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lunes, 20 de junio de 2016

El crimen y el narco dejan huérfanos a más de 200.000 niños en Latinoamérica

El crimen y el narco dejan huérfanos a más de 200.000 niños en Latinoamérica

  • Solo en Ciudad Juárez, México, epicentro de guerra de cárteles en los últimos años, la Red por la Infancia cifra en 14.000 los menores que perdieron a sus progenitores. Así ha nacido la denominada 'generación del narcotrauma'.
  • En Venezuela, la violencia ha dejado huérfanos a 66.034 pequeños en los últimos cinco años. En Colombia, dos niños al día quedan desamparados y en Honduras, 8.531 niños han quedado huérfanos de padre y madre.



POR DIEGO CALDENTEY 
20/06/2016 - 16:45

En las ciudades más violentas del mundo la muerte asoma a cada paso con una frecuencia inusitada. Detrás de las guerras intestinas de cárteles sanguinarios, de mafias que robustecen con impunidad la industria del secuestro, de los grupos de sicarios más temibles que ajustan cuentas con alevosía, se esconden otros dramas cuyas secuelas perdurarán para siempre: los niños huérfanos por crimen y el hampa, que han perdido a sus padres a raíz de hechos delictivos.

El informe 'El derecho de los niños y niñas a una familia, de Aldeas Infantiles SOS Internacional', muestra un panorama desolador. Los países más afectados por familias desmembradas que la violencia ha mutilado pertenecen a América Latina y el Caribe.

No en vano, las ocho ciudades más violentas del mundo en 2015 se sitúan en Sur y Centroamérica. Son: Caracas (Venezuela), San Pedro Sula (Honduras), San Salvador (El Salvador), Acapulco (México), Maturín (Venezuela), Distrito Central (Honduras), Valencia (Venezuela) y Palmira (Colombia).

En estos países, miles de menores han perdido a ambos progenitores (padre y madre) por la espiral de violencia. En México, además de Acapulco, Ciudad Juárez presenta números para el espanto. Entre 2009 y 2012 siempre figuró en el top 10 de las urbes más salvajes del planeta.

La bestial guerra entre los cárteles narcos de drogas abarrotaron las calles de cadáveres entre 2007 al 2012. El pico de asesinatos fue en 2010, con un promedio de ocho al día. Si bien la situación ahora está más controlada, toda una generación de niños crece hoy sin padres.

Según cifras de la Red por los derechos de la infancia en Ciudad Juárez, existen en la actualidad 14.000 menores que han quedado huérfanos y alrededor de 200.000 que han ido creciendo durante la cúspide de la violencia. "Muchos han atestiguado los asesinatos de familiares y amigos", asegura la organización.

"Durante la guerra del narcotráfico los pequeños fueron traumatizados constantemente. Ellos tenían que correr entre los tiroteos y cuerpos en la calle. Todos temían salir de casa" ha comentado esta semana Kathleen O´Connor, profesora asistente en la Escuela de Enfermería de la Universidad de El Paso Texas, (UTEP), según declaraciones que cita Vice Latinoamérica. En su informe, O´Connor denomina a estos menores la "generación perdida del narcotrauma".

En Colombia, Aldeas Infantiles señala en su informe que, durante los últimos dos años, la Unidad para la Atención y Reparación Integral tiene constancia que 23.000 menores debieron abandonar sus hogares por actos violentos. El 4% de ellos (casi un millar) quedaron en situación de orfandad absoluta debido a la pérdida de padre, madre o tutores, víctimas de hechos violentos.

Por otra parte, dos niños son abandonados en Colombia cada día, porque sus familiares más lejanos, amigos de sus familias o vecinos no pueden hacerse cargo de la subsistencia de éstos, quienes quedan absolutamente desamparados.

En Venezuela, Caracas es una auténtica hoguera. Según las cifras dadas a conocer por el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) así como distintos entes de seguridad, en los últimos cinco años han sido asesinadas 132.068 personas. En el 2015 el país fue catalogado como el más violento de América Latina, con una tasa de homicidios de 90 por cada 100 mil habitantes.

