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sábado, 18 de abril de 2015

Terrorismo islámico: Por qué no en Japón...



La inmigración, la violencia musulmana

El terrorismo islámico: ¿Por qué no hay ninguno en Japón?


13 de abril 2015 - YK Cherson 


Con todo esto el terrorismo musulmán que azota al mundo, tal vez es hora de echar un vistazo a un país que no sufre la misma suerte y analizar exactamente qué es…

Final del formulario

En 2011, los musulmanes sunitas representaron el mayor número de ataques terroristas y víctimas mortales por tercer año consecutivo. Más de 5.700 incidentes fueron cometidos por musulmanes sunitas, responsable de casi el 56 por ciento de todos los ataques y alrededor del 70 por ciento de las 12.533 víctimas mortales.

Otro 24 por ciento de las muertes son de musulmanes chiíes. Así que en 2011, los musulmanes fueron responsables de 94 por ciento de las muertes en los ataques terroristas. Desde 2011, con ISIS en la escena, creció el número de las víctimas mortales por ataques terroristas, junto con la participación de los Muslims en el terrorismo mundial, que se está cerrando de manera constante en el 100%.

En 2013, según el Departamento de Estado de Estados Unidos, un total de 9.707 ataques terroristas se produjo en todo el mundo, lo que resulta en más de 17.800 muertos y más de 32.500 heridos. Además, más de 2.990 personas fueron secuestradas o tomadas como rehenes. Información sobre los autores se informó en materiales de base para el 32 por ciento de los ataques terroristas en 2013.

Y de estos 32 por ciento, o 17.800 muertes, sólo tres grupos terroristas musulmanes, a saber, los talibanes, ISIS y Boko Haram, fueron responsables de 5.655 muertes, o sea: Responsables del 31.76 por ciento! Eso significa que de 31.76 por ciento de ese 32 por ciento de los ataques terroristas que habían reportado información sobre los atacantes fueron perpetrados por sólo tres grupos terroristas musulmanes, de un buen 50% más que existe en nuestro mundo turbulento!

Terroristas musulmanes pueden estar orgullosos: su participación en los ataques terroristas del mundo está ahora cerca de 100%.

Parece que no hay un solo país en el que los musulmanes no mostrarían su verdadera cara... ¡Pero no! No es un país que se asemeje a otro. Es uno de los países más desarrollados de la Tierra, y su naturaleza democrática es reconocido en todo el mundo, un verdadero aliado de los EE.UU. y miembro de la OTAN. Sin embargo, con todo esto, no había ni un solo ataque terrorista perpetrado por musulmanes en este país. Por otra parte, no había ni una sola, aunque de menor importancia, motín, disturbios o protestas, no importa cuántos ciudadanos de este apoyo a los países caricaturas del profeta Mahoma publicadas en un periódico danés o en una revista francesa.

El nombre de este país de la suerte es Japón.
Por supuesto, Japón logra esto mediante alguna política de integración muy eficaz, mediante el uso de las tecnologías más avanzadas y la asignación de miles de millones de yenes en la construcción de miles de mezquitas y escuelas islámicas de todo Japón, la prohibición de la carne de cerdo en todos los lugares públicos, la introducción de horas separadas para niños y las niñas en piscinas en todas las escuelas públicas, y los médicos varones japoneses no se atreven a tocar a sus pacientes de sexo femenino, las mujeres musulmanas reciben inmensa ayudas sociales cada vez que tienen un niño, tribunales de la Sharia se introdujeron en el sistema judicial de Japón, y la Corán es considerado un libro sagrado en Japón ...


No, nada de eso. Lo que hizo Japón para evitar problemas relacionados con los musulmanes era mucho más simple y más barato; Japón está prácticamente cerrado a los musulmanes.


Oficialmente, la inmigración a Japón no está cerrada a los musulmanes. Pero el número de los permisos de inmigración otorgados a los solicitantes de países islámicos es muy baja. La obtención de una visa de trabajo no es fácil para los adeptos del Islam, incluso si son médicos, ingenieros o administradores enviados por las empresas extranjeras que operan en la región. Como resultado, Japón es "un país sin musulmanes".

