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viernes, 14 de diciembre de 2012

HEMEROTECA: BULLYING Y CYBERBULLYING, PREVENIR Y CURAR

+qFamilia

Bullying y ciberbullying, prevenir y curar

Por Marcos Zapata

Bullying y ciberbullying, prevenir y curar
¿Qué hacer si sospechamos que un menor puede ser víctima de acoso?
09 DE DICIEMBRE DE 2012, LUGO

   En la  anterior entrega ["Abordar el bullying, una obligación"]  abordamos, principalmente el perfil de los agresores y de las víctimas, así como las alertas que debemos tener a la hora de detectar el acoso. Y ahora nos preguntamos,  ¿qué hacemos si sospechamos que un menor puede ser víctima de acoso?

   Lo normal es que nos encontremos con  un menor que está en una situación de parálisis o confusión  sobre lo que debe o no debe hacer y tiene temor de las consecuencias de una confesión a sus padres o educadores, debido a las amenazas del acosador. Para poder abordarlo es imprescindible establecer un  contexto de confianza, que disminuya el temor , sintiendo la protección, sin juicio, del adulto, para que la comunicación se haga posible.

   Cuando hablamos de “sin juicio” nos referimos a la mayor importancia y prioridad que le debemos otorgar a  que el menor no se sienta culpable por lo que cree que le está sucediendo . De ahí que nuestro trabajo debe dedicarse a generar esa atmósfera de confianza, de comprensión, de forma que pueda entender que le ayudaremos, y lucharemos junto con él o ella, para liberarlo de tal situación.  Esto no es fácil, pero es clave , por eso hay que ser prudentes y sabios en la comunicación y la evitación de la culpabilización, así como la transmisión de confianza, en el primer acercamiento al menor acosado. Para ello debemos tener capacidad empática, poniéndonos en el lugar de la víctima, dándole garantías reales de que puede contar con nuestra ayuda, sin tener porqué soportar más el abuso.

   Podríamos desplegar un abanico de recursos empáticos de comunicación, pero  al menos debemos saber que debemos aprender a argumentar con el menor que debe abandonar las ideas que lo paralizan, como dejar pasar el tiempo, mostrar indiferencia al acoso, o la sumisión al abusador, el miedo… y mostrarle y buscar junto con él, las que son eficaces, como buscar documentación, la búsqueda de testigos y apoyos, el bloqueo de las vías de comunicación, la coordinación de la familia-escuela-iglesia, etc.

PREVENIR ANTES QUE CURAR
    Está bien que actuemos ante la situación de acoso, pero como padres, educadores, líderes de jóvenes y pastores, nos preguntamos , ¿podemos prevenir el acoso?

     La pregunta no es sencilla de contestar ya que vivimos en la era de las comunicaciones, de internet, de red wifi en todo lugar, de móviles inteligentes, de tablets, ordenadores personales, de facebook, de twiter, y demás elementos que nos facilitan la comunicación al instante con aquellas personas que viven al otro lado del mundo. Las nuevas tecnologías son imprescindibles en la sociedad que hemos construido. Los jóvenes han nacido nativos de la era digital y no podemos acotarles totalmente el uso de tales redes, no es posible, contemplan su mundo desde una perspectiva tecnológico-digital totalmente diferente a la generación de sus padres.

    Evidentemente ha habido, hay y habrá mal uso y abuso de las TICs, pero eso no nos impide reconocer los avances y progreso que han traído a la sociedad en este siglo. Así que, como todo, hemos de aprender a utilizar dicha tecnología correctamente.

    Hablar de prevención en el ámbito de las TICs, es absolutamente fundamental cuando hablamos de menores, los cuales están inmersos en esa atmósfera de redes , en la cual se mueven como pez en el agua. Hay que ayudar al menor a prevenir, y esta labor no es fácil, así que debemos comenzar por lo evidente: enfocarnos en la educación, en dos sentidos, el relacionado con la conducta y el relacionado con el tecnológico. El trabajo conjunto de familia y educadores (sea en el contexto escolar o de iglesia) es imprescindible.

    Cuando nos referimos a la educación en el sentido de la conducta, hay que tener en cuenta varios aspectos:

    Una buena comunicación entre los miembros de la familia , de forma que cuando sucede algo pueda transmitirse, contarse; no hay lugares oscuros, ni temor a la represalia. Se conocen los valores de la familia, son transmitidos y vividos por todos; se conocen los sueños de los hijos y los de los padres… cuando hay este ambiente comunicativo, es una garantía de prevención del acoso.

