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jueves, 19 de febrero de 2015

Metilfenidato, la cocaína pediátrica



Metilfenidato, la cocaína pediátrica





Artículos de Opinión | Clara Esquena i Freixas | 17-02-2015



Para los que no estén en el ajo de la psiquiatría infantil apuntaremos, para empezar, que el metilfenidato se receta frecuentemente en el tratamiento del llamado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y se comercializa con nombres como Ritalin®, Concerta® o Rubifen®, entre otros. Desde hace muchos años, en la sociedad norteamericana se cuestiona si en las familias existe un problema de sobremedicación de los menores. Recientemente, la misma polémica ha estallado de forma evidente en España. A raíz de la publicación del libro Volviendo a la Normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil (Alianza Editorial, 2014) en diversos medios de comunicación -básicamente de prensa escrita- se ha abierto un encendido debate en torno a este trastorno que, como me dijo en una ocasión la madre de un niño diagnosticado, ha devenido una "plaga" en las escuelas. Es verdaderamente interesante constatar hasta qué punto nuestra sociedad está polarizada en torno a esta cuestión, lo que se refleja tanto en los comentarios de los diarios digitales como en las redes sociales y en los blogs. Llama especialmente la atención comprobar con qué vehemencia -por decirlo con palabras amables- la facción favorable a la etiqueta psiquiátrica y la medicación ataca a los autores, Fernando García de Vinuesa, Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez, quienes desmontan, con incuestionable rigor científico, la vergonzosa falacia del TDAH, a la vez que muestran un fundamentado rechazo a los fármacos que los niños y niñas se ven obligados a tomar. Recordemos que, a diferencia de los adultos, ellos no tienen autonomía para decidir si aceptan los desagradables efectos secundarios de los mismos, que pueden incluir pérdida de apetito, disminución de peso, insomnio, cambios de humor, ansiedad, irritabilidad, dolor de cabeza, náuseas, tics nerviosos, brotes psicóticos, retraso en el crecimiento, hipertensión, arritmias, migrañas, etcétera.

Quienes confían en la versión oficial de esta enfermedad inventada, ¿conocen en profundidad la problemática o bien actúan de forma impulsiva, porque son incapaces de revisar sus creencias preconcebidas? Mientras que en otras controversias es posible señalar los pros y los contras en las diferentes posturas expuestas, en este caso, una vez leídos con atención los argumentos esgrimidos, no queda ningún margen para la duda. Estamos ante una monumental estafa que tiene consecuencias terribles en el desarrollo de los pequeños. Desgraciadamente, este posicionamiento inflexible se debe rebatir cotidianamente en los consultorios y como está tan arraigada la "cultura de la píldora" no siempre resulta fácil el cambio en el tratamiento elegido por los padres, que casi siempre actúan con la mejor de las intenciones.

Evidentemente, la visión de los autores concuerda perfectamente con los clamorosos fracasos observables de aquellas intervenciones clínicas focalizadas simplemente en el diagnóstico y la receta. En ningún caso se niega que existan graves problemas académicos y de conducta sino que lo que se discute es su supuesta causa orgánica y el camino tóxico escogido a la hora de ponerle remedio. En la primera parte del libro, se esbozan algunos de los puntos débiles de nuestro sistema educativo, que favorecen la falta de concentración y de esfuerzo de los alumnos, así como la tiranía de los hijos hacia sus padres. La excesiva adulación a los menores y una pedagogía light, basada en el fomento de la motivación y la autoestima, pero poco centrada en la transmisión de contenidos, constituyen algunos ejemplos. Si la terapia no tiene en cuenta la historia familiar, el uso inadecuado de las nuevas tecnologías, el entorno escolar y otros aspectos importantes en el contexto infantil, difícilmente prosperará.

