FUNDAMERCED

Mostrando entradas con la etiqueta MASACRES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MASACRES. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2016

Mercenario libera 55 niñas Chibok de las garras de BOKO HARAM


LA HISTORIA DE 'EL RUBIO'

El mercenario ‘madrileño’ que liberó a 55 niñas de las garras de los terroristas de Boko Haram

J.M.L., conocido como 'El Rubio', cuenta por primera vez y para EL ESPAÑOL cómo salvó a dos grupos de chicas secuestradas por los guerrilleros del grupo fundamentalista nigeriano.

NURIA CORONADO @NuriaCSopena 
04.06.2016 01:59 h




El famoso secuestro de las 219 niñas nigerianas cometido por Boko Haram no es por desgracia el único. Día sí y día también -el país que resulta ser el mayor productor de petróleo de África, habitado por 160 millones de personas- vive bajo la amenaza y el terror de un ejército de apenas 15.000 hombres que ya ha causado unas 20.000 muertes en los últimos seis años y el secuestro de al menos otras 2.000 niñas de las que nada se sabe. Una realidad que conoce bien J.M.L., a quien los servicios de inteligencia de todo el mundo le conocen como 'El Rubio'.

El pasado 20 de febrero de 2014, cuando se encontraba realizando una misión de protección para UC Global Security Consulting (UCG), empresa internacional de seguridad privada radicada en Jerez (Cádiz) para la que trabaja, vivió una aventura que nunca podrá olvidar. “Aquel día estaba junto a mis seis compañeros de nacionalidad francesa, inglesa, española, argentina y alemana. Estábamos realizando un encargo para el gobierno de Camerún, que nos había derivado la protección y traslado a la Reserva de Faro y Kojoli (a muy pocos kilómetros de la frontera con Nigeria) de una central termoeléctrica para dotar a la zona de tecnología”, explica 'El Rubio'.

 Chicas liberadas durante la segunda operación, y a salvo en Europa

J.M.L., 'El Rubio', es un mercenario que tiene una dilatada formación militar. Ex miembro de la legión francesa, nació en Argentina pero pasa temporadas del año en una ciudad próxima a Madrid. Tiene 47 años y por su aspecto físico podría confundirse con un empleado de banca. Su fuerza está en el conocimiento de tácticas militares y en la utilización precisa de las armas cuando es necesario. Por primera vez cuenta para EL ESPAÑOL lo que vivió.




El grupo de 7 'camisas negras', capitaneado por J.M.L. (así se les llama por el uniforme que visten), iba acompañado de otro retén de nigerianos locales que les da apoyo y a los que les pagan 2.000 euros por misión. Tenía que custodiar a lo largo del trayecto once contenedores en los que iban desmontadas las diferentes partes de dicha central.

El convoy tenía que llegar a su destino de forma completa sin caer en manos de terroristas, ladrones o gente de la peor calaña. “Para aquel viaje desplegamos a dos tiradores profesionales preparados para cualquier contingencia con sendos calibres M50, uno en el primer camión del convoy y otro en el último, mientras el resto íbamos repartidos en un vehículo Toyota con aire acondicionado con el que avanzar dos o tres kilómetros para comprobar que nadie saldría a asaltarnos”, relata 'El Rubio'. “Mientras, otros dos integrantes estaban situados en el medio de la comitiva central cambiándose de camión a camión para ver por los laterales y asegurarse de que todo estaba en orden”, dice.

Una misión que se torció a las cinco de la tarde. Habían sido previamente alertados por los lugareños de que el grupo terrorista Boko Haram estaba operando por allí. No les sorprendió el ataque. “Un grupo de 20 negros en chanclas y armados salió de la selva a la carretera para asaltarnos y robarnos el material”, recuerda J.M.L. “No contaron con nuestra preparación. Una vez que nos defendimos de todos ellos y que comprobamos que efectivamente formaban parte del grupo terrorista decidimos adentrarnos en la zona frondosa ya que no nos quedaba duda de que habría más”. Y así fue. Se toparon con otros 25 hombres “a los que les dimos su merecido no sin antes interrogar a uno de ellos acerca de dónde estaba el campamento”, relata 'El Rubio'.



VIOLACIÓN, DROGAS Y MUCHA TRISTEZA

Cuando supieron la localización caminaron con la mayor de las cautelas y se dispusieron a vigilar la zona. “A lo lejos contamos a unos 50 hombres y a un grupo de entre 10 y 15 niñas”, recuerda. “Alrededor de ellas había otro grupo de 13 cadáveres de niñas a las que les habían cortado los pechos, abierto el estómago y les habían destrozado sus partes al violarlas y martirizarlas con botellas de cristal rotas”, recuerda.


 El grupo terrorista aniquilado durante el segundo ataque


Decidieron vigilarles durante cuatro horas hasta llegar la noche. En ese tiempo comprobaron cómo trataban a las niñas. “Estaban en medio del campamento y a los lados había tiendas. Las tenían atadas a pleno sol y según los guerrilleros querían saciar su deseo sexual, puestos hasta arriba de drogas, las iban sacando de allí y llevando a las tiendas para después volverlas a dejar junto al resto del grupo en las peores condiciones”, recalca. A las 22 horas aproximadamente comenzaron la operación. “Tras comprobar que no habían escuchado el tiroteo previo con los otros grupos, comenzamos la operación”,narra J.M.L.

Sus enemigos estaban tan hasta las 'trancas' de cocaína, tan bebidos con el peor y más barato de los alcoholes que se lo pusieron en bandeja. “Su estado era tan lamentable que nos ayudó a hacer nuestro trabajo de forma rápida”. El equipo de occidentales no tuvo baja alguna. “Nos trajimos a las 25 niñas de entre 14 y 17 años que había. Tuvimos que dejar los cuerpos de las otras 13 niñas ya que nada podíamos hacer por ellas”, subraya. Calcula que pudieron morir unos 70 guerrilleros del Boko Haram, algunos muy jóvenes, casi niños, pero armados y siempre dispuestos a matar.

Las niñas les acompañaron con el miedo en el cuerpo al creer que ese grupo de occidentales eran sus compradores finales. “Les dijimos que no. Que habíamos ido a liberarlas”. Una vez fuera del campamento les preguntaron de dónde eran para llevarlas junto a sus familias. “Nos dijeron que eran de Yola y Mubi (en Nigeria) pero que, por favor, no las trasladásemos a sus poblados. Nuestra intención era dejarlas allí pero las niñas nos decían que no hiciésemos eso. Que sus familias las repudiarían por haber sido secuestradas”. 'El Rubio' y sus hombres dudaron de si lo que decían era cierto.

Decidieron trasladarlas a la frontera entre Camerún y Nigeria (justo en la zona de Chibok) y entregarlas al primer grupo de militares de Nigeria con que se encontraron. Los 'camisas negras', al ver cómo trataban a aquellas niñas, se dieron cuenta de que no mentían. Uno de los militares nigerianos les dijo que habría sido mejor llevarlas a Uganda o Ruanda ya que allí el tráfico sexual de europeos y americanos en busca de quinceañeras africanas les habría dado un futuro mejor.

El equipo decidió poner rumbo a Cotonou (Benin) para alertar al personal estadounidense de lo sucedido. “La mala suerte quiso que no hubiese nadie de la CIA destinado allí. No pudimos contar a nadie 'amigo' lo que nos había pasado”,dice J.M.L. Ante el desarrollo de los acontecimientos el equipo recibió la orden del gobierno de Camerún de dejar la misión para la cual les habían contratado. “Así lo hicimos por las presiones. Concluimos el encargo y nos fuimos del país”, comenta D.M, director general de la empresa de seguridad UCG. No volvieron a saber nada de estas niñas. Se prometieron que si la vida volvía a ponerles en una situación igual, no actuarían de la misma manera.

UNA SEGUNDA MISIÓN

Un año después, el 15 de febrero de 2015 cumplieron su palabra sin haberlo buscado. En esta ocasión 'El Rubio' estaba al frente de la custodia de un grupo de 18 europeos (españoles, franceses, londinenses, alemanes…) que se habían desplazado al mismo lugar en Camerún para comprar oro, diamantes y piedras preciosas con el fin de comercializarlos después en Europa. De repente fueron asaltados.

El grupo de apoyo



La comitiva, esta vez compuesta por 11 'camisas negras' más el grupo de apoyo, volvió a repeler el ataque. “Vimos que el comportamiento de los guerrilleros era muy similar al de los atacantes un año atrás”. Resistimos la ofensiva dejando 32 bajas entre los atacantes y ninguna nuestra”. El equipo de seguridad, junto a los 18 empresarios, se adentró en el bosque hasta dar con el campamento. Bien parapetados vieron a 28 terroristas custodiando a un grupo de 32 niñas vivas, dos malheridas y junto a ellas tres cadáveres. “Las tenían juntas bajo un sol de justicia y sin ninguna protección. Algunas iban vestidas como occidentales, con pantalones y camisetas. A su alrededor había palos que quitaban a medida que se servían de ellas. Si había suerte y tras una brutal violación la niña seguía viva, la volvían a llevar allí. Si no, la dejaban tirada al lado”, dice 'El Rubio'.

