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domingo, 24 de noviembre de 2013

Pedofilia: Desviacion sexual, no una orientacion sexual


Psiquiatras de EEUU: Llamar “orientación sexual” a pedofilia fue un “error”

Portada del Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales de la APA
Portada del Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales de la APA
               


WASHINGTON D.C., 06 Nov. 13 / 07:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- La Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), publicó recientemente un comunicado asegurando que considerar a la pedofilia una “orientación sexual” dentro de la quinta edición de su Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM-5) fue un “error”, que será corregido en la edición digital del libro, así como en posteriores impresiones.

En su comunicado, titulado “error en texto de desorden pedofílico será corregido”, la APA indicó que “la ‘orientación sexual’ no es un término usado en el criterio de diagnóstico para el desorden pedofílico, y su uso en la discusión del texto del DSM-5 es un error y debe leerse como ‘interés sexual’. De hecho, la APA considera el desorden pedofílico como una ‘parafilia’ (una desviación sexual), no una ‘orientación sexual’”.

“Este error será corregido en la versión electrónico del DSM-5 y la siguiente impresión del manual”, indicó la asociación de psiquiatras estadounidenses.

Sin embargo, Mat Staver, presidente y fundador del Liberty Counsel de Estados Unidos, una organización defensora de la libertad religiosa, la santidad de la vida y la familia, expresó su desconfianza respecto a que se haya tratado de un error.

Staver recordó que la APA, al presentar su manual aseguró que este marcaba “el final de un viaje de más de una década revisando los criterios para el diagnóstico y clasificación de los desórdenes mentales”.

“Claramente, si reclasificar la pedofilia fue un mero ‘error’, habría sido detectado en el ‘viaje de la década’”, advirtió el líder pro familia.

Mat Staver advirtió que “ya sea que se clasifique como una ‘orientación sexual’ o como un ‘interés sexual’, cualquier esfuerzo de legitimizar la pedofilia proveerá a los pederastas con todos los argumentos que necesitan para remover las leyes de edad de consentimiento, y los niños sufrirán”.

El Liberty Counsel calificó de “no científicos” los cambios realizados en diversas ediciones del Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM).

“En la tercera edición del DSM, la APA dijo que aquel que actúa sobre la propia atracción sexual hacia los niños era un pedófilo”, recordó la organización defensora de la familia, indicando que para la cuarta edición del manual psiquiátrico se “cambió el criterio, diciendo que la pedofilia era solo un desorden ‘si causaba malestar clínicamente significativo o deterioro en las áreas sociales, ocupacionales u otras importantes del funcionamiento’”.

Para el Liberty Counsel, tras los diez años que tomó desarrollar este nuevo manual psiquiátrico “es difícil aceptar que su publicación fue una equivocación o un error”.

“Es más probable que la protesta pública haya ocasionado el reciente comunicado de prensa de la APA”, indicó la organización.

Mat Staver advirtió que la Asociación Americana de Psiquiatría “ha perdido credibilidad con este último desatino sobre la clasificación para la pedofilia. La APA se ha visto cooptado por una agenda política. Es difícil ver a la APA de cualquier otra forma”.

“Las implicaciones de reclasificar la ley natural, ya sea para el matrimonio homosexual o las relaciones adulto-niños, son de largo alcance”, indicó.

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Fuente: http://www.aciprensa.com/noticias/psiquiatras-de-eeuu-llamar-orientacion-sexual-a-pedofilia-fue-un-error-14097/#.UpJmMCf9wSo

domingo, 17 de noviembre de 2013

Pedófilos quieren normalizar la pedofilia




Niños en el menú: Depredadores buscan normalizar la pedofilia


Lisa Guliani
Sott.net
vie, 01 nov 2013 11:45 CDT

                  


La controversia, una vez más, se arremolina más rápido que las hojas de otoño, a medida que las noticias sobe la definición revisada de la 'pedofilia' por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) salió a la calle en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, o DSM V, el libro que detalla las normas de prácticas utilizadas por la industria de la salud mental.


El alboroto se debe a lo que pareció ser una redefinición de la pedofilia como una "orientación" en el DSM V, en mayo de 2013. Cuando fue lanzado, al parecer hubo un error en el texto que nadie se decidió a abordar hasta Halloween. El libro se refiere incorrectamente a la pedofilia (un trastorno parafílico) como "orientación".

Ayer, 31 de octubre de 2013, la APA publicó una aclaración sobre este asunto debido a que el error había abierto una 'lata de gusanos' bien gorda, supongo que no podían ignorarlo por mucho más tiempo.

Se lee en parte, de la siguiente manera:



Otro tema 'polémico' gira en torno a parafílicos y los propios pedófilos. Hay grupos de defensa de la pedofilia como B4U-ACT (un grupo sin fines de lucro con sede en Maryland) cuyos miembros incluyen a delincuentes sexuales registrados, que han estado poniendo mayor presión sobre la comunidad de salud mental para "desestigmatizar las actitudes sociales negativas hacia las personas que se sienten atraídas por menores."

Parece que los pedófilos están empezando a ser más asertivos y agresivos en la lucha por sus derechos. Un número creciente de ellos han manifestado que están siendo llevados a tener miedo, que son estereotipados y que no se les muestra la sensibilidad suficiente a causa de sus preferencias sexuales. Vamos todos a recordar el objeto de sus preferencias sexuales: niños, con mucha frecuencia niños menores de 13 años.

Se nos dice que estos parafílicos y pedófilos son 'denegados', tal como se expresa en esta declaración de Pablo Christiano, delincuente sexual registrado y portavoz de B4U-ACT: "De acuerdo con Christiano, a las personas se les debe permitir celebrar el sexo y la sexualidad, "uno de los pocos placeres libremente dados en la vida." La comunidad de personas atraídas a menores es, en su conjunto, "denegada de sus complejidades."

Estamos negando a los pedófilos sus "complejidades". ¿Cómo te tomas eso?

Christiano y los grupos de defensa de la pedofilia buscan cambiar la forma en que la sociedad ve a los pedófilos. El resto de la sociedad, si seguimos con la línea de Christiano, debe esforzarse por ser más sensible y comprender las preferencias sexuales, compulsiones y fantasías de gente que está deseando violar a nuestros hijos. Muchos de ellos no se conforman con fantasear y sus 'fantasías' se cumplen, a expensas de todos los niños víctimas de abusos sexuales en este país, y en todo el mundo.

Los pedófilos necesitan que la sociedad les demuestre un poco de amor, ¿verdad? ¿Así que ahora hay que preocuparse de hacer a los pedófilos felices y más cómodos mientras caminan a nuestro alrededor depredando a nuestros hijos, ya sea en sus cabezas o abiertamente? 

Psychology Today explica la parafilia y los trastornos parafílicos como sigue:


Bien, hay toda una gama de comportamientos sexuales "inusuales" ahí afuera.