No hay una estimación confiable de la población musulmana en Japón. Sin embargo, las estimaciones en unos treinta mil hechas por algunos investigadores, son sin duda una exageración. Algunos afirman que hay sólo son unos pocos centenares de musulmanes en Japón. Esto equivale probablemente al número de musulmanes que practican abiertamente el islam. Preguntado para dar una estimación sobre el número real de los musulmanes en Japón, el ex presidente de la Asociación Islámica en Japón, Abu Bakr Morimoto, contestó: "Hablando francamente, sólo mil. En el sentido más amplio, es decir, sí no se excluye a los que convirtieron al Islam a causa del matrimonio, por ejemplo, pero no practican,  entonces el número de musulmanes sería de unos pocos miles."

A uno de los líderes de la comunidad musulmana en Japón, Nur ad-Din Mori, se le preguntó: "¿Qué porcentaje de la población total de Japón son musulmanes?"  Él respondió: "La respuesta en este momento es: Una de cada cien mil…"

La población de Japón es de 130 millones de personas, por lo que si las estimaciones de éstos líderes musulmanes son correctas, entonces debe haber alrededor de 1.300 musulmanes en Japón. Pero incluso aquellos musulmanes que obtuvieron permiso para inmigrar  y vivieron muchos años en el país tienen muy pocas posibilidades de convertirse en ciudadanos japoneses.

Japón oficialmente prohíbe las exhortaciones a la gente para adoptar la religión del Islam (Dawah), y cualquier musulmán que fomenta activamente la conversión al Islam es visto como proselitista de una cultura extraña e indeseable; y los activistas "promotores del Islam" pueden ser  deportados y hasta ser condenados a purgar condena en la cárcel.

Por otra parte, la lengua árabe es enseñada en muy pocos centros académicos; pude encontrar sólo un  instituto de este tipo: el Instituto Árabe Islámico, en Tokio. Pero incluso la Universidad Internacional de Japón en Tokio no ofrece cursos ni de árabe ni en lenguas islámicas.

La  importación al Japón del Corán en árabe es prácticamente imposible, y el único permitido es la versión "adaptada" en japonés.

Hasta hace poco, sólo había dos mezquitas en Japón: Tokio Jama Masjid y Mezquita de Kobe. Ahora, el número total de sitios musulmanes para rezar en Japón se cuenta en unas 30 mezquitas de un solo piso y alrededor de un centenar de habitaciones de apartamentos destinados a oraciones.

Y la sociedad japonesa espera que los musulmanes recen en su propia casa: No en modo colectivo, ni "postrándose" en las calles o plazas; en Japón, las multas por estos “espectáculos” pueden ser bastante altas, y en estos casos que la Policía japonesa considera "grave", los participantes pueden ser deportados.

Muy a menudo, las compañías japonesas que buscan trabajadores extranjeros señalan específicamente que no están interesados ​​en los musulmanes.

Aún más, no hay ni siquiera un rastro de una Ley de la Sharia en Japón, y la comida halal es extremadamente difícil encontrar allí.

Los japoneses tienden a percibir el Islam como una "extraña y peligrosa religión" que un verdadero japonés debe evitar, y los recientes asesinatos de dos ciudadanos japoneses, Haruna Yukawa y Kenji Goto, por ISIS no han contribuido a una mejora en las opiniones de los japoneses en este asunto.

Y lo más interesante en el enfoque japonés hacia los musulmanes es el hecho de que los japoneses no sienten ninguna culpa de un enfoque "discriminatorio" contra el Islam; tampoco consideran que deberían pedir disculpas a los musulmanes por la forma negativa en que perciben su religión. Gas y petróleo árabe – sí;  y Japón mantiene buenas relaciones con los exportadores árabes. Pero el Islam -no, y la inmigración musulmana -menos. El Islam es algo que es adecuado para otros, no para Japón, y por lo tanto los musulmanes deben permanecer fuera.

Y los musulmanes en Japón no se amotinan, no tildan de "racistas" a los japoneses, ni queman ni incendian coches, ni rompen ni destrozan ventanas, ni decapitan soldados japoneses por haber estado en Afganistán, Irak o en cualquier otro lugar en la Tierra - y ni un solo japonés ha sido víctima en suelo japonés de un ataque terrorista musulmán en los últimos 30 años.

Tal vez Europa y los EE.UU. deben mirar más de cerca el modelo japonés de hacer frente a los musulmanes.

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     Esta información proviene de informe no clasificado del Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC). El NCTC ofrece al Departamento de Estado los datos estadísticos que necesita, y fue creado para proporcionar a las agencias del gobierno este tipo de información.