La operación de rescate no dejó ningún terrorista vivo. En total, 50 muertos. “No queríamos prisioneros”, argumenta. El grupo de niñas -gracias a que estos vigilantes privados siempre llevan a un paramédico para lo que pueda pasar- fue inmediatamente atendido tanto por ellos como por los 18 europeos que, aunque estaban atónitos por lo que estaban viviendo, no dudaron en arrancarse las mangas de sus camisas para ofrecérselas como vendas y torniquetes y así parar la sangre que manaba de sus partes más íntimas. “Estaban destrozadas por tanta brutalidad”,recalca.

Concluida la operación, 'El Rubio', jefe del grupo, se puso en contacto con el gobierno de Camerún para relatarle lo que les había pasado por segunda vez y la respuesta fue inesperada. “Canceló de nuevo nuestro contrato y nos invitó a salir lo antes posible de allí con las niñas porque no querían conflictos”. Lo peor era que Nigeria y su entonces presidente Jonathan Goodluck, a quien avisaron, “tampoco quiso acoger a estas niñas y nos dio cuatro días para abandonar el país con ellas”.
xxx

UN VIAJE DE RED BULL Y SILENCIO

Ante tal respuesta el grupo comenzó un nuevo viaje que duraría 30 días y recorrería cuatro países hasta llegar a Mauritania donde un contacto les iba a ayudar a sacarlas del continente. Con los siete Toyota pickup de doble cabina de que disponían, en los que iban repartidos en la parte anterior los empresarios y en la parte posterior las niñas postradas, tiraron tanto de los contactos a nivel internacional de ellos como de los empresarios para salir de allí y salvar a las “incómodas” chicas.

Dichas relaciones (y el dinero que iban poniendo los empresarios occidentales protegidos) les abrieron camino y les sirvió para pagar el combustible, los alimentos y el cobijo durante ese periplo. Pero ¿cuál era el estado de ellas durante el viaje? Sus violadores les habían dado tanta droga que apenas se tenían en pie o despertaban.

“Mientras nosotros íbamos pidiendo favores a los contactos y pasando por las diferentes fronteras, como no teníamos droga logramos que pasasen su mono con las 50 latas de Redbull que llevábamos para estar bien despiertos todo el día, más otras 150 que compramos por el camino. Se las tomaban como si fuera agua”, recuerda el mercenario 'madrileño'. “Casi podríamos haber pasado por traficantes de esta bebida”, recuerda irónicamente.

El grupo de vehículos pasó por Burkina Fasso, Mali y Ghana hasta llegar al destino final de Nouachot (Mauritania), donde tenían a un contacto en la ONU que aun jugándose el tipo y su trabajo les ayudaría a dar el salto a Europa arguyendo motivos humanitarios. “Por cada lugar que íbamos pasando y con las tarjetas de crédito de los empresarios algún contacto nos suministraba la gasolina para los vehículos o los papeles con los que ir pasado de un lugar a otro”.

Cuando el grupo llegó a Mauritania, 'El Rubio' llamó a varias puertas para que se hiciesen cargo de las niñas y les pudieran dar un techo seguro. “La Embajada de Alemania no consideró acoger a las niñas y la embajadora española ni siquiera nos quiso recibir”. Así que uno de los millonarios llamó a un amigo filántropo cuya mujer tiene una Fundación en un país nórdico de Europa para que echara una mano. “Le habló de las niñas y de su pésimo estado y le respondió que podía hacerse cargo del viaje y de su cuidado”.

Ahora sólo quedaba salir de allí y dejar atrás todo lo vivido. “E.M., nuestro contacto en la ONU cumplió con su palabra y nos facilitó el aeropuerto para despegar y dejar atrás un amargo y triste continente para estas pobres mujeres. Otro pagó el combustible y el avión con el que hacerlo. Una vez allí nos separamos. Dejamos al grupo de niñas subidas en un avión en manos de los europeos para que las pusieran a salvo”.

El grupo de los 11 'camisas negras' voló a Las Palmas de Gran Canaria-Madrid y de ahí a sus respectivos países. Ahora estas niñas están a salvo de sus salvajes captores. Les queda el duro trabajo de olvidarse, si es que alguna vez pueden, de su pasado.

Mientras, en algún lugar de la denominada África Negra, aún quedan decenas de niñas que seguramente estarán siendo violadas, drogadas, abusadas de formas inimaginables por integrantes del grupo terrorista Boko Haram. Y J.M.L., el mercenario anónimo, se pregunta: “Si un pequeño grupo de vigilantes privados bien armado ha podido liberar en dos ocasiones a unas cuantas niñas, ¿cómo es que el Gobierno de Nigeria no puede hacerlo cuando recibe de países como EEUU por ejemplo 24 vehículos antiminas valorados en 11.000.000 dólares para eliminarlos o cuando Barack Obama firmaba en su día la Orden Ejecutiva Presidencial 13.224 que ordenaba la eliminación del grupo terrorista y solicitaba la detención de Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, ofreciendo hasta 7.000.000 de dólares de recompensa por el mismo?

'El Rubio' no para de darle vueltas a la cabeza a la búsqueda de respuestas y solo tiene claro una cosa: si por él fuera, mañana mismo se subiría a un avión junto a su equipo de 'camisas negras' e iría a Nigeria a buscarlas y rescatarlas.

______



domingo, 29 de mayo de 2016

Niñez segada por la muerte debido a la desidia del gobierno venezolano

Niñez segada por la muerte debido a la desidia del gobierno venezolano:
Los niños mueren en Venezuela por falta de medicamentos



Con el régimen de Maduro, ni los niños tienen futuro... siegan sus vidas, quitándoles alimentos, medicamentos, espacios libres de violencia dónde vivir, jugar, estudiar, soñar...quitándoles la vida!



JAIME VARGAS
Director General de FUNDAMERCED


Caracas, 27 de mayo de 2016
(Actualizado el 29-05-2016)
Oliver Sánchez, el niño de 10 años que protestó en febrero de este año para pedir ayuda para quimioterapias, murió el martes 24 en la clínica Loira de El Paraíso a las 12:30 del mediodía, confirmó un familiar cercano. La fotografía de un pequeño niño cuyo rostro cubría un tapabocas y que portaba un cartel que llevaba escrito: “…Quiero curarme, paz, salud…”; se esparció por los medios de comunicación y las redes sociales.  En ese entonces, pese a la notoriedad comunicacional de su pedimento, el gobierno de Nicolás Maduro omitió prestarle apoyo.

Los últimos 10 días el niño estuvo en la terapia intensiva de la Clínica Loira, luego de haber pasado por varios hospitales en los que no había cupo, así lo reseñó El Nacional.
En 2015,  Oliver fue diagnosticado con un tipo de cáncer conocido como linforma Hodgkin (cáncer del sistema linfático), y desde esa fecha tuvo que vivir el drama que supone la búsqueda de Epamin y Fenobarbital de 500 mg. para su tratamiento, pues en Venezuela los hospitales están sin recursos y las farmacias sin medicamentos.
En la familia del niño fallecido, hay  además otras dos personas con cáncer a las que se les complica igualmente conseguir y obtener  los medicamentos: su abuela materna y una de sus
 Venus Alejandra, QEPD
primas. 
En la misma situación están cientos de pacientes según señalan diversas ONG’s. Es la historia que se repite a las puertas y se vive en el interior de todos los hospitales públicos y en todas las clínicas privadas de Venezuela. La alarmante estadística de bebés recién nacidos, y que luego fallecen, cada día se incrementa de manera exponencial en cada centro médico, ante la carencia de los insumos y equipos necesarios para las primeras atenciones.
En el Hospital de Niños “J. M. de los Ríos”, un centro de referencia nacional ubicado en Caracas, sólo funcionan dos de los nueve quirófanos que posee; y los alimentos que les suministran a los niños se suspendieron ante la escasez. “Hay personas que mueren por falta de medicinas, niños que mueren por desnutrición y otros mueren porque no hay personal médico...”, afirman los mismos médicos.