    Esto no se construye cuando se necesita, sino que está edificado cuando la tormenta azota nuestro hogar. De ahí que la falta de trabajo para levantar una atmósfera de buena comunicación en la familia, la falta de capacitación en habilidades comunicativas, hacen que muchas familias sean ineficaces a nivel preventivo.

   He aquí uno de los grandes aportes que desde la pastoral de nuestras iglesias podemos hacer a la prevención del acoso: tenemos programas de formación para matrimonios, para jóvenes, para la familia en general, que fortalecen la comunicación intrafamiliar y, en consecuencia, generan elementos protectores sobre todos los miembros de la misma.

   Inculcar el valor del respeto  a los demás. Hay que mostrarles que los demás menores tienen el derecho a ser como son, sin importar su origen, ni color, ni posición social, ni creencias, si es chico o chica, si comparte o no su estilo de vida. En resumidas cuentas, debemos hacer más sensibles a nuestros hijos. Pero también que conozcan el derecho a salvaguardar la intimidad y la propia imagen, así como la de otros.

   Y cómo no, la transmisión de valores morales, de forma que aprendan a que sus acciones tienen consecuencias que nos afectan a todos, para bien o para mal. Deben aprender a analizar las consecuencias de la información que se publica, cualquiera que sea, no es inocente si va cargada de juicio o tienen un fin denigrante: un insulto a un compañero, la dirección de la casa de una amiga, burlas por su forma de vestir o por “defectos” físicos, o una mentira respecto a una relación amorosa. Todas estas acciones tienen consecuencias que dañan a alguien, y no se deben tomar como “cosas de adolescentes”

   Enseñarles control de impulsos, dominio propio, autocontrol, para que no respondan a la provocación. Esto es muy importante, incluso la Policía Nacional advierte que en una situación de ciberbullying es vital NO RESPONDER a las provocaciones, y dejar bien claro que las acciones del acosador pueden ser constitutivas de delito y que se actuará en consecuencia.

   En lo que corresponde a la formación en la utilización de los medios tecnológicos, lo que destacan los especialistas es:

·  Limitar los horarios de uso , para evitar la dependencia de las redes sociales. Esto previene de muchos males, entre ellos la adicción y nos ayudará a impedir que los menores no pierdan el contacto con sus iguales más allá de la relación en red.
· Colocar el ordenador en un lugar común en el hogar. Nada de ordenadores y wifi en las habitaciones, para uso particular.
·  Mostrarles los peligros de la red , por ejemplo, para el caso de menores, la suplantación de identidad.
· Instalar antivirus, cortafuegos y demás filtros para evitar páginas no deseadas.
· Un buen padre de nuestra iglesia, pactó con todos sus hijos que les diesen las claves de sus perfiles, para poder protegerlos de cualquier situación de riesgo, cosa que ya sucedió y se resolvió satisfactoriamente. Esta podría ser otra medida a utilizar en función de la edad del menor, lo que nos lleva a la siguiente propuesta.
·  Definir un criterio por edad , tanto para el uso de los medios, como para los contenidos. ¿Realmente necesita un niño de 10 años teléfono móvil? ¿Por qué dejo jugar a la consola, conectada en red con otras, a mi hijo con otras personas que no sé quiénes son? ¿Debe un chaval de 12 años jugar a un juego para mayores de 18 años?. Los menores deben paulatinamente ir adaptándose, madurando, aprendiendo, integrando nuevos recursos personales y valores para poder afrontar los desafíos y peligros que la red introduce en sus vidas.
· Y no dejo de insistir en la formación en la moral. Tienen que entender  que se pueden cometer delitos  desde un ordenador o un móvil, si su uso es inadecuado. Tienen que conocer que un mal uso tendrá consecuencias inmediatas a nivel familiar, con castigos; en el ámbito escolar, con sanciones y expedientes; y si el caso es más grave, con consecuencias penales. En este último aspecto, el penal, tenemos la experiencia, después de dirigir centros de día e internamiento para menores infractores, según la Ley Orgánica 5/2000 de responsabilidad penal de los menores, de encontrarnos con muchos padres y jóvenes, de 14 a 18 años, que nunca pensaron que sus acciones tendrían una repercusión penal. El mundo judicial no está tan lejos de un menor que juega atentando contra la imagen o la integridad de otro compañero.

