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sábado, 16 de julio de 2016

Implementarán sistema para monitorear llamadas telefónicas de disidentes políticos recluidos en cárceles venezolanas

Implementarán sistema para monitorear llamadas telefónicas de disidentes políticos recluidos en cárceles venezolanas


  • El régimen asegura que implementará un sistema para combatir las llamadas mafias carcelarias, impidiendo la realización de llamadas telefónicas vía móviles celulares ubicados en el interior de recintos carcelarios. 
  • El régimen asegura, asimismo, que mediante el mismo sistema monitoreará las llamadas telefónicas de los recluidos en centros carcelarios; sin embargo, o las restringe e inhibe, o las permite para así monitorearlas. Son acciones antagónicas, no susceptibles de ser aplicadas las dos al mismo tiempo, al unísono.   




 Caracas, 16 de julio de 2016
  

En nota de prensa publicada por la Agencia Venezolana de Noticias, se afirma que “…activarán sistema de supervisión que inhibe señal en las cárceles…”; asimismo, que “la ministra Iris Varela señaló que se espera que la semana que viene se instale esta tecnología en la cárcel de Ramo Verde.”

Aquí la nota de prensa: 
“La ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, anunció este viernes 15 de julio el inicio de la activación del llamado Sistema Tecnológico de Seguridad Penitenciaria (Sitesep) para combatir las “mafias” en las cárceles y prevenir que los internos usen teléfonos celulares.
 “Nos permite un control absoluto de la dinámica de los recintos penitenciarios del país”, dijo la ministra y aseguró que el mecanismo capta información “en tiempo real” lo que ayudará a combatir “las mafias penitenciarias”.
 Señaló que este viernes se inicia la primera etapa que incluye la activación del centro de comando y control regional de la Gran Caracas, que “monitorea las cárceles” ubicadas en la capital del país y en zonas cercanas que representan unos diez internados.
 La ministra agregó que se espera que la semana que viene se instale esta tecnología en la cárcel de Ramo Verde, donde se encuentra preso el coordinador nacional de Voluntad Popular (VP), Leopoldo López.
 “Vamos a arrancar la próxima semana instalando el sistema de tecnología de seguridad penitenciaria en Ramo Verde, allí vamos a colocar todo este sistema de inhibidor de señal de monitoreo en tiempo real, de control”, dijo.
 Indicó que este mecanismo evitará “muchas especulaciones” porque “siempre salen algunos personajes que están privados de libertad allí a través de sus familiares a decir que le están violando sus derechos humanos pero en realidad lo que tienen es un libertinaje”.
 Asimismo, apuntó que un privado de libertad “no puede estar teniendo un teléfono celular” y “ningún privado de libertad puede sentirse con privilegios por encima de otros”.
 La ministra aseguró que en la mayoría de las cárceles los presos tienen derecho a una llamada gratuita por semana de tres minutos a sus familiares, “por supuesto que es de telefonía controlada”, y a una visita por semana.
 “Nadie puede decir que a los privados de libertad se les está incomunicando”, agregó.
 Varela dijo en diciembre que durante 2016 prácticamente la totalidad de los presos del país estará bajo “el humanitario” régimen oficial, que incluye desde evaluaciones disciplinarias hasta controles periódicos de desarme.
 Entonces estimó que en 2016 se estará “muy cerca del 100 por ciento” de la población reclusa acatando las normas de este régimen “y toda esta historia de terror en los recintos penitenciarios debe formar parte de un pasado que no puede volver”.
 La Asamblea Nacional (AN) ha señalado que desde las cárceles del país se planifican y ordenan secuestros, robos y otros crímenes y que los reclusos portan potentes armas de fuego como se ha demostrado en videos recientes que los mismos presos se han encargado de difundir.
 Según el último informe presentado en noviembre pasado por la ONG Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), más de 6.500 presos han muerto en los últimos 16 años en cárceles de Venezuela, en las que el hacinamiento supera actualmente el 190 por ciento, debido principalmente a la lentitud del sistema judicial.”

Hasta aquí la nota de prensa.

Cómo podrá ser advertido, el sistema a ser implementado pareciera tener dos objetivos muy distintos entre sí; de una parte, inhibir las llamadas celulares que pudiesen ser efectuadas o ser atendidas desde el interior de recintos carcelarios; por otra, “monitorear” las llamadas en cuanto a su contenido e intervinientes, quién llama por teléfono y a quién, qué hablan, cuánto tiempo hablan: A tales efectos activarán el llamado “Sistema Tecnológico de Seguridad Penitenciaria”, otro de los innumerables planes y programas del régimen para combatir la delincuencia.

Sin embargo, el sistema así planteado es incongruente: Sí inhibe las llamadas telefónicas efectuadas desde móviles celulares ubicados en el interior de recintos militares, ¿cómo podrán “monitorear” las llamadas telefónicas, sí éstas llamadas no podrían ser efectuadas pues estarían restringidas y bloqueadas?

Por tanto, o el sistema restringe y bloquea las llamadas telefónicas, o no restringe ni bloquea llamada telefónica alguna para así brindar al “sistema” la oportunidad de “monitorearla” y conocer así entonces el contenido de las conversaciones sostenidas con delincuentes recluidos en algún centro carcelario, cómo sería el caso de cuándo conspiran para planear secuestros, extorsiones y muertes por encargos desde las cárceles o simplemente, qué sería lo más común, para citar y darles instrucciones a las consabidas víctimas de cómo deben ser efectuados los respectivos pagos para recuperar vehículos y hasta familiares o allegados secuestrados.       

No obstante, en la Venezuela de lo posible, el sistema a ser implementado ejecutará al unísono las dos acciones antagónicas: Inhibirá y restringirá las llamadas telefónicas efectuadas desde celulares ubicados en el interior de recintos carcelarios; y, al mismo tiempo que las inhibe y restringe, permitirá “monitorearlas” para  “…captar información “en tiempo real” (para) combatir “las mafias penitenciarias.”

Por lo tanto, hemos de acotar dos cuestiones: La primera de tales acotaciones consiste en que resultaría más adecuado, idóneo y eficiente colocar en las azoteas de cada recinto carcelario la antena de un simple aparato electrónico cuya función consista en bloquear llamadas por teléfono móvil celular.

En efecto,  “…un bloqueador de llamadas por teléfono celular, es un instrumento que impide recibir señales de teléfono celular desde la estación base. Cuando se utiliza, el bloqueador desactiva efectivamente los teléfonos celulares. Estos dispositivos se pueden utilizar en cualquier lugar, pero se utilizan principalmente en lugares o recintos dónde están restringidas las llamadas telefónicas, para no perturbar actividades por el ruido como en escuelas u hospitales, o para evitar comisión de crímenes como sería el caso de las cárceles y otros establecimientos penitenciarios.” Esta información se encuentra en Wikipedia, la enciclopedia universal cibernética; también puede descargar esa información bajo formato electrónico haciendo clic aquí, respecto a un artículo en cuya edición participamos nosotros hace un par de años; pero sí de veras busca adquirir el dispositivo, hasta navegando por Internet conseguirá infinidad de proveedores…  

La segunda de tales acotaciones es respecto a que el sistema así propuesto constituye una evidente desviación de poder; me explico, estaríamos en presencia de un acto viciado y afectado por desviación de poder cuándo a través de ese acto se encubre bajo la apariencia de un manto de legalidad un acto ilegal, pues aún cuándo a través del acto se ejerce una atribución o facultad legalmente atribuida se desvía ese ejercicio hacia fines u objetivos distintos a los legalmente perseguidos, encubriendo esa irregularidad en el aspecto formal del acto ejecutado, invalido materialmente por nulo; en el caso de marras, el órgano ministerial quizás tenga competencia tanto para bloquear e inhibir llamadas desde móviles celulares ubicados en el interior de centros carcelarios, y hasta competencia para “monitorear” las conversaciones sostenidas vía telefónica por individuos recluidos en centros carcelarios. Pues bién, el sistema propuesto esta viciado por desviación de poder por cuanto pareciera estar dirigido específicamente para “monitorear” las llamadas telefónicas de Leopoldo López, el opositor político recluido en la cárcel militar de llamada “Ramo Verde”, ubicada en las cercanías de la Gran Caracas, pues así expresamente lo afirma la ministra:
“…Se espera que la semana que viene se instale esta tecnología en la cárcel de Ramo Verde, donde se encuentra preso el coordinador nacional de Voluntad Popular (VP), Leopoldo López.”