Del mismo modo que el Valium ® o el Prozac ® capitalizaron el malestar de las amas de casa en las décadas de los 1970 y 1980, recuerdan los expertos, hoy la industria farmacéutica aprovecha los problemas de los críos y de sus progenitores desesperados, para multiplicar los ingresos. En esta ocasión, lo subrayamos otra vez, con el agravante que actúan en un cerebro en proceso de maduración, que puede sufrir cambios importantes en su estructura y función. Todo ello gracias a la complicidad de políticos, investigadores y otros profesionales, bajo sospecha de presentar graves conflictos de intereses entre la investigación y la empresa privada (págs. 176-177):


“Por el contrario, el uso de medicamentos psicoestimulantes a largo plazo, lejos de tener efecto beneficioso en el TDAH, parece tener justo el efecto contrario de acuerdo con los resultados de seguimiento del estudio MTA. Así, los participantes en el grupo que recibió la medicación mostraron un aumento de los síntomas del TDAH entre los 24 y 36 meses de seguimiento, en comparación con el grupo que no la recibió (Jensen et al., 2007). Asimismo, el uso de metilfenidato estaba asociado con puntuaciones más graves en escalas de valoración de TDAH y de trastorno “negativista desafiante”, junto con una alteración funcional global del comportamiento a los ocho años de seguimiento (Molina et al., 2009).

Paradójicamente, la ya aludida Guía de Práctica Clínica (GPC) sobre el TDAH del Sistema de Salud español concluye, basándose precisamente en datos del estudio MTA, que el metilfenidato conserva su efectividad a largo plazo (12 a 24 meses) y se recomienda por tanto el uso de medicación para casos de TDAH “moderado a grave” como parte de un “tratamiento multimodal” por su mayor efectividad frente a la intervención psicosocial solamente (GPC, 2010).”


Dejando a un lado los retorcidos laberintos de la industria farmacéutica, bastante conocidos por todos, quizás uno de los aspectos más inquietantes es que el metilfenidato es un psicoestimulante con una estructura química similar a la anfetamina. Tiene un potencial de abuso reconocido y se ha ganado el merecido apodo de "cocaína pediátrica", por tener un mecanismo de acción similar en el cerebro al del temible "polvo blanco". Hay que señalar, pues, la chocante paradoja emergente: Por un lado, se educa a los niños en la prevención del consumo de estupefacientes pero por el otro no se pone ningún impedimento para que se consuman de forma legal drogas tan peligrosas como el Concerta® y compañía, que, por otro lado, pueden ser una puerta de entrada al uso de otras sustancias tóxicas en la edad adulta.

Aparte de las secuelas físicas que se puedan derivar a largo plazo -un tema bastante desconocido, todavía-, hay que tener en cuenta el nefasto mensaje que supone el hecho de transmitir la idea de que los problemas de la vida se solucionan de forma mágica, a través de una pastilla que nos ayudará a resolver los numerosos obstáculos que encontraremos por el camino. Ciertamente, estamos ante una realidad perturbadora, que afecta a personitas vulnerables y que queremos de todo corazón. Por eso es saludable enfurecerse de verdad pero no con aquellos que ponen al descubierto las miserias del sistema sino con los individuos que son cómplices de esta trama lucrativa de forma plenamente consciente y contribuyen, con su perversa connivencia, a la destrucción de nuestro futuro colectivo. Ha llegado la hora de construir alternativas razonables y por eso hay que celebrar sinceramente la publicación de libros como el que hoy nos ocupa. De no revisar las malas prácticas, a la larga, puede que nos pase como en un chiste gráfico que circula por la red, en el que un niño se encuentra en la consulta del pediatra en el momento en el que éste le receta metilfenidato, a lo que él responde, dirigiéndose a su madre, también presente: “Mamá, papá me ha dicho que si un extraño me ofrece drogas, debo decir no”.

Referencia:
*       García De Vinuesa, F., González-Pardo, H. y Pérez-Álvarez, M. (2014). Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil. Madrid: Alianza 

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       Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article81563

       Enlaces relacionados: 
         

jueves, 21 de noviembre de 2013

Bullying: Un fénomeno de exclusión

 Noticias de Monterrey, Nuevo Leon, Mexico, Periodico El Porvenir

Bullying: un fenómeno de exclusión
 


Por: Camilo Ramírez Garza, Miércoles 20 de noviembre de 2013
 
Se le utiliza preferentemente para nombrar las agresiones que tienen lugar dentro de los planteles educativos
(1ª parte)

Actualmente se habla de Bullying, también llamado acoso escolar, incluso se utilizan los anglicismos buleador, aquel que maltrata y agrede, física o verbalmente a un compañero de clases; y buleado, aquel que padece, directa o indirectamente, la agresión.