El 50% de estas personas asesinadas en los últimos cinco años fueron la madre o el padre de un niño, lo que arroja que -por hechos de violencia- un total de 66.034 pequeños han quedado huérfanos en el país, solo en este lapso de tiempo.

En Honduras, un informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) revela que el 5,7% de la población de 0 a 17 años no tiene padre, madre o ambos. En una de sus últimas encuestas de hogares, el INE detalla que 8.531 niños están huérfanos de padre y madre. En San Pedro Sula, la segunda ciudad más peligrosa del mundo, la tasa de homicidios es de 111.03% cada 100.000 habitantes. El municipio cuenta con 797.065 habitantes.

Tanto Unicef como Aldeas Infantiles y otras ONG's internacionales alertan de la escalada de violencia en una región que llora muertes absurdas e e incomprensibles a cada hora. Detrás quedan los hijos ya de nadie, cuyas cicatrices por tan irreparables pérdidas de sus seres queridos continuarán como marcas profundas eternamente.

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Fuente: http://noticias.lainformacion

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viernes, 17 de junio de 2016

México: El Estado, primer lugar en acoso escolar

El Estado, primer lugar en acoso escolar






El Sol de San Luis
13 de junio de 2016
Patricia Calvillo

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Por ser de piel morena y su lengua, niños indígenas son víctimas del denominado bullying, la gran mayoría son menospreciados y acosados en las aulas escolares de la entidad, situación que detectó el Director de Educación Indígena, Bilingüe e Intercultural en la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, Maximino Martínez Orta.

México ocupa el primer lugar a nivel internacional en acoso escolar o bullying, con un total de 18 millones 781 mil 875 casos, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, y de esos también hay casos de niños indígenas potosinos que a pesar de su condición de pobreza, marginación y precariedad en la que viven, se les anexa otro problema más a lista, que es el menosprecio y repudio de sus compañeros de clase que los agreden, segregan y atacan por no hablar el español y por su piel morena.

"Bueno aunque toda la sociedad estamos amenazados en el mismo sentido, las mismas diferencias de color, de habla, de religión, etc., son circunstancia que en un momento dado, pueden incitar a ese acoso, si los hay en San Luis Potosí, es en menor escala en las comunidades indígenas por el respeto a la hermandad misma, sin embargo si se da en zonas urbanas cuando estos tienen que habitar o migrar con sus padres a las principales cabeceras municipales".

Lo anterior significa un reto para las autoridades y sobre todo los maestros que tienen que manejar este tipo de circunstancias y no permitir que este tipo de casos prospere en cualquier institución de carácter público o privado.

"No debe permitirse que se dé el acoso por la diversidad que tenga, es decir si existen niños que se burlan por su color de piel y por su habla, eso es definitivo, estoy seguro que en las cabeceras municipales o en la ciudad, es muy común que si alguien habla en Tének, en un grupo de niños de primaria o secundaria, luego se empieza con la burla".

Esto claramente ha sido detectado e identificado en las escuelas potosinas, aunque no se especificó en qué lugares ocurre con mayor regularidad este fenómeno, que sin duda alguna pone en tela de juicio las políticas de inclusión social de la Secretaria de Educación Pública y de la Secretaria de Educación de Gobierno del Estado.

Los niños indígenas que están siendo bulleados actualmente no quieren dar a conocer su condición, por ello tienen miedo de hablar su lengua madre, lo que se convierte en una razón para que también se pierdan nuestras lenguas.


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Fuente: http://www.oem.com.mx/elsoldesanluis/notas/n4196694.htm