Ahora bién, ¿por qué es “desviación de poder”? Para que el acto administrativo carezca de vicios, el sistema propuesto debería ser aplicado sin discriminación alguna en todos los recintos carcelarios del país, o se bloquean, restringen e inhiben en todas las cárceles del país “todas” las llamadas que puedan ser efectuadas mediante móviles celulares, pero sólo pareciera que le aplicarán la medida al ya señalado preso político, Leopoldo López; o se “monitorean” todas las llamadas telefónicas efectuadas vía móviles celulares ubicados en centros carcelarios, sin excepción alguna, no sólo aquellas en las que intervenga como interlocutor el ya nombrado disidente político, Leopoldo López. 

¿Por qué es desviación de poder? Por cuanto para nadie es un secreto que desde el interior de las cárceles las mafias carcelarias manejan y controlan su imperio criminal, ordenando ejecutar asesinatos, secuestros y extorsiones, así como igualmente para hacer alarde hasta en las distintas redes sociales de su malhabido poder: Fiestas, celebraciones, posesiones materiales, poder de fuego…

Entonces, ¿para que cebarse sobre un dirigente político que purga condena en una cárcel?  ¿Se combatirá acaso a las mafias carcelarias escuchando y monitoreando las conversaciones telefónicas de Leopoldo López?


Estamos en presencia entonces de una errada medida de política criminal, no sólo por incongruente dada la imposibilidad material de implementar en un sistema dos funciones antagónicas, o se restringe y bloquea cómo ya expresáramos –colocando una “antenita” en las azoteas de las cárceles-, o se monitorean las llamadas que sean efectuadas desde móviles celulares ubicados en el interior de centros carcelarios; sino también por estar viciada de ilegalidad, dado que constituye una desviación de poder implementar un sistema sólo para monitorear las llamadas telefónicas de los presos políticos del régimen, en vez de extender la aplicación de esa medida a todos quienes estén recluidos en centros carcelarios, sin discriminación ni excepción alguna.    


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Enlaces relacionados:

martes, 5 de julio de 2016

Abatidos dos niños por la policía

ABATIDOS DOS NIÑOS 
POR LA POLICÍA



Fundamerced
Caracas, 5 de julio de 2016


Dos personas fueron abatidas y dos funcionarios resultaron heridos durante un enfrentamiento entre sujetos armados y los uniformados de la Cuarta Compañía del Destacamento 341 (D341), del Comando de Zona de la Guardia Nacional Bolivariana N° 34 (CZGNB-34), y la Policía del estado Guárico (Poliguárico), la noche del domingo 2 de julio.

Según fuentes policiales, efectivos de la GNB y efectivos del Centro de Coordinación Policial de Poliguárico, ejecutando labores de patrullaje en el sector Bicentenario, de El Sombrero, conocido como Concha de Mango, avistaron a un sujeto en actitud sospechosa, por lo cual procedieron a darle la voz de alto, pero éste emprendió veloz huida hacia una vivienda, de características precarias, tipo rancho.

Al llegar los funcionarios, fueron recibidos a tiros, resultando heridos dos efectivos de Poliguárico, uno con herida superficial en la cabeza y otro en uno de los brazos. Ambos fueron trasladados al hospital, donde según el reporte policial, se encuentran fuera de peligro.

Al ver la acción de los sujetos, los uniformados accionaron sus armas de reglamento y dispararon contra los pistoleros, resultando heridos los sujetos; por tal motivo, fueron trasladados a la sala de emergencia del Hospital Dr. Francisco Risquez de la población de El Sombrero, donde fallecieron a los pocos minutos de su llegada. 

Los fallecidos quedaron identificados como Aleixis Javier Seíjas López de 12 años y José Gabriel Aquino López de 14 años, ambos menores y según la legislación venezolana: Niños. Los cadáveres fueron trasladados a la morgue del Hospital Dr. Israel Ranuárez Balza de San Juan de los Morros, Guárico, para la necropsia de rigor.


Se conoció que en el sitio del suceso fueron colectadas dos armas de fuego, una tipo pistola y una escopeta, además de una bomba; se presume que ambos abatidos pertenecen a la banda de “El Picure”, cuyo líder fue abatido a principios de mayo.  


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domingo, 5 de junio de 2016

Mercenario libera 55 niñas Chibok de las garras de BOKO HARAM


LA HISTORIA DE 'EL RUBIO'

El mercenario ‘madrileño’ que liberó a 55 niñas de las garras de los terroristas de Boko Haram

J.M.L., conocido como 'El Rubio', cuenta por primera vez y para EL ESPAÑOL cómo salvó a dos grupos de chicas secuestradas por los guerrilleros del grupo fundamentalista nigeriano.

NURIA CORONADO @NuriaCSopena 
04.06.2016 01:59 h




El famoso secuestro de las 219 niñas nigerianas cometido por Boko Haram no es por desgracia el único. Día sí y día también -el país que resulta ser el mayor productor de petróleo de África, habitado por 160 millones de personas- vive bajo la amenaza y el terror de un ejército de apenas 15.000 hombres que ya ha causado unas 20.000 muertes en los últimos seis años y el secuestro de al menos otras 2.000 niñas de las que nada se sabe. Una realidad que conoce bien J.M.L., a quien los servicios de inteligencia de todo el mundo le conocen como 'El Rubio'.

El pasado 20 de febrero de 2014, cuando se encontraba realizando una misión de protección para UC Global Security Consulting (UCG), empresa internacional de seguridad privada radicada en Jerez (Cádiz) para la que trabaja, vivió una aventura que nunca podrá olvidar. “Aquel día estaba junto a mis seis compañeros de nacionalidad francesa, inglesa, española, argentina y alemana. Estábamos realizando un encargo para el gobierno de Camerún, que nos había derivado la protección y traslado a la Reserva de Faro y Kojoli (a muy pocos kilómetros de la frontera con Nigeria) de una central termoeléctrica para dotar a la zona de tecnología”, explica 'El Rubio'.

 Chicas liberadas durante la segunda operación, y a salvo en Europa

J.M.L., 'El Rubio', es un mercenario que tiene una dilatada formación militar. Ex miembro de la legión francesa, nació en Argentina pero pasa temporadas del año en una ciudad próxima a Madrid. Tiene 47 años y por su aspecto físico podría confundirse con un empleado de banca. Su fuerza está en el conocimiento de tácticas militares y en la utilización precisa de las armas cuando es necesario. Por primera vez cuenta para EL ESPAÑOL lo que vivió.




El grupo de 7 'camisas negras', capitaneado por J.M.L. (así se les llama por el uniforme que visten), iba acompañado de otro retén de nigerianos locales que les da apoyo y a los que les pagan 2.000 euros por misión. Tenía que custodiar a lo largo del trayecto once contenedores en los que iban desmontadas las diferentes partes de dicha central.

El convoy tenía que llegar a su destino de forma completa sin caer en manos de terroristas, ladrones o gente de la peor calaña. “Para aquel viaje desplegamos a dos tiradores profesionales preparados para cualquier contingencia con sendos calibres M50, uno en el primer camión del convoy y otro en el último, mientras el resto íbamos repartidos en un vehículo Toyota con aire acondicionado con el que avanzar dos o tres kilómetros para comprobar que nadie saldría a asaltarnos”, relata 'El Rubio'. “Mientras, otros dos integrantes estaban situados en el medio de la comitiva central cambiándose de camión a camión para ver por los laterales y asegurarse de que todo estaba en orden”, dice.

Una misión que se torció a las cinco de la tarde. Habían sido previamente alertados por los lugareños de que el grupo terrorista Boko Haram estaba operando por allí. No les sorprendió el ataque. “Un grupo de 20 negros en chanclas y armados salió de la selva a la carretera para asaltarnos y robarnos el material”, recuerda J.M.L. “No contaron con nuestra preparación. Una vez que nos defendimos de todos ellos y que comprobamos que efectivamente formaban parte del grupo terrorista decidimos adentrarnos en la zona frondosa ya que no nos quedaba duda de que habría más”. Y así fue. Se toparon con otros 25 hombres “a los que les dimos su merecido no sin antes interrogar a uno de ellos acerca de dónde estaba el campamento”, relata 'El Rubio'.