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Traducción libre desde: http://chersonandmolschky.com/2015/04/13/islamic-terrorism-japan/

viernes, 1 de agosto de 2014

Estudiante japonesa decapita a compañera



Estudiante decapita a compañera de clases

                                    Estudiante decapita a compañera de clase    


29 de julio de 2014.
Japón.- "Quería matar a alguien... para ver cómo era”, declaró la joven japonesa que asesinó y decapitó a una compañera de clase el fin de semana pasado.



La joven asesina de 15 años, narra la agencia Kiodo, cuyo nombre no fue difundido, confesó que golpeó varias veces en la cabeza a su compañera, Aiwa Matsuo, con un objeto contundente y la estranguló; luego la decapitó y le cortó la mano izquierda.

Según medios locales, la muchacha de 16 años hizo esta increíble confesión a los investigadores sin mostrar el menor remordimiento.

Los hechos se produjeron en la ciudad de Sasebo, prefectura de Nagasaki (oeste de Japón), el sábado por la noche. En su investigación, la policía encontró varias herramientas en la casa de la chica, como martillos y una sierra, lo cual refuerza la tesis de la premeditación.

El cuerpo de Aiwa Matsuo fue descubierto en el domicilio de la joven homicida; además, las autoridades revelaron el hallazgo de cuatro mensajes en un foro de internet, con la imagen de una mano ensangrentada. 


De acuerdo con otras versiones, la asesina ha confesado ante la policía que fue ella misma quién cometió el crimen porque quería el cuerpo de su compañera para poder diseccionarlo, motivo éste que no contradice el querer asesinarla por "curiosidad".

Según confirman las fuentes policiales, "el cuerpo se encontraba cortado en pedazos y había herramientas, y la cabeza del cadáver se encontraba separada del cuerpo".

La acusada aseguró haber estrangulado a su compañera antes de empezar a diseccionarla.


Una estudiante japonesa decapita a una compañera de clase para diseccionarla
Una estudiante japonesa decapita a una compañera de clases para diseccionarla | Foto: KYOTO NEWS


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domingo, 28 de julio de 2013

HEMEROTECA: Los jóvenes ermitaños de Japón





Los jóvenes ermitaños de Japón


    Nadie sabe cuántos son. Los modernos ermitaños japoneses, conocidos como hikikomori, desconciertan a los psiquiatras occidentales y preocupan a los especialistas del país asiático. La existencia de esta generación de jóvenes solitarios podría ser el testimonio más dramático del derrumbe del modo de vida nipón, hundido por las presiones de la economía globalizada.

       El término surgió en 1998, acuñado por el psiquiatra japonés Tamaki Saito. La palabra hikikimori se traduciría como el sustantivo “retiro”, pero al mismo tiempo es un adjetivo que describe a la persona aislada.

    Saito definió a estos pacientes como “aquellos que se retiran completamente de la sociedad y permanecen en sus casas durante más de seis meses”, cuyo encierro no puede explicarse mediante otros desórdenes psiquiátricos. La mayoría de estos misántropos inician su aislamiento entre la adolescencia y la juventud.

       Mientras el ministerio de Salud japonés calcula en unos 700.000 el número de hikikomori, expertos como Saito estiman que más de un millón de jóvenes del archipiélago nipón viven como ermitaños en el hogar de sus padres. Algunos han permanecido de esa manera durante dos décadas. En la prensa los llaman "la generación extraviada" o "el millón perdido".

       A diferencia de fenómenos similares observados en Corea y otros países asiáticos, el auge de los hikikomori tiene hondas raíces históricas y culturales.





El colapso de una sociedad

     El aislamiento forma parte de la tradición japonesa. Entre los siglos XVII y el XIX los sucesivos shogunes mantuvieron al país relativamente al margen de la influencia europea. Los intercambios comerciales con el exterior eran estrictamente limitados y controlados. De esta manera el clan Tokugawa mantuvo su hegemonía hasta 1868.

     La opinión pública ha cargado alternativamente sobre los videojuegos, el exceso de trabajo de los padres, la sobreprotección de las madres, el estancamiento de la economía y la presión académica.

      El auge de los hikikomori podría atribuirse al derrumbe del estilo de vida establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Durante unas cuatro décadas los japoneses recogieron los frutos de una economía floreciente, que permitió a millones de personas hacer carreras profesionales y conseguir trabajos estables en grandes corporaciones. Ese modelo de éxito se convirtió en una rígida norma para las nuevas generaciones.