Discriminación y bullying a niños indígenas acusa presidenta Tének


Discriminación y bullying a niños indígenas acusa presidenta Tének





30 de abril de 2016
Agencia de Noticias “A Tiempo Huasteca.com”
México
  
Niños indígenas sufren discriminación y carencias económicas, sus padres no tienen dinero ni para comprarles zapatos por eso muchos de ellos deben salir a las calles a vender verduras y frutas que cosechan en su comunidad, tal es el caso de Amadea Pérez Hernández, habitante del ejido La Lima quien fue electa como “Niña presidente por un día” en el Congreso Infantil realizado ayer por la mañana en el Salón de Cabildo de la Presidencia municipal de Ciudad Valles.  A los niños les hacen bullying por sólo ser indígenas, a otros porque tienen alguna discapacidad, “nos dicen cuitoles y creen que nos ofenden, pero lo que ignoran es el significado de esa palabra que quiere decir “niño” y esa no es una ofensa para nosotros, yo soy indígena orgullosamente y no me da pena hablar en mi lengua”. Amadea es hija de un jornalero (su papá corta caña) y un ama de casa, pero en ocasiones una de sus tías la invita a ejercer el comercio en las colonias de la ciudad en sus ratos libres; señaló que es una lástima que muchos niños no estudien a causa de que tienen que trabajar para apoyar en los gastos a su familia. La niña presidenta estudia en la primaria “Ignacio Manuel Altamirano” de la zona tének tomará protesta este viernes en el privado presidencial y posteriormente realizará un recorrido por las principales dependencias de Gobierno, fue la ganadora entre un total de 10 niños de diversas escuelas que participaron.

En las exposiciones los niños dieron respuesta a la interrogante ¿Qué puedo hacer como niño estudiante, por mi comunidad y qué haría si fuera presidente municipal? en la que Amadea Pérez contestó en su lengua materna tének y en español. Amadea dijo estar emocionada por haber ganado, porque desde el año pasado trabajó mucho para participar en este concurso y el obtener el triunfo que es un sueño hecho realidad.    

La alimentación diaria dijo que es con productos de la región, como verduras, jacubes, nopales, chochas, aunque carne casi no consumen por su precio elevado.

Entre las necesidades que enfrentan en su escuela y en su comunidad se encuentra la falta de médicos y no hay ambulancias, las camionetas y la ambulancia cobran cerca de 300 pesos para trasladar a los pacientes a la ciudad. “Si fuera presidenta donaría parte de mi sueldo para poner una clínica en mi comunidad, porque sólo atienden a cinco personas citadas y no hay médicos”. El alumbrado público es otra de las necesidades, en su escuela requieren de una cancha techada para la escuela y desayunadores porque los niños comen entre las piedras y bajo los árboles, urge la rehabilitación de aulas porque cuando llueve entra el agua por el techo de lámina y para sus compañeros hacen falta uniformes, los que tienen son muy viejitos y en mal estado, además hay niños que llevan los zapatos rotos y no cuentan materiales para trabajar en la escuela.

La menor comentó que ella nunca ha ido al cine, ni conoce los museos, tampoco los parques, sólo conoce la plaza principal, a ella le gustaría un día poder convertirse en doctora, para ayudar a la gente que lo necesita.

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Fuente: http://atiempohuasteca.com/notas/2016/04/30/discriminacion-y-bullying-a-ninos-indigenas-acusa-presidenta-tenek/

jueves, 26 de mayo de 2016

México: Radiografía de las autodefensas



Una radiografía de las autodefensas

POR DAVID ESPINO ,  26 MAYO, 2016

El fenómeno de las guardias comunitarias no empezó en Michoacán, sino en Guerrero. Durante tres años, David Espino reporteó las autodefensas en ese estado, y en su libro Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas esclarece algunas de las razones que les dieron origen, da cuenta de sus conflictos y aclara su auge y declive. Reproducimos aquí un fragmento de la obra, que subraya un riesgo: las injusticias y violencias que dieron origen a las guardias se mantienen vivas y más crueles que nunca. El latigazo de Ayotzinapa no modificó la iniquidad.


“Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas”, nuevo libro de David Espino. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Antes del 26 de septiembre de 2014, el día en que 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecieron a manos de supuestos pistoleros del grupo criminal Guerreros Unidos en Iguala, coludidos con policías municipales, en este estado los desaparecidos por el narco eran casos de todos los días que nadie volteaba a ver. Desde que en mayo de 2010 se localizó en Taxco una mina abandonada con 54 cadáveres –cuyo rescate duró más de una semana– hasta las narcofosas descubiertas en 2013 y 2014 en Zumpango, Acapulco e Iguala, los hallazgos no pararon.
Hice un reportaje para la revista Esquire sobre esta atrocidad. Antes, en julio de 2014 lo había enviado a otro medio nacional que no le dio mucha importancia. Esquire aceptó publicarlo cuando el caso de los normalistas desaparecidos ya era noticia internacional. ¿Por qué a nadie le interesó antes lo que estaba pasando en Guerrero? ¿Por qué nadie volteó a ver los cientos de desaparecidos, no en pueblos perdidos, sino en lugares tan conocidos como Taxco, Acapulco, Chilpancingo? ¿Por qué se creyeron el discurso del Estado de que todas las víctimas tenían algo que ver con el narco?
Mientras seguía el caso de una chica de 15 años que había desaparecido en Zumpango en diciembre de 2013, conocí a Leonid Arreaga Martínez, el antropólogo forense que la halló seis meses después en una fosa clandestina junto con otras 13 personas. Leonid, único en su tipo en Guerrero, empleado del Servicio Médico Forense, me hizo entender muchas cosas. Me dijo que el estado estaba plagado de fosas que seguramente nunca descubrirían porque no tenían cómo hacerlo. Recuerdo que le planteé usar una especie de escáner para monitorear el suelo en los focos rojos y con altos índices de asesinatos. Su respuesta fue una sonrisa de conmiseración hacia mí, y comprendí que eso jamás ocurriría. Y no ocurrió a pesar de que los familiares de otros desaparecidos, es decir, los ajenos al caso de los 43 normalistas, pidieron a la Procuraduría General de la República que usaran todos los medios disponibles para localizarlos.