VIOLACIÓN, DROGAS Y MUCHA TRISTEZA

Cuando supieron la localización caminaron con la mayor de las cautelas y se dispusieron a vigilar la zona. “A lo lejos contamos a unos 50 hombres y a un grupo de entre 10 y 15 niñas”, recuerda. “Alrededor de ellas había otro grupo de 13 cadáveres de niñas a las que les habían cortado los pechos, abierto el estómago y les habían destrozado sus partes al violarlas y martirizarlas con botellas de cristal rotas”, recuerda.


 El grupo terrorista aniquilado durante el segundo ataque


Decidieron vigilarles durante cuatro horas hasta llegar la noche. En ese tiempo comprobaron cómo trataban a las niñas. “Estaban en medio del campamento y a los lados había tiendas. Las tenían atadas a pleno sol y según los guerrilleros querían saciar su deseo sexual, puestos hasta arriba de drogas, las iban sacando de allí y llevando a las tiendas para después volverlas a dejar junto al resto del grupo en las peores condiciones”, recalca. A las 22 horas aproximadamente comenzaron la operación. “Tras comprobar que no habían escuchado el tiroteo previo con los otros grupos, comenzamos la operación”,narra J.M.L.

Sus enemigos estaban tan hasta las 'trancas' de cocaína, tan bebidos con el peor y más barato de los alcoholes que se lo pusieron en bandeja. “Su estado era tan lamentable que nos ayudó a hacer nuestro trabajo de forma rápida”. El equipo de occidentales no tuvo baja alguna. “Nos trajimos a las 25 niñas de entre 14 y 17 años que había. Tuvimos que dejar los cuerpos de las otras 13 niñas ya que nada podíamos hacer por ellas”, subraya. Calcula que pudieron morir unos 70 guerrilleros del Boko Haram, algunos muy jóvenes, casi niños, pero armados y siempre dispuestos a matar.

Las niñas les acompañaron con el miedo en el cuerpo al creer que ese grupo de occidentales eran sus compradores finales. “Les dijimos que no. Que habíamos ido a liberarlas”. Una vez fuera del campamento les preguntaron de dónde eran para llevarlas junto a sus familias. “Nos dijeron que eran de Yola y Mubi (en Nigeria) pero que, por favor, no las trasladásemos a sus poblados. Nuestra intención era dejarlas allí pero las niñas nos decían que no hiciésemos eso. Que sus familias las repudiarían por haber sido secuestradas”. 'El Rubio' y sus hombres dudaron de si lo que decían era cierto.

Decidieron trasladarlas a la frontera entre Camerún y Nigeria (justo en la zona de Chibok) y entregarlas al primer grupo de militares de Nigeria con que se encontraron. Los 'camisas negras', al ver cómo trataban a aquellas niñas, se dieron cuenta de que no mentían. Uno de los militares nigerianos les dijo que habría sido mejor llevarlas a Uganda o Ruanda ya que allí el tráfico sexual de europeos y americanos en busca de quinceañeras africanas les habría dado un futuro mejor.

El equipo decidió poner rumbo a Cotonou (Benin) para alertar al personal estadounidense de lo sucedido. “La mala suerte quiso que no hubiese nadie de la CIA destinado allí. No pudimos contar a nadie 'amigo' lo que nos había pasado”,dice J.M.L. Ante el desarrollo de los acontecimientos el equipo recibió la orden del gobierno de Camerún de dejar la misión para la cual les habían contratado. “Así lo hicimos por las presiones. Concluimos el encargo y nos fuimos del país”, comenta D.M, director general de la empresa de seguridad UCG. No volvieron a saber nada de estas niñas. Se prometieron que si la vida volvía a ponerles en una situación igual, no actuarían de la misma manera.

UNA SEGUNDA MISIÓN

Un año después, el 15 de febrero de 2015 cumplieron su palabra sin haberlo buscado. En esta ocasión 'El Rubio' estaba al frente de la custodia de un grupo de 18 europeos (españoles, franceses, londinenses, alemanes…) que se habían desplazado al mismo lugar en Camerún para comprar oro, diamantes y piedras preciosas con el fin de comercializarlos después en Europa. De repente fueron asaltados.

El grupo de apoyo



La comitiva, esta vez compuesta por 11 'camisas negras' más el grupo de apoyo, volvió a repeler el ataque. “Vimos que el comportamiento de los guerrilleros era muy similar al de los atacantes un año atrás”. Resistimos la ofensiva dejando 32 bajas entre los atacantes y ninguna nuestra”. El equipo de seguridad, junto a los 18 empresarios, se adentró en el bosque hasta dar con el campamento. Bien parapetados vieron a 28 terroristas custodiando a un grupo de 32 niñas vivas, dos malheridas y junto a ellas tres cadáveres. “Las tenían juntas bajo un sol de justicia y sin ninguna protección. Algunas iban vestidas como occidentales, con pantalones y camisetas. A su alrededor había palos que quitaban a medida que se servían de ellas. Si había suerte y tras una brutal violación la niña seguía viva, la volvían a llevar allí. Si no, la dejaban tirada al lado”, dice 'El Rubio'.

La operación de rescate no dejó ningún terrorista vivo. En total, 50 muertos. “No queríamos prisioneros”, argumenta. El grupo de niñas -gracias a que estos vigilantes privados siempre llevan a un paramédico para lo que pueda pasar- fue inmediatamente atendido tanto por ellos como por los 18 europeos que, aunque estaban atónitos por lo que estaban viviendo, no dudaron en arrancarse las mangas de sus camisas para ofrecérselas como vendas y torniquetes y así parar la sangre que manaba de sus partes más íntimas. “Estaban destrozadas por tanta brutalidad”,recalca.

Concluida la operación, 'El Rubio', jefe del grupo, se puso en contacto con el gobierno de Camerún para relatarle lo que les había pasado por segunda vez y la respuesta fue inesperada. “Canceló de nuevo nuestro contrato y nos invitó a salir lo antes posible de allí con las niñas porque no querían conflictos”. Lo peor era que Nigeria y su entonces presidente Jonathan Goodluck, a quien avisaron, “tampoco quiso acoger a estas niñas y nos dio cuatro días para abandonar el país con ellas”.
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UN VIAJE DE RED BULL Y SILENCIO

Ante tal respuesta el grupo comenzó un nuevo viaje que duraría 30 días y recorrería cuatro países hasta llegar a Mauritania donde un contacto les iba a ayudar a sacarlas del continente. Con los siete Toyota pickup de doble cabina de que disponían, en los que iban repartidos en la parte anterior los empresarios y en la parte posterior las niñas postradas, tiraron tanto de los contactos a nivel internacional de ellos como de los empresarios para salir de allí y salvar a las “incómodas” chicas.

Dichas relaciones (y el dinero que iban poniendo los empresarios occidentales protegidos) les abrieron camino y les sirvió para pagar el combustible, los alimentos y el cobijo durante ese periplo. Pero ¿cuál era el estado de ellas durante el viaje? Sus violadores les habían dado tanta droga que apenas se tenían en pie o despertaban.

“Mientras nosotros íbamos pidiendo favores a los contactos y pasando por las diferentes fronteras, como no teníamos droga logramos que pasasen su mono con las 50 latas de Redbull que llevábamos para estar bien despiertos todo el día, más otras 150 que compramos por el camino. Se las tomaban como si fuera agua”, recuerda el mercenario 'madrileño'. “Casi podríamos haber pasado por traficantes de esta bebida”, recuerda irónicamente.

El grupo de vehículos pasó por Burkina Fasso, Mali y Ghana hasta llegar al destino final de Nouachot (Mauritania), donde tenían a un contacto en la ONU que aun jugándose el tipo y su trabajo les ayudaría a dar el salto a Europa arguyendo motivos humanitarios. “Por cada lugar que íbamos pasando y con las tarjetas de crédito de los empresarios algún contacto nos suministraba la gasolina para los vehículos o los papeles con los que ir pasado de un lugar a otro”.

Cuando el grupo llegó a Mauritania, 'El Rubio' llamó a varias puertas para que se hiciesen cargo de las niñas y les pudieran dar un techo seguro. “La Embajada de Alemania no consideró acoger a las niñas y la embajadora española ni siquiera nos quiso recibir”. Así que uno de los millonarios llamó a un amigo filántropo cuya mujer tiene una Fundación en un país nórdico de Europa para que echara una mano. “Le habló de las niñas y de su pésimo estado y le respondió que podía hacerse cargo del viaje y de su cuidado”.