      Pero la crisis financiera y posterior declive económico iniciado en la década de 1990 quebró ese camino ascendente desde la escuela hasta el éxito profesional garantizado. Uno de cada cinco universitarios japoneses solo puede aspirar a empleos mal remunerados, a pesar de su calificación. Según estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2012 alrededor de un tercio de los jóvenes japoneses había permanecido sin empleo durante más de un año.

       La sociedad nipona ha tardado en adaptar sus cánones a la nueva realidad. La presión sobre niños y adolescentes para que sean exitosos en las aulas no ha disminuido, a pesar de que difícilmente sus resultados escolares les abrirán las puertas a puestos bien pagados y seguros como los de generaciones anteriores. El éxito de padres y abuelos parece entonces una meta inalcanzable para buena parte de la juventud.

        Una de las respuestas a esta frustración es el aislamiento. El acoso en las escuelas, el miedo a que el fracaso destruya la reputación de la familia y el total desencuentro entre las expectativas sociales y la capacidad personal de realizar estos objetivos, empujan a muchos a cerrar la puerta de sus habitaciones para siempre.

       Por otra parte los hikikomori se albergan en una tradición familiar japonesa conocida como amae, que admite la estadía de los hombres en el hogar materno hasta bien entrada la segunda y hasta la tercera década de vida. En general los padres, en particular en las zonas urbanas desconectadas de las redes familiares del Japón tradicional, no han sabido adaptarse a los nuevos desafíos que enfrentan sus hijos. La fractura generacional se ha hecho casi insalvable.

El abismo de 2030

A los japoneses les ha costado adaptar sus tradiciones a las nuevas condiciones económicas (EFE)
A los japoneses les ha costado adaptar sus tradiciones 
    Los psiquiatras y las autoridades japonesas saben que el silencioso problema de los hikikomori estallará como una precisa bomba de tiempo. El detonador ha sido fijado para el 2030. En ese año la llamada primera generación de los hikikomori, se adentrará en la tercera edad. Con la muerte inevitable de los padres, solo el abandono parece seguro en el horizonte de los modernos ermitaños.

     Si entonces la sociedad no ha encontrado una solución para este fenómeno, deberá hacerse cargo de miles de ancianos abandonados y socialmente incapaces. La reinserción a la comunidad, difícil aun en los primeros años de aislamiento, será una tarea prácticamente imposible. “Esto hace de los hikikomori al mismo tiempo un problema personal y potencialmente una enfermedad nacional”, augura un artículo del blog Mind the Science Gap.

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Fuente:   http://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/blog-de-noticias/los-j%C3%B3venes-ermita%C3%B1os-jap%C3%B3n-194408063.html

miércoles, 3 de julio de 2013

HEMEROTECA: En Japón suelen practicar las parafilias más extrañas




En Japón suelen practicar las parafilias más extrañas

     El periodista Matsuo Okuda se ha vuelto popular en Japón gracias a que se ha dedicado a describir en un blog los más impactantes fetiches y parafilias que practican sus compatriotas, que en cierto modo operan como una línea limítrofe entre su cultura y el mundo occidental en materia de sexo.

     Entre las tantas cosas que Okuda exalta de los nipones y sus preferencias eróticas destacan el arte de lamer, oler sexos (kagaseya), coleccionar bragas (namasera) o conservar fotos junto a orines o fluidos de diversa procedencia (burusera).

    “Este onanismo es la base de una sexualidad absolutamente desnaturalizada o, lo que es lo mismo, absolutamente sublimada”, señala el escritor español Pablo Bernardo, quien en su blog da cuenta de dos modas que aún no han llegado a los países occidentales y que se han convertido en tendencia entre los adolescentes japoneses: besar el pomo de la puerta y el oculolinctus, que consiste en lamer los ojos a otra persona.

Porno a la libre

      En Japón es frecuente encontrar películas o revistas pornográficas en prácticamente cualquier sitio, al lado de revistas infantiles y de publicaciones para adolescentes. El fetichismo está a la orden del día y hay incluso un sinfín de estudiantes que se pagan sus estudios vendiendo sus bragas a individuos de edad madura.