Si no está familiarizado con la diferencia entre la palabra "parafilia" y el trastorno parafílico, el DSM V lo explica:  



Así que si alguien se considera parafílico, es posible que quieran violar a su hijo, pero no necesariamente lo harán. En mi mente, esas personas siguen siendo un peligro para la sociedad, porque nadie puede garantizar que no van a llegar a violar a su hijo.

Lo que también es bastante preocupante son los grupos de defensa de la pedofilia que parecen querer un cambio en la política, y un cambio en la manera en como la sociedad ve a los pedófilos e individuos atraídos por menores. Deberíamos ser más "sensible" a sus preferencias, necesidades y fantasías, y estar bien con todo eso. Los pedófilos no quieren vivir en el temor de ser estigmatizados y estereotipados, simplemente porque quieren violar a su hijo. En otras palabras, los pedófilos también tienen sentimientos. ¿Aún no se siente completamente nauseabundo?

Algo que estoy entendiendo de todo esto es, que ahora se supone que tenemos que empatizar con las personas que piensan de esta manera patológica, muchos de los cuales intentan y logran llevar sus fantasías a la práctica activa. ¡Son depredadores, gente! No estoy tan preocupada con las definiciones suaves de la APA como lo estoy con el hecho de que hay personas ahí fuera que tratan de lograr que el resto de nosotros veamos su depredación como algo 'normal' e 'inocuo' y están dirigiéndose a niños, como lo han hecho durante generaciones.

Algunos, como Christiano, defienden la autonomía sexual de los niños, para que puedan tener la libertad de explorar su sexualidad abiertamente, lo cual, por supuesto, también parece oler un poco fuerte a la defensa de la reducción o eliminación de la edad de consentimiento sexual. ¿Es esto lo que realmente queremos ver en esta sociedad? ¿No nos estamos desmoronando lo suficiente como cultura, como especie tal como está ahora? ¿A alguien más no les impacta como algo absurdo o atroz u obsceno, o como un asalto a la dignidad humana? ¿No te causa que el ácido suba en la parte posterior de la garganta, ahora que tenemos registrados a los ofensores sexuales y aspirantes a violadores que quieren que les demos "el visto bueno" en su pensamiento torcido? ¿Se supone que debemos ser más "sensible" a lo que ellos están pasando?

¿Están bromeando o qué? ¿Y los niños? ¿Hay alguien por ahí preocupado en la protección de los niños? ¿Ahora nosotros tenemos que preocuparnos por proteger y aplacar a los pedófilos? ¿En serio? ¿Quién lo dice? ¿El tipo que quiere violar a tu niño de 3 años? Este es nuestro mundo, un mundo en el que todos los males pueden ser racionalizados y justificados por alguna contorsión psicológica poco convincente, doblado como un pretzel, y presionado y vendido a un público herido, sobre-medicado e idiotizado como "aceptable."

Vemos que nuestro Gobierno asesina masivamente a inocentes a diestra y siniestra en todo el mundo y casi nadie aquí en EE.UU. se inmuta por ello, pero ¿qué tienen que decir los estadounidenses acerca de las necesidades de los pedófilos aquí en la antigua tierra de los libres y el hogar de los valientes? ¿A ver quién es el "valiente" sin conciencia que dejaría voluntariamente que su niño pase el rato con un parafílico o delincuente sexual porque sus deseos, necesidades y sentimientos son importantes, también?

Casi nadie parece preocuparse por lo que les sucede a los hijos de las personas en países extranjeros a manos de psicópatas, pero ¿qué pasa con sus propios hijos? ¿Cree usted que la edad de consentimiento sexual deba ser reducida o eliminada? Si es así, ¿a qué edad? ¿Deberían ser alentados los pedófilos a expresar sus compulsiones y fantasías en entornos de apoyo a otros depredadores de ideas afines? ¿Qué pasa si quieren ampliar su escenario, digamos, a la televisión?

¿Debería la sociedad considerar a alguien que quiere violar a su hijo como 'inocuo', siempre y cuando no lo 'consumen' con su hijo? ¿De verdad crees que alguien puede garantizar que se puede confiar en los que piensan en nuestros hijos, en este contexto, que no pongan en práctica sus fantasías, nunca? ¿Se les debería permitir trabajar con niños, o siquiera estar alrededor de los niños? En un mundo con una brújula moral, la respuesta sería rápida, obvia y directa al punto, en mi opinión. Pero hoy vivimos en un mundo cada vez más carente de conciencia. Se están borrando las líneas entre el bien y el mal.

¿Acaso la paz mental de la persona que quiere violar a su hijo ahora tiene precedencia y prioridad sobre la paz de la mente de su hijo? ¿Del hijo de quien sea?

¿Realmente queremos que los grupos de defensa pro-pedófilos apliquen suficiente presión para cambiar la legislación existente que protege a los niños de ser víctimas? ¿Cómo se manifestará una nueva "sensibilidad" hacia parafílicos y pedófilos en las calles y en las ciudades de este país con respecto a la legislación que regula el acoso sexual? ¿En las listas de registro de delincuentes sexuales? ¿En las escuelas y lugares de culto? Recuerde, nosotros ya tenemos un gran problema con la depredación sexual de niños en este país y en todo el mundo, muchos de los cuales no se denuncian.

¿Puede mantener y aceptar simultáneamente la idea de que si no hay "consumación", no hay "problema"? ¿No hay ningún problema, siempre y cuando el parafílico/pedófilo mantenga su "basura" en los pantalones? ¿Deberían siquiera estar hablando con niños? ¿Qué esperan los pedófilos de nuestra cultura actual? Debería el resto de la sociedad aplacar a los depredadores y psicópatas y "comprender" que en realidad son "como nosotros", excepto por una pequeña excepción pequeñita: quieren violar a nuestros hijos. 

¿Desde cuándo tenemos que tener en cuenta los deseos y necesidades de los depredadores sexuales? ¿Qué pasa con los deseos y necesidades de sus víctimas o víctimas potenciales?

¿Quién va a hablar a favor de los niños? ¿Quién va a protegerlos? ¿Debería ahora estar bien acosar sexualmente a los niños en la escuela (o en cualquier lugar) siempre y cuando no haya "consumación"?

¿Alguien piensa preguntar a la larga lista de víctimas de abuso sexual lo que piensan y sienten acerca de los esfuerzos de cabildeo de grupos de defensa de pedófilos, o la presión que está siendo aplicada y mantenida por ellos políticamente y dentro de la comunidad de salud mental para "normalizar" su compulsiva depredación? ¿Alguien por ahí alguna vez pensó en preguntar a los niños en este país lo que piensan acerca de estar en el menú del banquete de un depredador? ¿Alguien alguna vez se molestó en preguntar algo a los niños? ¿Los niños de quién deberían ser sacrificados con el fin de aplacar a la gente que quiere violar a nuestro niños?