Quedando identificados los polos: agresor y agredido; víctima y victimario. Se le utiliza preferentemente para nombrar las agresiones que tienen lugar dentro de los planteles educativos o en relación con los vínculos que se suscitan en ellos, como es el caso del cyber-bullying el cual se lleva al contexto de la inagotable e irregulable red, la internet, tomando por objeto de burla a algún compañero, maestro o directivo, posteando una foto o video y abriendo una ventana para comentarios.

Recientemente la noción de bullying también se ha empleado para referirse a las agresiones que acontecen dentro del ámbito empresarial o de cualquier oficina, bajo la noción de mobbing o acoso laboral.

Quizás no se llama bullying porque quienes acosan en la oficina no quieren ser tildados de “niños que molestan a otros” ¡Por favor, somos adultos, necesitamos nuestros propios conceptos que describan lo que agredimos por envidia, celos o coraje! De tal forma, vemos como la noción de bullying se ha ido transmitiendo a diversos ámbitos sociales, surgió en la escuela pero va permeando otras estructuras de convivencia.

Podríamos decir, de entrada, intentando abordar algo del sentido que introduce la noción de Bullying, que éste solo existía en EUA, y que a América latina, como al resto del mundo, ha llegado como producto de importación.

Por lo que una de las tareas a investigar consiste en seguir las pistas al surgimiento y transmisión de dicha noción, en tanto elemento significante de algo que sucede en el ámbito escolar, parte de la estrategia de lo que hemos nombrado Psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar, el cual “…consiste en el proceso de codificación de lo que el niño o joven –e incluso el adulto- hacen y dicen, de acuerdo a coordenadas de medición, diagnóstico y tratamiento psicológico, neurológico y/o psiquiátrico.

Donde cada cosa que acontece debe de ser codificada en términos (variables, rasgos) presentes en un trastorno” (Ramírez-Garza, C. La psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar, Osorio, F. Ejercer la autoridad: un problema de padres y maestros, Buenos Aires: Noveduc, 2009) En México, hasta hace algunos años existían todavía, en el ámbito escolar, las burlas, algunas jocosas y divertidas, como la carrilla, el carro, las madreadas, la botana, los apodos, etc, hasta las bromas pesadas.

Sin embargo éstas tienden a desaparecer ante la noción única de bullying o de violencia en general.

Si antes los alumnos buscaban defenderse de quienes los agredían, darse a respetar mediante la reciprocidad en los insultos y golpes, formas de integrarse al grupo, ahora tales actos son adscritos a una cierta “psicopatología escolar” denominada conductas bullying, en donde a “victimas” y “victimarios” se les excluye mediante esta nueva clasificación, poniéndolos en la mira de necesitar tratamiento médico y/o psicológico.

Quizás en unos años, a la lista de especialistas que son consultados por recomendación de la escuela, médico psiquiatra, psicólogo, psicoanalista, psicopedagogo, neurólogo, se añada al genetista, en un exceso del deseo preventivo de erradicar anticipadamente eso intolerable; transformándose así, el lugar de alumno en paciente, y el de la escuela en pseudo-clínica de salud mental.

Dicho pasaje puede apreciarse en el remake de una película mexicana clásica del género de terror, dirigida originalmente por Carlos Enrique Taboada Hasta el viento tiene miedo (México, 1967) La trama original tenía lugar en un instituto femenino – con lo angelical e inocentemente demoniaco que puede tener dicho lugar- dirigido por una rígida y estricta maestra.

En el pasado una alumna se ha suicidado aventándose del campanario. En la versión más nueva, el instituto es sustituido por un hospital psiquiátrico, así como el lugar de la directora y alumnas, en psiquiatra y pacientes, respectivamente.

Juntas todas, en vez de tener clases, tienen sesiones de psicoterapia grupal. Justamente en eso se han convertido algunas escuelas, los maestros y alumnos, en buscar la sintomatología y referir para su curación.

Con lo cual asistimos a la suspensión, cuando no a la desaparición total de la educación y la docencia como las conocíamos; ahora, regida por otras lógicas, más del lado de la industria y el hospital, que da la escuela y la docencia.

