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sábado, 23 de julio de 2016

Descubren un mecanismo que permite a las neuronas formar nuevas extensiones nerviosas

Descubren un mecanismo que permite a las neuronas formar nuevas extensiones nerviosas

Un complejo molecular genera nuevos microtúbulos dentro de los axones. El hallazgo puede tener implicaciones para la medicina regenerativa o el alzhéimer.

Nature Communications
 22/07/2016


Imagen de microscopía de una neurona de ratón en cultivo con la red de microtúbulos (verde y rojo). El axón, en verde más intenso, es la extensión nerviosa que tiene más cantidad de microtúbulos modificados.
[Carlos Sánchez-Huertas / IRB Barcelona]

El cerebro adulto genera neuronas todos los días. A finales del siglo XIX se pensaba que las vías nerviosas eran algo fijo, acabado, inmutable. Pero hoy, esta idea ha quedado desfasada. Durante los últimos treinta años varios trabajos han confirmado que el cerebro de los mamíferos adultos genera neuronas de manera continua. Y esta regeneración ocurre, como mínimo, en dos áreas cerebrales: el bulbo olfativo y el hipocampo (sede de la memoria).

Ahora, científicos del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) han descrito un nuevo mecanismo molecular determinante en la formación y mantenimiento de los axones neuronales. Los resultados del estudio, liderado por Jens Lüders, se han publicado este mes en la revista Nature Communications.

Los axones son prolongaciones de las neuronas que conducen el impulso nervioso desde el soma celular hacia otra célula, y en los humanos pueden alcanzar hasta un metro de longitud. Las neuronas están constantemente enviando señales y sustancias a través de los axones. Estos, a su vez, están formados por una red de finos filamentos (microtúbulos) que empujan el crecimiento del axón y sirven de vías de transporte.

Al estudiar neuronas del hipocampo en ratones, los investigadores han hallado que las neuronas que han perdido la capacidad de dividirse reutilizan un complejo molecular para generar nuevos microtúbulos dentro de los axones. Hasta el momento este proceso se había observado exclusivamente en la división celular. En las células nerviosas, el tándem formado por los complejos de Augmina y gamma Tubulina (gTuRC) sería el responsable de promover la formación de nuevos microtúbulos sobre otros ya existentes. Podríamos decir que el nuevo microtúbulo hereda la misma orientación que el antiguo y favorece la formación de haces de microtúbulos con una polaridad uniforme, característica de los axones.

El avance contribuye a entender mejor cómo se forman los microtúbulos y cómo se organizan en una red compleja y ordenada en las neuronas. Desde un punto de vista práctico, puede ofrecer pistas sobre la regeneración de los axones, un aspecto de gran interés para la medicina regenerativa y enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

«Las neuronas son células que dependen especialmente de los microtúbulos tanto para el transporte interno de componentes como para la comunicación entre ellas, pero curiosamente no entendíamos cómo los forman y los organizan», describe Jens Lüders.

Según Carlos Sánchez-Huertas, primer autor del artículo, «este es un complejo determinante en la formación y mantenimiento del axón neuronal, una de las estructuras celulares más enigmáticas. Creo que se seguirán descubriendo ejemplos de proteínas de la división celular, como cinasas y motores moleculares, que son reutilizadas por las células postmitóticas para otras tareas moleculares».

Más información en:
 ▶  IRB Barcelona

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Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/noticias/descubren-un-mecanismo-que-permite-a-las-neuronas-formar-nuevas-extensiones-nerviosas-14428


viernes, 22 de julio de 2016

El increíble hallazgo de 97 zonas que no se conocían del cerebro

El increíble hallazgo de 97 zonas que no se conocían del cerebro

Redacción
BBC Mundo
21 julio 2016

Estas son las áreas que responden a una tarea relacionada con el lenguaje. 
Crédito: M GLASSER, D VAN ESSEN/ WASHINGTON UNIVERSITY


Tras sentirse frustrado por tener que acudir a gráficos del cerebro creados el siglo pasado, un equipo de investigadores decidió mapear el cerebro humano.

Y el trabajo bien valió la pena, pues de 180 regiones que identificaron en cada hemisferio del cerebro, los expertos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, descubrieron 97 áreas nuevas en la corteza cerebral.

Se trata, según expertos, del resultado más significativo que se haya conseguido hasta la fecha para detallar el "cableado" del cerebro humano y cómo afecta al comportamiento.