Tuvieron que emprender ellos mismos la búsqueda y escarbar con sus uñas la tierra donde fueron hallando de a poco otros cientos más. Con Leonid y un colega suyo, el odontólogo forense Emilio Gregorio Ayala, contamos 197 desaparecidos de enero a agosto de 2014, y cuando le sumamos los 43 normalistas de Ayotzinapa dieron 240. Una cifra espeluznante que nadie quiso ver hasta después de que el daño fue mucho mayor e irreversible: el monstruo creció alimentado de tantos cadáveres que cuando se le quiso parar fue imposible.
Quiero decir, nadie de afuera del estado había reconocido el tamaño del crimen que se estaba cometiendo en Guerrero, porque acá adentro un puñado de hombres y mujeres ya se había armado en sus pueblos y comunidades para enfrentar con sus medios y sus armas a narcotraficantes y extorsionadores, los cuales, amparados por el Cártel de los Beltrán Leyva, asolaban lo mismo ciudades que rancherías.
En junio de 2012, en Huamuxtitlán, región de la Montaña de Guerrero, surgió la primera autodefensa armada, antes incluso que en Michoacán, sólo que con una diferencia: acá las armas no pasaban de escopetas y pistolas de bajo calibre, mientras que en Michoacán, aunque el fenómeno emergió más tarde, los cuernos de chivo llamaron la atención de inmediato para las fotos de los titulares de los grandes diarios nacionales e internacionales.
El alzamiento de Huamuxtitlán fue visto por muchos medios sólo como una turba embravecida que rescató a unos secuestrados de un grupo que saqueaba la región y que casi linchó al alcalde sustituto en la plaza central. Pero fue más que eso. No fue el embrión, porque el embrión de la Policía Comunitaria fue el nacimiento de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) en noviembre de 1995, pero sí representó el inicio de una autodefensa más frontal contra un enemigo visible: el narco. Fue una declaratoria de guerra que la población lanzó contra un adversario inmenso e imbatible, cuando las cifras alcanzaban ya 10 mil asesinatos violentos en Guerrero (según datos forenses, los homicidios se incrementaron 315% de 2004 a 2013).
En octubre de 2012, a Huamuxtitlán le siguió Olinalá, que tuvo mayor relevancia. A mediados de agosto de 2013, su comandanta Nestora Salgado García cobró notoriedad a partir de que la autodefensa que dirigía detuvo al síndico procurador del municipio, Armando Patrón Jiménez.
La comandanta había arrestado al síndico en Huamuxtitlán luego del asesinato de dos ganaderos en una carretera rural que conduce al municipio vecino de Cualac. Nestora tomó la decisión cuando se supo que después del atentado a los ganaderos había un sobreviviente desaparecido. La autodefensa fue en su búsqueda y llegó hasta Huamuxtitlán. En el sitio ya se encontraba Patrón Jiménez, quien había ido a recoger una camioneta en la que viajaban los ganaderos y transportaban una res. Nestora le reclamó que debería estar dirigiendo la búsqueda del sobreviviente de la matanza. El síndico no supo cómo explicar su presencia en el lugar. La autodefensa lo detuvo. El alcalde de Olinalá, Eusebio González Rodríguez, entendió el acto como una provocación y ensanchó sus desavenencias con Nestora.
Se trataba de una lucha de poder. Las diferencias surgieron porque los narcos se paseaban por el pueblo sin que la Policía Municipal –que obedecía a Eusebio González– moviera un dedo. El propio González, que había asumido la presidencia municipal apenas un mes antes, fue denunciado de ser beneficiario de esa situación. La detención del síndico fue el error que el gobierno municipal buscaba que cometiera Nestora. El hecho se convertiría en la mejor coartada del gobierno para aprehenderla.
El 2 de diciembre de 2012, Telamacatzingo, pueblo perteneciente al municipio de Olinalá, siguió los pasos de la cabecera con otra mujer al frente: esta vez se trataba de la indígena nahua y profesora bilingüe Citlali Pérez Vázquez.
El 5 de enero de 2013, Ayutla de los Libres se sumó a los levantamientos, encabezado por otro indígena: el na’savi Bruno Plácido Valerio, tal vez de los dirigentes más sobresalientes junto con Nestora Salgado, pero con radicales diferencias en su forma de conducir las autodefensas. Mientras Nestora se confrontó con el gobierno del estado, de quien en un principio recibió sólo una pick up, Bruno se hizo su aliado, aceptó cualquier cantidad de prebendas, desde playeras y radios para sus efectivos hasta una camioneta blindada en la que se transportaba; además, hizo de la residencia oficial del gobernador una casa donde entraba y salía sin mayores complicaciones.
De Ayutla de los Libres, Bruno y sus hombres saltaron 10 días después a Tecoanapa. Y ocho días más tarde, el 18 de enero de 2013, surgió en Iguala otra autodefensa, esporádica, sin mayores efectos ni dirigentes visibles. Para entonces, José Luis Abarca Velázquez ya era alcalde de ese municipio. Los sucesos violentos avanzaban con rapidez. El 8 de marzo de ese año, el síndico Justino Carvajal Salgado fue asesinado a unos pasos del ayuntamiento. En mayo, Arturo Hernández Cardona, dirigente de Unidad Popular, una organización de colonos y campesinos, fue desaparecido junto con otros siete integrantes. Tres, incluyendo a Arturo, aparecieron asesinados cuatro días después. De inmediato, las células sociales que conformaban Unidad Popular responsabilizaron al alcalde Abarca, quien posteriormente sería preso junto con su esposa, inmersos ambos en la trama que envuelve la desaparición de los 43 normalistas. No se sabía del todo por qué en Iguala no había surgido con fuerza alguna autodefensa hasta que el municipio se descubrió como el reino de Guerreros Unidos.
