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miércoles, 29 de junio de 2016

Bases neurológicas de la violencia

Descubiertas las bases neurológicas de la agresión humana

Las personas violentas presentan anomalías en regiones concretas del cerebro

Dos estudios llevados a cabo con individuos violentos han podido demostrar que sus cerebros presentan anomalías en regiones muy concretas. Adolescentes considerados violentos reaccionan con miedo y pierden capacidad de razonamiento cuando se les muestran imágenes de rostros amenazantes. En otro estudio se comprobó que la corteza prefrontal es más pequeña en asesinos y personas de comportamiento antisocial. Estos estudios centraron el debate de la reciente conferencia anual de la Society for Neuroscience norteamericana, donde también se puso de manifiesto que la estructura cerebral, que depende mayormente de la genética, no siempre es determinante para que un individuo sea violento, ya que el entorno puede asimismo modificar su estructura. 

Por Olga Castro-Perea.
Viernes, 16 de Noviembre 2007




Las actitudes violentas y la agresividad tienen un origen neuronal detectado por recientes investigaciones en el campo de la neurología. Déficits muy concretos en la estructura del cerebro parecen subyacer bajo las tendencias violentas y demasiado impulsivas, y su conocimiento podría servir para desarrollar tratamientos preventivos, así como para diagnosticar posibles futuros comportamientos violentos en niños y adolescentes, según un comunicado de la Society for Neuroscience norteamericana.

Aunque estos descubrimientos podrían tener un doble filo a nivel ético (el riesgo de estigmatizar a individuos analizados antes de que puedan hacer algo “malo” o de reducir la responsabilidad moral de asesinos o agresores por su condicionamiento neurológico), los neurólogos enfatizan que los análisis cerebrales sólo pueden predecir riesgos y que, en última instancia, como señala el neurólogo Craig Ferris, de la Northeastern University de Boston (Estados Unidos): “no somos esclavos de nuestra biología”.

Actividad extra en la amígdala

Recientemente, en el marco del trigésimo séptimo encuentro anual de la Society for Neuroscience en la ciudad de San Diego, se presentó un estudio liderado por Guido Frank, científico y físico de la Universidad de California, que con imágenes de resonancia magnética del cerebro ha analizado la actividad neuronal de un pequeño grupo de adolescentes valorados como “reactivamente agresivos”, considerando la violencia reactiva como una explosión que surge cuando una persona experimenta una tensión, amenaza o dificultad que es incapaz de afrontar de otra forma. Las reacciones de estos individuos son desproporcionadas y, en estos casos, las personas son incapaces de controlarse a sí mismas.

Cuando se le mostró al grupo analizado imágenes de rostros amenazantes, los cerebros de los chicos agresivos, comparados con gente capaz de controlarse, mostraron una mayor actividad en la amígdala, una parte del cerebro que se relaciona con el miedo; y una menor actividad en el lóbulo frontal, región cerebral vinculada a la capacidad de razonamiento y de toma de decisiones, así como al auto-control. La actividad en la amígdala reflejaría que los participantes más agresivos sentían más miedo cuando veían las caras amenazantes y, al mismo tiempo, eran menos capaces que el resto de controlar sus propios actos.

Otro estudio, de Adrian Raine, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania que estudia las bases neurológicas de la violencia, fue llevado a cabo con 792 asesinos e individuos con un comportamiento antisocial y con 704 personas de comportamiento normalizado.

Deterioro de la estructura cerebral

Raine y sus colegas descubrieron que en los primeros la corteza prefrontal del cerebro era de menor tamaño en comparación con la corteza prefrontal de los individuos capaces de controlarse. Un meta análisis, presentado en el mismo encuentro anual antes mencionado, de 47 estudios con imágenes cerebrales de adultos, confirmó el descubrimiento de Raine: las personas con un comportamiento antisocial, particularmente aquéllas con un historial de violencia, presentaban deterioros tanto estructurales como funcionales en dicha región cerebral. En este grupo, la corteza prefrontal era más pequeña y menos activa.

Además, estos mismos individuos tendían a presentar daños en otras estructuras cerebrales vinculadas a la capacidad de hacer juicios morales, mayormente en la corteza prefrontal dorsal y ventral, en la amígdala y en el gyrus angular (relacionado con el lenguaje y la cognición).

Los científicos señalan que aún se desconoce cómo se producen estas anomalías cerebrales. La genética condiciona en gran medida la estructura cerebral, pero también pueden contribuir a su desarrollo los abusos que sufra un individuo durante la infancia y la adolescencia.

