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jueves, 19 de mayo de 2016

¿Existe realmente el libre albedrío?

¿Existe realmente el libre albedrío?


Tom Stafford
BBC Future

22 agosto 2015






Posiblemente sea el experimento más famoso en neurociencia.

En 1983, Benjamin Libet desató una controversia con su demostración de que nuestra sensación de libre albedrío podría ser una ilusión.

Y es una controversia que, con el correr del tiempo, solo ha ido en aumento.

El experimento de Libet tiene tres componentes vitales: una elección, una medición de la actividad cerebral y un reloj.

La elección es mover el brazo izquierdo o el derecho. En la versión original la decisión se hace al girar la muñeca. En otras versiones de la prueba se hace levantando un dedo de la mano izquierda o de la derecha.
A los participantes se les instruye a "dejar que el impulso (de hacer el movimiento) aparezca por sí solo en cualquier momento, sin ninguna planificación previa o sin tener que concentrarse sobre cuando actuar".

Medición crucial

El tiempo exacto en el que uno hace el movimiento queda registrado al activarse los músculos del brazo.

La medición de la actividad cerebral se hace por medio de electrodos sobre el cuero cabelludo.


Puede que te parezca que estás en control de tus acciones, ¿pero no se tratará de una ilusión?


Cuando los electrodos se colocan por encima de la corteza motora (aproximadamente en el medio de la cabeza) una señal eléctrica distinta aparece entre la derecha y la izquierda, al planificar y ejecutar el movimiento en cualquiera de los dos lados.

El reloj está especialmente diseñado para permitir que los participantes perciban cambios de menos de un segundo y consiste de un solo punto que se desplaza dando vueltas a la circunferencia cada 2,56 segundos. Esto significa que al reportar la posición se está reportando el tiempo.
Si suponemos que puedes reportar la posición exactamente a un ángulo de 5 grados, esto significa que puedes usar este reloj para dar un reporte del tiempo en menos de 36 milisegundos, es decir 36 milésimas de un segundo.

Mezclando esos ingredientes, Libet realizó una medición crucial extra. Les pidió a los participantes reportar, utilizando el reloj, el punto exacto cuando tomaron la decisión de hacer el movimiento.

Resultado explosivo


Desde hacía varias décadas los fisiólogos ya sabían que una fracción de segundo antes de hacer un movimiento ocurre un cambio en las señales eléctricas en tu cerebro.
Y así fue en el experimento de Libet, en el que menos de un segundo antes de que los participantes se movieran un cambio probado podía quedar registrado utilizando los electrodos.


Si realmente creyéramos de todo corazón que la mente está basada en el cerebro, entonces sabríamos que todo cambio mental debe tener un cambio correspondiente en el cerebro.

Sin embargo, el resultado explosivo se produjo cuando los participantes reportaron su decisión de hacer el movimiento. Esto ocurrió entre el cambio eléctrico en el cerebro y el movimiento real.

Esto significa, tan seguro como que toda causa tiene un efecto, que la sensación de decidir no podía ser un reporte preciso de lo que estaba causando el movimiento.

El registro de electrodos mostró que, en cierto sentido, la decisión ya había sido tomada antes de que los participantes estuviesen conscientes de ejecutarla. Las señales del cerebro estaban cambiando antes de que ocurriese la experiencia subjetiva de tomar una decisión.

Y eso encendió la polémica. ¿Ya los cerebros de los participantes habían tomado la decisión? ¿Era la sensación de escoger simplemente una ilusión?

Intuiciones dominantes

Hay mucho más que discutir sobre la neurociencia y el libre albedrío que este único experimento, pero su simpleza permitió atrapar la imaginación de muchos de los que piensan que nuestra condición como criaturas biológicas limita nuestra libre voluntad.

Igualmente, de quienes argumentan que el libre albedrío sobrevive el reto de tener nuestras mentes basadas firmemente en nuestros cerebros biológicos.