¿QUIÉN está cuidando a los niños?


                            Lisa Guliani
AvatarLisa Guliani is a former internet-based political talk show host, political writer, researcher, activist, conscientious objector, "known protester', and self-described thought provocateur. When she's not engaged in some odd combination of the above, she's handing out smiles to the elderly, and also enjoys reading, music, cracking jokes, and hanging out with her buddy, Goose, who has yet to realize he's a dog. Her favorite sections of SOTT?
It's a three-way tie: Secret History, Puppet Masters and Society's Child.
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Fuente: http://es.sott.net/article/24106-Ninos-en-el-menu-Depredadores-buscan-normalizar-la-pedofilia

martes, 16 de julio de 2013

HEMEROTECA: DSM-5 y el universo psi, ¿diagnósticos a la medida del mercado?


 
 
 
Ñ

DSM-5 y el universo psi: ¿diagnósticos a la medida del mercado?

La próxima edición del Manual de estadísticas y diagnóstico para los desórdenes mentales (DSM-5), biblia de la psiquiatría y psicología cognitiva en los EE.UU., considera al duelo y la rebeldía como enfermedades. “Es un forzamiento para patologizar y medicalizar a la comunidad”, dice el psicoanalista argentino Mario Goldenberg.


Por Pablo E. Chacón

 15/03/12 - 16:34

 
 
        En los Estados Unidos, paraíso de la ciencia aplicada y las tecnologías de punta, nació en 1952 el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), biblia de la psiquiatría y de la psicología cognitiva que ya lleva cuatro ediciones y una quinta, lista para su venta en mayo de 2013. Sin embargo, el libraco (del cual se prevé una primera tirada de un millón de ejemplares) es noticia casi con un año de anticipación, por razones diversas, entre las más notorias, la “elección” de nuevos trastornos que edición tras edición se suman a un listado que si se quiere es un pésimo remedo del libro de los seres imaginarios al que Jorge Luis Borges durante un tiempo dedicó sus afanes.

     Se sabe que el marketing y las estadísticas se asumen como fundamento moral en la llamada democracia del norte, tanto en cuestiones electorales, científicas como culturales. Y que la salud es un insumo, del cual está excluida el 60 por ciento de la población de ese país, que tiene la particularidad de cruzar los tres registros: políticos, científicos y culturales. ¿Cómo ignorar entonces que el duelo, la tristeza que acompaña la pérdida de alguien muy querido será considerada desde el próximo año una “enfermedad”, al igual que la rebeldía, bautizada “trastorno de oposición desafiante”, si para ambos males también existirán sus correspondientes placebos farmacológicos, esa próspera actividad, casi tanto como el tráfico de armas y de drogas (ilegales)? Sin embargo, versiones del DSM-5 ya están siendo usadas en los centros de salud -de varias partes del mundo- sin haber sido presentado aún en sociedad.

     En estos momentos son aproximadamente 300 los trastornos identificados por un grupo de “notables” (médicos, psiquiatras, psiquiatras policías) pero la filtración del duelo y la rebeldía como novísimos “disturbios emocionales” que hizo pública un par de semanas atrás la revista especializada The Lancet, cayó mejor en los laboratorios que entre ciertos profesionales que intentan otro tipo de trabajo en USA, y ni hablar en Europa o América del Sur, que se ha convertido, durante estos años, en una de las cabeceras de playa de la resistencia a la medicalización de la vida que propone el manual. Digámoslo así: el DSM es un instrumento para provocar un cortocircuito entre las pasiones y el fondo de finitud que constituye al viviente: tal cual si fuera una máquina.

    Pero el peso del DSM reside en que se ha convertido en una referencia no sólo para médicos (a los que se supone ayuda a establecer diagnósticos) o aseguradoras (que se guían por sus normas), sino para buena parte de la comunidad.

    En conversación con Ñ digital, el psicoanalista argentino Mario Goldenberg, resultó explícito: “el próximo DSM, elaborado por la Asociación Psiquiátrica Americana, es un forzamiento para patologizar y medicalizar a la comunidad; una nueva reformulación clasificatoria que busca ampliar a través del discurso de la ciencia las enfermedades mentales. Trastornos, disforias, disfunciones. Es decir, intenta, bajo un disfraz de términos científicos, una clasificación de lo inclasificable: el padecimiento”.

     El manual, considerado toda una institución, tiene su influencia, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que hasta 1974 la homosexualidad figuraba en la lista de desórdenes; y que ahora que debate asuntos complicados como la identidad de género en relación con la transexualidad, o la compulsión a las compras o al sexo, en estos casos, “inventos” diagnósticos que han dado lugar a prósperos servicios y a negocios inmobiliarios. La cuestión es compleja, al punto que para evitar presiones -o aceptarlas (de la industria farmacéutica, aseguradoras, jueces, grupos religiosos y políticos)- el equipo asesor fue obligado a firmar una cláusula de confidencialidad, que como indican las filtraciones, no existe. ¿Por qué las filtraciones? La hipótesis más consistente sostiene que las internas entre los psiquiatras alcanzan para que los disidentes vean con alarma el altísimo nivel de medicación a los que se somete a los pacientes.

      Psicoanalista también, Osvaldo Arribas dice que “parece ser un hecho que en el afán clasificatorio del DSM de los Estados Unidos no se quiere dejar afuera nada de ‘lo que nos pasa o nos puede pasar’. Este afán clasificatorio, ‘científico’, a cada síntoma un ‘trastorno’, es propio de USA, donde, al mismo tiempo, se rechaza más y más al psicoanálisis. Y un claro ejemplo es Siri Hustvedt, la mujer de Paul Auster, autora de ‘La mujer temblorosa’ y ‘Elegía para un americano’. En el primero, habla de un ataque histérico que la tomó hablando en un homenaje a su padre, hace un recorrido por distintas opiniones científicas y cuenta que siempre le dio pánico… analizarse. En el otro, el protagonista ¡es un analista!”.

     Nacido en California pero radicado en Gran Bretaña, el lacaniano Darian Leader acaba de publicar -contra la doxa sanitaria- “La moda negra. Duelo, depresión y melancolía” (editorial Sexto Piso): “En este libro argumento que debemos renunciar al concepto de depresión como está enmarcado en la actualidad. En cambio, debemos ver lo que llamamos depresión como un conjunto de síntomas que derivan de historias humanas complejas y siempre distintas. Estas historias involucrarán las experiencias de separación y pérdida (…) Con el propósito de dar sentido a la forma en que hemos respondido a tales experiencias, necesitamos tener las herramientas conceptuales correctas; y éstas, creo, pueden ser encontradas en las viejas nociones de duelo y melancolía”, escribe.