En esa misma línea, se han producido otros excesos: el sobre diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención, bajo el cual -como en cajón de sastre (¡Desastre!) se incluyen un sinfín de problemáticas de diversa índole, desde problemas de conducta, dificultades académicas y de disciplina.

De tal manera que la noción de niños chiflados, mal portados, que simplemente requieren límites en casa y escuela, ha dejado casi de existir, para dar lugar a un solo sujeto: el alumno con TDAH, cuando no trastorno de conducta oposicionista desafiante, depresión y ansiedad, adicciones, entre otros. Produciéndose una verdadera “persecución psi” por el “bien” de los niños y jóvenes.

He de señalar que el problema no radica en el diagnóstico en sí mismo, sino en su exceso, pues en el caso de lo psíquico, los diagnósticos constituyen lo mismo que querer medir el agua o tatuar el humo, son formas de darle forma a algo, el problema es creer que se está retratando la realidad, cuando más bien se le está creando.

Al acomodar experiencias tan diversas bajo un mismo diagnóstico, la diversidad que produce la intersubjetividad se ve aplastada en unas pocas nociones, el caso único se pierde ante el aplastante universo estadístico, que describe, codifica, diagnostica, y lo que es peor, plantea un tratamiento igualmente único para el niño o el joven.

Dicho formato es el modelo de muchas dependencias gubernamentales y privadas. Sucede lo mismo en el caso de los asesinatos masivos en las escuelas, eso que irrumpe cruentamente en la escuela, pareciera la única posibilidad de hacer escuchar un clamor, algo que no llegó a ser, del orden de lo no realizado. Pero lamentablemente no es escuchado por el exceso de diagnósticos psicopatológicos antes y después.
Con lo cual eso que quería manifestarse, el centro del asunto, cae en el olvido. Y todos sabemos que sucede con eso que es rechazado en el orden simbólico -como diría Jacques Lacan- reaparece en lo real, con más ímpetu, con más fuerza.

(Continuará 1 de 2) http://columncamilo.jimdo.com Twitter: @CamiloRamirez_

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Fuente: http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=716328

martes, 29 de octubre de 2013

Encarcelan embarazadas evitando dañar feto






Embarazadas en la cárcel por si acaso se drogan

Por: Carolina García | 29 de octubre de 2013

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      Alicia Beltran, de 28 años, vive en Milwaukee (Wisconsin) y lloró desconsoladamente por miedo e impotencia cuando las autoridades federales llegaron a su casa el pasado 18 de julio y la detuvieron. Embarazada de 14 semanas, y después de pensar que había hecho lo correcto contándole a su médico que había sido adicta a los medicamentos, los agentes la internaron en un centro de desintoxicación para proteger el feto, una medida respaldada por la ley en este Estado.

     Beltran tuvo la mala suerte de toparse con una trabajadora social y una médico escépticas que le acusaron de no cuidar a su feto por no querer someterse a un tratamiento de desintoxicación; todo ello a pesar de que en los primeros análisis de orina solo encontraron trazas de Suboxone, un medicamento que palía los síntomas de dependencia a los opiáceos, y que en los segundos efectuados, la mujer estaba limpia.


       La trabajadora social le recomendó que volviera a tomar la Suboxone, a lo que ella alegó que no lo necesitaba porque ya no era adicta. Beltran, enfadada, le dio con la puerta en las narices gritando: “A lo mejor lo que tengo que hacer es abortar”. La médico, por su parte, alegó que la mujer “había admitido abiertamente su consumo y abuso”. “Mostró poco control de sí misma y rechazó el tratamiento que se le ofreció -reclutamiento total en un centro o prisión-. La vida del niño depende totalmente de las acciones judiciales que se tomen al respecto”, indicó la doctora. Cuarenta y ocho horas después de estos acontecimientos, varios agentes se apersonaron en su casa y se la llevaron a la cárcel del condado. Beltrán se enfrentaba a su primera audiencia ante el juez. “No sabía que los no nacidos tenían abogados”, explica Beltran en la historia relatada por The New York Times.