Parte de la atracción del experimento de Libet se debe a dos intuiciones dominantes que tenemos acerca de la mente. Sin estas intuiciones el experimento no parecería tan sorprendente.

La primera intuición es la sensación de que nuestra mente es una cosa separada de nuestro ser físico, un dualismo natural que nos empuja a creer que la mente es un lugar puro, abstracto, libre de limitaciones biológicas.

Pensar un instante en la última vez que andabas de mal humor porque estabas hambriento hace añicos esta ilusión, pero yo argumentaría que sigue siendo un tema persistente en nuestra forma de pensar.


 No hay razones para pensar que somos reporteros fidedignos de todos los aspectos de nuestras mentes.


¿Por qué otra razón seríamos los menos sorprendidos de que es posible encontrar correlaciones neurales de eventos mentales?

La segunda intuición generalizada, que nos deja sorprendidos por el experimento de Libet, es la creencia de que conocemos nuestra propia mente, que nuestra experiencia subjetiva de tomar decisiones es un reporte exacto de cómo se tomó esa decisión.

Ilusión

La mente es como una máquina. Siempre que funcione bien, nos sentimos alegremente ignorantes de cómo lo hace. Es solo cuando surgen errores y contradicciones que nos llama la atención mirar bajo el capó.

Y así surgen interrogantes como: ¿Por qué no vi esa salida? ¿Cómo pude olvidar el nombre de esa persona? ¿Por qué la sensación de decidir ocurre después de los cambios del cerebro asociados con la toma de decisiones?

No hay razones para pensar que somos reporteros fidedignos de todos los aspectos de nuestras mentes. De hecho, la psicología nos da muchos ejemplos de casos en los que muchas veces nos equivocamos.

La sensación de decidir en el experimento de Libet podría ser una completa ilusión. Quizás la verdadera decisión está hecha de alguna forma "por nuestro cerebro" o tal vez simplemente sea que la sensación de decidir está atrasada con respecto a nuestra decisión real.

Solo porque reportamos erróneamente el momento de la decisión no quiere decir que no estuvimos íntimamente involucrados en tomarla, en el sentido significativo que eso pudiese tener.

Algunos creen que nuestro ser
biológico limita nuestra libre voluntad.
Cada año se escriben más cosas sobre el experimento de Libet. Es algo que ha generado una industria académica que investiga la neurociencia del libre albedrío. Hay muchas críticas y refutaciones con un intenso debate sobre cómo – y si lo es - es relevante para la libertad de nuestras elecciones de todos los días.

Incluso los partidarios de Libet tienen que admitir que la situación usada podría ser demasiado artificial para ser un modelo directo de las elecciones reales cotidianas.

Sin embargo, el experimento básico continúa inspirando discusión y generando nuevos pensamientos sobre la manera en que nuestra libertad tiene sus raíces en nuestro cerebro.

Y eso, yo argumentaría, se debe a la forma como nos ayuda a confrontar nuestras intuiciones sobre el funcionamiento de la mente y a ver que las cosas son más complicadas de lo que instintivamente imaginamos.

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Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150817_ciencia_finde_vert_fut_libre_albedrio_lp

Enlaces relacionados: 

martes, 1 de septiembre de 2015

Guía de supervivencia en el trato con psicópatas de Robert D. HARE



Guía de supervivencia en el trato con psicópatas de Robert D. HARE


  • Robert D. Hare es doctor en Psicología y profesor de esta materia en la Universidad de Columbia Británica. 
  • Sus estudios más importantes los ha dedicado al análisis de los psicópatas. En 1993 publicó su libro “Without Conscience”,  traducido en 2003 por Rafael Andréu para la editorial Paidos (Colección Saberes Cotidianos). 
  • Del último capítulo que tiene como título “Guía de Supervivencia”, se han extraído las siguientes notas.