El trabajo es considerado como el "atlas moderno" para los neurocientíficos o -más acorde con nuestro tiempo- la versión 1.0 de nuestro cerebro.

La corteza es la capa exterior del cerebro y tiene que ver con el conocimiento avanzado, la percepción y el movimiento, por lo que el estudio de estas nuevas zonas permitirá que entendamos mejor cómo funciona el supercomputador que tenemos en la cabeza.

"El cerebro no es como un computador que puede aceptar cualquier sistema operativo y ejecutar cualquier programa", explicó el neurocientífico David Van Esses, investigador principal.

"En cambio, la forma como funciona el cerebro está íntimamente correlacionado con su estructura, con su hardware, por decirlo de alguna forma".

Esto significa que si quieres saber qué es lo que el cerebro puede hacer, hay que entender cómo está organizado y "cableado".

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Para ello, los expertos tomaron los datos de 210 personas del proyecto Human Connectome, una investigación a largo plazo que cuenta con los escáneres cerebrales de 1.200 adultos jóvenes.


Para crear este mapa se tomaron en cuenta tanto la actividad del cerebro como sus propiedades físicas. Crédito: M GLASSER, D VAN ESSEN/ WASHINGTON UNIVERSITY


Los cerebros de los participantes fueron escaneados tanto en reposo como ejecutando distintas tareas: escuchando alguna historia o realizando juegos de memoria.

Así se pudo observar cómo responden las diferentes regiones del cerebro a las distintas actividades.

Tomaron en cuenta propiedades físicas, como la cantidad de mielina -la sustancia que envuelve las células nerviosas- o las variaciones en el plegado y espesor de la corteza.

Y se examinó la actividad cerebral cuando el participante ejecutaba cada tarea y en qué medida lo que pasaba en un área se correlacionaba y coordinaba con otras.

Para asegurarse que los resultados eran correctos, compararon los datos con otro grupo de 210 adultos sanos.

"Terminamos con 180 áreas en cada hemisferio, pero no creemos que esta vaya a ser la cifra definitiva", le dijo al sitio de la universidad Matthew Glasser, también autor del estudio.

"En algunos casos identificamos áreas de la corteza que probablemente tienen subdivisiones, pero no nos atrevimos a trazar una línea con los datos y técnica que tenemos ahora".

Para Glasser, en el futuro otros investigadores contarán con mejores métodos para subdividir el área.

"Debes pensar en este mapa como en la versión 1.0", le dijo al diario The New York Times. "Habrá una versión 2.0 en la medida que haya más datos y más ojos que analicen esos datos".

La 55b y la misteriosa POS2
Por lo pronto sabemos que algunas de esas zonas nuevas, como la 55b, se ilumina cuando la persona escucha una historia.


El motor de la corteza (arriba y en el centro) con sus conexiones de más largo alcance, contienen mielina. Crédito: M GLASSER, D VAN ESSEN/ WASHINGTON UNIVERSITY

Otras regiones tienen un mapa del campo de visión de la persona o son responsables de controlar el movimiento.

Y es posible que algunas regiones, en vez de ser responsables de una tarea específica, estén a cargo de coordinar la información que reciben de distintas señales.

"Otra zona interesante es la POS2", le dijo Glasser al sitio Gizmodo. "Todavía no sabemos lo que hace, pero tomando en cuenta su patrón único, es posible que se trate de algo muy especializado".

Fue el alemán Korbinian Brodmann quien primero hizo un mapa de la corteza cerebral a principios del siglo XX.

Brodmann identificó 50 regiones, alguna de las cuales involucradas con el lenguaje, la visión y el procesamiento sensorial. Su trabajo todavía se toma como referencia.

"Mi trabajo anterior sobre conectividad del lenguaje requirió tomar un mapa de 100 años y tratar de adivinar dónde estaban las áreas de Brodmann en relación con las vías (que queríamos determinar) debajo de ellas", señaló Glasser.

"Pronto fue bastante obvio de que necesitábamos una mejor forma de mapear las áreas en los cerebros vivientes que estábamos estudiando".

¿Nuevo, nuevo?
El profesor Simon Eickhoff, que estudia la organización del cerebro en la Universidad de Disseldorf, Alemania, y quien no estuvo involucrado en el estudio, le dijo a la BBC que este nuevo mapa era "un gran paso hacia adelante" construido con una impresionante variedad de datos.