El cerebro no es determinante

De hecho, investigaciones realizadas con animales y humanos han sugerido que las influencias del entorno tienen un fuerte impacto en el cerebro, tanto para bien como para mal, porque se ha demostrado que en individuos con predisposición genética a la violencia, el afecto y el cuidado maternos o de cualquier índole en la infancia reducen el riesgo a que se conviertan en adultos agresivos.

Guido Frank asegura que, por tanto, la biología y el comportamiento pueden cambiarse y que la imaginería del cerebro debe combinarse con la terapia y el control individualizado para conocer y modificar los progresos de cada individuo. En el comunicado de la Society for Neuroscience, Craig Ferris declaró por otro lado que la comprensión de la confluencia de elementos, tanto ambientales como biológicos, que producen actos violentos, han sido considerados por educadores, profesionales de la salud y científicos durante décadas.

Además, afirmó que “las tecnologías de imágenes cerebrales y los modelos animales están ayudando a los neurocientíficos a identificar los cambios en la neurobiología cerebral asociados a los comportamientos agresivos. Esta información debería ayudarnos a desarrollar nuevas estrategias de intervención psicosocial y psicoterapéutica”.

Antecedentes 

La agresividad y las conductas violentas han sido objeto de numerosas investigaciones en el pasado. Por lo general el estudio se aborda desde una perspectiva multidisciplinar que implica a psicólogos, etólogos y neurobiólogos, ya que se considera aceptado que cualquier conducta violenta es el resultado de diversos factores biológicos, psicológicos y socioculturales.

El factor biológico, que es el que ha enfatizado el encuentro anual de la Society for Neuroscience norteamericana, es el que más innovaciones ha aportado en los últimos años debido a los progresos en las tecnologías que permiten medir las reacciones cerebrales ante determinados estímulos, así como compararlas entre diferentes sujetos analizados con imágenes de resonancia magnética.

Aunque la ciencia ya había identificado las regiones cerebrales implicadas en la agresividad humana, así como las reacciones bioquímicas que se producen en nuestro cerebro ante situaciones de miedo, peligro o violencia, lo que aportan las nuevas investigaciones reflejadas en el encuentro de San Diego son evidencias más precisas y completas y la conclusión cada día más evidente de que las reacciones violentas están asociadas a anomalías cerebrales cuyo origen todavía no está bien explicado.

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Fuente: http://www.tendencias21.net/Descubiertas-las-bases-neurologicas-de-la-agresion-humana_a1906.html

miércoles, 22 de abril de 2015

Gen de la pedofilia pederástica: ¿Existirá?



¿Por qué estamos tan desesperados por encontrar una explicación genética para los delincuentes sexuales?

Hebras de ADN a partir de un modelo de doble hélice en el Museo de la Ciencia. Foto: Paul Gilham / Getty Images

  • La investigación sobre el llamado "gen pederasta" se desintegra en virtud del más mínimo escrutinio. ¿Por qué queremos creer en ella?



Sarah Ditum



Published

Noticia sensacional: Los científicos han detectado el gen “pederasta”(*). Bueno, no el gen “pederasta” como tal, pero un equipo de investigadores que escribieron en la Revista Internacional de Epidemiología están  bastantes seguro de que tal cosa existe. Mediante el estudio de las relaciones familiares de los culpables de delitos sexuales en Suecia, entre 1973 y 2006, el estudio llegó a la conclusión de que un hombre cuyo padre o hermano haya sido condenado por un delito sexual contra un niño, tiene de cuatro a cinco veces más probabilidades de ser pederasta que aquellos  hombres sin estos antecedentes familiares. Entonces ¿no sería un alivio si existiera el gen “pederasta”? De ser así, podríamos aislar a quienes posean este gen “pederasta”  - los malos, en los que no se puede confiar, a los que no conocen nada mejor - y  separarlos del resto de la población.

En general, se supone que los delincuentes sexuales son personas como nosotros y en realidad, suponemos generalmente que los delincuentes sexuales son como el resto de la gente. Por ello, en el episodio de "Brass Eye" sobre la pedofilia, el Doctor Neil Fox estuvo dispuesto a leer algo tan sorprendentemente absurdo como esto: "Los pedófilos tienen más genes en común con los cangrejos que con usted y conmigo. Ahora es un hecho científico. No hay evidencia real para ello, pero es un hecho científico. "(El propio Fox fue arrestado en marzo pasado por acusaciones de delitos sexuales.) Pero la violencia sexual es un tipo regular de la monstruosidad. Alrededor de una de cada cinco mujeres tanto en Inglaterra como en Gales ha sido víctimas de un delito sexual. Las cifras obtenidas por la NSPCC muestran que 22.654 delitos sexuales contra menores se registraron en los años 2012-2013, y que esa cifra probablemente representa sólo una pequeña parte de la totalidad. Si los autores de estos crímenes son monstruos, son entonces un tipo normal de monstruo.