MUY IMPORTANTE: ANTE TODO TENER EN CUENTA QUE MÁS QUE RECOGER E INTENTAR PEGAR LOS TROZOS DEL JARRÓN ROTO, DEBES PROCURAR EVITAR QUE SE CAIGA. PARA ELLO BUSCA FORMAS PREVIAS DE INTERVENCIÓN (PROTOCOLOS DE PREVENCIÓN ANTISICÓPATAS-ANTIACOSO; RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA Y/O ESTABLECIMIENTO CÓDIGOS DE CONDUCTA ÉTICOS; CONVENIOS COLECTIVOS CON CLÁUSULAS ANTISICÓPATAS-ANTIACOSO).



PERO SI TE TOCA UNO Y NO TIENES OTRO REMEDIO, TU SUPERVIVENCIA Y LA MINIMIZACIÓN DE LOS DAÑOS FÍSICOS Y PSICOLÓGICOS DEPENDERÁN DE:



  1. SE CONSCIENTE DE CON QUIEN ESTÁS TRATANDO: LA MEJOR DEFENSA ES ENTENDER PSICOLÓGICAMENTE A ESTOS DEPREDADORES HUMANOS. SI LE DESCUBRES, QUE NO SEPA QUE LE HAS DESCUBIERTO. 
  2. NO TE DEJES INFLUIR POR LAS APARIENCIAS: LA SONRISA ENCANTADORA, EL LENGUAJE CORPORAL, LA CONVERSACIÓN FLUIDA. ELLO TE HACE FIJARTE EN LO ACCESORIO Y NO PERCIBIR SUS VERDADERAS INTENCIONES. 
  3. MANTÉN LOS OJOS BIEN ABIERTOS: LOS HALAGOS, EL INTERÉS FINGIDO LA AMABILIDAD, LAS HISTORIAS INVENTADAS DAN PASO A LAS CONTRADICCIONES CUANDO SE LES COMIENZA A CAER LA MÁSCARA QUE LLEVAN. 
  4. CUANDO LES PREGUNTES POR SU VIDA PERSONAL, DARÁN RESPUESTAS EVASIVAS, VAGAS E INCOHERENTES. SU FAMILIA NO ES PRIORITARIA. IMAGÍNATE LO QUE LES IMPORTAS TU. 
  5. NO DESCUIDES LA GUARDIA SOBRE TODO EN SITUACIONES DE ALTO RIESGO, PUEDEN AMENAZARTE, GRABAR LAS CONVERSACIONES... SON CAPACES DE CUALQUIER TROPELÍA QUE TE IMAGINES Y DE LAS QUE NO TE IMAGINES. 
  6. INVESTIGA TUS PUNTOS DÉBILES PARA QUE CUANDO APUNTE SOBRE ELLOS NO TE PRODUZCAN DAÑOS. ES DECIR PROFUNDIZA EN EL CONOCIMIENTO DE TÍ MISMO. 
  7. NO TENGAS PRISA NI TE IMPACIENTES. LA SITUACIÓN ES LARGA Y DIFÍCIL. EL TIEMPO NO CORRE EN TU CONTRA. 
  8. BUSCA APOYO Y CONSEJO PROFESIONAL DE UN CLÍNICO QUE TE ENTIENDA, A SER POSIBLE QUE TENGA EXPERIENCIA EN PSICOPATÍA. SI DISPONES DE MEDIOS ECONÓMICOS, Y TIENES DUDAS, ES ACONSEJABLE TENER VARIAS OPINIONES O DIAGNÓSTICOS. 
  9. CUENTA CON QUE CUANDO EL PSICÓPATA SE ENCUENTRA EN PRESENCIA DE OTRAS PERSONAS ACTÚA. AHÍ TIENES SU FACETA DE ACTOR TEATRAL. 
  10. TU ESTRATEGIA DE DEFENSA ES UN SECRETO. NO DES NINGUNA PISTA. NO VAYAS DE FAROL. LA FIJAS CON LOS PROFESIONALES QUE TE DAN APOYO. 
  11. NO TE CULPES A TÍ MISMO. LOS PSICÓPATAS JUEGAN AL MISMO JUEGO CON TODO EL MUNDO. 
  12. NO PIERDAS DE VISTA QUIEN ES LA VÍCTIMA, ES FRECUENTE QUE LOS PSICÓPATAS DEN LA IMPRESIÓN DE QUE SON ELLOS LOS QUE SUFREN Y QUE SUS VÍCTIMAS SON LOS CULPABLES DE TODO. QUE NO TE SORPRENDA QUE DIGAN QUE TÚ ERES EL/LA RARO, DÍSCOLO O INADAPTADO. 