Ahora sólo quedaba salir de allí y dejar atrás todo lo vivido. “E.M., nuestro contacto en la ONU cumplió con su palabra y nos facilitó el aeropuerto para despegar y dejar atrás un amargo y triste continente para estas pobres mujeres. Otro pagó el combustible y el avión con el que hacerlo. Una vez allí nos separamos. Dejamos al grupo de niñas subidas en un avión en manos de los europeos para que las pusieran a salvo”.

El grupo de los 11 'camisas negras' voló a Las Palmas de Gran Canaria-Madrid y de ahí a sus respectivos países. Ahora estas niñas están a salvo de sus salvajes captores. Les queda el duro trabajo de olvidarse, si es que alguna vez pueden, de su pasado.

Mientras, en algún lugar de la denominada África Negra, aún quedan decenas de niñas que seguramente estarán siendo violadas, drogadas, abusadas de formas inimaginables por integrantes del grupo terrorista Boko Haram. Y J.M.L., el mercenario anónimo, se pregunta: “Si un pequeño grupo de vigilantes privados bien armado ha podido liberar en dos ocasiones a unas cuantas niñas, ¿cómo es que el Gobierno de Nigeria no puede hacerlo cuando recibe de países como EEUU por ejemplo 24 vehículos antiminas valorados en 11.000.000 dólares para eliminarlos o cuando Barack Obama firmaba en su día la Orden Ejecutiva Presidencial 13.224 que ordenaba la eliminación del grupo terrorista y solicitaba la detención de Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, ofreciendo hasta 7.000.000 de dólares de recompensa por el mismo?

'El Rubio' no para de darle vueltas a la cabeza a la búsqueda de respuestas y solo tiene claro una cosa: si por él fuera, mañana mismo se subiría a un avión junto a su equipo de 'camisas negras' e iría a Nigeria a buscarlas y rescatarlas.

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viernes, 29 de abril de 2016

Mareros en Milán

MAREROS EN MILÁN

Las maras salvadoreñas han echado raíces en Milán, una de las urbes más importantes de Europa y que acoge la mayor concentración de connacionales fuera del continente americano. No se trata de una presencia anecdótica o de la llegada de dosquetrés pandilleros, como ya se ha reportado en otras latitudes. No. En la capital industrial italiana, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 tienen estructuras estables que han provocado ya varios muertos, y que se han convertido en un serio problema de seguridad pública para la Polizia di Stato. Incluso se ha duplicado la ruptura entre Revolucionarios y Sureños. El fenómeno es algo nuevo y genera situaciones surrealistas, como que mientras en El Salvador el Estado está guerreando contra los mareros, a quienes considera terroristas, el consulado en Milán vela por sus derechos humanos y procesales. –

por ROBERTO VALENCIA
Publicado en "El Faro", de El Salvador, el 22 de abril de 2016

Miles de milaneses maldijeron a Zinedine Zidane. Aquel cabezazo incrustado en el pecho de Marco Materazzi lo repitieron en las pantallas de la Piazza del Duomo una y otra y otra vez, con furia creciente entre los miles de ‘tifosi’ milaneses, furia hecha propia por un pequeño grupo de pandilleros de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 que participó en el súbito acto de repulsa colectiva.

Zinedine Zidane puso fin a su carrera con una roja directa maldecida y vitoreada por un país, Italia, que media hora después gozó como solo un pueblo de esencias futboleras sabe gozar cuando deviene campeón del mundo. Los salvadoreños, fascinados con la posibilidad de sentir como propias alegrías futbolísticas ajenas, se habían dejado contagiar por el delirio de aquella final. La vivieron una cerveza tras otra y desde privilegiada ubicación, a los pies de la más gigante de las pantallas, cortesía de galletas Ringo. Todos eran mareros de larga data: Loco 13, Salado, Sleepy, Mecha…

Algunos generarían sonoros titulares en la prensa italiana en los años sucesivos, protagonistas del fenómeno de ‘le gang latine’, pero la noche mágica del cabezazo eterno solo fueron unos hinchas más de la Azzurra. Jóvenes con tatuajes irreconciliables que gozaron contra natura, ajenos por voluntad propia al odio a muerte entre sus pandillas. La noche del 9 de julio de 2006, en la prehistoria de la implantación de las maras en Milán, emeeses y dieciocheros maldijeron a Zinedine Zidane en insólita hermandad.

Aunque no tardaría en desbocarse todo... en regresar a la normalidad.

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Para hallar huellas de las maras en Milán no es necesario perderse en los suburbios. Tiger, un pandillero salvadoreño con el que entré en contacto dos años atrás, me ha citado hoy en plaza Cadorna, tan céntrica que 15 minutos a pie bastan para llegar a Piazza del Duomo, el mero corazón de la ciudad.

—Tenemos que ir a Centrale –dice nomás verme, y trata de aparentar que no está preocupado.

Tiger aterrizó en Italia la década pasada, con veintipocos. Dieciochero desde finales de los noventa, había conocido dos cárceles como menor y otra como adulto. Como la mayoría de los de su generación que pasaron años entre rejas, su cuerpo es un lienzo, con tatuajes visibles incluso vestido como viste ahora: jeans, chumpa hasta la barbilla y gorro de lana. Esta madrugada de inicios de diciembre el termómetro bajó a -1 ºC en Milán. Tiger habla perfecto italiano y... y hasta aquí. No contar más fue la condición para que me compartiera las intimidades de su pandilla. Tiger, de hecho, no es el verdadero aka del Tiger.

Tiger migró a Milán a mediados de la década pasada, y sus tatuajes ya viajaron con él. Casi todos aluden de forma explícita a la que era su pandilla, el Barrio 18, pero en una sociedad como la italiana, que aún desconoce el fenómeno de las maras, no resultan tan disonantes.
Foto © Nanni Fontana (Internazionale).


En El Salvador desempeñó un papel intermedio en una clica del interior del país. En Italia, sin pretenderlo, fue de los que más contribuyó a parar el Barrio 18. Hoy Tiger es un peseta, un traidor, alguien que en los códigos de las maras merece la peor de las muertes. Su vida es y será una escapada eterna. Pero, superada esa desconfianza respecto del extraño tan propia entre los pandilleros que han tenido la inteligencia suficiente para llegar a treintañeros, la sentencia a muerte lo convierte en una fuente prodigiosa. Los que siguen activos raramente cuentan interioridades relevantes de su barrio.

“Ya no le tengo amor a la pandilla”, me dijo anoche, mientras cenábamos en un pueblito en las afueras; “lo que quiero, y te lo digo así de claro, es que la pandilla se vaya a la mierda, ¿va? ¡Que desaparezcan esos hijos de puta!”

En plaza Cadorna bajamos al metro, a la línea verde, y en menos de 10 minutos estamos bajo la imponente estación Milano Centrale.

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La Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18 (como Eighteen Street Gang) nacieron en las calles de Los Ángeles, California. También su odio a muerte. En Centroamérica, los primeros homies deportados se vieron muy a finales de los ochenta. Y hubo que esperar hasta bien avanzados los noventa, después de que Washington hiciera de las deportaciones un pilar de su política de seguridad, para que las pandillas angelinas se popularizaran en El Salvador.

Las gangas se importaron, pero son parte de la sociedad salvadoreña desde hace un cuarto de siglo. El fenómeno ha evolucionado en función de condiciones sociales, económicas y políticas muy propias. La Mara Salvatrucha de El Salvador ya muy poco tiene que ver con la Mara Salvatrucha de Los Ángeles, y es muy diferente a la Mara Salvatrucha de Honduras, a la de Guatemala o a la del sur de México.

La aparente paradoja es importante para este relato, porque las pandillas que han hecho metástasis en Milán son las de El Salvador, las más violentas, donde en torno a 2010 dejaron de ser un problema de seguridad pública para convertirse en uno de seguridad nacional. En Italia se comete un asesinato por cada 100,000 habitantes en un año; en El Salvador, más de 100, y la cuota mayor de víctimas y victimarios la ponen las maras. Cifras oficiales hablan de no menos de 60,000 pandilleros activos y otras 400,000 personas dependientes o simpatizantes o familiares, su colchón social, en un país de apenas 6.5 millones de habitantes.

Más allá de los números, siempre fríos, el principal distintivo de las maras en El Salvador es el de las fronteras invisibles en buena parte del territorio nacional, fronteras que separan colonias y cantones controlados por una u otra pandilla, fronteras erigidas sobre la sangre de miles.