 Aunque hemos apuntado algunas respuestas a lo largo de los dos artículos, hemos de preguntarnos si desde nuestras iglesias podemos aportar algo que, con la luz que la Biblia nos da, sirva de prevención y protección a nuestros jóvenes, y a un tiempo, podamos ofertarlo a nuestra comunidad como una propuesta de trabajo factible ante tal lacra social.

Pero esto será en otra entrega.

 Marcos Zapata
 Pastor y terapeuta familiar
 Presidente de la Comisión de Familia y Educación
 de la Alianza Evangélica. Española 

Fuente:
http://www.protestantedigital.com/ES/Familia21/articulo/15626/Bullying-y-ciberbullying-prevenir-y-curar

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HEMEROTECA: ABORDAR EL BULLYING, UNA OBLIGACIÓN


 +qFamilia

Por Marcos Zapata

Abordar el bullying, una obligación

 
Abordar el bullying, una obligación
¿Qué hacer como padres, educadores y cristianos? ¿Qué enseñar a nuestros jóvenes? ¿Serán nuestros hijos candidatos a sufrir ciberbullying o ser un acosador?
 
19 DE NOVIEMBRE DE 2012

Esta semana hemos quedado nuevamente estupefactos, al conocer que tras permanecer cuatro días en estado crítico por un intento de suicidio motivado por un presunto caso de ‘bullying’, una alumna de 16 años ha fallecido en el Hospital General Universitario de Ciudad Real.

     La menor, de nacionalidad ecuatoriana, cursaba segundo de ESO en el instituto de Enseñanza Secundaria ‘Maestro Juan de Ávila’ donde, al parecer, sufría el acoso de algunas de sus compañeras, según ha relatado su padre. Con el fin de esclarecer los hechos y depurar responsabilidades “si las hubiera”, la administración autonómica abrirá una investigación, según avanzó el titular de Educación, Marcial Marín, quien explicó que el profesorado del centro hizo varios “intentos para integrar” a la adolescente fomentando su socialización, ya que, según los docentes, se trataba de una chica “callada” que “no mostraba mucho interés en relacionarse con los demás”.

   Después de que el padre de la alumna se quejara ante la dirección del instituto del trato que recibía su hija, el orientador se entrevistó con ella y ésta le confesó que dos compañeras no paraban de molestarla, tras lo cual se reunió con esas estudiantes y sus progenitores. La conclusión a la que llegó dicho profesional es que no se trataba de un caso de “reiterado acoso entre iguales”, y, por tanto, no vio necesario trasladar a la menor a otro centro, indicó el consejero, quien apuntó que únicamente se le ofreció la posibilidad de cambiar de clase. Tampoco los profesores habían detectado indicios de que la chica podía estar siendo víctima de ‘bullying’ y, de hecho, sostienen que la adolescente nunca les comunicó que estaba siendo sometida a presiones o maltrato.

 TIM RIBBERINK
      Este mismo mes hemos sabido que los padres del joven holandés de 20 años  Tim Ribberink , que se suicidó tras repetidos episodios de  acoso por internet , han pedido a las autoridades que abran una  investigación  formal sobre lo ocurrido.


    Los padres de Ribberink explicaron que optaron por publicar en la esquela de su hijo una parte de la carta de despedida que les dejó para evitar nuevas víctimas por estas prácticas. "Con incredulidad, ira y tristeza decidimos incluir la carta de Tim, con la esperanza de que se afronte el problema del acoso y que esto no vuelva a ocurrir", leyó en nombre de los progenitores el pastor de la familia, Marinus van den Berg.
 
     En esa declaración, los padres del muchacho reconocieron que sabían del acoso que su hijo sufrió en la escuela primaria, pero que estaban convencidos de que, tras esa fase, "se había hecho más fuerte". Sin embargo, desconocían que su hijo fuese acosado a través de internet también durante la secundaria y el inicio de sus  estudios de Historia .