  13. NO MALGASTES TU COMPASIÓN CON ELLOS, SUS PROBLEMAS NO ESTÁN EN EL MISMO NIVEL QUE LOS TUYOS. SI SUFREN, LO CUAL DUDARÍA, ES PORQUE NO CONSIGUEN LO QUE DESEAN. MIENTRAS QUE PARA TI ELLO ES CAUSA DE ENORMES SUFRIMIENTOS FÍSICOS Y EMOCIONALES. 
  14. TENER EN CUENTA DE QUE NO ESTÁS SOLO, HAY MUCHA GENTE EN TU SITUACIÓN. HABLA Y COMENTA. LA MAYORÍA DE LOS PSICÓPATAS TIENEN MAS DE UNA VÍCTIMA. 
  15. SIN EMBARGO NO CUENTES DEMASIADO CON QUE LOS TESTIGOS TE AYUDEN. PUEDE QUE AMPARÁNDOSE EN UN ERRÓNEO CONCEPTO DEL RESPETO, INSTALADOS EN UN CONFORTABLE EGOISMO O GESTIONANDO, INCLUSO, LA COMPRA DEL SILENCIO, NO ESTÉN A LA ALTURA DE LO QUE ESPERAS DE SU RESPONSABILIDAD MORAL Y ÉTICA. QUE ELLO NO SEA MOTIVO DE DESÁNIMO. 
  16. TEN CUIDADO CON LAS GUERRAS DE PODER. LOS PSICÓPATAS TIENEN UNA FUERTE NECESIDAD DE CONTROL PSICOLÓGICO Y FÍSICO. EN LA LUCHA POR EL PODER AL PSICÓPATA SÓLO LE INTERESA GANAR. ESO NO SIGNIFICA QUE NO TE ENFRENTES POR QUE NO PISOTEEN TUS DERECHOS, SINO QUE SERÁ DIFÍCIL HACERLO SIN EL RIESGO DE SUFRIR DAÑOS EMOCIONALES Y/O FÍSICOS. 
  17. SIEMPRE QUIEREN TENER EL CONTROL TOTAL Y USARÁN EL ENCANTO, LA INTIMIDACIÓN O LA VIOLENCIA PARA PONER DE MANIFIESTO SU AUTORIDAD. 
  18. SÉ ASTUTO Y ESTUDIA LA POSIBILIDAD DE UTILIZAR, A TU FAVOR, LOS IMPULSOS QUE SE DAN PARA LLEVAR A CABO UNO DE SUS PRINCIPALES PRINCIPIOS “GANAR A TODA COSTA”. 
  19. PROCURA ESTABLECER UNAS NORMAS LÓGICAS PERO FIRMES, QUE PUEDEN SER LA ÚNICA FORMA DE MANTENERSE CUERDO CUANDO SE LIDIA CON ESTE TIPO DE PERSONAS: NO HAGAS LABORES QUE ATENTEN CONTRA TU DIGNIDAD, DISCUTE EN PRESENCIA DE TERCEROS, O PONLO TODO POR ESCRITO. 
  20. NO ESPERES CAMBIOS ESPECTACULARES, LAS PERSONALIDADES DE LOS PSICÓPATAS ESTÁN “GRABADAS EN LA ROCA”. AUNQUE PAREZCA QUE HAY CAMBIOS EXISTEN POCAS PROBABILIDADES DE QUE LOS MISMOS SEAN FUNDAMENTALES Y PERDURABLES, SEGURAMENTE ESTÁN FINGIENDO. 
  21. ACUDE A GRUPOS DE APOYO, ASOCIACIONES DE TODO TIPO, QUE AYUDAN A LAS VÍCTIMAS A ENTENDER Y SUPERAR SU DOLOR. EN ELLAS ENCUENTRAS A OTRA GENTE EN TU MISMA SITUACIÓN CON LA QUE PUEDES COMPARTIR TUS EXPERIENCIAS Y RESOLVER TUS DUDAS. 
  22. NO CLAUDIQUES, NO ACEPTES LA CRUZ QUE TE HA TOCADO, NO PIERDAS TU IDENTIDAD PERSONAL AL MENOS QUE EN UN MOMENTO DADO RECONOZCAS QUE TU SUPERVIVENCIA EMOCIONAL Y FÍSICA ESTÁ EN PELIGRO. SI LO VES MAL HÁZTE CARGO, PIENSA EN LOS TUYOS Y EN TI MISMO Y CORTA CON LA SITUACIÓN. ES UN PASO DIFÍCIL QUE NORMALMENTE REQUIERE TANTO DEL APOYO MÉDICO, PSICOLÓGICO Y LEGAL.