La mitad de la población, que calza casi con la mitad más empobrecida, sobrevive bajo la ley del ‘Ver, oír y callar’ de los mareros, un sistema de control social que afecta la cotidianidad de formas insospechadas, mucho más allá de los muertos. Un ejemplo: en 2011, dos de cada tres equipos de fútbol ya habían desechado por miedo los dorsales 13 y 18. Otro: cuando fallece un ser querido, la vela está prohibida para los familiares que residen en áreas controladas por pandillas rivales.

Pero… ¿por qué Milán, a 10,000 kilómetros de distancia? ¿Por qué no Madrid, Barcelona o Roma? Porque en Milán hay salvadoreños. Miles. Decenas de miles. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, no existe fuera del continente americano una comunidad tan numerosa como la radicada en Italia. La migración, además, se concentra en lo que se conoce como ‘il Grande Milano’, que con 5 millones es la principal concentración humana del país y una de las más importantes de Europa.

El Consulado General de El Salvador en Milán atiende Lombardía, la región de la que Milán es capital. La cifra de censados ronda los 18,000, pero por tratarse de una migración con un alto componente de ilegalidad, fuentes del consulado y de oenegés surgidas de la propia comunidad no bajan de 40,000 la estimación de salvadoreños en Milán y alrededores.

“Estamos un poco habituados a los salvadoreños, porque la migración empezó en los setenta”, dice Massimo Conte, investigador social. “Al principio prácticamente eran solo mujeres, señoras que vinieron a atender las casas de la burguesía italiana, con una intensa vida católica por lo general, por lo que su presencia dio una imagen muy positiva de El Salvador entre los italianos”, dice.

Hay salvadoreñas que van camino de cumplir medio siglo en Milán. Hay cientos de salvadoreños ya –miles quizás- de segunda y hasta de tercera generación. El flujo desde los setenta ha sido continuo y constante, con alzas durante la guerra civil y sobre todo en el último lustro, con la violencia generada por las pandillas como detonante.

A Italia migran salvadoreños en busca de la oportunidad que su país les niega y son recibidos por la madre, el hermano, la esposa. Migran también víctimas de las pandillas y de otros grupos violentos: huérfanos, viudas, extorsionados, amenazados de muerte. Y migran también mareros: algunos huyen de su propia pandilla, algunos otros la llevan tatuada en el corazón.

“En 2005 o 2006 encontré a los primeros de la MS-13”, dice el investigador Conte, todo un referente en Italia si se quiere hablar de pandillas de origen latinoamericano, por sus estudios sobre el fenómeno durante ocho años.

Mareros dispersos en Milán hay desde que arrancó el siglo. Los hay que rehicieron su vida. Los hay que comenzaron a añorar lo pasado y a juntarse con similares, al inicio sin importar que rifaran la pandilla rival. Para julio de 2006, cuando el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi, emeeses y dieciocheros aún se divertían contra natura. Pocos meses después, una pelea en una discoteca separó para siempre los caminos de la 18 y la MS-13 en Milán.

Desde afuera resulta difícil comprender el imán del barrio cuando se ha logrado lo más difícil: huir de El Salvador. El Cholo, pandillero cuarentón que migró para romper con su pandilla, trata de explicarlo: “El pandillero que quiere seguir, siempre busca reunirse. La iglesia, el fútbol, cualquier excusa es buena cuando se echa de menos el vacile. ¿Cómo se organizan? Si llegás a un lugar donde se come pescado, te acostumbrás a comer pescado. El que quiere seguir en lo mismo ve cómo son las leyes, las costumbres... uno se adapta. Luego entrás a cometer delitos, pero sabés que de Italia te pueden deportar. Entonces, conviene ganarse a los homeboys en El Salvador, decirles que aquí están haciéndola de campeones, parando el barrio, para que allá los reciban bien si acaso los deportan”.

                                                       ***

La estación Milano Centrale es imponente por su belleza pero sobre todo por su monumentalidad: 200 metros de fachada. Justo enfrente, el Pirellone, el rascacielos más alto del país durante 35 años. Y entre Centrale y el Pirellone, la plaza Duca d'Aosta, un espacio abierto con vistosos jardines, farolas ciclópeas, turistas, bancas, ciclistas… Parece el lugar menos indicado para hallar huellas.

—‘È qui’ cerca –dice Tiger; a quien con demasiada frecuencia se le cuela el italiano.

La calle al costado norte de Centrale se llama vía Sammartini; discurre paralela a los rieles, separada por un viejo muro. Caminamos 200 metros desde la fachada, y ya parece otra ciudad. Otros 200, y la calle se abre para albergar un parque estrecho con una cancha de baloncesto y pequeñas zonas verdes. Los edificios ahora son bloques desiguales de seis-ocho-diez alturas, maltratados por el tiempo, en los que conviven italianos empobrecidos y migrantes. Este ‘parchetto’ fue por años punto de encuentro del Barrio 18. Quizá aún lo sea.

Este placazo de la 18 está sobre el muro perimetral de la expiscina del parque Trotter, un espacio público emblemático de Milán. Por años, el Trotter y un sector de vía Padova han sido una de las bases de la 18, pandilla que hasta que agarró fuerza se llevaba con los Latin Kings-Chicago y con Comandos.
Foto © Nanni Fontana (Internazionale).

En la entrada de un condominio hay un ‘18’ pintado con plumón verde; ‘Pocos pero locos’, dice debajo. Luce reciente. A unos 10 pasos, debajo de la pintura blanca con la que quisieron cubrirlo, se adivina un placazo como los que se ven en El Salvador: metro y medio de altura, aerosol... Había un gran ‘18’ azul, y a los costados, en negro, ‘SPLS’ y ‘TLS’, por la clica Shatto Park Locos y la jengla Tiny Locos. “De los locos de Milano casi todos son Shatto Park”, me dirá otro día Tiger.

Su teléfono vuelve a sonar.

—¿¡Y quién va a haber, mamá!? Un martes, de mañana… ¿quién va a estar?

—...

—Casi todo lo han quitado, mamá. No se ve nada. Estese tranquila.

En el placazo aparecían los nombres de cinco pandilleros: el Venado –muerto por una golpiza brutal que un grupo de emeeses le propinó muy cerca de aquí–, el Shagy, el Caballo, el Perro y, en el lugar más destacado, el Gato.

Gato es el aka de Denis Josué Hernández Cabrera, dieciochero hasta el tuétano, nacido en 1984, encarcelado en El Salvador entre 2004 y 2013, inquilino del Sector 1 de la cárcel de Izalco, alineado con los Sureños tras la partición de la 18, tan enfermo por su barrio que, cuando tras cumplir condena su madre lo trajo a Italia, ni siquiera se planteó como posibilidad redirigir su vida.

—Quizá sea el único que vino cabal-cabal a parar el barrio –dice Tiger.

En septiembre de 2015 se consumó el golpe policial más contundente que el Barrio 18 ha recibido en Italia. Tras meses de seguimientos, grabaciones y teléfonos intervenidos, la Polizia di Stato detuvo al Gato junto a otros 14 homies, salvadoreños casi todos. Lo presentaron como ‘il capo’, el palabrero. En verdad lo era. Pero su presencia significa más, algo que ni la Policía italiana alcanza a dimensionar: el Gato representa un punto de inflexión en el modelo de implantación de las maras en Milán.

—Vamos a Carbonari –me apura Tiger–, quizá queden más placazos.

Trata de disimularlo, pero está preocupado y mira receloso a cada figura que surge. Hace cuatro años que no se acercaba a los dominios de la que era su pandilla. En su vida de peseta, rarísima vez baja a Milán.

***

Cuando Deidamia Morán migró de Tonacatepeque a Milán, la Mara Salvatrucha no existía, y la 18 era poco más que algunas docenas de jóvenes latinos reunidos en esquinas y parques de Los Ángeles. Deidamia migró en 1974.

La poderosa burguesía milanesa quería mano de obra bien referenciada y barata para cuidar a sus hijos, limpiar sus casas, y la Iglesia Católica canalizó esa necesidad. Empleada en la Cooperativa de la Fuerza Armada y enfermera en el Hospital de Niños Benjamín Bloom, Deidamia tenía credenciales más que suficientes, y se animó a seguir los pasos de dos amigas que se le habían adelantado. Como ellas, cientos cruzaron el océano Atlántico en busca de una oportunidad en una ciudad en la que sobraban las ofertas de trabajo poco cualificados.