       Psicoanalista y escritor argentino, radicado en España desde 1976, Gustavo Dessal, se alza contra este dispositivo que piensa al sujeto como un robot: “La matanza perpetrada hace pocos días en Afganistán por un soldado americano perteneciente a la base Lewis-McChord de Seattle, ha hecho saltar el escándalo de los diagnósticos que los psiquiatras militares emplean a la hora de evaluar los trastornos psíquicos de su personal”.

      “La base, que posee el récord en los Estados Unidos de soldados con suicidios, asesinatos y enfermedades mentales, y el Madigan Army Medical Center, el hospital que funciona en su interior, están siendo investigados por la senadora Patty Murray, presidenta del Comité de Veteranos de Guerra del Senado norteamericano, para determinar, entre otras cosas, las razones por las que se les ha retirado el diagnóstico de ‘trastorno de estrés post-traumático’ a 285 soldados de dicha base que inicialmente habían sido calificados dentro de esa categoría. La razón no ha tardado en aparecer: el Pentágono se ahorra unos cuantos cientos de miles de dólares en tratamientos que debería proporcionar a su personal afectado”.

        “Lo interesante de esta historia, es que ya no es necesario remontarse a los tiempos de (Josef) Stalin para comprobar el papel que la psiquiatría puede llegar a cumplir como instrumento del poder. Desde hace algunos años, no es novedad que un inmenso sector de la psiquiatría mundial se ha convertido en ‘jardinero fiel’ (para usar el título de la novela de John Le Carré) de los intereses de la industria farmacéutica. El DSM ‘fabrica’ diagnósticos conforme a las necesidades del mercado. En pocas palabras: los laboratorios sacan una droga, y la psiquiatría justifica su empleo creando una categoría diagnóstica ‘ad hoc’”.

        “Y para redondear el negocio, ¿qué mejor idea que convertir todo en ‘enfermedades’, ‘trastornos’ o ‘desórdenes’? No conformes con eso, los laboratorios han encontrado un nuevo filón: la infancia. ¿Por qué esperar a que el individuo crezca para convertirlo en consumidor de fármacos psiquiátricos, si hay cientos de millones de niños en el mundo que pueden ser clientes inmediatos? Sólo se necesita el concurso de burócratas, técnicos y psiquiatras que comprendan el potencial en juego. El DSM-5 incluye trastornos tales como la ‘rebeldía’ a la autoridad. Los políticos, convertidos en siervos del poder económico global, ven con interés la posibilidad de contar con una medicación, ‘científicamente’ avalada, para corregir desde la infancia todo asomo de cuestionamiento. Mejor prevenir desde que los ciudadanos son pequeños, especialmente ahora que vamos retornando a los índices de explotación y servidumbre de los tiempos de Dickens. Stanislaw Lem, el escritor de ciencia ficción, estaba en lo cierto cuando aseguró que el siglo XIX había sido el de la revolución industrial, el XX el de la revolución tecnológica, y el XXI el de la revolución química. El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, el doctor Jerónimo Saiz, está empeñado en promover una campaña para que el gobierno apruebe una ley que permita la administración de un antipsicótico llamado Xeplio, incluso contra la voluntad del paciente. Orwell y Huxley se nos van quedando cortos de imaginación”.

        Luciano Lutereau no va a menos: “Mi principal observación sobre el DSM es que sólo con torpeza se lo puede reconocer como un manual de diagnóstico, ya que el carácter estático de sus clasificaciones descriptivas desconoce el carácter de proceso que un diagnóstico debe tener para ser preciso. Asimismo, un diagnóstico siempre se hace en función de una orientación de tratamiento; si no, deja de ser operativo y potencialmente se vuelve una herramienta de control social. En tercer lugar, el DSM recae en una predicación sobre el ser del sujeto a partir de la media, cuando el sufrimiento es aquello que escapa a la norma. Aquí no sería desdeñable recordar los trabajos de (Georges) Canguilhem que distinguen norma y normalidad. Pero los usuarios actuales del DSM no sólo ignoran la historia de la medicina, sino que dejaron a un lado lo más básico de la psiquiatría clásica y los conceptos fundamentales de la psicopatología, a favor de una suerte de conductismo farmacológico. Por último, una observación sobre el síntoma: en el DSM,  el síntoma es una conducta, un hábito, algo a corregir y no una elección que implica a quien lo padece; por eso aquí las respuestas son correctivas, y no apuestan a la capacidad electiva del ser hablante”.

         Y Carlos Gustavo Motta explica que “en todas las ediciones del DSM es posible leer su orientación y espíritu. Su primera edición apareció en 1952 y en ella el término reacción reflejaba la influencia psicobiológica de Adolf Meyer, quien descarta la neurosis ubicando, en cambio, trastorno, designándolo como una representación de reacciones de la personalidad frente a factores psicológicos, sociológicos y biológicos. La cuestión confirma la disputa de lo clásico por lo nuevo y aquello que resulta complejo de leer frente a la inmediatez de la filosofía pragmática cognitivista, que no es ni buena ni mala, pero que esgrimida por ciertos profesionales perezosos a la lectura, culmina siendo dañina en sus efectos terapeúticos”.

        “La clasificación del DSM más que facilitar, complica. A las tres estructuras freudianas, neurosis, psicosis y perversión, se las elimina para establecer una larga lista de afecciones que enumeradas bajo modalidades particulares, concluyen en una encrucijada numérica y fenoménica que bien le cabe en su título de estadístico y que permiten vía libre de acceso a la psicofarmacología incluyendo al sujeto en una cura pret-a-porter, ubicándolo en una profecía autocumplida, excluyéndolo de su dimensión fantasmática. Es tanto el deseo de distribuir el mundo entero según un código que una ley universal regirá el conjunto de los fenómenos: dos hemisferios; cinco continentes; masculino y femenino; animal y vegetal; singular y plural; derecha/izquierda; cuatro estaciones; cinco sentidos, etcétera. Así, el primer ajuste de la denominación en la salud mental del siglo XXI, el postergado DSM-5,  comenzará a regir tanto en los fueros judiciales (los informes periciales, por ejemplo, se ajustan a esta característica) como en las mentes brillantes o lo que resulta más inquietante, aquellos profesionales que deben ajustarse a la norma para medicalizar y dejar satisfechas sus almas inquietas, plenas de ‘furor sanandis’”.

        Silvia Elena Tendlarz dice que “Freud se ocupó de distinguir el duelo normal del patológico. La tristeza forma parte del duelo, del lento recuento de recuerdos que nos permite, recordando, olvidar. De los artistas y su espíritu saturnino, pasando por la melancolía, con el nuevo DSM nos encontramos con una metamorfosis: la tristeza por la pérdida de un ser querido no es la expresión del dolor que posibilita nuevas formas de encuentro sino que ahora es un trastorno, un desorden. Pero lo cierto es que de ese desorden nadie queda a salvo: la vida y la muerte son lados de una única moneda y dan sentido a la vida. Transformar al duelo en una patología que debe ser medicada es impedir dar adiós en el tiempo que cada uno necesita y volver a encontrar en los recuerdos a aquella persona que fue parte de nuestras vidas”.