La corteza cerebral es el tejido nervioso que cubre la parte de arriba de los hemisferios del cerebro. 
Crédito: THINKSTOCK

"Es muy útil. Mejora las descripciones que estaban disponibles hasta ahora", señaló Eickhoff.

Pero pidió cautela al calificar las 97 regiones recién delineadas como "áreas nuevas".
"Si te fijas en los mapas clásicos, incluso los del siglo XIX, en el que habían mapas de todo el cerebro, verás que hay una etiqueta para cada punto de la corteza. Ya se ha observado cualquier parte del cerebro".

"Este trabajo define algo claro donde el conocimiento había estado impreciso y quizás contradictorio. Pero 'nuevo' es tu término delicado".

Sin embargo, el neurocientífico computacional de la Universidad de Oxford Tim Behrens considera que este mapa actualizado puede cambiar la forma en que pensamos sobre el cerebro.

"Conceptualmente cambia las cosas. Las áreas del cerebro no están divididas con, vamos a decir, 50 piezas que debemos descifrar lo que hacen".


"En la medida que obtenemos más y mejores datos, lo puedes subdividir más y más; y debemos pensar en el cerebro de una forma más granular".

miércoles, 6 de julio de 2016

Las bacterias intestinales manipulan el cerebro humano

Las bacterias intestinales manipulan el cerebro humano



Se ha descubierto que unas bacterias existentes en los intestinos de los seres humanos necesitan alimentarse de sustancias químicas segregadas por el cerebro; para sobrevivir, estas bacterias dependen de un producto químico segregado por el cerebro, así lo informan en la revista “New Scientist”.  

En efecto, estas bacterias consumen GABA (1) , una molécula crucial para calmar el cerebro, y el hecho de que se alimenten de ella podría ayudar a explicar por qué el microbioma intestinal parece afectar el estado de ánimo, lo sugieren Philip Strandwitz y sus colegas de la Universidad Northeastern, Boston (EE.UU).

Este tipo de bacterias intestinales recién descubierto, conocido como KLE1738, solo crece y se reproduce si alimenta a sus moléculas con GABA, el ácido γ-aminobutírico que es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central de los mamíferos y que desempeña el papel principal en la reducción de la excitabilidad neuronal del sistema nervioso de los seres humanos y de otros mamíferos. En humanos, el GABA es directamente responsable de la regulación del tono muscular.

En otras palabras, el GABA inhibe las señales de las células nerviosas, lo que elimina la excitación y tiene un efecto calmante. Los bajos niveles de GABA en el cuerpo se asocian con trastornos de depresión y del estado de ánimo.
Por lo tanto, esta es la primera prueba de que la flora intestinal puede afectar el cerebro y el estado de ánimo de la persona.
Ahora el equipo de Strandwitz trabaja para detectar otros microbios intestinales también consumidores (o quizá productores) de GABA, para utilizar estos conocimientos en el desarrollo de nuevos antidepresivos.
Cabría entonces plantearnos las siguientes interrogantes: ¿La conducta y el comportamiento dependen de una bacteria? ¿Dónde queda el libre albedrío?

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Nota:

1) El ácido γ-aminobutírico (GABA) es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central (SNC) de mamíferos. Desempeña el papel principal en la reducción de excitabilidad neuronal a lo largo del sistema nervioso. En humanos, GABA es directamente responsable de la regulación del tono muscular.3

A pesar de que, en términos químicos, es un aminoácido, en las comunidades científica y médica rara vez se refieren a GABA como tal debido a que el término "aminoácido" por convención se refiere a los α aminoácidos y GABA no lo es. Además no se considera como parte de alguna proteína.

En la displejía espástica en humanos, la absorción de GABA se ve afectada de forma negativa por los nervios dañados por la lesión en las neuronas superiores motoras propias de la condición lo cual lleva a desarrollar hipertonía muscular señalizada por aquellos nervios que son incapaces de absorber GABA.


En vertebrados, GABA actúa en las sinapsis inhibidoras en el cerebro uniéndose a receptores transmembranales específicos en la membrana plasmática tanto de los procesos presinápticos como postsinápticos. Esta unión provoca la apertura de canales iónicos que permiten el flujo tanto de iones cloruro hacia dentro como el flujo de cationes de potasio hacia fuera. Esto resulta en un cambio negativo en el potencial transmembranal, generalmente provocando una hiperpolarización. Se conocen dos clases principales de receptores GABA: GABAA  en el que el receptor forma parte de un complejo de canal iónico regulado por ligando, y el receptor metabotrópico GABAB los cuales son receptores acoplados a proteínas G que abren o cierran los canales iónicos por medio de proteínas G intermediarias. 

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Enlaces relacionados:



miércoles, 29 de junio de 2016

Bases neurológicas de la violencia

Descubiertas las bases neurológicas de la agresión humana

Las personas violentas presentan anomalías en regiones concretas del cerebro

Dos estudios llevados a cabo con individuos violentos han podido demostrar que sus cerebros presentan anomalías en regiones muy concretas. Adolescentes considerados violentos reaccionan con miedo y pierden capacidad de razonamiento cuando se les muestran imágenes de rostros amenazantes. En otro estudio se comprobó que la corteza prefrontal es más pequeña en asesinos y personas de comportamiento antisocial. Estos estudios centraron el debate de la reciente conferencia anual de la Society for Neuroscience norteamericana, donde también se puso de manifiesto que la estructura cerebral, que depende mayormente de la genética, no siempre es determinante para que un individuo sea violento, ya que el entorno puede asimismo modificar su estructura. 

Por Olga Castro-Perea.
Viernes, 16 de Noviembre 2007




Las actitudes violentas y la agresividad tienen un origen neuronal detectado por recientes investigaciones en el campo de la neurología. Déficits muy concretos en la estructura del cerebro parecen subyacer bajo las tendencias violentas y demasiado impulsivas, y su conocimiento podría servir para desarrollar tratamientos preventivos, así como para diagnosticar posibles futuros comportamientos violentos en niños y adolescentes, según un comunicado de la Society for Neuroscience norteamericana.

Aunque estos descubrimientos podrían tener un doble filo a nivel ético (el riesgo de estigmatizar a individuos analizados antes de que puedan hacer algo “malo” o de reducir la responsabilidad moral de asesinos o agresores por su condicionamiento neurológico), los neurólogos enfatizan que los análisis cerebrales sólo pueden predecir riesgos y que, en última instancia, como señala el neurólogo Craig Ferris, de la Northeastern University de Boston (Estados Unidos): “no somos esclavos de nuestra biología”.

Actividad extra en la amígdala

Recientemente, en el marco del trigésimo séptimo encuentro anual de la Society for Neuroscience en la ciudad de San Diego, se presentó un estudio liderado por Guido Frank, científico y físico de la Universidad de California, que con imágenes de resonancia magnética del cerebro ha analizado la actividad neuronal de un pequeño grupo de adolescentes valorados como “reactivamente agresivos”, considerando la violencia reactiva como una explosión que surge cuando una persona experimenta una tensión, amenaza o dificultad que es incapaz de afrontar de otra forma. Las reacciones de estos individuos son desproporcionadas y, en estos casos, las personas son incapaces de controlarse a sí mismas.

Cuando se le mostró al grupo analizado imágenes de rostros amenazantes, los cerebros de los chicos agresivos, comparados con gente capaz de controlarse, mostraron una mayor actividad en la amígdala, una parte del cerebro que se relaciona con el miedo; y una menor actividad en el lóbulo frontal, región cerebral vinculada a la capacidad de razonamiento y de toma de decisiones, así como al auto-control. La actividad en la amígdala reflejaría que los participantes más agresivos sentían más miedo cuando veían las caras amenazantes y, al mismo tiempo, eran menos capaces que el resto de controlar sus propios actos.

Otro estudio, de Adrian Raine, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania que estudia las bases neurológicas de la violencia, fue llevado a cabo con 792 asesinos e individuos con un comportamiento antisocial y con 704 personas de comportamiento normalizado.

Deterioro de la estructura cerebral

Raine y sus colegas descubrieron que en los primeros la corteza prefrontal del cerebro era de menor tamaño en comparación con la corteza prefrontal de los individuos capaces de controlarse. Un meta análisis, presentado en el mismo encuentro anual antes mencionado, de 47 estudios con imágenes cerebrales de adultos, confirmó el descubrimiento de Raine: las personas con un comportamiento antisocial, particularmente aquéllas con un historial de violencia, presentaban deterioros tanto estructurales como funcionales en dicha región cerebral. En este grupo, la corteza prefrontal era más pequeña y menos activa.