En enero de 2013 surgieron cinco diferentes autodefensas en Guerrero. Además de la liderada por Bruno en Ayutla y la llamarada de Iguala, el 21 de enero se rebelaron en Tixtla, a media hora de la capital, Chilpancingo; el 26 de enero en Cuetzala, Tierra Caliente, un movimiento que no terminó de germinar hasta febrero de 2014. Y una más en El Mesón, Ayutla de los Libres.
La de Tixtla fue una autodefensa diferente, más confrontada con el gobierno municipal al que acusaban de estar coludido con los narcos del lugar. El liderazgo más visible fue el de Gonzalo Molina González, muy cercano al de Nestora Salgado y Arturo Campos Herrera, de El Paraíso, Ayutla.
¿Cómo se conformaron estos liderazgos en medio de una oleada de violencia que no respetaba a nadie? ¿De dónde sacaron valor esos hombres y esas mujeres para enfrentar, confrontar o al menos desafiar a una horda de nihilistas que como jinetes del apocalipsis sembraron y siguen sembrando el terror en Guerrero? Esta crónica busca hacer un retrato de las situaciones en las cuales el movimiento de autodefensas surgió, avanzó, creció y se extinguió al igual que sus dirigentes. De cómo el gobierno corrompió y tejió alianzas y de cómo encarceló a los que se mostraron renuentes.
Desde 2012, cuando emergieron en Huamuxtitlán, las autodefensas no han parado en Guerrero. No han parado porque los asesinatos, los hallazgos de fosas clandestinas, los desaparecidos, los secuestros y lo que se ha dado en llamar levantones no han dejado de ocurrir. La escalada de violencia no se ha detenido: no sólo en Acapulco –que fue desde 2005 el centro de la lucha entre el Cártel de Sinaloa, aliado en ese momento de los Beltrán Leyva, y el Cártel del Golfo–, sino en todo Guerrero. La cifra de muertes violentas va en aumento. Siempre en aumento. Y no es tremendismo.
La última autodefensa, surgida apenas el 11 de enero de 2016 en Teloloapan, región norte, es un eslabón más de todas las que se han manifestado a lo largo de las siete regiones de Guerrero en muy diversos municipios: El Mesón, Cualac, Coyuca de Benítez, Tierra Colorada, Teloloapan, Xaltianguis (Acapulco), Tecpan, Costa Grande y Atlixtac, Alpoyeca, Tlapa (centro económico de la Montaña), Chichihualco, Zumpango, Apaxtla. En enero de 2014 emergió una autodefensa donde el gobierno del estado se resistía a que surgiera: Chilpancingo, y aunque si bien no fue en la mera capital, sí en seis pueblos pertenecientes al municipio: Ocotito, Mazatlán, Dos Caminos, Buena Vista, Barrio Viejo y Mojoneras. La autodefensa tardó otro año para acercarse 15 minutos a Chilpancingo: en febrero de 2015, al final, llegaron a la comunidad de Petaquillas, en la zona conurbada de la capital.
Todas estas irrupciones se formaron por un patrón, el mismo por el que continúan apareciendo: la población no quiere más, se niega a vivir atemorizada. Ha habido heroísmo en más de uno, pero también muchos excesos. No han tardado en aparecer las diferencias que han terminado en masacres. La más cruenta fue Xolapa, un pueblo cercano a Xaltianguis, donde el 7 de junio de 2015 dos grupos primero aliados y luego contrarios de la autodefensa se enfrentaron a balazos y hubo 16 asesinados. La explicación de uno de los comandantes, Salvador Alanís Trujillo, fue que se había tratado de una pelea por el control del territorio. Bruno Plácido, en cambio, ha dicho que al final la autodefensa terminó por ser infiltrada por el narco y minada desde adentro.
El fenómeno de las autodefensas en un estado con 3 millones de habitantes, 500 mil de los cuales son indígenas empobrecidos, sigue tan vigente como desde el principio; por lo menos los motivos por los cuales se hizo presente. Al menos las razones por las que inicié esta crónica reporteada durante tres años. Desde Huamuxtitlán hasta Teloloapan, y desde Teloloapan hasta Tecpan, he contado 81 municipios donde grupos armados han desafiado al crimen organizado.
A pesar de todo, el narcotráfico sigue inamovible e imbatible: controla la ciudad más grande y más poblada, Acapulco, y el pueblo más recóndito y pobre, Zitlala; ha causado miles de muertes y ha desplazado a cientos de personas, imponiendo así la ley de la selva, donde el Estado es débil o de plano inexistente. Sin embargo, ese vacío lo han llenado también hombres y mujeres que siguen creyendo en la armonía como norma y en la paz como sistema. Que si tuvieron que tomar las armas, que si siguen tomando las armas, ha sido para desarmar a los otros. Aunque en el intento pierdan la vida.
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Fuente: http://www.proceso.com.mx/441763/una-radiografia-las-autodefensas   

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