"Tenemos aquí toda la clase de gente que se puedan imaginar", dijo Lynn Saunders, alcaide de la prisión HMP Watton en Nottinghamshire, en declaraciones a Radio 4 en el documental “Inside the Sex Offenders’ Prison”: "Sacerdotes, maestros, pilotos de líneas aéreas, agentes de policía, funcionarios de prisiones, médicos, así como gente con problemas de aprendizaje y hasta personas con bajo coeficiente intelectual y problemas de salud mental complejas". Hay algunas cosas que estos hombres puedan poseer en común además de sus propios crímenes: "Nos ocupamos de  algunas personas muy dañadas que han sido víctimas de todo tipo de cosas, ya sea en el sistema de atención o problemas de salud mental o discapacidad de aprendizaje, o por las pobres y deficientes opciones de vida que han tenido", dice Saunders. Pero el "camino a la delincuencia" -como lo denominan los especialistas de Whatton- es complejo y variado, y los hombres condenados por el mismo delito pueden tener diferentes motivaciones.

Incluso cuando se trata de un mal aparentemente singular como la pedofilia, el personal de Whatton hace una distinción entre el "verdadero pedófilo" - alguien cuya orientación sexual es siempre y exclusivamente hacia los niños - y el delincuente oportunista, para quien un niño no es la víctima preferida sino simplemente la más accesible. Si sabemos que hay tanta ambigüedad en el fondo de estos delitos sexuales, ¿qué sentido tiene hablar de éstos delincuentes cómo "genéticamente predeterminados"? Resulta que mucho. Tome la medida más básica utilizada en el estudio sueco - condena por un delito sexual. Presumiblemente, esta variable fue elegida porque se consideró una constante fiable, pero la ley es una parte de la cultura, y la cultura es vulnerable a toda la variabilidad de los seres humanos. La calificación como crimen es relativa, flexible, no absoluta.

Entre 2003 y 2010 (un período que incluye los últimos tres años que abarca el estudio), el número de denuncias de violación en Suecia casi se triplicó. Con toda probabilidad, esto no fue a causa de una ola de crímenes en masa, fue debido más bién a un cambio de actitud: En las décadas anteriores, las víctimas podrían haber percibido un acto particular en contra de ellos como "normal", o tenían tan pocas expectativas de justicia que ni siquiera se molestaban en ir a la policía. Eso significa que es casi seguro que las primeras décadas del estudio incluyen varias instancias que simplemente no se pueden contar cómo de violencia sexual. Quizás estos crímenes desconocidos habrían seguido el mismo patrón de las relaciones familiares, o tal vez no lo harían; no podemos asegurarlo, y eso significa que la investigación tampoco puede ayudarnos para efectuar esa aseveración. Las cifras también incluyen condenas por posesión y distribución de pornografía infantil - un crimen hecho exponencialmente más fácil de cometer ahora debido a Internet. ¿Cuántos hombres en los años setenta, ochenta o noventa evitaron la pedofilia pederástica sólo por falta de un módem?

Al respecto, toda certeza del artículo en referencia se deshace con el menor escrutinio. Sin embargo, podemos afirmar categóricamente que todos estos criminales tienen algo en común. No se trata específicamente en ese artículo de la Revista Internacional de Epidemiología, tampoco se ve ni se percibe en el interior de la prisión de los delincuentes sexuales, en Whatton. Tal vez parecería demasiado obvio mencionarlo, pero es esta: Los hombres declarados culpables de delitos sexuales son todos hombres. "Dado que menos del 1 por ciento de los delincuentes sexuales convictos eran mujeres, sólo los delincuentes masculinos y sus padres y hermanos se incluyeron en la muestra", dice el documento: Casualmente, es ese el atributo más importante y menos estudiado que comparten entre sí los delincuentes sexuales, el género.

¿Significa esto que la violencia sexual es una herencia genética de los hombres? No, porque no son nuestros genes - o al menos, no en la forma de añadir en bruto indicada en el documento, ya que añaden a factores genéticos (40 por ciento), los factores ambientales no compartidos (58 por ciento) y las influencias ambientales compartidas (2 por ciento) para crear una persona completa. Esto no es del todo cómo funcionan los genes, como explica Rebecca Jordan-Young en su libro “Brain Storm”: Su última expresión no es fija en la concepción, pues sufre modificaciones debido al  medio ambiente a lo largo de toda la vida, hasta que el rasgo a que se refiere se ha terminado de desarrollar. Y cuando se trata de conductas ligadas al sexo, como la violación, el medio ambiente es un modificador en sí mismo: Un intrincado sistema con bucles retroalimentándose, lleno de individuos masculinos y femeninos girando constantemente en lo que nuestra cultura ha determinado que sean hombres o mujeres. Es el resultado obtenido tras la exposición al ambiente.

Ser ofensor sexual no está "escrito en el ADN", como aseguraron en el “Telegraph”. Tampoco estamos obligados a creer, ya que en el  “Mail” nos lo digan, que "los delitos sexuales pueden estar en los genes masculinos de una familia". (En cualquier caso, tiene sentido mínimo para hablar de "genes masculinos" cuando muchas condiciones en los hombres concretos están relacionados con el cromosoma X). En Whatton, el personal trabaja para que los internos no ofendan de nuevo, no reincidan. Saunders afirma tener éxito, con una tasa de reincidencia de sólo el 6 por ciento en comparación con el 50 por ciento de la población general de la prisión - aunque otras investigaciones sugieren que la reincidencia de los delincuentes sexuales puede ser mucho mayor que el récord oficial de estadísticas. Tal vez los delincuentes sexuales individuales se pueden cambiar de forma fiable, quizás no - pero a nivel social, la violencia masculina no es una fatalidad. Hemos hecho un mundo en el que tiene lugar  esta explotación y el abuso de mujeres y niños. Podemos hacer otro, uno mejor; donde la violencia, el poder y la dominación sexual no sea lo que significa ser un hombre.

Por tanto, sí no existe una predisposición genética al delito, es posible que quienes delinquen cambien su propio comportamiento y se abstengan de reincidir.
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*) En el original, en inglés: "nonce gene", que hemos traducido al español por gen "pederasta", no por gen "paedophile" o "pedófilo".

Traducción libre

Fuente: http://www.newstatesman.com/lifestyle/2015/04/why-are-we-so-desperate-find-genetic-explanation-sex-offenders

Enlaces relacionados: 

domingo, 15 de marzo de 2015

Los asesinos: ¿Nacen o se hacen?




¿Los asesinos nacen o se hacen?



Michael Mosley BBC



15 marzo 2015

El Dr. Cesare Lombroso, que ha sido llamado "el padre" de la criminología moderna, estudiaba a los delincuentes encarcelados en Turín allá por 1870.

Estaba convencido de los delincuentes estaban un escalón por debajo en la evolución, una regresión a un tipo de hombre primitivo o infrahumano.

Después de años de estudio, llegó a la conclusión de que se podía identificar a un asesino por la forma de su cara y por la longitud excesiva de sus brazos "simiescos".

"Las orejas de un criminal", escribió, "son a menudo de gran tamaño".

"La nariz es frecuentemente respingada o achatada en los ladrones. En los asesinos suele ser aguileña como el pico de un ave de presa"



Cesare Lombroso (1835 - 1909) creía que se podía identificar a un asesino por su fisonomía.

Desafortunadamente, detectar a asesinos potenciales no resultó tan simple como esperaba Lombroso y sus hallazgos "científicos" pronto fueron desacreditados.

Cerebro iracundo
Pero este fue el inicio de una investigación que ha continuado por más de un siglo para averiguar si los criminales, en particular los homicidas, tienen cerebros diferentes al resto de las personas.

La invención de las técnicas de imágenes de resonancia magnética funcional en los años 80 revolucionaron el conocimiento de lo que ocurre dentro de la cabeza.

El primer estudio con escaneo cerebral de asesinos fue realizado en California por el neurocientífico británico Adrian Raine.

Raine había llegado hasta allí atraído no por sus playas sino, tal como él lo explicó, "por el gran número de individuos muy violentos y homicidas".

En el transcurso de muchos años el científico y su equipo escanearon los cerebros de numerosos asesinos y casi todos mostraban cambios similares.


La amígdala cerebral es la zona del cerebro que genera las emociones.
Había actividad reducida en el córtex prefrontal, el área del cerebro que controla los impulsos emocionales, y una sobreactivación de la amígdala cerebral, la zona que genera las emociones.

Por lo tanto parece que los asesinos tienen cerebros que los hacen más proclives a la ira y el enfado y a la vez menos capaces de controlarse.

Maltrato
¿Pero por qué pasa esto?

Los estudios de Raine sugieren que una de las razones puede ser el abuso infantil, que puede generar asesinos al causar daños físicos al cerebro. El córtex prefrontal es especialmente vulnerable.

Uno de los prisioneros que el neurocientífico escaneó era Donta Page, un hombre que mató brutalmente a una joven de 24 años .


    "El maltrato físico a temprana edad, entre otras cosas, puede haber producido el daño cerebral, que puede haberlo llevado (a Donta Page) a cometer este acto violento."

    Adrian Raine, neurocientífico


De bebé, Page fue habitualmente maltratado por su madre, y cuando creció las golpizas empeoraron.

Su madre usaba cables de electricidad, zapatos, cualquier cosa que encontrara a mano.

No eran golpes de vez en cuando, sino casi a diario.

"El maltrato físico a temprana edad, entre otras cosas, puede haber producido el daño cerebral, que puede haberlo llevado a cometer este acto violento", dice Raine.

Sin embargo, solo una pequeña fracción de aquellos que sufren una infancia terrible se convierte en asesinos.

El gen del guerrero
¿Puede entonces haber otros factores que predispongan al asesinato?

La respuesta fue hallada en 1993 con una familia en Holanda en la que todos los hombres tenían un historial de violencia: 15 años de minuciosa investigación revelaron que a todos ellos les faltaba el mismo gen.

Este gen produce una enzima llamada MAOA que regula los niveles de neurotransmisores involucrados en el control de los impulsos.

De bebé, Page fue habitualmente maltratado por su madre, y cuando creció las golpizas empeoraron.

Su madre usaba cables de electricidad, zapatos, cualquier cosa que encontrara a mano.

No eran golpes de vez en cuando, sino casi a diario.

"El maltrato físico a temprana edad, entre otras cosas, puede haber producido el daño cerebral, que puede haberlo llevado a cometer este acto violento", dice Raine.

Sin embargo, solo una pequeña fracción de aquellos que sufren una infancia terrible se convierte en asesinos.


El científico James Fallon descubrió que él mismo 
tenía los genes relacionados con el comportamiento violento.
Así se descubrió que si alguien carece del gen MAOA o tiene una variante de baja actividad, está predispuesto a la violencia.

A esta variante se la conoce como el gen del guerrero.

  Alrededor del 30% de los hombres lo tienen, pero su activación depende fundamentalmente de lo que ocurra en la infancia.

Infancia feliz
Jim Fallon, profesor de psiquiatría de la Universidad de California, tiene un interés personal en esta investigación.

Después de descubrir un sorprendente gran número de asesinos en el árbol genealógico de su familia, realizó un estudio genético de sí mismo y vio que tenía un montón de genes que han sido vinculados al comportamiento psicopático violento.

"Personas con una genética mucho menos peligrosa que la mía se convirtieron en homicidas y son psicópatas", dice Fallon.

Pero él no es un asesino sino un respetado académico.

    "Si tienes la versión de alto riesgo del gen y te han maltratado en la infancia, las posibilidades de una vida criminal son mucho más altas."


   James Fallon, neurocientífico



Su explicación es que él estuvo protegido de una herencia potencialmente violenta por una infancia feliz.

"Si tienes la versión de alto riesgo del gen y te han maltratado en la infancia, las posibilidades de una vida criminal son mucho más altas".

"Si tienes el gen de alto riesgo pero no fuiste maltratado, entonces no hay realmente mucho riesgo. Así que el gen solo por sí mismo no afecta dramáticamente el comportamiento, pero en ciertas condiciones de entorno hay una gran diferencia".

Combinación asesina
Por lo tanto, parece que una tendencia genética hacia la violencia y el maltrato infantil son literalmente una combinación asesina.

Eso quiere decir que los homicidas nacen y se hacen al mismo tiempo.

Ahora tenemos un conocimiento mucho más sofisticado de las complejas interacciones entre los factores sociales y biológicos que predisponen a la violencia. ¿Pero qué podemos hacer con esa información?

Las investigaciones se centran ahora en maneras de reducir el comportamiento violento y hay evidencias de que enseñar formas positivas de crianza de los hijos a las familias que están en riesgo es efectivo para mejorar el control de los impulsos.

La esperanza es que ya que sabemos mucho más sobre las causas del comportamiento homicida seamos capaces de detectar las señales de alarma e intervenir antes de que sea demasiado tarde.
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 Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/03/ 150309_ciencia_asesinos_nacen_o_hacen_finde_np