   El sexo explícito (el objeto bruto de la sexualidad) ha sido desplazado hasta tal punto que se ha convertido en literatura, sugestión, desviación o fuga. En Japón se puede hacer prácticamente todo mientras no termine de hacerse, mientras no se haga de una manera directa. En otras palabras, el limbo trascendental en el que se ha sumido la sexualidad es tan extenso y necesario para el correcto funcionamiento de la sociedad que la imaginación se ha convertido en el verdadero órgano sexual.

Del pomo al ojo

     El Doorknob Shojo (la niña del pomo) nació a partir de una serie de fotografías  que cayeron en manos de la artista nipona Ai Ehara, quien, nada más ver las imágenes, decidió montar una página que albergase la nueva desviación sexual. Lamer un pomo puede ser ridículo para un sujeto nacido en Caracas o Madrid, pero no para un japonés, que con su natural habilidad para trazar fugas y abstracciones es capaz de establecer una serie de relaciones simbólicas a veces incomprensibles.

    El oculolinctus se ha promovido en varios blogs de Asia, en los que aseguran que un profesor japonés dio la voz de alarma al observar como aumentaban los casos de infecciones en los ojos entre sus alumnos. No es para menos, ya que esa práctica puede conllevar serios riesgos para la salud ocular: desde infecciones hasta daños irreversibles que conducen a la ceguera, advierten los expertos. La cantidad de bacterias que tiene la lengua es una amenaza para el estéril órgano de la visión.

    Según los rumores, las prácticas comenzaron con la difusión del videoclip de la canción Spiral Lie, compuesta por una banda japonesa llamada Born. En redes sociales como Tumblr se pueden encontrar fotografías de jóvenes que llevan a cabo la práctica. Lo que esos ejecutantes ignoran es que la cantidad de nervios que se encuentran en la córnea, y su consecuente sensibilidad, pueden estar detrás de la causa de esa extraña práctica.

    El peligro de llevar a cabo repetidamente el oculolinctus no se queda en los orzuelos e infecciones que producen los microorganismos y bacterias de la lengua, como conjuntivitis o clamidia, sino que también hay riesgo de abrasión o surgimiento de úlceras en la córnea, lo que podría acabar en ceguera.

El cuerpo como bandeja
     En una escena inicial de la película Mapa de los sonidos de Tokio de Isabel Coixet puede verse a una hermosa joven rubia desnuda sobre una mesa, apenas cubierta por unas anchas hojas de banano.

   Sobre ellas se encuentran varias piezas de sushi y sashimi, que son degustadas por un grupo de ejecutivos japoneses. De eso trata el Nyotaimori o “presentación del cuerpo femenino”, también llamado body sushi o sushi corporal. Se trata de un ritual gastronómico que puede ser un auténtico placer para los sentidos, además de un juego erótico.

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Fuente: http://www.el-nacional.com/blogs/sexo_sin_tabu/Japon-suelen-practicar-parafilias-extranas_7_219648035.html

miércoles, 1 de mayo de 2013

HEMEROTECA: Abominable y aberrante violación múltiple por bullying



Abominable y aberrante violación múltiple por bullying

JUNKO FURUTA

 
“Tú, la Bestia,
avanzas por el sendero que las diosas han abandonado,
insatisfechas con los lirios de los márgenes.
Avanzas como la piel impuesta junto al hogar,
con jarros de porcelana china y telas del Japón,
mientras afuera llueve -la vida continúa- en las calles
para acabar el último viaje
y habitar entre sus piernas torturadas,
semejando una especie de langosta escudriñado el paño,
la mirada ciega que penetra
como un Pegaso de luz la noche entera,
antes del llanto definitivo de las mujeres…”
Pere Bessó

 
Junko Furuta nació en 1972 en Saitama, prefectura de Misato (Japón). Hija de una familia de trabajadores japoneses, su humilde origen no le impidió sobresalir en las diversas actividades que realizaba. Era una estudiante destacada y cultivaba un amplio número de amistades entre sus compañeras de colegio y algunos vecinos.

Junko y sus amigas.

No era igual con sus compañeros; muchos de ellos guardaban resentimiento por Furuta, ya que era una chica sencilla que no participaba de algunas de las diversiones que ellos acostumbraban. No quería relacionarse sexualmente con ninguno de ellos, ni siquiera tenía novio, no consumía alcohol ni drogas, y no frecuentaba los sitios de diversión de los que ellos gustaban.