Santiago Riera, QEPD
En el momento de escribir estas líneas, nos enteramos del fallecimiento de otro niño, Santiago Riera, de 5 años:  Fue diagnosticado en octubre de 2014 con Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA), de alto riesgo, y murió luego de presentar una recaída y no conseguir medicamentos para sus quimioterapias; estaba a la espera de un trasplante de médula, el cual debía realizarse en el extranjero, pero sus familiares no contaban con los recursos económicos, sin embargo, sus progenitores intentaron por todos los medios solicitar la ayuda que permitiera a su hijo continuar con vida.
A mediados de febrero, además de la leucemia, al niño le fue detectado un hongo en su boca y los medicamentos para combatirlo tampoco eran ubicados por sus padres, quienes insistieron por las redes sociales, pero lamentablemente no los consiguieron; el pequeño no tenía medicamentos ni para sus quimioterapias ni para combatir un hongo.
Isabella Salazar, QEPD
Trascendió que hay una lista de 20 niños que están a la espera de un trasplante, y mientras esto sucede la salud de los pequeños está recayendo, pues debido a la grave situación de desabastecimiento de medicinas que vive el país, no pueden cumplir los tratamientos que requieren para salvaguardar sus vidas por fallas en su tratamiento oncológico. 

Recolectando información respecto a la muerte de estos niños, hallo que no hace mucho falleció en el Zulia otra niña, paciente oncológico, Isabella Salazar, de apenas 3 años de edad, también por fallas en su tratamiento: No recibía quimioterapias por no conseguir un medicamento específico requerido; necesitaba 50 sesiones de quimioterapia para su tratamiento, pero no conseguía trióxido de arsénico en ampollas de 150 miligramos. Murió de mengua.
Isaac, QEPD
En realidad, muchos medicamentos no pueden ser adquiridos en Venezuela, debido a las deudas contraídas por el gobierno nacional con los laboratorios y farmaceúticas internacionales, y que a la fecha no ha honrado con su pago; esos medicamentos podrían ser adquiridos directamente en el extranjero, pero muchos venezolans no pueden ni sufragar siquiera los altos costos de esos medicamentos, mucho menos en divisas extranjeras, y es por ello que debe ser el Estado quién deba dotar al afectado de los medicamentos que requiera: Mientras tanto, la escasez de trióxido de arsénico afecta a otros 200 niños, cuyos padres no se resignan a contemplar cómo paulatinamente se les apaga la vida... 
   

¿Pero por qué el Estado debe dotar al afectado de los medicamentos que requiera el individuo? 

Porque vivimos en sociedad precisamente para obtener mediante el esfuerzo conjunto de todos los miembros de la sociedad aquello que no podríamos obtener con nuestras únicas fuerzas como individuos; porque la sociedad en la cual vivimos evolucionó a la forma de organización sociopolítica que conocimos como "Estado de Derecho" - figura liberal burgués imperante desde siempre pero suplantada ahora en Venezuela por otra de ideología marxista, enmascarado bajo otro llamado "Estado Democrático y Social de Derecho y Justicia", modelo sólo existente en países tales como Libia, Irán, Corea del Norte-   para que
todos los individuos miembros de ese ente pudiésemos obtener y disfrutar de todas las condiciones requeridas para desenvolvernos y desarrollarnos  libremente, estando obligado el Estado a poner a disposición del individuo precisamente esas condiciones que requiera el individuo para desarrollar su personalidad; en fin, porque es deber del Estado velar por el abastecimiento de medicamentos en el mercado, para que quién se enferme o quiera comprar un medicamento, lo compre y lo adquiera con dinero proveniente de su propio peculio personal, sin necesidad de estarle rogando ni mendigando a nadie... pero ni importa por sí mismo esos medicamentos ni tiene divisas para pagar la deuda externa ni pública ni privada, ni tiene divisas para otorgar a los ciudadanos ni los cupos electrónicos que les permitiría adquirir vía Internet sus medicamentos desde la comodidad

de sus propios hogares, y no tiene divisas debido a la corrupción pública, y los ciudadanos tampoco pueden viajar al exterior a comprar por sí mismos esos medicamentos    como quiera que este gobierno quebró o hizo que disminuyese o cesase la actividad de todas nuestras industrias, expropió otras, y ahogó con restricciones, multas, impuestos y exigencias burocráticas hasta al sector comercio y de servicios, desestimulando y ahuyentando la inversión extranjera, acarreando la desaparición de numerosos puestos de trabajo, aunado al hecho de que hasta disminuyeron las actividades agropecuarias y pesqueras, así como las de extracción y transformación en la industria tanto petrolera como minera, resulta entonces que aquí en Venezuela todo debe ser importado pues acá nada producimos: perniles para navidad, café para despabilarnos cada mañana, granos y cereales para nuestras comidas, carnes rojas y blancas para trinchar. Sí este régimen          
Ante instancias judiciales, otra ONG intentó una acción judicial para obtener protección de parte del sistema judicial venezolano respecto a la escasez de medicamentos pediátricos en el
Mayriel: Con vida...por ahora!
país. La acción así intentada por CECODAP fue desestimada,  por cuanto los tribunales estimaron que la información sobre la cual intentaron la acción era falsa e imprecisa, obtenida de portales electrónicos, pese a haber presentado 21 casos de niños afectados y haber alegado que el propio gobierno decretó la emergencia económica debido precisamente a la escasez de alimentos y medicinas, así como constituir un hecho notorio comunicacional la muerte de innumerables neonatos en todo el país, en los últimos tres meses.  


Por supuesto, la gravedad de esta cuestión es evidente: La situación de los pacientes oncológicos se tornó crítica debido a las fallas en el tratamiento, que a su vez no puede ser aplicado por cuanto no existen medicamentos en el mercado venezolano; y no sólo respecto a los pacientes oncológicos, sino que esta situación también se extiende igualmente a otros grupos etarios como neonatos y ancianos, así como a grupos vulnerables como los pacientes psiquiátricos así como todos aquellos que requieran de algún medicamento o de algún tratamiento médico o farmacológico o quirúrgico para mantener y conservar una buena calidad de vida, entre las cuales hemos de incluir hasta las simples nebulizaciones, diálisis, etc. Como quién dice: Una simple gripe puede acarrear la muerte...y no es chiste, azotados y asolados en el país por los virus del zika, del chikunguya, del paludismo, la fiebre amarilla...


                                             

Desde luego, sí el Estado no cumple su función social inherente e intrínseca, seguirá empeorando el nivel de vida de toda la ciudadanía; su función consiste en asegurar la existencia de las condiciones de vida que permitirán a los ciudadanos desarrollar su propia personalidad libremente, no el asegurar en el poder a nadie. En el caso en cuestión, debe abastecer y dotar apropiadamente de recursos al sistema de salud pública, lo cual cumpliría asignando recursos suficientes para el sector salud y salubridad pública, pero en vez de eso se ocupa preferentemente en otras áreas como las de seguridad y defensa, adquiriendo equipo bélico y organizando costosas prácticas militares, invitando a intervenir en los ejercicios a diversos países que considera aliados: Corea del Norte, Irán, Rusia, etc., agasajándolos en vez de invertir en salud lo que gastó en esos ejercicios.      

¿Cuánta comida o medicamentos se habrían comprado con lo gastado en los ejercicios militares?

Desde luego, esta desidia constituye un acto de violencia: Atenta contra los derechos humanos de todos aquellos quienes padecen por la falta de un medicamento, máxime sí su vida está en riesgo. 

Para finalizar, lamentamos informar que las fallas en el abastecimiento de alimentos también están afectando a nuestra niñez: Desde el Estado Amazonas se está reportando que hasta nuestros niños indígenas que están siendo atendidos en los centros de salud, están afectados por la desnutrición; así lo corrobora no una ONG's sino un Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, conforme se aprecia en acta adjunta.  


¿A que vamos a esperar? ¿Qué espera el gobierno para dotar a los hospitales y centros de salud? Está en juego la salud y la vida de miles de venezolanos. Es hora de actuar.
___________________________

jueves, 26 de mayo de 2016

México: Radiografía de las autodefensas



Una radiografía de las autodefensas

POR DAVID ESPINO ,  26 MAYO, 2016

El fenómeno de las guardias comunitarias no empezó en Michoacán, sino en Guerrero. Durante tres años, David Espino reporteó las autodefensas en ese estado, y en su libro Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas esclarece algunas de las razones que les dieron origen, da cuenta de sus conflictos y aclara su auge y declive. Reproducimos aquí un fragmento de la obra, que subraya un riesgo: las injusticias y violencias que dieron origen a las guardias se mantienen vivas y más crueles que nunca. El latigazo de Ayotzinapa no modificó la iniquidad.