       Por si quedara alguna duda, en su viaje a los Estados Unidos Freud no vaciló en decir que el psicoanálisis -en ese “mundo perfecto- podía ser una “peste”. Lo que no se imaginó fueron los instrumentos que se dieron los oriundos para inmunizarse.-
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Post relacionados:

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Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/dsm-dsm5-psicologia-mercado-poder-diagnostico-psiquiatrico_0_664133801.html

lunes, 1 de julio de 2013

CRIMINOGENICA. Sublimación de la esencia pedófila: Pedófilos buenos, castos y virtuosos, máscara de los pedófilos pederastas.








CRIMINOGÉNICA

III.4.- Sublimación de la esencia pedófila: Pedófilos buenos, castos y virtuosos, máscara de los pedófilos pederastas.

                                                        

III.4.1.- Definición diagnóstica del pedófilo según el DSM. 
       Según el DSM, será pedófilo aquél sujeto cuyos actos o actividades de carácter sexual involucren a prepúberes, siempre que esos actos o actividades duren como mínimo seis meses, y le provoquen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de algún área importante de su actividad como individuo, conforme a los criterios “A” y “B” del DSM para diagnosticar existencia de pedofilia.  Los referidos criterios expresan:
Criterio “A”: Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes que involucre a prepúber; o impulsos sexuales o comportamientos que impliquen actividad sexual con prepúber.
Criterio “B”: Que las fantasías sexuales, los impulsos sexuales o los comportamientos que impliquen actividad sexual con prepúberes provoquen “malestar clínicamente significativo”, o provoque “deterioro” social, laboral o de alguna otra área importante de la actividad del individuo.
         Así pues, resultará forzoso colegir entonces que será considerado pedófilo todo aquél quién sienta atracción sexual por los niños, y se excite sexualmente con éstos y hasta obtenga satisfacción sexual con ellos, aún cuándo se abstenga siempre y en todo momento de exteriorizar y manifestar ese impulso sexual, y jamás ni nunca llegue siquiera a tener ningún tipo de contacto libidinoso o lujurioso con un niño, ni siquiera mediante exhibición de partes pudendas, ni dirigiéndole expresiones sugestivas, restricciones todas éstas que en algún momento irrespetará: Sin embargo, aún cuando observe y cumpla estas restricciones, será un pedófilo; y será un pedófilo por cuanto involucra a niños en sus actos y comportamientos sexuales, cumpliéndose cabalmente con lo establecido en el ya referido criterio “A” de diagnóstico del DSM.

III.4.2.- Delimitación del concepto de pedófilos buenos, castos o virtuosos.
         A este último respecto también hemos de acotar lo siguiente: A los pedófilos que aparentemente se abstienen de hacer contacto físico con niños se les conoce en la literatura especializada como “pedófilos buenos”, en razón de sus propósitos deliberados por resistirse a sus propios impulsos sexuales y evitar el contacto sexual con infantes; también se les conoce como “pedófilos castos” o “pedófilos virtuosos”, en alusión al hecho de mantenerse “vírgenes”, debido a que supuestamente se mantienen “célibes” puesto que evitan tener relaciones sexuales con niños; asimismo, que algunos suponen que los denominados pedófilos “buenos”, “castos” o “virtuosos” no son delincuentes ni criminales por el mero hecho de no haber abusado de un niño o niña, atribuyéndoles esa condición de delincuentes y criminales sólo a los pederastas; del mismo modo, que estos pedófilos “buenos”, “castos” o “virtuosos”, aún cuando no tengan contacto sexual real con prepúberes, para sus fantasías amorosas es probable mantengan contacto con niños virtuales a través de Internet, provocando los denominados “child grooming” y “bullycidios”, además de fomentar la industria de la pornografía infantil, consumiendo material pornográfico que a su vez habrá de ser “elaborado”, registrando el abuso sexual al que sea sometida y victímizada alguna ignota criatura: El pedófilo “bueno”, “casto” y “virtuoso” no habrá tenido contacto sexual con estos niños “virtuales”, pero igualmente es responsable del abuso y la corrupción, por fomentarla y mantenerla, consumiendo material sobre pornografía infantil.


                                 



         Así pues, curiosamente, formándonos un modelo para conocer cómo es en realidad un pedófilo “bueno”, “casto” o “virtuoso”, la imagen que visualizamos fue la de un tigre que decidió por propia voluntad alimentarse con paja, en vez de comer carne, lo cual es totalmente ridículo e inaudito;         empero, esa fue la imagen que acudió a nuestra mente al querer aprehender la imagen de un pedófilo que no es pedófilo.  La relación entre ambas realidades es evidente, uno y otro ente poseen predisposición para depredar, y esa misma predisposición impele y determina su conducta y sus respectivos comportamientos manifiestos.
         De manera pues, aún cuándo nuestra comparación pareciera ser absurda, es la más acertada, por inverosímil: Un tigre ni siquiera posee un sistema digestivo que le permita digerir paja y posibilite mantenerlo vivo con una dieta herbívora; carecen de molares y ni siquiera pueden mover la mandíbula de un lado a otro, por lo cual no podrían moler el alimento, conformado por paja y no por carne, que desgarran y tragan en trozos; además, su tubo digestivo es cuatro veces más corto que el de los herbívoros, imposibilitándole así la absorción y asimilación de alimentos del orden vegetal.  El tigre de nuestro modelo, en el supuesto negado de que exista, deberá cambiar de dieta, so riesgo de perecer por inanición; y habrá de retornar al uso de sus garras y colmillos, abatiendo presas, depredándolas, sí pretende mantenerse con vida.        
         Por tanto, mutatis mutandis, el pedófilo es un depredador cuyo impulso sexual está dirigido a infantes; en la conformación de su personalidad psicológica existe la predisposición a mantener contacto sexual con criaturas, sea por el motivo que sea, inmadurez social, complejos edipícos no superados, traumas infantiles por abusos de los que fuese víctima cuándo niño, retardo mental, tamaño y volumen de su órgano genital, necesidad de asimetría física y hasta psicológica para dominar al objeto sexual, sadismo, etc. Siendo así, dado que es un depredador, operará en un nicho específico, el de los niños como objeto sexual; por tanto, lo más probable entonces es que pase al acto criminal, y que siendo pedófilo incurra en pederastia, en abuso sexual a niños.