 
 
Uno de sus compañeros de colegio era Miyano Hiroshi, de dieciocho años, quien sentía una fuerte atracción no correspondida por Junko Furuta. Hiroshi además era un joven miembro de bajo nivel de la Yakuza, la temible Mafia Japonesa. Nadie se metía con él, ni en el colegio ni afuera de él, pues tenía fama de violento.



Miyano Hiroshi

 
El 22 de noviembre de 1988, cuando Furuta tenía dieciséis años, Hiroshi y tres amigos suyos le dijeron que necesitaban hablar con ella en privado. Furuta accedió por temor y los cuatro estudiantes la subieron a un automóvil, llevándola a la casa de los padres de Minato Nobuharu, otro de los secuestradores, quien contaba con dieciséis años. Los otros dos plagiarios eran Jo Kamisaku, de diecisiete años, y Watanabe Yasushi, de diecisete años. Todos, excepto Kamsaku, eran originarios de Tokyo.

La casa de Minato Nobuharu

Una vez allí, los cuatro estudiantes amenazaron a Furuta: desde aquel momento, haría lo que ellos le ordenaran o la someterían a castigos. Furuta estaba aterrada. Lo primero que hicieron fue darle una golpiza, como castigo por no haber accedido a acompañarlos las veces que la habían invitado. Posteriormente, la desnudaron por completo, le tomaron fotografías y procedieron a violarla por turnos.



Junko Furuta secuestrada y fotografiada



Para evitar una investigación policial, Hiroshi obligó a la chica a llamar a sus padres y fingir que había huido de casa, pero que se hallaba con "un amigo" y no corría peligro. Cuando los padres de Nobuharu se encontraban en casa, Furuta tendría que fingir que era su novia.

Los días comenzaron a transcurrir. La amistad de su hijo con Hiroshi, el estudiante miembro de la Yakuza, hizo que los padres decidieran no llamar a la policía para reportar que su hijo tenía secuestrada a una joven en su propio domicilio. Nobuharu ya ni siquiera fingía que Furuta era su novia.



Minato Nobuharu

 
 
Ella intentó escapar en varias ocasiones y le pidió ayuda a los padres de su secuestrador más de una vez, pero ellos no hicieron nada por temor a las amenazas de Hiroshi, quien presumía de poder utilizar sus contactos en la Yakuza para matar a cualquiera que tratase de intervenir.



Jo Kamisaku
 

El cautiverio de Furuta duraría cuarenta y cuatro días. Sin excepción, todos los días fue violada por uno o más de sus captores. Luego, Hiroshi comenzó a llevar a otros miembros de bajo nivel de la Yakuza, quienes también violaron anal y vaginalmente a Furuta. Durante el tiempo que duró su secuestro, fue violada en más de quinientas ocasiones por más de cien hombres.



Las violaciones, documentadas por los criminales


Furuta se convirtió en un juguete viviente. Era obligada a permanecer la mayor parte del tiempo desnuda. Tenía que masturbarse delante de sus captores o de los hombres que ellos llevaban allí, para ofrecer un espectáculo mientras bebían cerveza y antes de que procedieran a violarla. En una ocasión, fue violada por doce hombres en un mismo día.

 
 
  
 
Hiroshi y sus amigos le introducían toda clase de objetos en la vagina y el ano, incluidas una botella y una barra de hierro que le causo severas lesiones. Casi no le daban de comer y estaba desnutrida y deshidratada. Cuando les pidió comida y agua, la obligaron a comer cucarachas vivas y a beber su propia orina. Todo el tiempo documentaron su tortura mediante una cámara fotográfica; las imágenes servirían como pruebas durante el juicio.

 
 
 
  
 
A lo largo de su cautiverio, fue torturada todos los días de formas muy diversas. Las golpizas ocurrían a cada momento. Los cuatro orinaban encima de ella. En una ocasión, le introdujeron un fuego pirotécnico en el ano y lo encendieron, causándole severas quemaduras.