“Aunque perdamos la vida. Viaje al corazón de las autodefensas”, nuevo libro de David Espino. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Antes del 26 de septiembre de 2014, el día en que 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecieron a manos de supuestos pistoleros del grupo criminal Guerreros Unidos en Iguala, coludidos con policías municipales, en este estado los desaparecidos por el narco eran casos de todos los días que nadie volteaba a ver. Desde que en mayo de 2010 se localizó en Taxco una mina abandonada con 54 cadáveres –cuyo rescate duró más de una semana– hasta las narcofosas descubiertas en 2013 y 2014 en Zumpango, Acapulco e Iguala, los hallazgos no pararon.
Hice un reportaje para la revista Esquire sobre esta atrocidad. Antes, en julio de 2014 lo había enviado a otro medio nacional que no le dio mucha importancia. Esquire aceptó publicarlo cuando el caso de los normalistas desaparecidos ya era noticia internacional. ¿Por qué a nadie le interesó antes lo que estaba pasando en Guerrero? ¿Por qué nadie volteó a ver los cientos de desaparecidos, no en pueblos perdidos, sino en lugares tan conocidos como Taxco, Acapulco, Chilpancingo? ¿Por qué se creyeron el discurso del Estado de que todas las víctimas tenían algo que ver con el narco?
Mientras seguía el caso de una chica de 15 años que había desaparecido en Zumpango en diciembre de 2013, conocí a Leonid Arreaga Martínez, el antropólogo forense que la halló seis meses después en una fosa clandestina junto con otras 13 personas. Leonid, único en su tipo en Guerrero, empleado del Servicio Médico Forense, me hizo entender muchas cosas. Me dijo que el estado estaba plagado de fosas que seguramente nunca descubrirían porque no tenían cómo hacerlo. Recuerdo que le planteé usar una especie de escáner para monitorear el suelo en los focos rojos y con altos índices de asesinatos. Su respuesta fue una sonrisa de conmiseración hacia mí, y comprendí que eso jamás ocurriría. Y no ocurrió a pesar de que los familiares de otros desaparecidos, es decir, los ajenos al caso de los 43 normalistas, pidieron a la Procuraduría General de la República que usaran todos los medios disponibles para localizarlos.

Tuvieron que emprender ellos mismos la búsqueda y escarbar con sus uñas la tierra donde fueron hallando de a poco otros cientos más. Con Leonid y un colega suyo, el odontólogo forense Emilio Gregorio Ayala, contamos 197 desaparecidos de enero a agosto de 2014, y cuando le sumamos los 43 normalistas de Ayotzinapa dieron 240. Una cifra espeluznante que nadie quiso ver hasta después de que el daño fue mucho mayor e irreversible: el monstruo creció alimentado de tantos cadáveres que cuando se le quiso parar fue imposible.
Quiero decir, nadie de afuera del estado había reconocido el tamaño del crimen que se estaba cometiendo en Guerrero, porque acá adentro un puñado de hombres y mujeres ya se había armado en sus pueblos y comunidades para enfrentar con sus medios y sus armas a narcotraficantes y extorsionadores, los cuales, amparados por el Cártel de los Beltrán Leyva, asolaban lo mismo ciudades que rancherías.
En junio de 2012, en Huamuxtitlán, región de la Montaña de Guerrero, surgió la primera autodefensa armada, antes incluso que en Michoacán, sólo que con una diferencia: acá las armas no pasaban de escopetas y pistolas de bajo calibre, mientras que en Michoacán, aunque el fenómeno emergió más tarde, los cuernos de chivo llamaron la atención de inmediato para las fotos de los titulares de los grandes diarios nacionales e internacionales.
El alzamiento de Huamuxtitlán fue visto por muchos medios sólo como una turba embravecida que rescató a unos secuestrados de un grupo que saqueaba la región y que casi linchó al alcalde sustituto en la plaza central. Pero fue más que eso. No fue el embrión, porque el embrión de la Policía Comunitaria fue el nacimiento de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) en noviembre de 1995, pero sí representó el inicio de una autodefensa más frontal contra un enemigo visible: el narco. Fue una declaratoria de guerra que la población lanzó contra un adversario inmenso e imbatible, cuando las cifras alcanzaban ya 10 mil asesinatos violentos en Guerrero (según datos forenses, los homicidios se incrementaron 315% de 2004 a 2013).
En octubre de 2012, a Huamuxtitlán le siguió Olinalá, que tuvo mayor relevancia. A mediados de agosto de 2013, su comandanta Nestora Salgado García cobró notoriedad a partir de que la autodefensa que dirigía detuvo al síndico procurador del municipio, Armando Patrón Jiménez.
La comandanta había arrestado al síndico en Huamuxtitlán luego del asesinato de dos ganaderos en una carretera rural que conduce al municipio vecino de Cualac. Nestora tomó la decisión cuando se supo que después del atentado a los ganaderos había un sobreviviente desaparecido. La autodefensa fue en su búsqueda y llegó hasta Huamuxtitlán. En el sitio ya se encontraba Patrón Jiménez, quien había ido a recoger una camioneta en la que viajaban los ganaderos y transportaban una res. Nestora le reclamó que debería estar dirigiendo la búsqueda del sobreviviente de la matanza. El síndico no supo cómo explicar su presencia en el lugar. La autodefensa lo detuvo. El alcalde de Olinalá, Eusebio González Rodríguez, entendió el acto como una provocación y ensanchó sus desavenencias con Nestora.
Se trataba de una lucha de poder. Las diferencias surgieron porque los narcos se paseaban por el pueblo sin que la Policía Municipal –que obedecía a Eusebio González– moviera un dedo. El propio González, que había asumido la presidencia municipal apenas un mes antes, fue denunciado de ser beneficiario de esa situación. La detención del síndico fue el error que el gobierno municipal buscaba que cometiera Nestora. El hecho se convertiría en la mejor coartada del gobierno para aprehenderla.
El 2 de diciembre de 2012, Telamacatzingo, pueblo perteneciente al municipio de Olinalá, siguió los pasos de la cabecera con otra mujer al frente: esta vez se trataba de la indígena nahua y profesora bilingüe Citlali Pérez Vázquez.
El 5 de enero de 2013, Ayutla de los Libres se sumó a los levantamientos, encabezado por otro indígena: el na’savi Bruno Plácido Valerio, tal vez de los dirigentes más sobresalientes junto con Nestora Salgado, pero con radicales diferencias en su forma de conducir las autodefensas. Mientras Nestora se confrontó con el gobierno del estado, de quien en un principio recibió sólo una pick up, Bruno se hizo su aliado, aceptó cualquier cantidad de prebendas, desde playeras y radios para sus efectivos hasta una camioneta blindada en la que se transportaba; además, hizo de la residencia oficial del gobernador una casa donde entraba y salía sin mayores complicaciones.
De Ayutla de los Libres, Bruno y sus hombres saltaron 10 días después a Tecoanapa. Y ocho días más tarde, el 18 de enero de 2013, surgió en Iguala otra autodefensa, esporádica, sin mayores efectos ni dirigentes visibles. Para entonces, José Luis Abarca Velázquez ya era alcalde de ese municipio. Los sucesos violentos avanzaban con rapidez. El 8 de marzo de ese año, el síndico Justino Carvajal Salgado fue asesinado a unos pasos del ayuntamiento. En mayo, Arturo Hernández Cardona, dirigente de Unidad Popular, una organización de colonos y campesinos, fue desaparecido junto con otros siete integrantes. Tres, incluyendo a Arturo, aparecieron asesinados cuatro días después. De inmediato, las células sociales que conformaban Unidad Popular responsabilizaron al alcalde Abarca, quien posteriormente sería preso junto con su esposa, inmersos ambos en la trama que envuelve la desaparición de los 43 normalistas. No se sabía del todo por qué en Iguala no había surgido con fuerza alguna autodefensa hasta que el municipio se descubrió como el reino de Guerreros Unidos.
En enero de 2013 surgieron cinco diferentes autodefensas en Guerrero. Además de la liderada por Bruno en Ayutla y la llamarada de Iguala, el 21 de enero se rebelaron en Tixtla, a media hora de la capital, Chilpancingo; el 26 de enero en Cuetzala, Tierra Caliente, un movimiento que no terminó de germinar hasta febrero de 2014. Y una más en El Mesón, Ayutla de los Libres.
La de Tixtla fue una autodefensa diferente, más confrontada con el gobierno municipal al que acusaban de estar coludido con los narcos del lugar. El liderazgo más visible fue el de Gonzalo Molina González, muy cercano al de Nestora Salgado y Arturo Campos Herrera, de El Paraíso, Ayutla.
¿Cómo se conformaron estos liderazgos en medio de una oleada de violencia que no respetaba a nadie? ¿De dónde sacaron valor esos hombres y esas mujeres para enfrentar, confrontar o al menos desafiar a una horda de nihilistas que como jinetes del apocalipsis sembraron y siguen sembrando el terror en Guerrero? Esta crónica busca hacer un retrato de las situaciones en las cuales el movimiento de autodefensas surgió, avanzó, creció y se extinguió al igual que sus dirigentes. De cómo el gobierno corrompió y tejió alianzas y de cómo encarceló a los que se mostraron renuentes.
Desde 2012, cuando emergieron en Huamuxtitlán, las autodefensas no han parado en Guerrero. No han parado porque los asesinatos, los hallazgos de fosas clandestinas, los desaparecidos, los secuestros y lo que se ha dado en llamar levantones no han dejado de ocurrir. La escalada de violencia no se ha detenido: no sólo en Acapulco –que fue desde 2005 el centro de la lucha entre el Cártel de Sinaloa, aliado en ese momento de los Beltrán Leyva, y el Cártel del Golfo–, sino en todo Guerrero. La cifra de muertes violentas va en aumento. Siempre en aumento. Y no es tremendismo.
La última autodefensa, surgida apenas el 11 de enero de 2016 en Teloloapan, región norte, es un eslabón más de todas las que se han manifestado a lo largo de las siete regiones de Guerrero en muy diversos municipios: El Mesón, Cualac, Coyuca de Benítez, Tierra Colorada, Teloloapan, Xaltianguis (Acapulco), Tecpan, Costa Grande y Atlixtac, Alpoyeca, Tlapa (centro económico de la Montaña), Chichihualco, Zumpango, Apaxtla. En enero de 2014 emergió una autodefensa donde el gobierno del estado se resistía a que surgiera: Chilpancingo, y aunque si bien no fue en la mera capital, sí en seis pueblos pertenecientes al municipio: Ocotito, Mazatlán, Dos Caminos, Buena Vista, Barrio Viejo y Mojoneras. La autodefensa tardó otro año para acercarse 15 minutos a Chilpancingo: en febrero de 2015, al final, llegaron a la comunidad de Petaquillas, en la zona conurbada de la capital.
Todas estas irrupciones se formaron por un patrón, el mismo por el que continúan apareciendo: la población no quiere más, se niega a vivir atemorizada. Ha habido heroísmo en más de uno, pero también muchos excesos. No han tardado en aparecer las diferencias que han terminado en masacres. La más cruenta fue Xolapa, un pueblo cercano a Xaltianguis, donde el 7 de junio de 2015 dos grupos primero aliados y luego contrarios de la autodefensa se enfrentaron a balazos y hubo 16 asesinados. La explicación de uno de los comandantes, Salvador Alanís Trujillo, fue que se había tratado de una pelea por el control del territorio. Bruno Plácido, en cambio, ha dicho que al final la autodefensa terminó por ser infiltrada por el narco y minada desde adentro.
El fenómeno de las autodefensas en un estado con 3 millones de habitantes, 500 mil de los cuales son indígenas empobrecidos, sigue tan vigente como desde el principio; por lo menos los motivos por los cuales se hizo presente. Al menos las razones por las que inicié esta crónica reporteada durante tres años. Desde Huamuxtitlán hasta Teloloapan, y desde Teloloapan hasta Tecpan, he contado 81 municipios donde grupos armados han desafiado al crimen organizado.
A pesar de todo, el narcotráfico sigue inamovible e imbatible: controla la ciudad más grande y más poblada, Acapulco, y el pueblo más recóndito y pobre, Zitlala; ha causado miles de muertes y ha desplazado a cientos de personas, imponiendo así la ley de la selva, donde el Estado es débil o de plano inexistente. Sin embargo, ese vacío lo han llenado también hombres y mujeres que siguen creyendo en la armonía como norma y en la paz como sistema. Que si tuvieron que tomar las armas, que si siguen tomando las armas, ha sido para desarmar a los otros. Aunque en el intento pierdan la vida.
____
Fuente: http://www.proceso.com.mx/441763/una-radiografia-las-autodefensas   