Además, estos mismos individuos tendían a presentar daños en otras estructuras cerebrales vinculadas a la capacidad de hacer juicios morales, mayormente en la corteza prefrontal dorsal y ventral, en la amígdala y en el gyrus angular (relacionado con el lenguaje y la cognición).

Los científicos señalan que aún se desconoce cómo se producen estas anomalías cerebrales. La genética condiciona en gran medida la estructura cerebral, pero también pueden contribuir a su desarrollo los abusos que sufra un individuo durante la infancia y la adolescencia.

El cerebro no es determinante

De hecho, investigaciones realizadas con animales y humanos han sugerido que las influencias del entorno tienen un fuerte impacto en el cerebro, tanto para bien como para mal, porque se ha demostrado que en individuos con predisposición genética a la violencia, el afecto y el cuidado maternos o de cualquier índole en la infancia reducen el riesgo a que se conviertan en adultos agresivos.

Guido Frank asegura que, por tanto, la biología y el comportamiento pueden cambiarse y que la imaginería del cerebro debe combinarse con la terapia y el control individualizado para conocer y modificar los progresos de cada individuo. En el comunicado de la Society for Neuroscience, Craig Ferris declaró por otro lado que la comprensión de la confluencia de elementos, tanto ambientales como biológicos, que producen actos violentos, han sido considerados por educadores, profesionales de la salud y científicos durante décadas.

Además, afirmó que “las tecnologías de imágenes cerebrales y los modelos animales están ayudando a los neurocientíficos a identificar los cambios en la neurobiología cerebral asociados a los comportamientos agresivos. Esta información debería ayudarnos a desarrollar nuevas estrategias de intervención psicosocial y psicoterapéutica”.

Antecedentes 

La agresividad y las conductas violentas han sido objeto de numerosas investigaciones en el pasado. Por lo general el estudio se aborda desde una perspectiva multidisciplinar que implica a psicólogos, etólogos y neurobiólogos, ya que se considera aceptado que cualquier conducta violenta es el resultado de diversos factores biológicos, psicológicos y socioculturales.

El factor biológico, que es el que ha enfatizado el encuentro anual de la Society for Neuroscience norteamericana, es el que más innovaciones ha aportado en los últimos años debido a los progresos en las tecnologías que permiten medir las reacciones cerebrales ante determinados estímulos, así como compararlas entre diferentes sujetos analizados con imágenes de resonancia magnética.

Aunque la ciencia ya había identificado las regiones cerebrales implicadas en la agresividad humana, así como las reacciones bioquímicas que se producen en nuestro cerebro ante situaciones de miedo, peligro o violencia, lo que aportan las nuevas investigaciones reflejadas en el encuentro de San Diego son evidencias más precisas y completas y la conclusión cada día más evidente de que las reacciones violentas están asociadas a anomalías cerebrales cuyo origen todavía no está bien explicado.

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Fuente: http://www.tendencias21.net/Descubiertas-las-bases-neurologicas-de-la-agresion-humana_a1906.html

domingo, 12 de junio de 2016

Los científicos vinculan la pedofilia con un fallo cerebral

Los científicos vinculan la pedofilia con un fallo cerebral

    La investigación revela que los pederastas tienen menos «materia blanca», la sustancia que interconecta el cerebro.

 14 de febrero de 2011. 18:04h
M. Laguna .

MADRID- La pedofilia podría ser el resultado de una alteración en las conexiones del cerebro. Así lo sostiene un estudio del Centro de Adicción y Salud Mental en Toronto (Canadá) publicado en el último número de la revista «Journal of Psychiatry Research». Los investigadores emplearon imágenes de resonancia magnética y técnicas de análisis informático de última generación para comparar un grupo de pedófilos con otro de no pedófilos.

Los resultados del trabajo muestran que los pedófilos tienen menos cantidad de una sustancia denominada «materia blanca», que es la responsable de conectar entre sí las diferentes partes del cerebro.

La tesis que sostiene el estudio va en contra de la creencia generalizada de que la pedofilia se deriva de un trauma o abuso durante la infancia. A juicio de sus autores, el descubrimiento es la evidencia más fuerte hasta el momento de que la pedofilia sería en vez de ello el resultado de un problema en el desarrollo del cerebro.

Menos inteligentes
Investigaciones anteriores de este mismo grupo sugerían que la clave para comprender la pedofilia podría estar en cómo se desarrolla el cerebro. Los pedófilos tienen, en general, un menor cociente intelectual, son tres veces más propensos a ser zurdos e incluso tienden a ser más bajos físicamente que los no pedófilos.

Otro estudio, de un grupo de científicos alemanes, también relacionó la pederastia con una alteración cerebral, en concreto, en las áreas del cerebro que regulan el deseo sexual. Sin embargo, la literatura científica no aclara por qué se producen estas alteraciones neuronales.

Pero la vinculación con causas cerebrales no exculpa a quienes abusan de los niños. Según el doctor James Cantor, director del estudio, «no existe nada en esta investigación que diga que los pederastas no deberían ser considerados como criminales responsables de sus actos, al no ser capaz de elegir los intereses sexuales personales no significa que no se pueda elegir qué hacer». El estudio, en el que participaron 127 hombres en dos grupos de tamaño similar con pedófilos y no pedófilos, sugiere que se debería prestar una mayor atención a cómo gobierna el cerebro los intereses sexuales. Tal información podría servir para producir métodos para evitar el desarrollo de la pedofilia.

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Fuente: http://www.larazon.es/historico/los-cientificos-vinculan-la-pedofilia-con-un-fallo-cerebral-3-HJLA_RAZON_37566#.Ttt1lCwiCDmgL05

Etiología de la pedofilia desde el neurodesarrollo: marcadores y alteraciones cerebrales

Etiología de la pedofilia desde el neurodesarrollo: marcadores y alteraciones cerebrales

Etiology of pedophilia from a neurodevelopmental perspective: markers and brain alterations

Juan Antonio Becerra García a

a Departamento de Psicología, Universidad de Jaén, Jaén, España


RESUMEN

Desarrollo: Diferentes señales se han asociado a una amplia serie de trastornos del neurodesarrollo, señales indicadoras de problemas en el desarrollo neural que se observan también en pedófilos. Actualmente, siguiendo esta línea de investigación, diferentes estudios de neuroimagen han hallado alteraciones neurales en este trastorno. Conclusiones: La pedofilia se ha relacionado con diferentes indicadores de alteraciones del neurodesarrollo, como un bajo cociente intelectual, una mayor preferencia manual izquierda y menor talla física, entre otros. Además, los pedófilos muestran diferentes alteraciones neurales y presentan un patrón de activación cerebral predominantemente subcortical ante estímulos sexuales. Los resultados de estos estudios parecen mostrar que el origen de la pedofilia se puede encontrar, en parte, en alteraciones cerebrales debidas a problemas durante el neurodesarrollo, aunque estas alteraciones no libran a estas personas de ser responsables de sus actos.


Abstract

Development: Distinct signs have been associated with a wide range of neurodevelopmental disorders and warning signs of neural developmental problems have also been observed in pedophiles. Continuing this line of research, several neuroimaging studies have found neural alterations in this disorder. Conclusions: Pedophilia has been related to distinct indicators of neurodevelopmental alterations such as low intelligence quotient, left-handedness and smaller stature, among others. In addition, pedophiles show several neural alterations and a predominantly subcortical pattern of cerebral activation to sexual stimuli. The results of these studies suggest that the origin of pedophilia may partly lie in brain alterations due to problems during neural development, although these alterations do not absolve these persons of responsibility for their actions.


Palabras Clave

Neuropsiquiatría; Pedofilia; Etiología; Neurodesarrollo; Neuroimagen

Keywords

Neuropsychiatry; Pedophilia; Etiology; Neurodevelopment; Neuroimaging



Artículo

Introducción

Las noticias relacionadas con el abuso sexual a menores son cada vez más frecuentes y generan una gran alarma social. La pederastia (abuso sexual cometido con niños) y la pedofilia o paidofilia (atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes) son términos que están relacionados. Aunque su significado es distinto, clínicamente sólo se utiliza el término pedofilia 1. Los criterios diagnósticos para la pedofilia, según el DSM-IV-TR, se encuentran recogidos en la tabla 1.



En cuanto a la elección de niños como objeto sexual, se ha hecho una distinción entre pedófilos y hebéfilos, en función de la edad de los niños. Así el término pedófilo haría referencia a adultos que escogen como objeto sexual a niños/as de 12 años o menos y el de hebéfilo se utilizaría para designar a adultos que van a escoger como objeto sexual a adolescentes de más de 12 años 2. En relación con la gama de actos sexuales que estas personas pueden cometer con los niños, se encuentran actividades que van desde el exhibicionismo o el voyeurismo a otras como caricias, frotar sus genitales contra el niño, masturbación en presencia de éstos, sexo oral y penetración anal o vaginal 3. Debido al gran interés social que suscita este tema, se han realizado trabajos que han intentado hacer una aproximación a las condiciones, situaciones, factores, etc., que llevan a la persona a desarrollar una atracción sexual hacia los niños.