 La esquela de Tim Ribberink, con parte de su carta de despedida:

       "Toda mi vida he sido acosado y aislado. Vosotros sois fantásticos y espero que no os enfadéis", señalaba en la misiva, que el joven concluía con un emotivo "hasta que nos volvamos a ver". La familia reveló que esas palabras fueron escritas la mañana en la que se suicidó su hijo, al que definieron como un joven "cariñoso y atento" cuyo lema era "nunca, nunca hay que desistir".

       "No queremos que haya culpables, sino que los jóvenes que acosan sean conscientes de las consecuencias que pueden acarrear sus hechos", según la declaración leída en nombre de los padres. Tras el suicidio del joven, la familia comunicó a la policía los hechos, indicando que un desconocido había usado en 2010 el nombre de su hijo en el sitio de internet especializado en el sector de la restauración, para hablar mal del local y del dueño de la heladería en la que él trabajaba a tiempo parcial.

       El joven recibió el pasado verano en el mismo portal insultos que lo calificaban de "perdedor" y "homosexual", según el diario "De Telegraaf".

 AMANDA TODD





      
       También fuimos conmocionados hace un mes por la trágica muerte de  Amanda Todd , de 15 años de edad, un mes después de que la joven estudiante colgase en YouTube un vídeo en el que, sin pronunciar una palabra, simplemente con tarjetas escritas, explicaba el acoso que sufría desde hace tres años.





 
                   Amanda Todd, víctima de bullying y sexting
   A los 12 años hizo top less ante un desconocido en una webcam. El video lo subieron a internet, sufrió     bullying en diferentes institutos, su ciberacosador la persiguió por facebook ante sus nuevos amigos y compañeros de clases. Un mes antes de suicidarse, con 15 años, colgó este video. Una llamada de atención ante los peligros tecnológicos y del propio ser humano.



          En el vídeo, de nueve minutos y titulado “Mi historia: lucha, acoso, suicidio, daño”, Amanda Todd explica que cuando tenía 12 años un desconocido que conoció a través de una vídeo-conversación la convenció para que le enseñase los pechos. Después de esto tan sólo recorrió un tortuoso camino que le llevó al suicidio tres años después.

      Aunque estas dramáticas historias se han abordado desde este mismo medio, en  el suicidio de Amanda Todd, y en  El bullying no mata pero puede llevar a la muerte,  quisiéramos hacer una aportación más, que nos suscitan muchas preguntas.







 ¿QUÉ PODEMOS HACER COMO PADRES Y EDUCADORES?
    ¿Qué podemos aportar desde nuestras iglesias a la disminución de tal barbarie? ¿Qué les debemos enseñar a nuestros jóvenes al respecto? ¿Qué está planteándose la sociedad en la que vivimos inmersos? ¿Serán nuestros hijos candidatos a sufrir ciberbullying? ¿Puede alguno de nuestros jóvenes en nuestras iglesias llegar a ser un acosador? ¿Cómo llega a suceder todo esto? ¿Podemos prevenir el acoso?

Intentaremos abordar este tema a lo largo de varias sesiones.

      Dice el refrán, que quien le da la espalda a Dios, le da la cara al diablo, y socialmente lo vemos cada día en multitud de lugares, y como no, también en las relaciones entre los adolescentes y jóvenes.

      Por ejemplo, hay una clara  ausencia de juicio moral  que ayude a regular las relaciones entre los iguales, que es lo que hace que se produzca maltrato intencionado de quienes se creen con poder hacia quien consideran más débil y/o blanco fácil de sus intenciones.

       En este sentido, el objetivo en el plano educativo es claro, la formación del individuo en su educación moral, de forma que pueda llegar a regular su conducta y mantener relaciones interpersonales a partir de principios justos y universales y como educadores cristianos, en el contexto de nuestras iglesias debemos incidir en esta misma meta, teniendo los principios morales más válidos y realmente eficaces, escritos en la Palabra de Dios.

       En el acoso por internet se resaltan más ciertas características del acoso presencial. La carencia de empatía en el agresor al contar con menos claves socioemocionales de respuesta de la víctima cuando dirige la agresión; un grado mayor de confusión en las víctimas al no contar con datos de procedencia de las agresiones, sobre todo en el cyberbullying, menos que en el bulllying presencial, y un menor grado de exposición del agresor al no tener que arriesgar nada para realizar las agresiones, al hacerlas desde el otro lado del teclado y con cierto grado de anonimato e imprevisibilidad.