                       

"La Humanidad está manejada por psicópatas..."


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domingo, 30 de agosto de 2015

David Reimer, el niño cobaya a quién criaron hasta adolescente como sí fuese una mujer




David Reimer, el «niño cobaya» al que criaron como una mujer hasta los quince años
I. Miranda / Madrid

Día 24/08/2015 - 14.11h

  • Tras perder el pene a los pocos meses de vida, un psicólogo convenció a sus padres para que le ocultaran la verdad

 

David Reimer, en la imagen de un documental sobre su vida en la BBC
Brenda no supo que había nacido siendo un varón hasta que tuvo 15 años. Fue una tarde de 1980 cuando su padre, torturado por el sufrimiento que veía, le reveló el historia que habían estado manteniendo en secreto: había nacido en Canadá siendo Bruce, junto a su hermano gemelo Brian, pero una negligencia médica durante una circuncisión en 1965 había destruido sus genitales. 

En un intento desesperado porque la vida de su hijo fuera satisfactoria, sus padres se pusieron en contacto con un psicólogo que aseguraba que la condición sexual no es innata, sino que es asignada mediante la educación en los primeros años de vida. Es decir, que si trataban a Bruce como Brenda, este se convertiría en una mujer plena, en vez de sufrir como un hombre sin pene. Se trataba de John Money, un psicólogo del hospital Johns Hopkins (Baltimore) famoso por sus teorías sobre el género. Además, era una oportunidad inigualable para Money de demostrar sus teorías, ya que tendría un sujeto de control: Brian, con la misma carga genética que su hermano, pero que tendría una orientación diferente.

El 3 de julio de 1967, los médicos sometieron a Bruce a una castración quirúrgica (quitándole los testículos) y le modelaron una vagina. Bruce se convirtió en Brenda a la vez que en un conejillo de indias. Mientras, las instrucciones para sus padres, Janet y Ron, fueron claras: no contarle jamás lo que había ocurrido.
Los niños fueron creciendo y la situación se fue complicando. Según contaría Janet ya en los años 90 al periodista de la revista «Rolling Stone» John Colapinto, la primera vez que trató de ponerle un vestido a Brenda intentó arrancárselo. «Recuerdo que pensé: “¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!”». Pero no solo fue aquello. Cuando su hermano jugaba a afeitarse con su padre, Brenda también quería. «Mi padre me dijo: “No, no. Tú vas con tu madre”. Me puse a llorar, “¿Por qué no puedo afeitarme también?”», contó él mismo. Desde pequeña incluso insistía en orinar de pie. 

Por su parte, su gemelo identificaba a Brenda como a una hermana. «Pero ella nunca actuó como tal», reconoció al periodista de «Rolling Stone». «Si le regalaban una comba, para lo único que la usaba era para atar a la gente o para azotarla como si tuviera un látigo. Nunca la usó para su propósito real. Jugaba con mis juguetes mientras que los suyos, como una lavadora, solo los usaba para sentarse».

«Estudio John/Joan»

Sin embargo, para cuando cinco años después el doctor Money publicó el primer libro sobre el «estudio John/Joan» (como lo había bautizado) bajo el título «Man & Woman, Boy & Girl», las conclusiones que reflejaban eran las opuestas. Money aseguraba que tras haber enfatizado en el uso de la ropa femenina, Brenda ya tenía una clara preferencia por los vestidos. Que se sentía orgullosa de su pelo largo. Que por Navidades había pedido una casa de muñecas y un carrito de paseo. Que la orientación de género se había impuesto.

Para cuando Brenda llegó a la adolescencia sufría depresión y se había intentado suicidar al menos una vez. También tomaba estrógenos. Cuando el doctor Money le instó a que se sometiera a otra cirugía, se negó rotundamente. Fue entonces cuando sus padres decidieron contárselo. Fue entonces cuando Brenda pudo volver a ser un chico. Eligió de nombre «David» en honor al héroe bíblico que, desafiando todas las probabilidades, mató al gigante Goliat. Se sometió a una faloplastia y se quitó los pechos que le habían crecido gracias a las hormonas. Para cuando cumplió 23 años, se casó.

Sin embargo, su familia había quedado destrozada. Su madre Janet cayó en depresiones clínicas repetidas que requerían hospitalización. Su padre Ron se convirtió en un alcohólico. Su gemelo Brian abandonó los estudios y trató de suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió en 2002. Dos años después, con 38 años, David hacía lo mismo tras haberse divorciado años atrás de su mujer.

    "Los dos gemelos acabaron suicidándose en un lapso de dos años."

La historia de David Reimer saltó a la luz en 1997 gracias al doctor Milton Diamond de la Universidad de Hawai, quien convenció a David de que contar su caso ayudaría que no le ocurriera a nadie más. Meses después salía publicado también el artículo de John Colapinto que en el año 2000 se editaría en un libro titulado «Tal como la naturaleza lo hizo». La reflexión del doctor Milton Diamond fue: «Si todos estos esfuerzos médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la constitución biológica del individuo». 

   
                     

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Fuente: http://www.abc.es/sociedad/20150824/abci-david-reimer-experimento-sexo-201508211445.html

lunes, 6 de julio de 2015

El misterioso caso de la Cárcel de Stanford



El misterioso caso de la Cárcel de Stanford


julio 3, 2015
por Javier Jiménez Cuadros
                  @dronte


Dentro de un momento, llamarán al timbre de tu casa. Al abrir, una pareja de policías preguntará por ti. Sin comerlo ni beberlo, mientras los vecinos se asoman al descansillo, te acusarán en voz alta de robo con violencia y allanamiento, te detendrán y te llevarán, primero, a la comisaría más cercana y después a la prisión provincial.

Allí, serás desnudado, cacheado y todos tu orificios serán inspeccionados a fondo. Te despiojarán, desinfectarán y te darán un uniforme: además del mono numerado, incluirá una pesada cadena enganchada a la altura de los tobillos, unas sandalias de goma y una gorra de nylon. Solo eso. Sin ropa interior, sin calcetines. Te sentirás humillado. Y entonces, poco importará tu identidad, tus creencias o valores, te habrás convertido –emocional, física y psicológicamente– en un preso.

Eso fue lo que les pasó a nueve jóvenes californianos el 15 de agosto de 1971 durante uno de los experimentos más conocidos de la historia de la psicología: el experimento de la cárcel de Stanford. O al menos, eso es lo que nos han contado.
  
La historia popular nos relata, a grandes rasgos, como un psicólogo social, Philip Zimbardo, reunió a 21 estudiantes universitarios ‘normales’, les asignó un papel al azar (unos de presos, otros de guardias) y los metió en una cárcel falsa. Allí, en pocos días y como por generación espontánea, aparecieron las agresiones verbales, los motines e incluso la tortura. El plan inicial era mantenerlos allí durante dos semanas, pero la situación se hizo tan insostenible que hubo que dar por finalizado el experimento en tan solo seis días.

Por eso, cuando los periódicos nos hablan de unos Mozos de Escuadra condenados por torturas o los abusos de Abu Ghraib, siempre hay alguien que dice “como en la película de El Experimento“, film basado en este experimento.

Es más, no sólo lo dice la historia popular, sino la mayoría de los manuales de psicología social. Si le preguntas a tu psicólogo de guardia, lo más probable es que te confirme, entre maravillado y horrorizado, lo que son capaces de hacer las situaciones a personas normales y corrientes.

Ya conocen la historia, ahora les contaremos la verdad
No obstante, la afirmación de Zimbardo de que, gracias a sus situaciones y roles, los estudiantes se habían ‘convertido’ en prisioneros y guardias, no goza de buena salud. No está claro que esta interpretación (la ‘situacionista’) tenga alguna validez. ¡Qué digo validez! No está claro que tenga ningún sentido.

Desde las primeras críticas (Banuaziziy Movahedi, 1975), se puso en duda que en el experimento ocurriera algo por ‘generación espontánea’. Banuazizi y Movahedi demostraron convincentemente que la misma presentación del experimento predisponía a los participantes a pensar que el comportamiento de los guardias iba a ser “opresivo y hostil”. Si a eso le sumamos que, hacia finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado, salieron a la luz numerosos casos de disturbios carcelarios y brutalidad por parte de los
guardias (Gray,2013) en Estados Unidos, se hace evidente que cualquier persona seleccionada con la premisa de “participar en un experimento psicológico sobre la vida en las cárceles” (como de hecho se hizo) podía tener una idea preconcebida muy clara de lo que se estaba buscando (Carnahan y McFarland, 2007).

Tampoco podemos decir que los guardias no recibieran instrucciones. El proceso de detención que he descrito arriba fue diseñado explícitamente por los investigadores para “humillar y castrar” a los prisioneros. Como el mismo Zimbardo ha reconocido recientemente (2007) y otros investigadores llevan tiempo señalando (Banyard, 2007; Gray, 2013; Haslam & Reicher, 2012), su papel fue más allá de lo que en un primer momento se dijo: tenía asignado el papel de “Superintendente” y ejerció como tal para que los guardias no tuvieran demasiado espacio a la imaginación. Los guardias fueron aleccionados tanto explícitamente en las reuniones diarias que se mantenían con el equipo investigador, como implícitamente al no ser ‘llamados al orden’ conforme iban aumentando el nivel de hostilidad y agresividad.

En un contexto como este, ese silencio por parte del investigador podía ser interpretado sin problemas como aprobación (Gray, 2013). Uno de los guardias, Dave Eshelman, confesó años después que, en cierta forma, él estaba llevando su propio experimento, “¿Hasta dónde podríamos llegar, cuánto podríamos abusar, hasta que estas personas (los investigadores) dijeran ‘ya basta’?” (Ratnesar,2011).

Uno de lo asesores del experimento, el exconvicto Carlo Prescott, escribió una carta al Stanford Daily titulada ‘La mentira del experimento de la cárcel de Stanford‘ en el que se arrepentía profundamente de su participación y acusaba a Zimbardo de haber manipulado el comportamiento de los guardias para demostrar su conclusión (Griggs, 2014).

Como ven metodológicamente el estudio es muy pobre: ni doble ciego, ni control de variables externas, ni un largo etcétera. Hasta tal punto que en el año 2002, y con financiación de la BBC, cuando Haslam y Reicher (2005, 2012; Reicher yHaslam, 2006) llevaron a cabo una ‘réplica’ del experimento pero evitando incentivar la hostilidad y los resultados fueron francamente decepcionantes para la hipótesis zimbardiana.

Pero la cosa no se queda aquí. Como señala Griggs (2014), el experimento de Zimbardo ha sido criticado por problemas de generalizabilidad y validez ecológica (Fromm,1973), el posible sesgo en la selección de participantes (Carnahan & McFarland, 2007; McFarland & Carnahan, 2009), por problema éticos (e.g., Savin, 1973) o por no dar cuenta de las diferencias individuales observadas (McGreal, 2013).

No es de extrañar que no se publicara en ninguna revista prestigiosa del área de la psicología social. Lo realmente curioso, como dice Ribkoff (2013) es “que pese a los obvios problemas conceptuales, metodológicos y éticos, el Experimento de la Cárcel de Stanford y las conclusiones propuestas por Zimbardo y otros siga siendo citado constantemente en entornos sociológicos, pedagógicos, políticos, legales y populares como una prueba del ‘poder de la situación’…”.

Entonces, ¿cómo llegó a ser tan exitoso y conocido este experimento?
¿Cómo pudo un experimento mal diseñado, publicado en una revista de segundo o tercer orden, llegar a ser tan respetado y popular? Para entenderlo, como dice Maria Konikkova, tenemos que irnos a octubre de 1971. Menos de dos meses después de la finalización del experimento y mucho antes de que ningún análisis de él hubiera sido publicado (ni probablemente, añado yo, realizado), Philip Zimbardo fue invitado a hablar como experto en la comisión para la reforma de prisiones del Congreso americano.

Tal y como comenta Konikkova, pese a que Zimbardo explicó bien el diseño del experimento, describió el estudio como “un intento para entender qué significaba psicológicamente ser guardia y ser prisionero”. Explicó que los participantes eran “la cream
de la cream de su generación”, que los guardias no habían sido aleccionados y que eran libres de crear “sus propias normas para mantener el orden, la ley y el respeto”. También expuso que “una amplia mayoría de los participantes no fueron capaces de diferenciar claramente entre su rol en el experimento y su ser verdadero”.

“La experiencia del encarcelamiento deshizo, aunque fuera temporalmente, toda una vida de aprendizaje; los valores fueron suspendidos, los autoconceptos fueron desafiados, y el lado más feo, básico y patológico de la naturaleza humana emergió a la superficie”, cito textualmente. Y siguió en esa línea durante los siguientes años ya fuera en entrevistas televisivas o en tribunas para los medios más populares de EE.UU.


Zimbardo distorsionó tanto la imagen del experimento ante la opinión pública que, para cuando se publicaron los artículos sobre el tema (1973a, 1973b) y sus consecuentes críticas (Banuazizi y Movahedi,1975), ya no había nada que hacer, el relato mítico ya estaba lanzado. Lo demás es historia.

O más bien historias. Historias, algunas falsas, otras reales como la vida misma, que os iremos contando en esta nueva serie de mitos y realidades de la psicología que empezamos hoy. Preparados, listos, adelante.

 
About Javier Jiménez Cuadros
Javier Jiménez, Consultor. Me dedico a encontrar soluciones conductuales a problemas sociales, profesionales y personales. He trabajado en las Universidades de Granada, Cambridge y Cranfield. Ahora desarrollo proyectos de consultoría, formación y divulgación con el fin de que la Psicología sea una forma de mejorar el mundo.
 
  
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Fuente: http://rasgolatente.es/el-misterioso-caso-de-la-carcel-de-stanford/

           
                     

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