Cuatro décadas después, Deidamia es un referente entre los salvadoreños de Milán. Desde mediados de los ochenta se involucró en fomentar la idea de comunidad diferenciada, para mantener las esencias de la salvadoreñidad. Al cobijo de la Iglesia Católica se creó la que hoy se conoce como Comunidad Monseñor Romero, con sede en el jesuítico Centro Schuster; Deidamia fue cofundadora y su primera presidenta. Por su rol híbrido entre promotora cultural, sindicalista y política, ha sido testigo en primera fila de la implantación de las maras.

—¿Cuándo empezaron a ser un problema en Milán? –pregunto.

—Se escuchaban cosas pero, quizá como autodefensa uno se resiste a creer. El escándalo empezó… quizá cuando le sacaron el ojo al muchacho.

El domingo 13 de julio de 2008, un partido de fútbol entre salvadoreños en una de las canchas de ‘Forza e Coraggio’ devino batalla campal entre emeeses y dieciocheros. Hubo golpes, ultrajes, carreras desesperadas. Lo peor se lo llevó Ricardo, un joven perseguido por una turba liderada por Necio y Pirata, la vanguardia de la incipiente Mara Salvatrucha milanesa. Lo alcanzaron tras un kilómetro de agónica carrera, y en plena calle lo golpearon-patearon-arrastraron-lincharon, le machetearon la cara, lo desfiguraron. La brutalidad del ataque, el ojo perdido, el cómo, fue un shock para la sociedad italiana; en la prensa se empezó a hablar de la MS-13 como la peor de las plagas importadas.

—La Policía nos ha dicho que los nuestros son más asesinos que los sicilianos.

Los nuestros, dice Deidamia con pena, lastimada por un fenómeno que puede derribar en un chasquido el buen nombre de una comunidad que costó décadas construir. Entre las actividades que organizan desaparecieron el fútbol y similares, por miedo. Deidamia incluso supo que su nombre apareció en una lista que la Polizia di Stato confiscó a unos pandilleros, como persona a la que había que extorsionar.

Los nuestros, dice Deidamia, en un arrebato de sinceridad casi imposible de escuchar en El Salvador.

Los nuestros, dice Deidamia, con el alma doliente.

                                                            ***

Rara vez baja a Milán el Tiger desde que se peseteó, pero acá estamos, caminando de Sammartini a plaza Carbonari, 10 minutos de travesía por barrios de clase media, media-baja. Justo ahora embocamos una calle llamada vía Stressa.

—¿En Milán está dividida la 18? –pregunto.

—Sí, pero de hace poco.

En El Salvador, la ruptura del Barrio 18 en dos mitades, Sureños y Revolucionarios, fue un proceso lento y sangriento que se cocinó entre 2005 y 2009.

—Acá no había división hasta que llegó el Gato. Él vino con otra clecha y quiso corregir a los que habían cagado el palo, porque en Milano casi todos éramos arbolitos de Navidad, con la luz verde prendida; pocos se salvaban. Algunos locos no quisieron pagar a la pandilla y, como el Gato es full Sureño, y algo habían oído del desvergue allá, se hicieron de la Revolución.

—¿Pagar a la pandilla?

—Aguantar verga, por las cagadas que uno comete. Varios locos no quisieron que los zapatearan o tenían grandes clavos en El Salvador y, ‘a la final’, dividieron la pandilla.

A escala minúscula, la historia no difiere tanto de la ruptura en El Salvador: un sector de la pandilla que rechaza las maneras como el líder ejerce su liderazgo. Las nuevas reglas del Gato, alguien forjado en la disciplina de las cárceles salvadoreñas y recién llegado, no fueron del agrado de todos. Algo parecido a lo que representó el Viejo Lyn.

—Vaya, estamos en Carbonari –me dice Tiger.

                                                      ***

Dentro del enredo de cuerpos policiales –civiles y militares– del Estado italiano, las labores de seguridad pública recaen en primera instancia sobre la Polizia di Stato. Y dentro del organigrama de esta institución, la ‘Squadra mobile’ de Milán –el equivalente a la delegación policial en El Salvador– es una de las más nutridas y especializadas.

En 2005 se conformó una Sección de Criminalidad Extranjera, al poco de detectarse las primeras ‘gang latine’; hoy son una veintena de profesionales que monitorean, estudian, analizan y contrarrestan las pandillas mediante operativos. Paolo Lisi es el responsable de la sección: “Pronto nos dimos cuenta de que la violencia entre pandilleros latinos no eran episodios esporádicos”.

En Milán, por su condición de capital industrial -ergo polo migratorio-, surgieron filiales de las pandillas trasnacionales Latin Kings, Ñetas, Bloods y Trinitarios, y también grupos autóctonos como Comandos, Trébol o Latin Forever. Mara Salvatrucha y Barrio 18 tardaron en entrar en el radar de pandillas problemáticas de la Polizia di Stato, hasta 2008, pero hoy son la indiscutida mayor preocupación.

—La mentalidad del pandillero salvadoreño es diferente a otras nacionalidades, peor aún con los que vienen brincados de El Salvador –dice Marco Campari, uno de los agentes más experimentados del grupo.

Lisi y Campari manejan con sorprendente tino los conceptos brincarse, clica, ranflero, palabrero, Sureños, Revolucionarios… palabras que incluso el salvadoreño promedio tiene problemas para definir con precisión.

—La mentalidad es más violenta –apunta Lisi–. Matar a un rival es algo absolutamente normal.

—¿Creen que pueden insertarse en la sociedad? –pregunto.

—Yo no lo creo –dice Campari–. Con las otras pandillas se podría intentar algo, pero no con la Salvatrucha o la 18.

—Son diferentes a las demás –retoma la palabra Lisi–; los Latin Kings o los Trinitarios, por ejemplo, son bandas criminales, pero tienen un discurso de orgullo nacional, de solidaridad interna... Las pandillas salvadoreñas no; según mi experiencia, su mentalidad es absolutamente mafiosa.

Los operativos más mediáticos de la Polizia di Stato durante 2015 fueron contra las maras: en septiembre, el desmantelamiento de la clica del Gato; y en junio, la detención de un grupo de emeeses tras una pelea con empleados de Trenord, la empresa ferroviaria regional.

El jueves 11 de junio de 2015, en la estación Milano-Villapizzone, una petición de boletos a unos jóvenes que se habían colado derivó en una discusión con varios trabajadores de Trenord. De las palabras a los insultos; de los insultos a los empujones; y de los empujones a una pelea tumultuaria que terminó con un machete incrustado en el brazo de un conductor de tren, a punto de la amputación. La víctima en esta ocasión no fue un migrante pandillero más, sino un italiano, y el caso sacudió la opinión pública como ningún otro. Los agresores huyeron, pero la Polizia di Stato los capturó en días sucesivos, en poco más de medio año los juzgaron, y a tres mareros los condenaron a penas de hasta 16 años de cárcel. El italiano es un Estado firme

Operativo nocturno desplegado sobre la via Toffetti por una ‘Squadra volante’ de la Polizia di Stato, el cuerpo policial sobre el que recae el peso de la seguridad pública. La institución creó en 2005 una Sección de Criminalidad Extranjera, concebida y diseñada para controlar las pandillas latinas.
Foto © Nanni Fontana (Internazionale). 

Lisi y Campari están convencidos de que la Polizia di Stato ha desarrollado destrezas suficientes para contener a las pandillas en general, y al Barrio 18 y la Mara Salvatrucha en particular. Pero intuyen que el pulso recién comienza.

—Cuando apagas un fuego, quedan las brasas, ¿no? –dice Campari–. En septiembre desmantelamos la 18, pero sentimos que todavía hay brasas y que con poco se encenderán de nuevo.

Dentro de dos días, Cholo el pandillero cuarentón, recurrirá a una metáfora similar, pero más amenazante: “La pandilla es un cáncer. Y con un cáncer a veces pasa que te lo extirpan, y uno piensa que ya está sano, pero al poco resurge… y más agresivo. Así es esto. Los italianos deberían preocuparse”.

                                                         ***

Me dice Tiger que Carbonari ofrecía ventajas precisas para lo que la 18 quería construir en Milán.

—Aquí se hacían los meeting.

Le dicen plaza Carbonari, pero es un redondel boscoso y extraño, más de 200 metros de diámetro, diseñado para que los carros puedan circular por la autopista que pasa encima. Es un espacio abierto y cerrado a la vez, que está en medio y apartado de todo. Ahora, cerca de las 11, estamos solo un indigente y nosotros dos, además de bancas, árboles, senderos adoquinados…

—Es un parque escondido y con vista a todos lados. De acá –Tiger señala a un lado– nadie puede llegar; de allá, tampoco. Si aparece una patrulla, podés escapar fácil, porque las entradas directas son en sentido contrario. Por eso aquí se hacían los meeting.

El meeting, de asistencia obligatoria, es el principal órgano de decisión de una clica. Cuando la 18 se quiso parar en serio en Milán, el meeting semanal dejó de ser changoneta y devino prioridad. En Carbonari brincaron y corrigieron como en El Salvador, con zapateadas de 18 segundos. Luego se aprobó el fondo común para el barrio, que obligaba a entregar cinco euros semanales al inicio, luego 10; con ese dinero se empezó a invertir en droga para revender y obtener más dinero. Más luego se juntó lo suficiente para comprar alguna pistola en el mercado popular de San Donato Milanese. Y así.

El crecimiento del Barrio 18 es consecuencia de las deliberaciones de Carbonari. En el cuadrante noreste del redondel, el elegido como base, aún queda un ‘18’ pintado con aerosol negro sobre una farola gigantesca. Han tratado de cubrirlo con pintura blanca pero con poco tino, como si la hubieran echado con un vaso. Tiger mira el placazo con un dejo de nostalgia.

—Deben de haber sido los contrarios, porque así nomás le han botado ‘proprio’ la pintura.

Maciachini, un sector con significativa presencia de la Mara Salvatrucha, está a poco más de un kilómetro.

—Vamos mejor a ver qué ondas en el Trotter.

                                                    ***

Mientras en El Salvador el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén ha desatado contra las pandillas una represión que linda con el terrorismo de Estado, en Italia vela por los mareros encarcelados.

—Yo llego a las cárceles, hablo con ellos, veo si les cumplen sus derechos, contacto a familiares, al abogado… Mi labor es que se cumplan sus derechos procesales.

Habla Vanessa Hasbún, la máxima autoridad del Consulado de El Salvador en Milán desde marzo de 2010 hasta junio de 2013; y desde octubre de 2015, la encargada del servicio de protección consular. Su trabajo es ayudar a los salvadoreños encarcelados, procurarles asistencia legal, contactar a la familia, garantizar que el Estado italiano respete sus derechos humanos.

La mayoría de las personas a las que Vanessa Hasbún visita son pandilleros. Conoce al Wicked, al Loco 13… estima que se habrá reunido con no menos de 20, una fracción del total.

—Adentro son bien disciplinados –dice–, pero educadoras con las que hablo me comentan que por más que trabajan con ellos, no logran montar un proyecto de rehabilitación efectivo, porque no entienden cómo funciona la pandilla.

Vanessa Hasbún busca entre sus recuerdos y rescata el caso de un joven pandillero al que, por buena evolución y conducta, lo transfirieron a Bollate, un centro de reclusión que hace honor a la palabra reeducación y que otorga amplias libertades, incluida la de salir a trabajar. Cree que él sí quiere romper con su pandilla.

—Pero los demás van a seguir; esa es mi sensación.

                                                         ***

El Trotter todavía es parte de la vieja Milán, un parque centenario y entrañable. Está algo lejos de plaza Carbonari, por eso toca caminar dosquetrés cuadras hasta viale Sondrio y tomar un bus anaranjado y articulado de la ruta 90, rumbo a Loreto. La 90 es la ruta más conflictiva para un pandillero porque atraviesa áreas con presencia de Latin Kings, Comandos, Mara Salvatrucha, Barrio 18… Tiger está inquieto.

—¿Cuál es la principal diferencia entre ser pandillero en El Salvador y en Italia? –pregunto.

—La misión –me responde, después de pensarlo unos segundos.

Desde que a mediados de la década pasada las maras se radicalizaron en El Salvador, ocurrieron cambios significativos. Ya no brincan a mujeres, por ejemplo. Y para garantizar lealtad y entrega, al aspirante varón se le comenzó a exigir que primero cumpliera una misión: por lo general, un asesinato. En Italia no. En Italia el rito de iniciación siguió siendo la zapateada de 13 segundos en la MS-13, y de 18 en la 18.

"—¿Cuál es la principal diferencia entre ser pandillero en El Salvador y en Italia? –pregunto. 
—La misión –me responde, después de pensarlo unos segundos.
—Es lo que les falta a los brincados acá: la misión. El único que se podría decir que la hizo es el Wicked."

Wicked es el aka de Eduardo Segura Fuentes, dieciochero hasta el tuétano también, aunque con una historia de vida en las antípodas de la del Gato. Wicked nació en El Salvador en 1991 y lo llevaron niño a Italia, limpio. No conoció cárceles ni creció en medio de la violencia extrema, pero eso no impidió que se apasionara tanto por el barrio que incluso logró que le dieran el pase para parar su propia clica: una sucursal de la Hoover Locos, de la 18.

El domingo 7 de junio de 2009, en las afueras de la discoteca Thiny, Wicked fue pieza clave en la planificación y ejecución del asesinato de David Stenio Betancourt (a) King Boricua, máximo líder de los Latin Kings-New York. En la prensa italiana el homicidio se manejó como un ajuste de cuentas entre las dos facciones de los Latin Kings (New York y Chicago), pero en el bajomundo todo se supo, y la pegada del Wicked supuso algo así como el ingreso de la 18 en las grandes ligas de las pandillas latinas milanesas.

—Nosotros escueliamos al Wicked –dice Tiger–. Que si vos sos un gran hijoeputa, que simón, que si póngase con todo, ¿va? Se lo tomó tan en serio que quizá sea el único que de verdad respetaba todas las reglas. Y por ganar más palabra se metió en lo de matar al King Boricua.

—Algo desequilibrado, ¿no?

—Noooo. Wicked no toma, no fuma… es un cuadro. ¡Lee! ¡Lee un vergo! Es un hijoeputa que estudia, una persona correcta, solo que con mente full pandillero. Una mente basura, alguien malo en toda la palabra, pero con vos habla como una persona tranquila, bien portado.

El Wicked simboliza la segunda hornada de pandilleros, los brincados en Italia, dependientes de internet para mantenerse conectados con las casas matrices. Un dieciochero salvadoreño pero made-in-Italy, el eslabón imprescindible para el arraigo del fenómeno.

Aún vamos en el bus anaranjado y articulado de la ruta 90, parados. Su teléfono vuelve a sonar.

Después de lo del Wicked, me he quedado intrigado por la fijación hacia las pandillas salvadoreñas que tienen estos jóvenes que llegaron niños a Italia.

— ¿Por qué la dependencia? ¿Desde Milán se envía plata a El Salvador o algo? –pregunto.

—No, no, no… cada uno lo suyo –responde, casi ofendido- . Lo han insinuado, pero pollos pendejos tampoco somos.

—Entonces, ¿de qué le sirve a la 18 en El Salvador tener una clica acá?

—Que se expanda el barrio, que la 18 sea la más grande, darse el lujo. Y a los de aquí, para seguir haciendo sus pendejadas. Nunca vas a entenderlo si no has estado en esto, pero ‘a la final’ es así la onda, ¿Cuántos locos vinimos a levantar esto? Tres, cuatro. De tres o cuatro subimos a 10, 20, 40… y hoy están el vergo de locos presos y el vergo fuera.

Con un movimiento de cuello, Tiger me hace ver que hemos llegado a piazzale Loreto.

***

Con sede en el jesuítico Centro Schuster, la Comunidad Monseñor Romero congrega cada domingo a docenas de salvadoreños para escuchar misa en español y para degustar platillos típicos, como pupusas o empanadas, que se venden para recaudar fondos que financien pequeñas obras sociales en El Salvador. Foto © Nanni Fontana (Internazionale). 

Cuando el salvadoreño migra, el país entero migra. En el punto del globo en el que se asienta una comunidad fuerte de salvadoreños, como en Milán, se asientan las pupusas, la laboriosidad, el Torito Pinto, la Mara Salvatrucha, el azul-y-blanco, el ‘Los primeros en sacar el cuchillo’, las cachiporristas, el ‘Mágico’ González, el 15 de Septiembre, la hospitalidad infinita, la 18, el Pollo Campero, los tamales y las iglesias evangélicas made-in-Elsalvador, por supuesto.

La Misión Cristiana Elim, una de las congregaciones con mayor arraigo en El Salvador, tiene presencia creciente en Italia. Desde hace más de una década Mauricio Hernández es el pastor responsable de las filiales de Milán y alrededores.