Junko Furuta, torturada y fotografiada

 
 
La golpearon con palos de golf. La amarraron de pies y manos, la pusieron boca arriba y le arrojaron pesas en el estómago. La colgaron del techo y usaron su cuerpo como saco de arena para practicar el boxeo. Le azotaron la cara contra el piso de cemento. Le rompieron todos los huesos de una de las manos a pisotones. Le introdujeron tijeras y pinchos para pollo rostizado en la vagina y le causaron un desgarramiento. La metieron por horas en un congelador. Le quemaron los párpados con cera caliente. Le clavaron docenas de agujas de coser en los pechos. Un día en que intentó llamar a la policía y fue sorprendida, la quemaron con cigarrillos en la vagina y le aplicaron la llama de encendedores en el clítoris como castigo. Otro día que quiso escaparse, tomaron unos alicates y le amputaron el pezón izquierdo.

 
 
Según las declaraciones uno de sus secuestradores tiempo después, sus lesiones eran tan graves que "le llevaba más de una hora arrastrarse escaleras abajo para ir al baño". No podía respirar por la nariz, pues la tenía rota. Cuando llevaba más de treinta y cinco días de cautiverio, estaba tan desnutrida y llena de heridas y lesiones, que ya no podía dominar sus esfínteres, ni tenerse en pie.

 
 
Cada vez que se orinaba, era castigada; en uno de los últimos días, le metieron un foco caliente en la vagina, el cual se rompió adentro. Su desesperación era tanto que cuando sus compañeros se negaron a dejarla ir, ella les suplicó que "la mataran y siguieran con su vida".

 
 
Pero nada valió. El 4 de enero de 1989, la obligaron a jugar al mah-jong (un juego de tablero, parecido al solitario, donde el objetivo es eliminar piezas) con uno de ellos. Ella ganó la partida. Furiosos, los cuatro la golpearon salvajemente con una pesa de hierro. Le quemaron uno de los ojos con una vela encendida.

 
 
Después rociaron sus extremidades, tronco y rostro con combustible para encendedores y le prendieron fuego; ardió durante dos horas. Sus alaridos de dolor eran terribles y ellos se limitaron a burlarse de ella. Se le quemaron totalmente los ojos y quedó desfigurada. Cuando el fuego finalmente se consumió, los cuatro se pusieron a beber cerveza mientras observaban lo que quedaba de la chica, aún convulsionándose en el suelo. Su agonía duró cuatro horas más, mientras ellos seguían jugando al mah-jong y le gritaban burlonamente que “no exagerara”. Junko Furuta murió a causa de un shock.


El cadáver de Junko Furuta

 
 
Cuando se dieron cuenta de que estaba muerta, tomaron su cadáver, lo metieron en un bidón de metal y lo llenaron de cemento. Dejaron el tonel en Koto, Tokio. Fue encontrado poco después. La autopsia mostró las torturas a las que Furuta había sido sometida y los médicos hallaron rastros del semen de más de un centenar de hombres diferentes, en su ano y vagina. Su familia fue notificada de inmediato; cuando su madre se enteró, cayó desmayada. Al recuperar la conciencia, quedó totalmente destrozada psicológicamente y nunca pudo reponerse.


El hallazgo del cadáver

 
 
Un informante infiltrado en la Yakuza avisó a la policía quiénes eran los autores del crimen. Los cuatro jóvenes fueron arrestados y enjuiciados como adultos, pero la legislación japonesa prohibía la publicación de las identidades de los ofensores juveniles.


La muerte de Junko Furuta en versión manga

 
 
Sin embargo, sus nombres trascendieron a la prensa. Los medios realizaron una cobertura amarillista del hecho, enfocándose en la vida de Junko Furuta y replanteando la poca dureza de la legislación japonesa contra los delincuentes juveniles.


Los titulares
 
 
  
 
Los acusados fueron condenados por secuestro y por provocar heridas que producen una muerte. Los padres de Junko Furuta ganaron además una demanda civil contra los padres de Nobuharu, obteniendo 50,000,000.00 de yenes. Pero de poco sirvió; los cuatro fueron excarcelados poco tiempo después, dado que eran menores de edad. Actualmente, los cuatro se encuentran libres; todos cambiaron sus nombres y se establecieron en otras partes de Japón. Dos filmes fueron rodados sobre la historia: Concrete-Encased High School Girl Murder Case por Katsuya Matsumura (1995) y Schoolgirl in Cement por Hiromu Nakamura (2004). También se publicó un manga que narra con lujo de violencia gráfica las torturas y vejaciones de la chica, así como su ejecución. Esta publicación vendió miles de ejemplares y según un rumor, los asesinos guardan con orgullo un ejemplar.

 
FILMOGRAFIA: