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lunes, 13 de abril de 2015

La mente del acosador




La mente del acosador



Los psicólogos analizan los diferentes perfiles de las personas acosadoras, ya que no siempre siguen un mismo grado de persecución. Además, puede que tenga una víctima o por el contrario pongan en práctica su comportamiento con varias.

Seguro habrás oído hablar del término “bullying”, en la mayoría de los casos, entre jóvenes en la escuela; o quizás del “cyberbullying”, que se desarrolla por Internet para molestar a alguien por una razón en particular, así sea por una razón concreta o aleatoria.

Un grado más arriba podemos situar a los “stalkers”. El término se refiere a aquellos que acechan, persiguen y acosan físicamente a su víctima (o más de una). Buscan estar atrás del otro en todo momento, sin importar si lo incomodan o se entrometen demasiado en su vida.

Dentro de la psicología de este tipo de acosador debemos decir que se divierte con malicia, obsesión, maldad, hostilidad, enfado, celos o culpa. El objetivo de un stalker es acceder a una persona que quiere o le gusta aunque no sea correspondido. Mediante el miedo, se va apoderando de cada aspecto de la vida del otro y las cosas pueden terminar realmente mal.

Los psicólogos dividen a los stalkers en dos grandes grupos: psicóticos y no psicóticos. Esto quiere decir entonces que los acosadores en gran medida tienen trastornos o desequilibrios mentales. Las subcategorías de stalkers son:


  •     El rechazado: Persigue a la víctima con la intensión de vengarse de un rechazo, como por ejemplo, cuando una chica no acepta salir con un chico.

  •     El resentido: El objetivo de la persecución es asustar a la víctima por algo que ha pasado entre ambos, también puede ser por un rechazo, pero no en todos los casos. Puede deberse a la envidia o a los celos, por ejemplo.

  •     El enamorado: El acosador en esta categoría está convencido de que la víctima es su alma gemela, el amor de su vida y que deben vivir y hasta morir juntos.

  •     El pretendiente: Otro de los stalkers es aquél que cumple con la idea anterior de la media naranja pero a su vez tiene características adicionales, como ser falta de habilidades sociales, introversión, creencia de que está en su derecho de tener intimidad con cualquier persona que comparta sus intereses y gustos, etc. En la mayoría de los casos, la víctima tiene otra relación estable.

  •     El depredador: Vive las 24 horas del día espiando a su víctima, está pendiente de todos sus actos, se aprende de memoria cada paso, conoce los lugares y personas que frecuenta, puede revisar hasta la basura o las gavetas del otro. Todo ello para encontrar el momento y el sitio adecuado para atacar (sobre todo sexualmente).



¿Puedo ser víctima de un stalker o abusador?

Es más complicado de lo que puede parecer detectar que estamos siendo acosados por alguien, especialmente si esa persona es hábil y se desenvuelve bien en contextos sociales. El acosador, al contrario de lo que podría pensarse, puede tener una vida que desde fuera podríamos considerar “normal“.

Además, habitualmente es consciente de que su comportamiento está socialmente mal considerado y suele cuidarse de que haya testigos cuando se acerca a la víctima o de mutar su comportamiento cuando lo hay.

Una vez que se les conoce un poco más, los stalker demuestran algún desequilibrio emocional como ser ansiedad, baja autoestima, inseguridad, celos y morbo, pueden abusar de los fármacos y sufrir cambios en su humor muy drásticos.

Presta atención a estas señales para saber si estás siendo acosado/a por alguien:

1 – Recibes llamadas con una frecuencia mayor de la que te gustaría de una persona que trata de establecer una relación más cercana y formar parte de tu vida de una forma que no le corresponde.

2 – Ves siempre a la misma persona en tus lugares “clave”: supermercados, cafetería, peluquería, repetidamente por la calle, etc.

3 – La persona que te acosa ha llegado a amenazarte o a intentar condicionar tu comportamiento: ya sea verbalmente o mediante acciones

4 – La persona está encima de ti continuamente y se toma libertades contigo que solamente concederías a una persona con la que mantuvieras una relación muy íntima.

5 – Si una persona dice a tu círculo social que mantiene una relación contigo, mucho más próxima de lo que en realidad es.

¡Ten mucho cuidado ante estas situaciones y si te sientes identificado con una o varias, lo mejor es compartirlo con personas de tu confianza y ponerlo en conocimiento de las autoridades pertinentes!

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Fuente: http://lamenteesmaravillosa.com/la-mente-del-acosador/

domingo, 29 de marzo de 2015

Tuits que arruinaron vidas



Los tuits que arruinaron vidas 

Redacción
BBC Mundo  
12 de marzo de 2015


        La mayoría de los tuits agresivos que se compartieron en Twitter eran de personas que no conocían a las víctimas.

  • No importaron sus múltiples disculpas. Una vez que se convirtió en el trending topic mundial número uno en Twitter, no había nada que Justine Sacco pudiera hacer.
En diciembre de 2013, la relacionista pública de 30 años esperaba en el aeropuerto londinense de Heathrow por la conexión de un vuelo que la llevaría a Cape Town, Sudáfrica.

Poco antes de abordar, compartió un tuit con sus 170 seguidores: "Voy a África. Espero no contagiarme con VIH. Estoy bromeando. Soy blanca".

Nunca imaginó las consecuencias que traería lo que posteriormente describió como un chiste, a propósito de la burbuja en la que viven los estadounidenses con respecto a lo que ocurre en países en vías de desarrollo.

La historia de Sacco es una de las varias referidas por el escritor galés Jon Ronson en su libro "So You’ve Been Publicly Shamed", que se puede traducir como "Entonces te avergonzaron públicamente".
Revuelo inesperado
El autor habló con la BBC acerca de la publicación.

"Cuando conocí a Sacco, estaba confundida, molesta. Tras lo ocurrido, no dormía, se despertaba en medio de la noche sin saber quién era, sentía que su vida no tenía propósito. Hasta ese momento había tenido una carrera exitosa, lo que la hacía feliz. Pero esa satisfacción se la quitaron. Y la gente se alegraba por eso", recuerda Ronson.

Las mujeres involucradas en este tipo de incidentes reciben amenazas de muerte y de violación.
 
Hasta el millonario estadounidense Donald Trump se refirió al incidente: "¿Qué rayos estás haciendo? ¿Estás loca? ¡No es agradable ni justo! Apoyaré a @AidForAfrica (AyudaParaAfrica). Justine está despedida", tuiteó Trump a las 11.13 pm el 22 de diciembre de 2013.

@brainclouds comentaba, usando el hashtag #hasJustineLandedYet (#YaAterrizóJustine), "Es impresionante ver como alguien se autodestruye sin ni siquiera saberlo".

El revuelo se inició mientras Sacco estaba en el avión, así que en un principio no tenía ni idea de lo que ocurría. Poco después fue despedida.

IAC, la compañía de medios e internet para la que trabajaba, hizo el anuncio públicamente a través de un tuit: "Este es un asunto muy serio para nosotros. Ya no tenemos relación con la empleada en cuestión".
Ataques misóginos

"En el caso de Sacco, hubo todo tipo de comentarios, pero muchísimos fueron misóginos. Suele ocurrir con frecuencia cuando se trata de una mujer", señala Ronson.

Adria Richards también lo vivió en carne propia.

En marzo de 2013, se encontraba en una conferencia para programadores organizada en Santa Clara, California, Estados Unidos.

Estaba sentada escuchando a uno de los ponentes. En la fila de atrás estaba Hank, quien casi susurrando le hizo un comentario a un colega que estaba a su lado. Era una broma de tipo sexual, una especie de juego de palabras utilizando términos de la jerga informática.

El hashtag de Sacco decía:
 #hasJustineLandedYet. 
Se refería a si el avión en el que 
volaba había aterrizado en Cape Town.

Cuando Richards escuchó el comentario de Hank, se volteó y le tomó una foto. Acto seguido, Richards compartió con sus más de 9.000 seguidores la imagen y un tuit en el que se refería al comentario, añadiendo que era de mal gusto.

Ambos fueron despedidos posteriormente. Pero en Twitter, fue Richards quien se llevó la peor parte.

"Fue sometida a una campaña de acoso terrible a través de internet. La empezaron a bombardear con amenazas de violación y de muerte, hubo incluso quien hizo pública su dirección incluyendo la foto de una mujer decapitada que tenía la boca cubierta con cinta adhesiva", comenta Ronson.

Los comentarios sexuales que recibió son demasiado vulgares para reproducirlos.

Richards sigue sin conseguir trabajo y todavía es víctima de ataques anónimos a través de internet.

Los abusos ocurren en diferentes redes sociales y plataformas en la red, no solo en Twitter.
Entre tumbas


Ronson publicó un libro con el testimonio 
de personas víctimas de acoso en internet.
Una foto fue lo que puso en aprietos a Lindsey Stone, de 32 años. Estaba con una compañera de trabajo en el Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia, EE.UU, y decidió tomarse una foto en la tumba del soldado desconocido, justo al lado de un letrero que pedía "silencio y respeto".

A ambas les pareció genial que Stone apareciera en la imagen aparentando gritar y haciendo una seña vulgar con el dedo medio.

Era parte de una broma entre ambas. Solían tomarse fotos junto a letreros desobedeciendo la instrucción del mismo. Por ejemplo, fumando justo frente a uno que prohibía fumar en ese lugar.

La ira en la red se desató un mes después, cuando alguien se tropezó con la foto. Se creó una página muy popular en Facebook llamada "Despidan a Lindsey Stone".

Al día siguiente, había cámaras de televisión frente a su casa. También perdió su trabajo.

El año que siguió al incidente apenas y salió de su casa, estaba deprimida y sufría de insomnio. Según le contó a Ronson, no quería que nadie la viera y no quería ver a nadie.

Y todo por una foto.

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Fuente: Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/03/150312_tecnologia_twitter_tuits_arruinaron_vidas_kv

Enlace externo: Recomendamos el artículo de Wikipedia sobre las bromas; acciones deliberadas cuyo objeto es ridiculizar, humillar, engañar o victimizar a alguién, efectuadas por amistad y hasta humorísticamente pero con un alto contenido de agresividad, lindante con el acoso y el hostigamiento; y, por ende, con el mobbing.

sábado, 1 de febrero de 2014

Madres con hijos violentos: Lazos que duelen



Lazos que duelen: madres con hijos violentos


 

Las relaciones tóxicas lastiman, duelen y separan. Pero, ¿qué sucede si esos vínculos violentos son los que unen a una madre con sus hijos? Desde hace más de diez años, el subprograma Lazos, dependiente de la Dirección General de la Mujer del Ministerio de Desarrollo Social porteño, se ocupa de escuchar y contener a mujeres que sufren violencia física o emocional por parte de sus hijos o hijas mayores de 14 años.
Sabrina Díaz Virzi
sdiazvirzi@agea.com.ar / @sabridiaz 
05.10.2011 | Violencia familiar
     Cualquier vínculo tóxico daña, aleja. Las relaciones violentas lastiman, separan, duelen. Muchas veces, es saludable apartar a esa persona que lesiona tanto la integridad física como mental de otra. Pero, ¿qué ocurre cuando ese lazo cruel es el que une a una madre con su hijo o hija? ¿Cómo reconstruir el vínculo más profundo de cualquier ser humano? Lazos es un subprograma dependiente de la Dirección General de la Mujer del Ministerio de Desarrollo Social porteño que se ocupa desde hace más de diez años de escuchar y contener a las mujeres que sufren violencia física o emocional por parte de sus hijos o hijas mayores de 14 años.

     El aumento de consultas de mamás que pedían ayuda para sus hijos o hijas violentos desencadenó la creación de un espacio que se ocupara especialmente de ellas, las que asumen la responsabilidad de educar y cuidar a sus hijos pero, a la vez, deben “defenderse” de ellos. El primer grupo de madres comenzó a funcionar en octubre de 1998 como una experiencia piloto dentro de otro programa. A partir de marzo de 2000, se independizó y tomó el nombre de Lazos. Actualmente, es uno de los cinco subprogramas del Programa de Atención Integral a las Víctimas de Violencia Doméstica y Sexual de la Dirección General de la Mujer, dependiente de la Subsecretaria de Promoción Social del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

     Se trata de un servicio de contención, orientación y asistencia psicológica que busca ayudar a las madres a romper los círculos viciosos de violencia en el hogar y a recuperar el vínculo con sus hijos, a través de los cambios que ellas mismas puedan realizar. La coordinadora del este subprograma, la licenciada Teresita Batiz, explica que, “al contrario de lo que pasa con los maridos, que los tenemos que ‘sacar’ del hogar, la mamá tiene que modificarse ella para ver si puede modificar a su hijo”.

Alguien en el mundo me escucha a mí

    Griselda (*), una de las asistentes, tiene 67 años y dos hijos varones que promedian los 40 años, uno de ellos vive con ella. Desde hace cuatro años, asiste a las reuniones del subprograma Lazos, donde ya atendieron a 1.194 mujeres. “La primera vez me contacté porque hubo varios episodios de violencia verbal y me atacó personalmente, me agarró del cuello”, relata la mujer, dedicada a la actividad editorial. “Cuando llegué a Lazos para mí fue toda una novedad. Es un espacio de contención que te ayuda a seguir adelante. Y empecé a mirar todo desde otro lugar: me protegí, recurrí a la parte legal, le puse una demanda… Él sabe que está, que no me puede volver a atacar. Al menos, no físicamente”, dice.

    Las mamás que consultan son, en general, mujeres de clase media que criaron a sus hijos/as solas (separadas, viudas o madres solteras), sin un hombre u otros familiares que hayan acompañado la crianza. Tal como explicitan las profesionales del subprograma, esto se da porque, entre las familias de niveles socioeconómicos más bajos “hay más urgencias económicas y habitacionales. En la villa, la violencia muchas veces se da porque hay cinco durmiendo en una cama”. Por otro lado, entre las pocas que están casadas, “el hombre no se hace cargo. La mujer es la que busca, la que viene”, dicen.

     La edad de los hijos oscila entre los 14 y los 40 años y, en general, sus dificultades tienen que ver con adicciones, perturbaciones psiquiátricas que aparecen en la adolescencia o en la edad adulta o antecedentes de padres violentos. Si los chicos o chicas, además de ser violentos, son psicóticos o adictos graves, no se atiende a las mamás en Lazos y se las deriva a otros servicios.

    Después de una entrevista individual, las mujeres comienzan a asistir semanalmente a los grupos –de no más de diez beneficiarias- coordinados por psicólogas y especialistas en violencia familiar. Se les pide que no falten y que sean conscientes que participan de un equipo. “Hay muchas mamás que están saliendo del problema, pero tienen que seguir concurriendo porque le dan recursos sanos a las que entran, que vienen muy desesperanzadas. Entonces, se trabaja con un grupo heterogéneo en ese plano y homogéneo en la temática”, explica Batiz.

    Cristina Díaz, profesional que también coordina los grupos, explica las problemáticas que deben afrontar con familias de otras culturas, como de Bolivia o Perú: “tenemos muchas dificultades para que ellas logren modificar sus criterios de familia, de autoridad, de educación de los hijos. Los chicos que son trasladados a esta cultura adoptan otra forma de conducta con sus pares y, como las madres no pueden adaptarse a ese cambio, surge mucha violencia: ellas quieren mantener las pautas de conducta más tradicionales (hay muchos problemas de violencia de las madres hacia los chicos) y los chicos responden con violencia”.

    Si bien los talleres se centran en la violencia intrafamiliar, en su transcurso surgen otros temas. “No se habla sólo de la violencia. La mayoría somos mujeres solas y la sociedad actual no contiene a los chicos. Siempre está el fantasma de la droga, del alcohol. No hay una sola problemática, se trata de un contexto familiar y social complejo”, explica esta mamá de 67 años. La coordinadora, por su parte, afirma que “todos los integrantes de la familia tienen que ver con lo que le pasa al chico. Hay toda una situación cultural y social que tenemos en cuenta: miramos al chico incluido en una familia y a la familia, en un contexto”. Y explica, además, que trabajan con una idea de integridad: “ella no es sólo mamá, también es mujer, amiga, cuñada… Desde la admisión, analizamos mucho la historia familiar, sus padres. Siempre se van con algo, no sólo con el ABC (por ejemplo: si tu hijo te pega, no te tenés que encerrar en el cuarto, tenés que salir de tu casa, etc.) Se lo decimos, pero es el cliché que tenemos. Trabajamos desde la causa de la violencia, no desde el síntoma”.

La importancia de divisar una salida

    “Las mamás que consultan vienen cuando ya no dan más. Pasaron por otros lugares, pero están muy preocupadas porque la violencia es extrema y corren riesgo de vida ellas y los chicos”, explica Cristina Díaz. “En el número de la Policía, me pasaron el 137 y pedí una entrevista porque yo me violentaba con mi hija por su conducta. Vivo en un edificio muy paquete, no es común escuchar gritos y una vez los vecinos llamaron porque me escuchaban muy nerviosa”, dice María (*), quien asiste a los talleres desde hace más de un año. María vive cerca del Parque Centenario, tiene 57 años y una hija de 18. “Lazos es una terapia. Primero te calman y, con el tiempo, te dicen si tenés que ir a un juzgado o a un psiquiatra. Y a veces también llaman a la persona que está violenta con vos”, comenta.

      Algunas de las asistentes llegan a través de recomendaciones de ex pacientes. Sin embargo, la mayoría de las mujeres consultantes llegan a Lazos a través de derivaciones, principalmente, de la Central de Llamadas de la Dirección General de la Mujer (0800-666-8537) o de dependencias del Poder Judicial de la Nación, en especial, de la Oficina de Violencia Familiar de la Corte Suprema de Justicia. “Uno llega –al programa- con muchos lazos anudados y cree que no tiene más remedio, que no hay salida. Y allí es como que hiciéramos el ejercicio de tomar lazo por lazo y desarmarlo y pensar cómo hacemos otro tipo de lazo. Son lazos novedosos, que no estaban en nuestra cabeza”, desarrolla Griselda.

     Las actividades de este programa tienen lugar en el Polo de Atención del Ministerio de Desarrollo Social (Piedras 1281, 1º piso, oficina 108, 4307-3187, abierto de 9:30 a 16:30 horas) y se replica en los CIM María Gallego (F. Beiró 5229, 4568-1245, de 8 a 17 horas) y Margarita Malharro (24 de noviembre 113, 4931-6296, funciona las 24 horas).

     Las profesionales destacan los resultados del subprograma y dicen que siempre las beneficiarias se llevan algo. En este sentido, Griselda comenta que “el programa ayuda a ver nuestros propios estereotipos sobre nuestros hijos: queremos que vayan a Harvard, que sean grandes ejecutivos, que tengan una linda familia, etc. Pero son hijos y no podemos cargarlos con nuestras propias estructuras. Así, desde otro lugar, podemos empezar a amar a nuestros hijos otra vez”. Porque Lazos se trata de eso, de reajustar los canales del amor.
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(*) Los nombres de las asistentes fueron modificados para respetar su privacidad.

Lazos: 

Servicio: Brinda un espacio APRA que las madres revean sus vínculos con sus hijos.

Programa de Atención Integral de las Victimas Sexuales y de Violencia Domestica.
Dirección: Piedras 1281, Barrio San Telmo, CABA (Argentina)
Teléfono: 4307-6715
Atención: Lunes a viernes de 8 a 15 hs.
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Fuente:  http://www.entremujeres.com/genero/Lazos-reconstruir-vinculo-amoroso-madre_0_532746814.html