Enlaces relacionados:

no. Aunque 

domingo, 13 de septiembre de 2015

El misterio de ISIS




El misterio de ISIS

por Anónimo
The New York Review of Books, 7-9-2015



El autor tiene una amplia experiencia en Oriente Próximo y ha sido un alto funcionario de un país de la OTAN. Respetamos los motivos del autor para mantener su anonimato.


Ahmad Fadhil tenía dieciocho años cuando murió su padre en 1984. Las fotografías sugieren que era relativamente bajito, regordete y llevaba unas grandes gafas. No era un estudiante especialmente malo –tuvo un notable de media en el instituto–, pero decidió dejar las clases. Había trabajo en las fábricas de confección y de piel en su ciudad natal de Zarqa (Jordania), pero él prefirió trabajar en una tienda de vídeos y ganó el dinero suficiente para poder pagarse algunos tatuajes. También bebía alcohol, consumía drogas y tenía sus más y sus menos con la policía. Su madre lo mandó por ello a una clase islámica de autoayuda. Esto le hizo sentar cabeza y lo situó en una senda diferente. Cuando Ahmad Fadhil murió en 2006 había puesto los cimientos de un Estado islámico independiente de ocho millones de personas que controlaba un territorio más extenso que la propia Jordania.

El ascenso de Ahmad Fadhil –o, como sería conocido más tarde en la yihad, Abu Musab al-Zarqawi– y el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés), el movimiento del cual él fue el fundador, resulta casi inexplicable. El año 2003, en el que empezó sus operaciones en Irak, parecía para muchos parte de una época prosaica y nada heroica de nuevas empresas nacidas al calor de Internet y un sistema de comercio global en lenta expansión. A pesar de  la invasión de Irak de aquel año, comandada por Estados Unidos, las fronteras de Siria e Irak se mantuvieron estables. El secular nacionalismo árabe parecía haber triunfado sobre las fuerzas más antiguas de la tribu y la religión. Diferentes comunidades religiosas –yazidíes, chabaquíes, cristianos, kakais, chiíes y suníes– seguían viviendo unas al lado de otras, como habían venido haciendo desde hacía un milenio o más. Los iraquíes y los sirios contaban con mejores ingresos, educación, sistemas sanitarios e infraestructuras, así como con un futuro aparentemente más halagüeño, que la mayoría de los ciudadanos del mundo en desarrollo. ¿Quién podría haber imaginado entonces que un movimiento fundado por un hombre de una tienda de vídeos en la Jordania provinciana arrancaría un tercio del territorio de Siria e Irak, haría añicos todas estas instituciones históricas y –tras derrotar a una combinación de ejércitos de una docena de los países más ricos de la tierra– crearía un miniimperio?

La historia es relativamente fácil de contar, pero mucho más difícil de comprender. Comienza en 1989, cuando Zarqawi, inspirado por su clase islámica de autoayuda, viajó de Jordania a Afganistan para «hacer la yihad». En el curso de la siguiente década luchó en la guerra civil afgana, organizó ataques terroristas en Jordania, pasó varios años en una cárcel jordana y regresó –con ayuda de al-Qaeda– para organizar un campo de entrenamiento en Herat, al oeste de Afganistán. Fue expulsado de Afganistán por la invasión de 2001 encabezada por Estados Unidos, pero volvió a las andadas gracias al apoyo del Gobierno iraní. Más tarde, en 2003 –con la ayuda de los partidarios de Saddam–, organizó una red de insurgencia en Irak. Al elegir como sus blancos predilectos los chiíes y sus lugares más sagrados, pudo convertir una insurgencia contra las tropas estadounidenses en una guerra civil entre chiíes y suníes.


En la actualidad, treinta países, entre los que se hallan Nigeria, Libia y las Filipinas, tienen grupos que afirman formar parte del movimiento


Zarqawi mruió en un ataque aéreo estadounidense en 2006. Pero su movimiento sobrevivió de forma harto improbable a la fuerza aniquiladora del despliegue de las tropas estadounidenses: ciento setenta mil soldados con un coste anual de cien mil millones de dólares anuales. En 2011, después de la retirada estadounidense, el nuevo líder, Abu Bakr al-Baghdadi, inició la expansión hacia el interior de Siria y restableció la presencia en el noroeste de Irak. En junio de 2014, el movimiento tomó Mosul –la segunda ciudad más grande de Irak– y en mayo de 2015 la ciudad iraquí de Ramadi y la ciudad siria de Palmira, mientras que sus aliados se hicieron con el aeropuerto de Sirte, en Libia. En la actualidad, treinta países, entre los que se hallan Nigeria, Libia y las Filipinas, tienen grupos que afirman formar parte del movimiento.

Aunque ha cambiado su nombre en siete ocasiones y ha tenido cuatro líderes, el movimiento sigue tratando a Zarqawi como su fundador, y continúa propagando la mayor parte de sus creencias originales y sus técnicas terroristas. The New York Times se refiere a él como «el Estado Islámico, también conocido como ISIS o ISIL [Estado Islámico de Irak y el Levante, por sus siglas en inglés]». Zarqawi también lo llamaba «Ejército del Levante», «Monoteísmo y Yihad», «al-Qaeda en Irak» y «Consejo Consultivo de los Muyahidines en Irak». (Un movimiento que se ha hecho famoso por su empleo del marketing raramente se ha preocupado de contar sistemáticamente con una sola denominación.) Voy a simplificar los numerosos cambios de nombre y de liderazgo y me referiré a él en todo momento como «ISIS», aunque ha evolucionado, por supuesto, durante sus quince años de existencia.

