando ya de otras dimensiones, como hablaremos también de la estética o de la religión, que no se agotan en lo que la neurociencia pueda decir. 



Yo creo que la neurociencia humana puede captar activaciones de redes neuronales con ocasión de experiencias psicológicas o espirituales relativas a  valores como la dignidad, etc.; pero estas observaciones están muy lejos de explicar la experiencia de la dignidad, que es un “qualia” típico. Estamos ante experiencias que llamo “trascendentes” en el sentido de producirse mucho más allá de las experiencias correspondientes a las necesidades de supervivencia, que responden a  programaciones hipotalámicas, etc.  Estas expresiones humanas que van mucho más allá de lo imprescindible para la supervivencia, y que se manifiestan en lo ético, lo estético, lo religioso, lo amoroso, lo filosófico, etc., se producen evidentemente en relación con el cerebro, pero no se agotan con explicaciones neurológicas. 



En este sentido puede hablarse de trascendencia, de ir más allá de lo predecible desde la naturaleza de un cerebro que garantiza el sobrevivir. Por poner un símil: cuando yo conozco perfectamente la estructura y naturaleza del motor de un automóvil, todavía no conozco nada del posible itinerario o de los proyectos del viaje. Puedo conocer perfectamente el cerebro y desconocer algunas de sus dimensiones “transcendentes”. En este punto hay que reconocer la singularidad mental humana. No vale decir que la psicología y la cultura humana son simplemente una manifestación más de las redes neuronales. Es demasiado sencillo y reduccionista el dar este tipo de explicaciones que de una manotazo eliminan la complejidad.                                
                         
Un punto conflictivo en el diálogo neurociencia-bioética sería la identificación entre cerebro y mente. Parece que se va imponiendo en el ámbito científico la idea de que no podemos o, mejor, no debemos hablar de mente sino de cerebro. 



Hay que hablar de cerebro-mente y mejor si hubiese una expresión integrada. 



Lo otro sería incurrir en alguna versión del dualismo platónico, espiritualista… Pero surgen cuestiones bioéticas importantes que parecen exceder el ámbito de las neurociencias, en las que se plantea la realidad y dignidad de la persona… Por ejemplo, una lesión cerebral también produce una lesión mental; y determinadas lesiones cerebrales pueden incapacitar a un individuo hasta el punto de no poder reconocer en él actividad personal consciente. ¿Una lesión cerebral hace que una persona no lo sea, porque no tiene una mente completa y, por tanto, ya no es persona? ¿Qué relación existe entre vida mental y dignidad? Una persona afectada de Alzheimer, determinados síndromes mentales, o estados vegetativos no parece que debieran resolverse éticamente desde la pura y simple actividad cerebral… Además, hay muchos tipos y niveles de actividad cerebral… ¿Cuál de ellos habría de utilizarse para determinar los criterios definidores de la vida “humana”? ¿Darwinismo mental? 



Vamos a dejar el dualismo y situémonos con comodidad mental en un sistema de comprensión humana “unitarista”. Desde esta posición admitimos claramente que no existe vida mental que podamos considerar aparte de la vida cerebral, desde el punto de vista observable por la ciencia. Todo el mundo tiene derecho a admitir otras dimensiones metafísicas para el yo, pero no es el caso en el debate cerebro-mente. Entonces, nos encontramos con situaciones límite. 
Existen estados cerebrales tan degradados, que invalidan la consideración de persona para el sujeto en cuestión.



Por ejemplo, el caso de un feto anencefálico, o el de una persona sujeta al funcionamiento de máquinas respiratorias, pero cuyo cerebro no manifiesta ninguna actividad. Lluís Barraquer, el eminente neurólogo y buen amigo, comentaba los casos en que, por razones traumáticas o similares, una persona joven mantenida en un sistema mecánico adecuado aparecía respirando y con un sistema cardiocirculatorio activo, incluso con una cierta buena apariencia física, pero que en realidad estaba muerta. Fuera de estos casos-límite la situación que puede presentar un Alzheimer severo u otros casos de demencia siguen constituyendo un misterio por lo que se refiere a su dimensión personal. 



Pero también se da el caso de personas que, tras pasar por estados vegetativos severos, luego “reviven”, y vuelven a manifestar actividad mental… 



También. Aquí estamos ya en el límite. Si “reviven” hay que aceptar que no estaban muertas. Aquí existen dimensiones neurobiológicas, filosóficas, etc, en juego.  De todas maneras, si “reviven” no se planeta dificultad particular: parecían muertas y no lo estaban. Los casos más complejos se dan cuando no consta casi ninguna actividad mental y no sabemos si lo que hay es vida humana, aunque está claro que viven. Porque la vida humana no es simplemente el resultado de algunas constantes biológicas aparentes. Estas son situaciones muy delicadas, porque frecuentemente no nos consta la voluntad del afectado, y esta voluntad es fundamental. 


 Ramon Maria Nogués.
Fuente: Fragmenta Editorial.
Aún sin querer incurrir en una visión espiritualista de las cosas, es tanto lo que 


ignoramos que la tentación de volver a utilizar categorías espiritualistas parece a veces el mejor modo de poner a salvo el “misterio personal” sobre el que intuitivamente y tradicionalmente hacemos descansar la singularidad de la vida humana y que, sin este postulado, no vemos del todo garantizada con estrictos criterios neurocerebrales. La física cuántica, por otra parte, disuelve la distinción sustancial entre materia y no materia… y opera con términos y principios bastante inmaterialistas, casi espiritualistas o, al menos, idealistas… 

Cogiendo el toro por los cuernos, yo a veces paso a la consideración de las teorías de los físicos gnósticos americanos-orientales que afirman que lo único que existe es lo espiritual; la materia es un error de percepción. A mí  también me gusta jugar a veces con esta variable como provocación epistemológica,  porque realmente no sabemos cuál es la frontera que en definitiva estaría separando lo que llamamos espíritu de lo que llamamos materia. Pero esto creo que quizá no es equiparable a la cuestión de mente-cerebro, es decir, la cuestión cerebro-mente no es lo mismo que materia-espíritu. 


Me parece que la noción de mente, finalmente en la neurología, es funcional y yo no me atrevo a decir que, cuando la mente se ha degradado, todo lo espiritual haya desaparecido, porque estoy entrando en otro campo; entre otras cosas, porque el neurólogo tiene competencias en lo observable y hay un último nivel de la realidad que me parece que no es observable, y sería aquel nivel en el que discutiríamos si lo espiritual o lo material… y, en último término, llegaríamos a lo trascendente (¿Dios?); y desde luego la ciencia no es competente para hablar de Dios. Y el espíritu… ¿qué puede ser? Bueno, pues no sé…