     Sorprendentemente la presión social del grupo se liga al sentimiento de pertenencia a una comunidad virtual, la desinhibición grupal, que también se da en el bullying presencial, y cierta uniformidad de actuación que viene favorecida por la tendencia de los individuos a regular su propia conducta conforme a la norma imperante en el grupo o marcada por quien tiene más influencia o poder dentro de él.

     Pero  también nos encontramos con características especiales asociadas al cyberbullying, que añaden un sufrimiento más marcado en las víctimas al permanecer más tiempo el objeto de burla o agresión en el medio virtual , una foto, un mensaje o una página web difamatoria, por ejemplo; y es marcadamente más amplio también que en el bullying presencial, el tamaño de la audiencia que tiene acceso al daño que producen los ataques de los agresores/as en sus blancos.

El bullying no mata pero puede llevar a la muerte
 

¿PUEDE ALGÚN JOVEN EN NUESTRAS IGLESIAS SER UN ACOSADOR?
        Es fácil entender que el   agresor  no presenta un perfil único, y por supuesto el de un perturbado a nivel mental o psicológico, que es lo que queremos creer, para tranquilizarnos acerca de aquellos que nos rodean. Hay que entender el marco, al tratarse de acoso en la red, cyberbuying, estamos hablando de una forma indirecta de agresión, siendo un medio que facilita la aparición de perfiles de agresores indirectos, que buscan la seguridad a la hora de atacar. Tal vez jamás acosarían presencialmente, pero internet les ofrece el encubrimiento necesario para cometer abusos sin riesgo. En cualquier caso, el agresor es un menor que no tiene una escala de valores conforme a un código moralmente aceptable y en el que priman o se instalan con facilidad constantes como el abuso, el dominio, el egoísmo, la exclusión, el maltrato físico, la insolidaridad o la doble moral. Muchos de ellos se han socializado en entornos familiares sin pautas de educación moral, con modelos de ejercicio de autoridad desequilibrados, autoritarios, inexistentes o permisivos, o, incluso, en modelos en los que los menores mismos han sido la autoridad y que han generalizado abusivamente a otras situaciones.

       Pero también encontramos la otra cara de la moneda, menores con habilidades sociales correctas, un prototipo de Dr Jekyll, pero con una doble moral que les lleva a vivir en el cinismo y la mentira, mostrando la cara de Mr, Hyde, su cara oculta, en la red.

       Haciendo un ejercicio de reducción, podemos describir varios de los aspectos que nos describes el perfil del menor acosador:

· Baja tolerancia a la frustración e impulsividad.
· Dificultad para cumplir las normas.
· Inclinación mayor al uso de medios violentos.
· Muy reactivos cuando se sienten provocados.
· Sin empatía hacia las víctimas.
· Autoestima alta.
· Reacciones agresivas unidas a fortaleza física.
· Necesidad de dominar a otros.
· Fracaso escolar.
 
¿SERÁN NUESTROS HIJOS CANDIDATOS A SUFRIR CYBERBULLYING?
 Pensando en la víctima, tampoco hay un perfil único de menor, y en un sentido clásico podemos pensar en aquellos que:

· Presentan dificultades para defender sus propios derechos.
· Con escasa red social y pocos amigos.
· Bajo concepto de sí mismos
· Con dificultades de interacción social.

       Sin embargo  también nos encontramos con otro perfil totalmente distinto : el del alumno brillante y seguro de sí, objeto de la burla de un agresor o un grupo, que lo acosan presencialmente o virtualmente. El que, por cualquier razón, raza, sexo, incapacidad física, se convierte en irritante, y por tanto en objetivo de la violencia. Y podríamos hablar de los que sufren la violencia del “vacío”, perdiendo toda su red de amigos, nadie les habla, nadie les apoya. O de los que tienen que sufrir la humillación y el maltrato para ser aceptados en el grupo social.

       El riesgo es muy real, como hemos visto en los tres casos descritos , ya que se desarrollan estados emocionales negativos, tales como ansiedad, baja autoestima, depresión, indefensión, apariencia triste, mal humor e ideas suicidas. En ellos se manifiesta disgusto, miedo, soledad, frustración, estrés, irritabilidad, somatizaciones, trastornos del sueño y/o altos niveles de estrés permanente. Al mismo tiempo, evita la escuela y presenta dificultades en concentrarse, experimenta una disminución en su rendimiento académico, pérdida de interés por las actividades sociales y tendencia al distanciamiento y al aislamiento.