El problema, sin embargo, radica no en hacer una crónica de los éxitos del movimiento, sino en explicar cómo algo tan improbable resultó posible. Las explicaciones que se ofrecen con tanta frecuencia para su ascenso –la ira de las comunidades suníes, el apoyo logístico prestado por otros Estados y grupos, las campañas del movimiento en los medios sociales, su liderazgo, sus tácticas, su gobierno, su flujo de ingresos y su capacidad para atraer a decenas de miles de combatientes extranjeros– no consiguen acercarse siquiera a ofrecer una teoría convincente del éxito del movimiento.

El libro The Unraveling. High Hopes and Missed Opportunities in Iraq, de Emma Sky, por ejemplo, un relato hábil, matizado y con frecuencia divertido de sus años como funcionaria civil en Irak entre 2003 y 2010, ilustra la creciente ira de los suníes en Irak. Muestra cómo las políticas estadounidenses, del tipo de la desbaazificación de 2003, supusieron el comienzo de la alienación de los suníes, y cómo este sentimiento se vio exacerbado por las atrocidades cometidas por las milicias chiíes en 2006 (día tras día se dejaban tirados en las calles de Bagdad una cincuentena de cuerpos, asesinados por taladradoras que les perforaban los cráneos). Sky explica los pasos a menudo imaginativos que se dieron para recuperar la confianza de las comunidades suníes durante el levantamiento de 2007, y la marginación a que sometió una vez más a esas comunidades el primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, después de la retirada estadounidense en 2011, con sus órdenes de encarcelamiento para los líderes suníes, con su discriminación y su brutalidad, y con el desmantelamiento de las milicias suníes.

Pero muchos otros grupos insurgentes, muy diferentes de ISIS, parecían haberse encontrado con frecuencia en una posición mucho más fuerte para haberse convertido en los vehículos dominantes de la «ira suní». Los suníes de Irak sintieron en un principio una mínima simpatía por el culto a la muerte de Zarqawi y por la imposición de códigos sociales de la Alta Edad Media que alentaba su movimiento. La mayoría quedaron horrorizados cuando Zarqawi hizo volar el edificio de Naciones Unidas en Bagdad; cuando difundió una filmación en la que él personalmente serraba la cabeza de un civil estadounidense; o cuando destruyó con una explosión el gran santuario chií de Samarra y mató a centenares de niños iraquíes. Después de que organizara tres ataques simultáneos con bombas contra hoteles jordanos –matando a sesenta civiles que asistían a un banquete de boda–, los líderes de mayor edad de su tribu jordana y su propio hermano firmaron una carta pública en la que lo repudiaban. The Guardian no estaba más que haciéndose eco de las ideas al uso cuando puso fin al obituario de Zarqawi con estas palabras: «En última instancia, su brutalidad empañaba cualquier tipo de aura, ofrecía poco más que nihilismo y repelía a los musulmanes de todo el mundo».

Soldado del ISIS posando ante una cámara

Otros grupos insurgentes parecían también más eficaces. En 2003, por ejemplo, los baazistas laicos eran más numerosos, estaban mejor equipados, mejor organizados y eran unos jefes militares más experimentados; en 2009, la milicia del «Despertar Suní» contaba con mucho mejores recursos y su movimiento armado se hallaba más profundamente enraizado en el ámbito local. En 2011, el Ejército Libre Sirio, que acogía en sus filas a antiguos oficiales del régimen de Assad, resultaba un líder de la resistencia en Siria mucho más plausible; y otro tanto puede decirse de la milicia más extremista Jabhat-al-Nusra en 2013. Hassan Hassan y Michael Weiss muestran en ISIS. Inside the Army of Terror, por ejemplo, que al-Nusra estableció vínculos mucho más estrechos con grupos tribales en el Este de Siria, llegando incluso al extremo de que sus combatientes contrajeran matrimonio con mujeres tribales.

Este tipo de grupos han echado a veces la culpa de su fracaso y su falta de éxito, y del auge de ISIS, a la falta de recursos. El Ejército Libre Sirio, por ejemplo, ha insistido desde hace mucho tiempo en que habría podido suplantar a ISIS si sus líderes hubieran recibido más dinero y más armas de países extranjeros. Y los dirigentes de Amanecer Suní en Irak defienden que perdieron el control de sus comunidades únicamente porque el Gobierno de Bagdad dejó de pagarles sus salarios. Pero no existe ninguna prueba de que ISIS recibiera inicialmente más dinero o armas que estos grupos; más bien al contrario.

El relato de Hassan Hassan y Michael Weiss sugiere que gran parte del apoyo inicial al movimiento del Estado Islámico fue limitado porque se hallaba inspirado por ideólogos que despreciaban ellos mismos a Zarqawi y a sus seguidores. El dinero de al-Qaeda que sirvió de ayuda a Zarqawi en sus comienzos en 1999, por ejemplo, era, según sus propias palabras, «una miseria en comparación con lo que al-Qaeda era capaz de desembolsar económicamente». El hecho de que no le dieran más reflejaba el horror de bin Laden ante las matanzas de chiíes perpetradas por Zarqawi (la madre de bin Laden era chií) y el desagrado que le producían sus tatuajes.

Aunque los iraníes prestaron a Zarqawi ayuda médica y un refugio seguro cuando era un fugitivo en 2002, pronto perdió sus simpatías al enviar a su propio suegro con un chaleco suicida para matar al ayatolá Mohammad Baqir al-Hakim, el representante político iraní de mayor rango en Irak, y al hacer saltar por los aires uno de los más sagrados santuarios chiíes. Y aunque el Estado islámico se ha apoyado durante más de una década en las capacidades técnicas de los baazistas y del general sufí iraquí Izzat al-Douri, que controlaba una milicia baazista clandestina tras la caída de Saddam, esta relación ha estado plagada de tensiones. (No es ningún secreto el desprecio que siente el movimiento por el sufismo, que se ha traducido en su destrucción de santuarios sufíes, o su aversión hacia todo aquello que propugnan los nacionalistas baazistas árabes laicos.)

El liderazgo de ISIS tampoco ha sido especialmente atractivo o competente, ni se ha caracterizado por sus elevados principios, aunque hay que mostrar una cierta indulgencia con la comprensible repugnancia de los biógrafos. Mary-Anne Weaver, en un artículo escrito en 2006 para The Atlantic, describe a Zarqawi como «apenas instruido», «un bravucón y un matón, un traficante y un bebedor compulsivo, e incluso, al parecer, un proxeneta». Weiss y Hassan lo llaman un «intelectual de poca monta». Jessica Stern y J. M. Berger, en ISIS. The State of Terror, escriben que este «matón convertido en terrorista» y «estudiante mediocre […] llegó a Afganistán como una nulidad». Weaver describe sus «operaciones chapuceras» en Jordania y cómo se valió de un «desdichado aspirante a colocador de bombas». Stern y Berger explican que a Bin Laden y sus seguidores no les gustaba porque «eran en su mayor parte miembros de una educada elite intelectual, mientras que Zarqawi era un rufián sin apenas educación que se daba ínfulas de otra cosa».
Si los escritores tienen mucho menos que decir sobre el actual líder, al-Baghdadi, se debe a que su biografía, como admiten Weiss y Hassan, «aún planea no muy por encima del nivel del rumor o la especulación, en parte difundidos, de hecho, por propagandistas yihadistas rivales».


Weaver describe a Zarqawi como «apenas instruido», «un bravucón y un matón, un traficante, un bebedor compulsivo y un proxeneta»


El modo característico de ISIS de afrontar la insurgencia –desde ocupar territorio a combatir con ejércitos regulares– tampoco constituye una ventaja evidente. Lawrence de Arabia aconsejó que los insurgentes habían de ser como una neblina –en todas partes y en ninguna parte–, sin intentar nunca ocupar terreno o malgastar vidas en batallas contra ejércitos regulares. El presidente Mao insistió en que las guerrillas deberían ser peces que nadasen en el mar de la población local. Este tipo de opiniones son los corolarios lógicos de la «guerra asimétrica» en la que un grupo más pequeño, aparentemente más débil –como ISIS– se enfrenta a un poderoso adversario como los ejércitos estadounidense e iraquí. Esto se ve confirmado por los estudios de más de cuarenta insurgencias históricas realizados por el ejército estadounidense, que sugieren una y otra vez que ocupar territorio, librar batallas campales y alienar las sensibilidades culturales y religiosas de la población local acaba comportando consecuencias fatales.