“Mi función es ayudar a mis hermanos en sus problemas más íntimos”, dice. Y entre esos problemas, la violencia de las pandillas ocupa un lugar sobresaliente. “Lo raro en Milano hoy es encontrar a un salvadoreño que no tiene a un familiar que pague renta allá”, dice. Por eso, cuando se congregan oran por la paz en El Salvador, oran para que cambie la mentalidad de los pandilleros, oran a Dios y le piden que interceda por los familiares extorsionados, oran para que se frene la metástasis de las maras en Milán.

                                              ***

Desde piazzale Loreto al parque Trotter por vía Padova, un kilómetro eterno por una calle larga y estrecha que parece ser uno de los epicentros de la migración. A ambos lados se suceden bares y negocios con letreros en chino, español, urdu, árabe... Se alternan con casas de cambio, locutorios, salones de juego y locales que compran oro. No debe ser esta una zona por la que acostumbre a pasear el milanés clasemediero o de más arriba.

—No hay barrio más mierda que este –dice Tiger–; bueno, quizá Sammartini, que es zona de culeros, prostitutas y transas.

Su teléfono vuelve a sonar. No sé si esta vez es la madre o la pareja. La tranquiliza. Regresa a la plática algo cariacontecido. Justo pasamos frente a un “bar latinoamericano” llamado El Dorado, con los colores de la bandera ecuatoriana como reclamo. Es casi mediodía pero está cerrado. Unos años atrás se llamaba El Manabá.

—Este era nuestro libadero, ‘proprio’ nuestra zona. Vergazal de veces he salido yo de aquí arando. Veníamos bien enmachetados y hubo un montón de broncas acá, pero balazos nunca. Creo que porque nadie ha tenido el valor de decir: vaya, voy a comerme 30 años en la cárcel. Porque en Italia uno sabe que es clavo hecho, clavo pagado; no es como en El Salvador. Aquí cometés una cagada, la pagás y luego te deportan. Ese es el problema.

Ese es el problema, dice.

—Mirá, esta es la entrada del Trotter.


"... en Italia uno sabe que es clavo hecho, clavo pagado; no es como en El Salvador. Aquí cometés una cagada, la pagás y luego te deportan. Ese es el problema."

                                                                ***

La metástasis de las maras en Italia preocupa a la Polizia di Stato, y hay razones inapelables para la preocupación; sin embargo, las posibilidades de que el fenómeno termine pareciéndose al cáncer que carcome los estratos inferiores de la sociedad salvadoreña son... nulas.

El italiano es un Estado firme. La Policía hace su trabajo. Los fiscales, los jueces, los trabajadores sociales, los carceleros… la institucionalidad funciona. Hay leyes diseñadas para atajar la criminalidad organizada. La italiana es una sociedad desarmada, y sus ciudadanos en buena medida han aprendido a renunciar a la violencia para dirimir sus disputas; las maras no seducen a la juventud. Italia es miembro del G-8, el grupo de países con las economías más industrializadas del planeta. El salario promedio de un italiano es de casi 2,900 dólares. Existen, además, otros grupos del crimen organizado –lo que genéricamente se conoce como la Mafia– que, si bien hacen un uso limitado de la violencia si la referencia es el terror que generan las maras, reaccionarían contra cualquier nueva estructura que amenazara sus intereses.


"El italiano es un Estado firme. La Policía hace su trabajo. Los fiscales, los jueces, los trabajadores sociales, los carceleros… la institucionalidad funciona. Hay leyes diseñadas para atajar la criminalidad organizada. La italiana es una sociedad desarmada, y sus ciudadanos en buena medida han aprendido a renunciar a la violencia para dirimir sus disputas."

“Acá en Italia, los pandilleros joden solo a los salvadoreños, porque saben que con los otros países no se pueden meter, mucho menos con los italianos”, dice Tiger.

Maras como las de Centroamérica –violencia como la de Centroamérica– son inviables en Italia, por la misma razón que el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha no tienen en el país que las vio nacer, Estados Unidos, ni siquiera una fracción de la incidencia que ganaron en El Salvador, Honduras y, en menor medida, en Guatemala.

Para que las maras devengan problema de seguridad nacional, se necesita una sociedad como la salvadoreña.

                                                            ***

El ‘parco’ Trotter es un parque difícil de explicar. Hace un siglo era un hipódromo, y el circuito interno de calles y senderos conserva como eje rector el óvalo perfecto sobre el que galoparon caballos. 100 mil metros cuadrados verdes salpicados por abetos-arces-cedros y un puñado de edificios. Desde finales de la década de los veinte acoge una escuela municipal, la Casa del Sol, pensada para niños tuberculosos. Justo en medio hay un foso profundo y rectangular que algún día se usó como piscina. A pesar de su inmensidad, el parque está vallado, con horarios de apertura y cierre. Es público, pero las mañanas se reservan para los escolares. La entrada al Trotter de vía Padova está a 40 metros del bar El Dorado.

Un señor mayor nos explica en el portón que solo en la tarde se puede ingresar, que ahora no. En un par de días yo regresaré sin Tiger para comprobar que el costado poniente de la expiscina todavía está salpicado de placazos de la 18, los más vistosos que veré en Milán.

Es mediodía ya, y Tiger ha quedado con su familia para celebrar el cumpleaños a la mamá. Tenemos que regresar a Loreto, salir del centro de la ciudad en la línea roja del metro, y luego él tomará un bus a Cinisello-Balsamo, en el periferia del área metropolitana. Ahí hay un centro comercial en el que opera uno de los tres restaurantes que Pollo Campero ha abierto en Milán como reclamo nostálgico para la comunidad salvadoreña.

—¿Vos sos Inter o Milán? –pregunto a Tiger, dentro del metro ya–. ¿Vas seguido a San Siro?

—¡No, ni pendejo! Se llena de salvadoreños.

Vida de peseta. Vive en una de las capitales mundiales del fútbol y no puede ir al estadio.

Su teléfono vuelve a sonar. Esta vez es el novio de su hermana. Le dice que está encaminado, que en un cuarto de hora. La conversación es corta.

—Era mi cuñado. Él es bien buena onda, nunca ha estado en nada de pandillas.

Tiger calla por unos segundos.

—Una vez conocí a su mamá, y no le caí bien por estas ondas, ¿va? –me señala los tatuajes más visibles–. La señora me miraba… me miraba… ¡malísimo!… n'ombre… malísimo… con cara de asco... de odio. A saber, quizá se vinieron de El Salvador huyendo de las pandillas… pero me miraba con una cara... Yo hasta mal me sentí.

—¿No le dijiste nada?

—¿Y qué le voy a decir? Si... ‘a la final’... ella tiene razón.

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Deidamia habla con el alma doliente.

—Estuve en junio en El Salvador, en un pueblo llamado San José Guayabal, y en esos días mataron a varios en los alrededores. Matan a personas como moscas. Y el gobierno ni se hace cargo. Dicen que es alarmismo de los medios. Pero yo te digo: oíme bien... y mirame…

Deidamia me clava la mirada, se incorpora, su alma doliente le resquebraja la voz hasta ahora firme.

—… Amo mi patria... amo mis raíces... Primera vez en mi vida que fui y me sentí prisionera... ¡Prisionera! Jamás de los jamases me dejaron ir sola a ninguna parte… jamás de los jamases. Y no es que yo quisiera protección... Si ahora me preguntás si quiero regresar a El Salvador, la respuesta es no, porque está horrible… ¡Horrible! En Italia vivo libre, y en mi patria soy prisionera.

Deidamia teme que las maras seguirán generando sonoros titulares en Milán. Más que temer, lo sabe. “He escuchado que somos 45,000 salvadoreños en Lombardía, pero somos más”, dice. El flujo en los últimos años ha sido constante, cancerígeno, indetenible.

—¿Cómo evitar que esto siga creciendo, Deidamia?

—Ya es tarde –dice–. Lo que uno quisiera, y lo digo con el corazón en la mano, es que nuestra gente ya no emigre para acá.

Deidamia Morán migró a Italia en 1974. Fue la primera presidenta de la Comunidad Monseñor Romero, ONG que desde hace tres décadas es un importante catalizador de la salvadoreñidad en Milán. Consultada sobre el arraigo creciente de las maras, Deidamia es pesimista. “Ya es tarde”, dice. Foto © Nanni Fontana (Internazionale). 
"Maras como las de Centroamérica –violencia como la de Centroamérica– son inviables en Italia..."



  

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Fuente: http://www.elfaro.net/es/201604/salanegra/18451/Mareros-en-Mil%C3%A1n.htm