     Tras ser detenida, la mujer compareció ante un juez que le indicó que necesitaba un letrado; ante su perplejidad, descubrió que su feto tenía un guardián y que debía luchar por su custodia, explica esta mujer, ya en casa y embarazada de seis meses, tras pasar 78 días en un centro de desintoxicación por orden judicial.

     Beltran se ha quedado sin su trabajo a tiempo completo y sus esperanzas de encontrar uno a media jornada son casi nulas: "Salgo de cuentas el 15 de enero y estoy muy asustada de que vengan y se lleven a mi bebé. Se supone que estoy en la época más feliz de mi embarazo y yo solo puedo sentir terror”, ha declarado Beltran al mismo periódico.

      La ley de Wisconsin, conocida como “mamá cocaína” y aprobada en 1998, otorga a los facultativos y autoridades el derecho a confinar a una futura madre si consume alcohol o drogas “de forma severa” y se niega a ir a un centro de tratamiento voluntariamente. El caso de Beltran se encuentra en este momento en los tribunales, donde se denuncia la inconstitucionalidad de la regulación; es la primera vez que se desafía la protección del feto sobre el derecho de la madre en EE UU.

     Wisconsin, Minnesota, Oklahoma y Dakota del Sur son los Estados de los 50 que conforman la nación que cuentan con una normativa de estas características -poder internar a una mujer embarazada por abusar de sustancias y así proteger al feto-. "Esta regulación también es contraria a su libertad física, a su privacidad médica y a otros muchos derechos constitucionales”, según se explica en la denuncia. “La guerra encubierta entre los derechos de las mujeres embarazadas y los del feto debe acabar”, continúa el texto. Debido a que los datos de la seguridad social de Wisconsin son confidenciales, se desconoce cuántos casos se han dado desde su entrada en vigor en 1998, aunque el periódico asegura que “se sabe que ha habido varios el año pasado”.

Entre aquellos que defienden la regulación, su principal alegación es que la norma “es  un esfuerzo adecuado para proteger al recién nacido”. “Si la madre no es lo suficientemente inteligente como para no tomar drogas, tenemos que actuar. La ley está hecha para proteger a las madres y a los bebés”. Sobre este tipo de leyes se sostienen muchas de las regulaciones antiabortistas del país, que pretenden otorgar al no nacido todos los derechos. A parte de en estos cuatro Estados, en otros existen regulaciones acogidas al derecho civil; a la protección de menores o a las leyes criminales que fuerzan a las mujeres a ir a programas de tratamiento e, incluso, a castigarlas por su consumo.

   Las asociaciones contrarias a este tipo de leyes aseguran que hay centenares de casos documentados de mujeres afectadas y que justo coinciden con aquellas que cuentan con menos recursos y  que pertenecen a minorías. Además, la Asociación de Médicos de EE UU  asegura que estas normas “sobrevaloran los efectos de las drogas en los no nacidos”.

    Por desgracia, en EE UU existen casos más extremos que el de Beltran en Wisconsin. Por ejemplo, Alabama redactó una ley en 2006, denominada “Protección contra el peligro químico hacia los niños” que, supuestamente, les protege de las metanfetaminas. Gracias, o a pesar de ella,  se ha llegado enviar a más de 100 mujeres a la cárcel porque sus recién nacidos dieron positivo a esta sustancia. Son muchos los Estados que consideran esta ley inconstitucional, pero Alabama ha conseguido aplicarla desde el momento de la concepción.

    Los expertos señalan que todas estas injusticias ocurren “porque estas leyes dan a las autoridades el poder y la legitimidad de poner al mismo nivel los derechos de una mujer embarazada y los de los óvulos fertilizados, los embriones y los fetos”. Un hecho que para muchos no tiene ningún sentido, pero que otros han hecho de ello una cruzada en pro de la vida; un debate emocional que, por lo menos en EE UU, parece no tener una fácil solución en un futuro cercano.

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Foto: Mujer embarazada de SAMUEL SÁNCHEZ

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Fuente: http://blogs.elpais.com/mujeres/2013/10/cuando-los-derechos-del-feto-se-anteponen-a-los-de-la-madre-.html

sábado, 12 de octubre de 2013

Videojuegos violentos no vuelven más agresivos a jugadores adolescentes con ciertos problemas psicológicos




Psicología

Los videojuegos violentos no vuelven más agresivos a jugadores adolescentes con ciertos problemas psicológicos

Jueves, 10 octubre 2013

¿Los videojuegos violentos como el "Mortal Kombat", el "Halo" o el "Grand Theft Auto" pueden convertir a adolescentes con síntomas de depresión o de dificultad en prestar atención (como es el caso del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en matones de escuela o delincuentes violentos? No, según Christopher Ferguson de la Universidad Stetson en Florida, Estados Unidos, y Cheryl Olson, investigadora independiente del mismo país, quienes han publicado los resultados de su estudio en la revista académica Journal of Youth and Adolescence, de la conocida editorial Springer.

De hecho, los investigadores encontraron que jugar a esos videojuegos tenía en realidad un leve efecto calmante en jóvenes con síntomas de Déficit de Atención y ayudó a reducir su agresividad.

Ferguson y Olson estudiaron a 377 niños estadounidenses con un promedio de edad de 13 años, de varios grupos étnicos, y que tenían déficits de atención o síntomas depresivos clínicamente elevados.


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Los videojuegos violentos no vuelven más agresivos a jugadores adolescentes con ciertos problemas psicológicos. (Imagen: Recreación artística por Jorge Munnshe en NCYT de Amazings)

El estudio es importante a la luz del debate público existente acerca de si los videojuegos violentos pueden o no impulsar la conducta agresiva entre los jóvenes, especialmente entre aquellos con problemas de salud mental preexistentes, conduciendo así tales videojuegos a una mayor incidencia de acoso escolar, peleas físicas, agresiones físicas e incluso homicidio. A menudo en los medios de comunicación se invoca la condición de jugador de un videojuego violento en alguien que ha perpetrado una masacre indiscriminada a balazos, para establecer un vínculo entre su faceta de pistolero ficticio y la de pistolero real. Pero muchísima gente juega con videojuegos violentos y no son personas violentas.

En definitiva, los resultados de la investigación realizada por Ferguson y Olson no coinciden con la creencia popular de que los videojuegos violentos incrementan la agresividad en adolescentes que tienen una predisposición a ciertos problemas de salud mental.

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Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/not/8453/los_videojuegos_violentos_no_vuelven_mas_agresivos_a_jugadores_ad

martes, 6 de agosto de 2013

Criminogénica: Nuevo paradigma criminológico



LA PUNTA DEL ICEBERG:

Contra los sofistas: "Criminogénica", un nuevo paradigma criminológico


Autor: Fundamerced
Apología de Sócrates

         Sócrates fue un crítico acérrimo de todos aquellos quienes no hacían más que repetir lo afirmado por otros, sin aportar siquiera nuevo conocimiento y sin analizar siquiera esa afirmación, para contrastarla, pero para depurarla y obtener así un dato más acertado; y en la Criminología abundan quienes así actúan, cómo en cualquier otra disciplina científica. Sí está de moda la lobotomía, hasta un Nobel confieren al creador de la técnica; sí está de moda suponer que el delincuente es un ser atávico con rasgos simiescos, colman de honores al creador de la teoría; y así, hasta el infinito. El problema sobreviene cuando esa técnica o esa teoría caen en desgracia, pero un problema para los seguidores de esas técnicas o de esas teorías; no un problema para la Ciencia.                                            
Practicando lobotomía
                                                    
         Afortunadamente, el dato científico debe ser verificable, universal, objetivo. La Ciencia no está sujeta a caprichos, ni puede estar condicionada por creencias ni por  prejuicios ni por opiniones personales, aún cuándo esté sujeta a lo que Thomas S. Kuhn denomina paradigmas.
         En líneas generales, un paradigma es un modo de pensar, un modelo; y en el campo científico, paradigma es el conjunto de modelos o modos de pensar compartidos por los miembros de una comunidad científica, para determinar cuál es el objetivo y cómo debe ser observado, cuáles son las interrogantes a ser formuladas para hallar respuestas respecto a las incógnitas planteadas y cómo deben ser interpretados los resultados obtenidos.
         De este modo, tomando como ilustración un ejemplo dado por el propio Thomas S. Kuhn, la precesión de los equinoccios, en su libro “La Revolución Copernicana” (Ediciones Orbis,  1984, Volumen  II, Barcelona, España), sí observamos que el polo celeste se desplaza 0,5° cada siglo alrededor de las estrellas que se encuentran en el polo de la elíptica, formando una especie de circulo, y que esa trayectoria circular tarda 26.000 años para ser completada; ocurre que ese hecho será interpretado de modo diverso dependiendo del paradigma aplicable:  Sí fuese el ptolemaico, para interpretarlo eficazmente agregaríamos unas especies de esferas para explicar el fenómeno, pues supondríamos que la Tierra ocupa el centro del Universo, y todos los demás elementos celestes giran a su alrededor gracias a la existencia de una esfera u órbita en particular; una para la Luna, otra para el Sol, otras para las estrellas y los planetas, para un total de ocho; la novena la ocuparía esa precesión de los equinoccios.  Las distinguiríamos por sus velocidades respectivas, unas rotan en 23’ 56’’, otras en 26.000 años.  No obstante, pese a ser un dato inválido, incierto y falso, así fue pregonado por siglos desde todas las cátedras académicas, pues así estaba en los libros, y se supuso como válido hasta ser desvirtuado.
         Empero, nos ocupamos de la violencia, del mobbing.  La Criminología se ocupa de una tríada*: Delincuente, delito, control social.  En cambio, nosotros nos ocupamos de la exacerbación de la agresividad, de la violencia, y desde ese rasgo procuramos aprehender entonces la etiología del fenómeno criminal, buscar sus causas.  No andamos por allí repitiendo lo que pudiésemos haber leído en los libros: 
         Desde Lombroso hasta ahora, son innumerables las investigaciones que se han realizado en el campo de la Criminología, y ninguna pareciera haber resuelto la cuestión de fondo, qué es diferenciar y distinguir netamente al delincuente del no-delincuente; en cambio, se ha dejado avasallar por otras disciplinas científicas que hasta nos señalan a quienes debemos considerar delincuentes y a quienes no, cómo es el caso de los psicólogos y psiquíatras, avalados por un Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (DSM*, por sus siglas en inglés), cuya validez se encuentra en entredicho y sumamente cuestionada:
         Son ficticias algunas de las enfermedades catalogadas en el DSM, cómo es el caso del Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH*); asimismo, los criterios diagnósticos parecieran obedecer más bién a los intereses de las industrias farmacéuticas y no al de los pacientes, para así eternamente recetarles medicamentos que pudiesen resultar hasta adictivos, cómo es el caso del metilfenidato*; del mismo modo, por incluir y excluir comportamientos dentro del catálogo casí arbitraria y caprichosamente, por no sujetarse cabalmente a un riguroso método científico, cómo es el caso de los trastornos alimenticios, los trastornos por duelo, etc., y cómo es el caso de los pedófilos*, los sadomasoquistas y un sin fin  de orates que deambulan por nuestras calles asegurando que están cuerdos, por qué así se lo dijo su psiquiatra.  
         De modo pues, tenemos ante nosotros una realidad; pero también tenemos ante nuestros ojos unas gríngolas que nos impiden verla en toda su dimensión, entorpecida además por una errónea interpretación de los Derechos Humanos en cuanto a su aplicación, por cuya causa ni disciplinar se puede a los individuos. Ese es el origen de la violencia que vivimos cotidianamente en nuestras sociedades: 
         A la mayor o menor capacidad del sujeto para refrenarse a sí mismo, por lo cual fluye entonces libremente todo egocentrismo en la misma proporción de esa incapacidad suya para refrenar su agresividad, siendo indiferente afectivamente en mayor o en menor medida todo los demás excepto uno mismo, y pasando de un estado anímico a otro, al modo de unas caretas o máscaras, usadas cuándo pasamos de un rol social a otro: Una cuándo depredamos, otra cuándo nos interrelacionamos pacíficamente en nuestros propios circulos sociales, conviviendo con familiares, amigos o compañeros en nuestro sitio de trabajo. Esta es la base y el fundamento de la teoría de la personalidad criminal.
         Por tanto, la Criminología debería aprehender la totalidad de la realidad del fenómeno criminal, no parcialidades ni pequeñas parcelas de ésta; asimismo, debería definir por sí misma cuál es su objeto, sin aguardar a que otros se lo definan; en estas cuestiones radicaría el cambio paradigmático.  Recientemente un pedófilo nos aseguró que él era un pedófilo "casto" y "virtuoso", y fue cuándo caímos en cuenta qué esas supuestas castidad y virtuosidad sólo podrían sostenerse sí nadie acusaba a ese pedófilo de haber cometido un acto pederástico: Sí nadie lo acusaba de pederasta, era entonces un santo pedófilo.  En consecuencia, para mantenerse casto y virtuoso era necesario que ese pedófilo se garantizase de cualquier modo el silencio de su víctima, comprándolo, o eliminándola. Simple, una de dos opciones. Pero un criminólogo se enterará de qué alguién es pedófilo cuándo así sea diagnosticado clínicamente, cuándo éste haya permanecido durante seis meses en constante excitación sexual pedófila, quizás hasta satisfaciéndola materialmente, pues de otro modo no podría ser catalogado clínicamente como pedófilo conforme al DSM.
         Empero, la realidad opera con total prescindencia de los criterios diagnósticos del DSM; será pedófilo todo aquél que ejecute un acto pederasta*; los pedófilos castos no existen, así como tampoco existen los pedófilos virtuosos; existen sí, pedófilos que no han sido denunciados por la comisión de actos pederásticos, y otros que efectivamente han sido denunciados como pedófilos pederastas. Es carente de sentido y de toda validez la distinción que en psiquiatría pretende establecerse respecto a los pedófilos castos y virtuosos y los pedófilos pederastas, sublimando* a unos en desmedro de otros; la distinción implica sólo la existencia de alguién que testifique en contra, de alguién que pueda destruir con su testimonio la “castidad” y la “virtuosidad” del pedófilo.
         Por supuesto, sí vemos el caso del Kent y la Barbie* canadiense  esa consecuencia salta a la vista: Sí una de las  víctimas de Paul Bernardo no escapa y sobrevive al cautiverio y las torturas sexuales a las que estaba sometida, y sí la propia cómplice de éste no lo delata ante la policía, Paul Bernardo siguiese conviviendo tranquila y placidamente entre sus vecinos y ni siquiera sería considerado un pedófilo ni un pedófilo pederasta, cómo también lo estaría haciendo el Monstruo de Cleveland, Ariel Castro, el sujeto enjuiciado y condenado recientemente por secuestrar y mantener como esclavas sexuales a tres jóvenes durante años. La Criminología debe definir por sí misma cuál es su objeto de estudio; afirmar qué es el delincuente resulta vacuo.
         Igualmente, debe definir por sí misma cómo interpretar esa realidad que aprehende; nosotros afirmamos que la violencia escolar, el bullying, es una nueva faceta del fenómeno criminal, pero no pasa de ser una mera opinión nuestra. No obstante, correlacionar las desapariciones de individuos con el turismo sexual y las películas snuff resulta elemental, evidente; no es una mera opinión nuestra, es algo que salta a la vista.
         Sin embargo, la Ciencia Oficial afirma que efectuar esa correlación en particular constituye una muestra de desinformación; las desapariciones parecieran no estar relacionadas ni con el turismo sexual ni con las películas “snuff”; habrá que preguntarles entonces a los pedófilos pederastas, pues los muertos no hablan, a no ser que su muerte haya sido registrada mediante video, cómo es el caso de las niñas de Alcácer*. Esperamos equivocarnos; sin embargo, esa correlación es correcta. Es cómo descubrir que sumar dos más dos es igual a cuatro, o que el Sol sale por el Este.
         Así pues, para no extendernos más, suponemos que el nuevo paradigma en Criminología será el “criminogénico”: Hallar la acción que impida la existencia del fenómeno criminal, un elemento que pudiese estar en el proceso de socialización del individuo. La violencia está en cada uno de nosotros; quizás la sociedad sea criminógena, como afirmó Pinatel, pero la violencia está en cada uno de nosotros, y no casualmente en nuestros genes; por consiguiente, será desde allí desde dónde podríamos evitar surja esa violencia que a su vez genera al fenómeno criminal. 

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