Pero este tipo de tácticas son exactamente parte de la estrategia explícita de ISIS. Zarqawi perdió a miles de combatientes cuando trataba de hacerse con el control de Faluya en 2004. Malgastó las vidas de sus terroristas suicidas en pequeños ataques constantes y –al imponer los castigos más draconianos y los códigos sociales más oscurantistas– indignó a las comunidades suníes a las que decía representar. Los combatientes de ISIS se sienten ahora claramente atraídos por la capacidad del movimiento para controlar territorio en lugares como Mosul, tal y como confirma una entrevista en el reciente documental de la BBC Mosul:Living with Islamic State, de Yalda Hakim. Pero no está claro que esta táctica –por más seductora que sea, y por más que se encuentre asociada en este momento con el éxito– se haya vuelto mucho menos arriesgada.

El comportamiento del movimiento, sin embargo, no ha pasado a ser menos temerario o tácticamente estrambótico desde la muerte de Zarqawi. Un cálculo estadounidense de Larry Schweikart apuntaba que habían muerto cuarenta mil insurgentes, alrededor de doscientos mil habían resultado heridos y veinte mil capturados antes incluso de que Estados Unidos incrementara sus ataques en 2006. En junio de 2010, el general Ray Odierno afirmó que el ochenta por ciento de los cuarenta y dos dirigentes de mayor rango del movimiento habían sido asesinados o capturados, por lo que sólo quedaban ocho en libertad (y Estados Unidos afirmó haber acabado el pasado 18 de agosto con la vida del considerado como el número dos de ISIS, Fadhil Ahmad al-Hayali). Pero tras la retirada estadounidense en 2011, en vez de reconstruir sus redes en Irak, los hombres que quedaban vivos de sus maltrechas fuerzas decidieron acometer una invasión de Siria, y se enfrentaron no sólo al régimen, sino también al bien asentado Ejército Libre Sirio. Atacaron a la facción siria del movimiento –Jabhat-al-Nusra– cuando se escindió. Encolerizaron a al-Qaeda en 2014 al matar a su emisario de mayor rango en la región. Provocaron deliberadamente que decenas de miles de milicianos chiíes se unieran a la lucha en el bando del régimen sirio y más tarde desafiaron a la Fuerza Quds (la unidad de elite de los Guardianes de la Revolución en Irán) al avanzar sobre Bagdad.

A continuación, al tiempo que se enfrentaban ya a estos nuevos enemigos, el movimiento abrió otro frente en agosto de 2014 con su ataque en Kurdistán, provocando las represalias de las tropas kurdas, que hasta entonces se habían mantenido al margen de la contienda. Decapitó al periodista estadounidense James Foley y al trabajador social británico David Haines, provocando con ello la intervención de Estados Unidos y el Reino Unido. Enfureció a Japón al exigir cientos de millones de dólares por un rehén que ya estaba muerto. Acabó 2014 organizando un ataque suicida sobre Kobane, en Siria, soportando más de seiscientos ataques aéreos estadounidenses, lo que causó miles de bajas entre los combatientes de ISIS, sin que hubieran podido conquistar nuevo territorio. Cuando, en una fecha tan reciente como el pasado mes de abril, el movimiento perdió Tikrit y parecía estar en declive, la explicación parecía evidente. Los analistas estuvieron a punto de concluir que ISIS había perdido porque era temerario, abominable, en exceso ambicioso, luchaba en demasiados frentes, carecía de un verdadero apoyo local, se mostraba incapaz de traducir el terrorismo en un programa popular y se veía inevitablemente superado por los ejércitos regulares.


Algunos analistas han centrado, por tanto, sus explicaciones no en la estrategia militar del movimiento, conducente en apariencia a la autoderrota, sino en sus cabezas rectoras y sus ingresos, su apoyo de la población y su dependencia de miles de combatientes extranjeros. AymennJawad al-Tamimi, que forma parte del Foro de Oriente Próximo, ha explicado en recientes entradas de blog cómo en algunas ciudades ocupadas, como Al Raqa en Siria, el movimiento ha creado complejas estructuras de servicios civiles, haciéndose con el control incluso de  los servicios de basura municipales. Describe los ingresos que obtiene de las rentas locales y los impuestos de bienes inmuebles, así como el procedente del alquiler de antiguas oficinas estatales iraquíes y sirias para negocios privados. Muestra cómo esto ha procurado a ISIS una base amplia y solvente de ingresos, que se ve complementada por el contrabando de petróleo y el robo de antigüedades, tan bien descrito por Nicolas Pelham en un reciente artículo publicado en The New York Review of Books.

El poder de ISIS se ve ahora reforzado por el impresionante arsenal que el movimiento ha hecho suyo tras la huida de los ejércitos iraquí y sirio, que incluye tanques, Humvees e importantes piezas de artillería. Informes de The New York Times, The Wall Street Journal, Reuters y Vice News durante los últimos doce meses han mostrado que muchos suníes de Irak y Siria piensan ahora que ISIS es el único garante posible del orden y la seguridad en medio de la guerra civil, y la única defensa con que cuentan contra los brutales castigos de los Gobiernos de Damasco y Bagdad.

Pero también aquí las pruebas son confusas y contradictorias. El documental de Yalda Hakim para la BBC plantea que la brutalidad descarnada es el secreto del dominio de ISIS. En su libro The Digital Caliphate, Abdel Bari Atwan, sin embargo, describe (en palabras de Malise Ruthven) una «organización bien gestionada que combina la eficacia burocrática y la experiencia militar con un sofisticado empleo de la información tecnológica». Zaid Al-Ali, en su excelente análisis de Tikrit, habla de la «incapacidad para gobernar» de ISIS y del colapso total del suministro de agua, la electricidad, los colegios y, en última instancia, de la población bajo su gobierno. Las «explicaciones» que hacen referencia a los recursos y el poder acaban resultando circulares. El hecho de que el movimiento haya podido granjearse el apoyo aparente, o la aquiescencia, de la población local, y controlar el territorio, los ingresos de los gobiernos locales, el petróleo, los monumentos históricos y las bases militares ha sido una consecuencia del éxito del movimiento y de su monopolio de la insurgencia. No es una causa del mismo.

En ISIS. The State of Terror, Stern y Berger ofrecen un fascinante análisis del empleo del vídeo y los medios sociales por parte del movimiento. Han rastreado cuentas individuales de Twitter, mostrando cómo los usuarios no dejaban de cambiar sus nombres de usuario en esta red social, se aprovechaban del Mundial de Fútbol mediante la inserción de imágenes de decapitaciones en el chat y creaban nuevas aplicaciones y bots automatizados para incrementar su número. Stern y Berger muestran que a finales de 2014 estaban activas y en línea al menos cuarenta y cinco mil cuentas favorables al movimiento, y describen cómo sus usuarios intentaban burlar a los administradores de Twitter cambiando las banderas del movimiento de sus fotos de perfil por gatitos. Pero esto suscita simplemente la cuestión de por qué la ideología y las acciones del movimiento –por grande que sea la fluidez con que se produzcan y comuniquen– se han revestido desde un principio de un atractivo popular.

Tampoco ha habido explicaciones mucho más satisfactorias de qué es lo que atrae a los veinte mil combatientes extranjeros que se han unido al movimiento. En un principio, se echó la culpa al Gobierno británico del gran número que habían llegado procedentes de Gran Bretaña por haber hecho esfuerzos insuficientes para asimilar a las comunidades de inmigrantes; luego se culpabilizó a Francia por las excesivas presiones gubernamentales en pos de la asimilación. Pero lo cierto es que estos nuevos combatientes extranjeros parecían surgir de cualesquiera sistemas políticos o económicos imaginables. Procedían de países muy pobres (Yemen y Afganistán) y de los países más ricos del mundo (Noruega y Qatar). Los analistas que han defendido que los combatientes extranjeros son creados por la exclusión social, la pobreza o la desigualdad deberían reconocer que surgen en igual medida de las democracias sociales de Escandinavia y de las monarquías (un millar de Marruecos), los Estados militares (Egipto), las democracias autoritarias (Turquía) y las democracias liberales (Canadá). No parecía importar que un gobierno hubiese liberado a miles de islamistas (Irak) o los hubiese encarcelado (Egipto), que se hubiese negado a permitir que un partido islamista ganara unas elecciones (Argelia) o permitido que fuera elegido un partido islamista. Túnez, que tuvo la transición más satisfactoria de la Primavera Árabe para la instauración de un gobierno islamista elegido democráticamente, proporcionó, sin embargo, más combatientes extranjeros que ningún otro país.

¿Por qué la ideología y las acciones del movimiento se han revestido desde un principio de un atractivo popular?


El incremento de combatientes extranjeros tampoco se produjo de resultas de algunos cambios recientes en las políticas nacionales o en el islam. Nada fundamental se había modificado en el trasfondo de la cultura o las creencias religiosas entre 2012, cuando no había prácticamente ninguno de estos combatientes extranjeros en Irak, y 2014, cuando había ya veinte mil. El único cambio es que había de repente un territorio que se encontraba disponible para atraerlos y acogerlos. Si el movimiento no se hubiera hecho con el control de Al Raqa y Mosul, muchos de estos hombres podrían haber seguido simplemente con sus vidas sometidas a diversos grados de tensión: como granjeros en Normandía o como trabajadores municipales en Cardiff. Una vez más quedamos en manos de la tautología: ISIS existe porque puede existir y ellos están allí porque están allí.