¿CÓMO LLEGA A SUCEDER TODO ESTO?
         Hay señales, o rastros, que podemos seguir como padres y educadores que nos deben poner alerta frente a un posible acoso, y que son conductas significativas, mantenidas en el tiempo.

· Falta a clase de forma no justificada, o justificándolas con reiteradas escusas.
· Falta de concentración en el estudio.
· Se distancia del grupo de iguales.
· Cambios en sus hábitos alimenticios.
· Cambios repentinos de humor.
· Cambio súbito, por defecto o exceso, en el uso de las TIC (móvil, ordenador)

      Es de resaltar que la edad es un factor determinante a la hora de entender como comienza el ciberbullying. Podemos encontrar dos tipos de víctimas en función del tramo de edad, que condicionarán la respuesta al acoso:

       Primeramente están los menores que están iniciándose en el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), para los cuales representa ese uso un ritual de paso a una edad, para ellos sinónimo de madurez y crecimiento. En estos menores, el acoso o violencia tenderá a ser ocultado por miedo a la prohibición del uso del ordenador o móvil, o que se le obligue a cerrar sus perfiles de las redes sociales, lo cual abocaría al menor a la exclusión del grupo . Por eso los cambios de conducta tenderán siempre hacia la ocultación de sentimientos y de los hechos, hacia sus padres y a la ocultación de sus hábitos de uso de las TIC. Procurará que sus padres no estén presentes cuando navegue, aumentando su aislamiento social y familiar.

       En segundo lugar están los menores adolescentes, que en contraste con los anteriores, manifiestan la supuesta madurez en el uso de los móviles, tablets y demás fauna digital. A su modo de entender, sus padres no saben, ni sabrán jamás, utilizar las TICs, por lo tanto sus problemas los resuelven ellos solos, o con sus amigos, que sí saben. Esto genera una falsa seguridad , se sienten invulnerables, lo cual les lleva a manifestar con mayor facilidad ansiedad, impaciencia, falta de respeto a los padres y agresividad, sobre todo cuando se les pide cuentas acerca de lo que aparece escrito en su red social; también hacen cambios repentinos de humor después de navegar en la red. Aunque hay una lógica privacidad y sentido de intimidad que todo adolescente presenta respecto a sus perfiles, debemos distinguir esto, de un rechazo frontal a responder preguntas, a dar cuentas, o a mantener una conversación acerca de sus relaciones o contactos en internet. Ellos llegan a pensar que pueden manejar las situaciones que están viviendo, y en lugar de pedir ayuda lo que hacen es perpetuar en el tiempo el acoso, lo cual ahondará el dolor y la sensación de que no hay solución posible.

       En resumidas cuentas, a través de la observación podremos constatar cambios en las conductas, en el estado de ánimo y cambios en el uso de las TICs, que nos ayudarán, como padres, educadores y líderes de jóvenes, a detectar y hacer visible la posible situación de acoso.

       No es difícil observar esos cambios en los hábitos de los que hablamos: en el uso del móvil u ordenador, en la asistencia a clase, por dejar sus hobbies a un lado, en el bajo rendimiento escolar. Por cambios en el estado de ánimo: cambio repentino de estado de humor, tristeza, apatía, agresividad inusual. Cambios en su red social: deja amistades, chatea con gente desconocida, no se defiende de bromas públicas, aislamiento, no sale de casa. Cambios somáticos: aumento o pérdida de peso, mareos frecuentes, ataques de ansiedad, diarreas, enfermedad repentina cuando tiene que enfrentar alguna situación. Y podemos seguir exhaustivamente de cambios en su aspecto, en el uso de sus pertenencias y más aspectos, pero lo importante, en este limitado lugar, no es hacer una pormenorización de las conductas, sino que aprendamos a estar alertas, sin caer en conductas obsesivas ni paranoicas, para detectar a tiempo cualquier conato de acoso presencial o en la red.

        En el próximo artículo seguiremos aportando respuestas a las preguntas que nos hemos hecho, especialmente la relativa a la prevención.

 Marcos Zapata
 Presidente Comisión Familia y Educación
 Alianza Evangélica Española.

Fuente:  http://www.protestantedigital.com/ES/Familia21/articulo/15501/Abordar-el-bullying-una-obligacion

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