                  


III.4.3.- Reflexividad de los actos vs impulsividad.
         Los pedófilos buenos, castos y virtuosos aseguran que resisten a sus impulsos sexuales, y se abstienen de mantener contacto sexual con prepúberes; de ser así, actúan de modo reflexivo, reprimiendo sus impulsos sexuales. Sin embargo, cómo ya quedó asentado, la naturaleza de la personalidad del pedófilo aflorará indefectiblemente, para satisfacer sus deseos sexuales.
         Sin embargo, hay que concederles el beneficio de la duda, la buena fe se presume, la esperanza es lo último que se pierde.  Seguros estamos, y constituye un postulado propugnado por la Fundación Mercedaria, qué es el individuo quién deliberada y reflexivamente puede evitar el paso al acto criminal; siendo así, debería procurarse entonces robustecer y reforzar en todo individuo las pautas en cuya virtud evitará delinquir e incurrir en delito. De manera pues, la cuestión radicaría no tanto en convertirnos en una especie de arqueólogos, rastrillando en el pasado psicológico de cada quién, para indagar por qué en nuestro actual fenotipo tenemos o no determinado carácter o condición; no, radicaría más bién en centrarnos más en el tiempo presente en función del tiempo futuro, ejerciendo un pleno dominio de nuestra personalidad, mediante el auto-control de sí mismo, para así entonces actuar reflexivamente en vez de actuar impelidos por impulsos y hormonas. 
         Descubrir el por qué alguién actúa o se comporta de un modo determinado en nada resolverá el fenómeno criminal, ni tampoco impedirá el paso al acto criminal. 
         En razón de lo anterior, y haciendo nuestro el pragmatismo de William James, en cuya virtud se presupone qué es verdadero sólo lo útil, qué es verdadero aquello que funciona y qué es válido sólo lo verificable en la praxis o mundo real; hemos de señalar entonces qué sí un pedófilo, consciente de su condición pedófila, decide libre y voluntariamente abstenerse de mantener todo tipo de contacto sexual con niños, incluyendo los contactos virtuales o cibernéticos, resistiéndose a sus impulsos pedófilos, estará entonces llevando a la práctica el máximo desideratum del Derecho:  Que los individuos coexistan pacíficamente, conviviendo armónica y ordenadamente en sociedad, sin lesionar ni perturbar los derechos e intereses de ningún otro miembro de la sociedad; y así la solución al problema del fenómeno criminal salta a nuestra vista: Hallar el elemento etiológicamente eficiente del fenómeno criminal no resolverá el fenómeno mismo; será resuelto una vez que cada quién individualmente se abstenga reflexivamente de pasar al acto criminal. 

III.4.4.- Sublimación pedofílica, máscara de la pedofilia pederástica.
     Toda regla tiene su excepción; asimismo, toda presunción puede ser desvirtuada por prueba en contrario. En la cuestión bajo análisis, suponiendo que un pedófilo afirma que reprime sus impulsos sexuales, inhibiéndolos y absteniéndose de ejecutar actos o comportamientos de carácter sexual con prepúberes, sólo cabría suponer que lo así afirmado es verdadero o falso.
    De ser verdadero, estaríamos en presencia de una sublimación, por lo menos, de la condición pedófila, como mecanismo de defensa psicológica; por el contrario, de ser falsa, estaríamos en presencia de un criminal que ha borrado todo rastro de sus tropelías.
    Por consiguiente, suponiendo que lo afirmado sea verdadero, sí un pedófilo resiste a sus impulsos pedófilos y se abstiene de abusar sexualmente de niños, evitando así incurrir en actos pederásticos, en acto contrario a la Ley; es indudable entonces que habrá sublimado su propia condición, sublimación ésta que no acarreará consecuencias patológicas ni afectará áreas fundamentales de la personalidad del sujeto, y que respecto al orden social será deseable.
      Empero, atención, convenir en que es loable, útil y deseable socialmente el que un sujeto proclive al crimen se abstenga reflexivamente de pasar al acto criminal no implica en modo alguno que estemos fomentando su apología. Nada más lejos de nuestra intención.
      Apologizar la existencia de pedófilos “buenos”, “castos” y “virtuosos” implicaría legitimizarlos como sub-cultura, e implicaría qué hasta por televisión comenzaremos a ver cómo se interrelacionan social y sexualmente un niño y su amante adulto, sin desparpajo alguno; no obstante, independientemente de nuestra opinión, ya el movimiento pedófilo tiene bastante adelantadas sus reivindicaciones civiles: Tienen sus propios lobbys allanándoles el camino, han exigido la rebaja y hasta la eliminación de la edad mínima para consentir legalmente relaciones sexuales o contraer matrimonio, etc. Nuestra opinión en nada los afectará como movimiento. Progresiva y paulatinamente emergerán en nuestras sociedades exigiendo tolerancia y respeto, y por efecto de la entropía social terminarán por ser aceptados, tras relajar aún más nuestro caótico y casí anómico sistema social.
        Por otra parte, tampoco estamos muy convencidos respecto a la genuinidad y veracidad de las declaraciones de los pedófilos que afirman ser “buenos”, “castos” y “virtuosos”; y nuestras dudas emergen al ver cómo día tras día desaparecen numerosos niños y adolescentes,  así como el gran número de desaparecidos que luego aparecen muertos; además, en las cifras negras de la criminalidad deben estar comprendidos los niños y adolescentes asesinados tras ser abusados sexualmente.  En nuestra opinión, esa pretendida virtuosidad sólo podría existir mientras no sea destruida a causa de la ejecución de un ilícito de carácter sexual en contra de un menor; y evidentemente nadie va a incriminarse a sí mismo, vociferando que asesinó a una víctima para evitar denuncia, mucho menos sí ha sublimado un impulso cuya ejecución puede conducirle ante la Justicia, y mucho menos sí también está afectado por alguna psicopatía.
         Valga acotar que lo anterior aplica igualmente a quienes practican turismo sexual o están implicados en la producción de material pornográfico infantil, pues la virtuosidad del pedófilo tampoco se verá resquebrajada en sus círculos sociales, a no ser que se difunda de algún modo que cometió abuso sexual contra niños: Podrá pregonar a los cuatro vientos que es casto y virtuoso, aún cuando al otro lado del mundo sea el líder de quienes explotan sexualmente a menores, siempre y cuándo mantenga oculto y en secreto que cometió abuso.

III.4.5.- Inexistencia de la pretendida virtuosidad pedófila.
         Entonces, es de suyo evidente la precariedad de la existencia como clase de los pedófilos “buenos”,  “castos” y “virtuosos”; no dependerá de la fortaleza de ánimo para resistir al impulso sexual que los empuja a tener contacto sexual con prepúberes, y evitarlo, absteniéndose; dependerá más bién del azar, dependiendo no de la voluntad del pedófilo sino de la circunstancia de que nadie se entere que ha cometido un abuso sexual a un menor, que nadie sepa o tenga conocimiento respecto a un acto pederasta suyo.  En cuanto se sepa, adiós aureola: Pedófilos comunes y silvestres para psiquíatras y psicólogos,  vulgares pederastas para Jueces y Abogados.
         Por consiguiente, hemos de acotar igualmente que ni siquiera es necesario que el pedófilo elimine físicamente a su objeto sexual, para mantener en secreto que ha cometido abuso sexual; la propia víctima podría encubrirlo, por amor, por interés, por vergüenza, por sinverguenzüra, etc., cómo de hecho ocurre cotidianamente.  El meollo del asunto radica en qué será bueno, casto y virtuoso mientras la víctima no lo delate, o no sea revelado que cometió pederastia.
         Finalmente, reiteraremos nuestra afirmación: El pedófilo es un pederasta en potencia, un depredador sexual. Aristóteles nos hablaba de la existencia de una relación entre lo qué es y lo qué puede ser, entre la potencia y el acto, entre la posibilidad y la realidad; y Jean Pinatel también se refería a la misma relación, cuándo para establecer la personalidad criminal nos hablaba de la proclividad criminal y de la peligrosidad social, conjugándolas; no hay nada nuevo bajo el Sol. Pero es que hasta por sentido común podemos deducir que sí la substancia y la esencia de un sujeto se caracterizan por excitarse sexualmente con prepúberes, tenderá entonces a excitarse sexualmente con prepúberes, inexorablemente, pues esa es su naturaleza; es algo así como ocurre con las mujeres, todas son madres en potencia, desde que nacen; algunas quedaran embarazadas y darán a luz, otras no; pero su naturaleza es la de ser madres, las de quedar embarazadas y dar a luz; que unas sean buenas, castas y virtuosas, no implica que no puedan llegar a ser  madres, pues aún siendo buenas, castas y virtuosas pueden quedar embarazadas y dar a luz; en su naturaleza está el gestar y parir, para eso es su fisiología; de allí que podamos convenir en que pudiésemos distinguir de entre las “mujeres” a las “mujeres embarazadas”, cómo también podemos distinguir a las nulíparas de las moníparas y hasta de las multíparas; y, del mismo modo, que convengamos igualmente en que el hecho de quedar embarazadas o de dar a luz no las despojará de su condición de mujer, sino que las reafirmará y fortalecerá aún más en esa condición de mujer.  Todas son mujeres, madres en potencia, pero algunas están embarazadas otras no, algunas han dado a luz una vez, o nunca o muchas veces; pero siguen siendo mujeres, y el que queden o no embarazadas, o paran o no, en nada afectará su condición de mujer.
         De modo similar, los pedófilos son pederastas en potencia, y cuándo ejecutan actos pederastas deberían ser denominados o clasificados como “pedófilos pederastas”, pues al sujeto ya lo estaríamos calificando; sin embargo, mientras no incurran en acto pederasta, o no sean divulgados éstos actos pederastas ejecutados clandestinamente, simplemente  serán “pedófilos”, y si así quieren podrán autoproclamarse con la denominación que quieran, “buenos”, “castos”, “virtuosos” o lo que sea; pero seguirán siendo pedófilos, por más que los encubran, y poseerán proclividad criminal así como peligrosidad social: Serán delincuentes en potencia; incurrir en acto pederasta sería simplemente como una liberación de sus impulsos, la exteriorización de su parafilia y de su trastorno, la exteriorización de una naturaleza reprimida; empero, una exteriorización dañina y perniciosa, no sólo socialmente, sino también a nivel individual, pues estará sometiendo a abuso a un niño, perjudicándolo.                                                                                                                          
          
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domingo, 30 de junio de 2013

CRIMINOGÉNICA: III.2.- Criterios para diagnosticar existencia de pedofilia







CRIMINOGÉNICA
III. 2.- Criterios para diagnosticar existencia de pedofilia
 
                                          
       Según Wikipedia, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (en inglés “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”, DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (en inglés American Psychiatric Association, o APA) contiene una clasificación de los trastornos mentales y proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas, con el fin de que los clínicos y los investigadores de las ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales.
         Por tanto, concretándonos sólo a los criterios establecidos en el DSM para diagnosticar existencia de pedofilia, tenemos que éstos pueden ser divididos en dos: Signos y síntomas; asimismo que éstos signos y síntomas son agrupados a su vez en por lo menos dos criterios, distinguidos por las letras “A” y “B”, respectivamente.
         En esencia, el criterio diagnóstico “A” consiste en la caracterización de los actos y actividades de carácter sexual que definen la pedofilia y que serían propiamente los signos de la patología psiquiátrica, y el “B” consiste en la enunciación de los efectos o consecuencias de esos actos y actividades pero en el sujeto que los ejecuta, constitutivo del criterio concerniente a la angustia y deterioro social del pedófilo, y que corresponderían a los síntomas de esa patología en particular. 
         Sin embargo, cómo notaremos seguidamente al enunciar qué contienen propiamente esos dos criterios, los signos y los síntomas de la pedofilia resultan confusos, pues en algunos casos los síntomas son considerados signos, y viceversa, pues los signos a veces son tenidos por síntomas, todo lo cual es un error conceptual y metodológico; vale decir, concretamente, a los fines de la evaluación clínica, la referencia subjetiva del propio pedófilo constituye un signo en vez de un síntoma, cómo cuándo el propio pedófilo manifiesta sentirse atraído y excitado sexualmente por prepúberes, mediante los denominado auto-informes; y en otros casos, la manifestación objetivable en vez de constituir un signo, constituye un síntoma, cómo sería el caso de la duración de los lapsos temporales en los cuales se manifiesta esa atracción o excitación sexual hacia prepúberes, o el número de prepúberes hacia los cuales se ha sentido atraído o excitado el pedófilo, o sí materializó o no algún acto o actividad sexual con prepúberes, lo cual evidentemente son signos y no  síntomas de esa patología.
         Asimismo, en lo relativo a los efectos y consecuencias de esos actos y actividades sexuales, esa confusión conceptual y metodológica así señalada también se hace presente respecto a esos efectos y consecuencias de la acción pedofílica pues la aplicación del criterio conduce a equívocos, además de ser ambiguo: El criterio “B” presupone que será pedófilo sólo aquel quién sienta un malestar clínicamente significativo o que vea afectado su desenvolvimiento social con posterioridad a la ejecución de actos o actividades de carácter sexual con prepúberes; siendo así, no serán pedófilos aquellos quienes no se hayan visto afectados por malestar alguno tras ejecutar acción pedofílica o no vean afectados ni su desempeño social ni su vida social, por conservar con posterioridad a la ejecución de esos actos o actividades su propio status social,  sus empleos, sus círculos familiares o de amistad.  
         Vale decir, no podría considerarse pedófilo a ningún sujeto insensible y carente de empatía que abuse sexualmente de prepúberes, y seguidamente tras ejecutar ese acto o actividad sexual prosiga sin alteración alguna su propia vida social, por no haber sentido remordimiento alguno, ni haberse sentido angustiado ni con frustración ni estresado por su acción, ni haber sido alterado su desenvolvimiento social en modo alguno; y no podría considerarse pedófilo por cuánto el comportamiento así descrito no cumple con el criterio “B”, por exigir éste criterio que el sujeto con posterioridad a la ejecución de esos actos pedofílicos sufra angustia o resulte deteriorada algún área importante de la actividad del sujeto tales como la social, la laboral o alguna otra. En principio, podría ser considerado pedófilo conforme al criterio “A”, por haberlo ejecutado con prepúberes, pero no conforme al criterio “B”, implicando así por tanto que existen pedófilos que no son pedófilos, cómo podrían ser aquellos quienes practicando efectivamente turismo sexual pedofílico, retornan luego a sus propios lugares de origen, reintegrándose a sus rutinas cotidianas cómo sí no hubiesen incurrido en abuso sexual a menores, y sin sentir remordimiento ni angustiarse en modo alguno por las consecuencias de sus actos, y sin que sufran alteración alguna en su desenvolvimiento social ni se deteriore ni su vida social ni laboral ni ninguna otra área importante de sus actividades.  Es el caso igualmente de aquellos cuya función sea obtener material de pornografía infantil, creándolo o realizándolo, siempre que esa acción no les provoque malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de alguna área importante de sus actividades, por cuanto éstos tampoco encajan en el criterio “B”; y así podríamos proseguir hasta el hastío, enunciando casuísticamente otros supuestos de pedófilos que no son pedófilos a la luz de ese criterio “B”.
         Por tanto, para evitar digresiones, expondremos cuáles son los caracteres que conforman esos criterios “A” y “B”, conforme al DSM:
Criterio “A”: Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes que involucre a prepúber; o impulsos sexuales o comportamientos que impliquen actividad sexual con prepúber.
Criterio “B”: Que las fantasías sexuales, los impulsos sexuales o los comportamientos que impliquen actividad sexual con prepúberes provoquen “malestar clínicamente significativo”, o provoque “deterioro” social, laboral o de alguna otra área importante de la actividad del individuo.
         Tenemos así entonces que a lo anteriormente expuesto hemos de agregar que, conforme al DSM, estaremos en presencia de una pedofilia sí y sólo sí el acto o actividad sexual ha sido ejecutada durante un período de unos seis meses, siempre que ese acto o actividad sexual involucre a un prepúber; de manera pues, que sí esos actos o actividades duraron menos de seis meses, no será pedofilia; asimismo, que sí esos actos o actividades sexuales en vez de involucrar a un prepúber, involucraron a un púber o a un impúber menor a un prepúber, tampoco será pedofilia.
         Empero, ponemos en duda que el conocimiento científico pueda ser tán enmarañado; por ende, procuraremos entonces analizar esos criterios de diagnóstico, escudriñándolos, para conocer con certeza qué es en definitiva un pedófilo.
          De manera pues, procederemos a establecer cuáles podrían ser los supuestos que conforme a los citados criterios de diagnóstico constituirían pedofilia:
PRIMERO: Actos o actividades de carácter sexual que involucren a prepúberes, con duración igual o superior a los seis meses, que provoquen malestar clínicamente significativamente al agente; y,
SEGUNDO: Actos o actividades de carácter sexual que involucren a prepúberes, con duración igual o superior a los seis meses, que provoquen deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del agente.
         Del mismo modo, procederemos igualmente a establecer cuáles son los supuestos que conforme a los citados criterios de diagnóstico no constituyen pedofilia, pero prosiguiendo con la anterior numeración:
TERCERO: Fantasías sexuales que involucren prepúberes, que no sean ni recurrentes ni altamente excitantes, mucho menos sí duran menos de seis meses, tampoco constituye pedofilia;
CUARTO: Fantasías sexuales que involucren prepúberes, recurrentes y altamente excitantes, sí duran menos de seis meses, tampoco constituye pedofilia;
QUINTO: Fantasías sexuales que involucren prepúberes, recurrentes pero no altamente excitantes, aún cuando duren más de seis meses, tampoco constituye pedofilia;
SEXTO: Impulsos sexuales que involucren a prepúberes, que duren menos de seis meses, tampoco constituye pedofilia;
SÉPTIMO: Comportamiento que implique actividad sexual con prepúberes, sí duran menos de seis meses, tampoco constituye pedofilia;
OCTAVO: Actos o actividades de carácter sexual que impliquen prepúberes pero que provoquen en el agente malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de alguna otra área importante de actividad, sí dura menos de seis meses ese acto o actividad, tampoco constituye pedofilia; y,
NOVENO: Actos o actividades de carácter sexual que impliquen prepúberes pero que no provoquen en el agente ni malestar clínicamente significativo ni deterioro social, laboral ni de ninguna otra área importante de actividad, aún cuándo duren más de seis meses esos actos o actividades, tampoco constituye pedofilia.
         Recapitulando, conforme a los criterios de diagnóstico del DSM, entonces será pedófilo aquél sujeto cuyos actos o actividades de carácter sexual involucren a prepúberes, siempre que esos actos o actividades duren como mínimo seis meses, y le provoquen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de algún área importante de su actividad como individuo.
          Finalmente, hemos de señalar que el DSM está actualmente en proceso de revisión, y que aún no es definitiva la clasificación de la pedofilia como simple trastorno mental, excluyéndola de las parafilias, todo lo cual no es más sino un eufemismo; lo grave del asunto es que en virtud del DSM se pretenda distinguir la pedofilia de la pederastia, impidiendo y obstaculizando la acción de la Justicia, al permitir que los pedófilos abusen y exploten sexualmente con total impunidad niños y niñas; asimismo, lo grave de la cuestión es que esa subcultura delincuente persiste en su afán de obtener reconocimiento y aceptación social, y dentro de poco hasta divulgarán sus modos y estilos de vidas hasta en comiquitas.  El destino de nuestra cultura occidental no puede estar en manos sólo de quienes formulan el DSM, instrumento en cuya virtud se estigmatiza socialmente o se deja de estigmatizar, pero cuyas modificaciones responden al arbitrio y discreción de un puñado de personas que se han arrogado la potestad de decidir qué es trastorno mental y qué no lo es, muchas veces hasta careciendo de fundamento científico para ello.
          Por tanto, desde ya hemos de señalar que al igual que existen mujeres, y que existen mujeres embarazadas, del mismo modo existen "pedófilos", y "pedófilos pederastas". Propongo pues esta distinción, y a sí nos evitaremos tantos rodeos y tantas elucubraciones: Pedófilo que pase al acto criminal, será considerado "pedófilo pederasta"; queda así eliminada la hipócrita e irreal distinción de los pedofilos virtuosos o castos, y queda eliminada igualmente la discriminación entre  pedofilos y pederastas.     
          Agradecemos su comentario.                                                   
  
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