Finalmente, hace un año, parecía plausible echar buena parte de la culpa del ascenso del movimiento a la desastrosa administración de Irak por parte del anterior primer ministro iraquí al-Maliki. Pero esto ya no sirve. En el curso del último año, ha sido nombrado primer ministro un nuevo dirigente, más constructivo, moderado y más proclive a las políticas de inclusión, Haider al-Abadi; el ejército iraquí ha sido reestructurado bajo el mando de un nuevo ministro de Defensa suní; los antiguos generales han sido apartados de sus cargos; y los gobiernos extranjeros han competido para proporcionar equipamiento y formación. Unos tres mil asesores y formadores estadounidenses han aparecido en Irak. Estados Unidos, el Reino Unido y otros países han lanzado formidables ataques aéreos y han llevado a cabo una vigilancia minuciosa. La Fuerza Quds iraní, los Estados del Golfo y los peshmergas kurdos se han unido a la lucha sobre el terreno.

Por todas estas razones, se esperaba que el movimiento fuera expulsado y perdiera Mosul en 2015. En cambio, en mayo, se hizo con Palmira en Siria y –de manera casi simultánea– con Ramadi, situada a más de quinientos kilómetros en Irak. En Ramadi, trescientos combatientes de ISIS expulsaron a millares de soldados iraquíes bien entrenados y fuertemente equipados. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carver, observó:

Las fuerzas iraquíes simplemente no mostraron ninguna voluntad de combatir. De hecho, eran inmensamente superiores en número a sus contendientes y, aun así, no combatieron.


El movimiento controla ahora un «Estado terrorista» mucho más extenso y mucho más desarrollado que nada de lo que evocara George W. Bush en el cenit de la «guerra global contra el terrorismo». La posibilidad de que los extremistas suníes se hicieran con el control de la provincia iraquí de Anbar se utilizó luego para justificar un incremento de ciento setenta mil soldados estadounidenses y el gasto de más de cien mil millones de dólares anuales. Ahora, años después de aquello, ISIS controla no sólo Anbar, sino también Mosul y la mitad del territorio de Siria. Sus adláteres controlan amplias franjas del norte de Nigeria y zonas significativas de Libia. Cientos de miles de personas han sido asesinadas y millones se han visto desplazadas; horrores inimaginables incluso para los talibanes –entre ellos la reintroducción de la violación de menores por la fuerza y la esclavitud– han quedado legitimados. Y esta catástrofe no sólo ha disuelto las fronteras entre Siria e Irak, sino que ha dado lugar a las fuerzas que ahora luchan en la guerra subsidiaria entre Arabia Saudí e Irán en Yemen.

La prueba más clara de que no comprendemos este fenómeno es nuestra sistemática incapacidad para predecir –y aun menos controlar– estos nuevos fenómenos. ¿Quién predijo que Zarqawi crecería en fuerza después de que Estados Unidos destruyera sus campos de entrenamiento en 2001? Parecía improbable para casi todo el mundo que el movimiento lograría reagruparse con tanta rapidez después de su muerte en 2006 o, una vez más, tras el repentino auge en 2007. Ahora sabemos cada vez más cosas sobre el movimiento y sus miembros, pero esto no impidió que la mayoría de los analistas creyesen tan recientemente como hace tres meses que las derrotas en Kobane y Tikrit habían inclinado la balanza en contra del movimiento, y que era improbable que tomaran Ramadi. Hay algo que se nos está escapando.


David Haines, secuestrado por el ISIS

Parte del problema puede consistir en que los comentaristas siguen prefiriendo centrarse en explicaciones políticas, económicas y físicas, como la discriminación antisuní, la corrupción, la falta de servicios gubernamentales en los territorios conquistados y el uso de la violencia por parte de ISIS. Los ciudadanos occidentales raramente se ven obligados, por tanto, a centrarse en el apabullante atractivo ideológico de ISIS. Me quedé sorprendido cuando vi que incluso un opositor sirio de ISIS se emocionaba profundamente al ver un vídeo que mostraba cómo ISIS destruía la «frontera Sykes-Picot» entre Irak y Siria, establecida desde 1916, y cómo se veía luego la reunión de tribus divididas. Me sentí intrigado por la condena lanzada por Ahmed al-Tayeb, el gran imán de al-Azhar, uno de los más venerados clérigos suníes de todo el mundo: «Este grupo es satánico: habría que amputarles sus miembros o habría que crucificarlos». Me quedé desconcertado por la elegía de bin Laden por Zarqawi: su «historia vivirá para siempre con las historias de los nobles […]. Por más que hayamos perdido a uno de nuestros más grandes caballeros y príncipes, estamos contentos de haber encontrado un símbolo […]».

Pero la «ideología» de ISIS constituye también una explicación insuficiente. Al-Qaeda comprendía mejor que nadie la peculiar combinación de versos coránicos, nacionalismo árabe, historia de los cruzados, referencias poéticas, sentimentalismo y horror que pueden animar y mantener este tipo de movimientos. Pero incluso sus líderes pensaban que la manera concreta de Zarqawi de hacer las cosas era irracional, culturalmente inapropiada y carente de atractivo. En 2005, por ejemplo, los dirigentes de al-Qaeda enviaron mensajes aconsejando a Zarqawi que dejara de dar publicidad a los horrores que cometía. Utilizaban una jerga estratégica moderna –«más de la mitad de su batalla está librándose en el campo de batalla de los medios»– y le dijeron que la «lección» de Afganistán era que los talibanes habían perdido porque habían confiado –al igual que Zarqawi– en una base sectaria demasiado limitada. Y los dirigentes de al-Qaeda no fueron los únicos yihadistas salafistas que supusieron que el grueso de sus partidarios preferían enseñanzas religiosas a vídeos truculentos (del mismo modo que al-Tayeb daba al parecer por hecho que un movimiento islamista no quemaría vivo a un piloto árabe suní en una jaula).

Una buena parte de lo que ha hecho ISIS contradice claramente las intuiciones y los principios morales de muchos de sus partidarios. Y tenemos la sensación –gracias a las cuidadosas entrevistas de Hassan Hassan y Michael Weiss– de que sus partidarios son al menos parcialmente conscientes de esta contradicción. Una vez más, podemos enumerar los diferentes grupos externos que han prestado ayuda económica y apoyo a ISIS. Pero no hay conexiones lógicas de ideología, identidad o intereses que hubieran de unir a Irán, los talibanes y los baazistas entre sí o con ISIS. Cada caso sugiere más bien que instituciones que se hallan absolutamente divididas en el ámbito de la teología, la política y la cultura improvisan perpetuamente asociaciones de conveniencia que son letales e incluso contraproducentes.

Los pensadores, tácticos, soldados y dirigentes del movimiento que conocemos como ISIS no son grandes estrategas; sus políticas son con frecuencia caprichosas, temerarias, incluso ridículas; al margen de si su gobierno es, como algunos defienden, habilidoso, o, como insinúan otros, desastroso, no está traduciéndose en un genuino crecimiento económico o una justicia social sostenible. La teología, los principios y la ética de los dirigentes de ISIS no son ni robustos ni justificables. Nuestra pala analítica choca muy rápidamente con la piedra.

A menudo he sentido la tentación de defender que simplemente necesitamos más y mejor información. Pero esto supone infravalorar la extraña y desconcertante naturaleza de este fenómeno. Por tomar un único ejemplo, hace cinco años ni siquiera los más austeros teóricos salafistas defendían la reintroducción de la esclavitud; pero ISIS la ha impuesto en la práctica. Nada desde el triunfo de los vándalos en el norte de África romano había parecido tan repentino, incomprensible y difícil de dar la vuelta como el ascenso de ISIS. Ninguno de nuestros analistas, soldados, diplomáticos, altos cargos de inteligencia, políticos o periodistas ha alumbrado aún una explicación lo suficientemente rica –incluso a posteriori– para haber predicho el auge del movimiento.

Nos ocultamos esto con teorías y conceptos que no resisten un examen profundo. Y no vamos a remediarlo simplemente con la acumulación de más hechos. No está claro si nuestra cultura puede llegar a desarrollar el conocimiento, el rigor, la imaginación y la humildad suficientes para comprender el fenómeno de ISIS. Pero de momento deberíamos admitir que estamos no sólo horrorizados, sino anonadados.

Copyright © 2015 by The New York Review of Books
Traducción de Luis Gago
____
Fuente: http://www.revistadelibros.com/articulos/el-misterio-de-isis