En el estudio de la causas de la pedofilia, los factores medioambientales pueden predisponer a las personas a convertirse en pedófilos, ya que éstos a menudo informan de que el estrés medioambiental es un factor que incrementa sus impulsos y la urgencia de atacar a niños 1. La principal hipótesis etiológica, y uno de los ejemplos más obvios de que los factores medioambientales aumentan el riesgo de que una persona se convierta en pedófilo o abusador infantil, es que ésta haya sido objeto de abusos sexuales cuando era un niño; esta relación se conoce como "ciclo víctima-abusador" o "fenómeno del abusador abusado" 4,5. La ocurrencia de este fenómeno varía ampliamente en función del criterio de selección del estudio y la población estudiada, pero se ha informado de que los pedófilos sufrieron abusos cuando eran niños en una proporción que va del 28 al 93%, frente a un 15%, aproximadamente, en sujetos controles, y muestran preferencia por niños de edad similar a la que el pedófilo tenía cuando sufrió el abuso 2,6.

El desarrollo del sistema nervioso central es un proceso crucial para el desarrollo de la conducta sexual. Este proceso está determinado genéticamente y modulado por factores neuroquímicos, nutricionales y ambientales 7. La alteración de este proceso da lugar a los denominados trastornos del neurodesarrollo, que pueden definirse como lesiones cerebrales que se expresan como trastornos neuropsiquiátricos, cuyo origen estaría relacionado con los períodos de desarrollo intrauterino y sensitivo tras el parto 8. Hay diferentes señales o marcadores de desarrollo anómalo que se asocian a una amplia gama de trastornos del neurodesarrollo, algunas de las principales son: a) un bajo cociente intelectual (CI), ya que se ha observado un deterioro intelectual significativo en el daño neurológico adquirido durante la niñez temprana en personas expuestas a sustancias teratogénicas y en trastornos genéticos con marcados efectos neurobiológicos (síndrome X frágil, síndrome de Down, etc.)  9,10; b) la preferencia manual izquierda (o el uso sustancial de ambas manos para tareas comunes, en especial para escribir), que es significativamente más frecuente en poblaciones con cualquier trastorno neurológico, y en individuos expuestos a neurotóxicos en etapas prenatales o que han sufrido estrés en el nacimiento (peso extremadamente bajo al nacer, nacimiento de gemelos y partos prematuros) 9,10, y c) la estatura o talla, que se ve afectada por las condiciones adversas presentes durante el desarrollo prenatal (nutrición inadecuada, exposición a patógenos) y posnatal (condiciones económicas subóptimas)  11,12, lo que da lugar a un descenso en las proporciones promedio de crecimiento y al aumento del riesgo de varios problemas de salud durante la edad adulta 13-18.

Una línea de investigación, centrada en la comparación de las diferencias neuropsiquiátricas entre pedófilos y diferentes grupos (población general, población reclusa y otro tipo de delincuentes sexuales), apunta a la presencia de eventos adversos durante el neurodesarrollo como un posible factor etiológico de la pedofilia, con lo que, como consecuencia de estas alteraciones del neurodesarrollo, se pueden encontrar las señales anteriormente descritas y diferentes alteraciones neurales en esta patología. Teniendo en cuenta la relevancia del tema de la pedofilia y su etiología, el objetivo del presente trabajo es revisar: a) los estudios publicados sobre los anteriores indicadores de alteraciones del neurodesarrollo y la pedofilia, y b) los estudios actuales sobre las alteraciones neurales, estructurales y funcionales, de la pedofilia.

Marcadores de neurodesarrollo anómalo en pedofilia: cociente intelectual, preferencia manual y estatura

Una búsqueda bibliográfica en MEDLINE, con la combinación de palabras clave "pedophilia", "IQ" y "handedness", identificó 10 artículos. Para la inclusión se seleccionaron los artículos que hacían referencia a pacientes pedófilos, y se descartaron trabajos de caso único, estudios de personas normales con fantasías pedófilas y los referentes a técnicas de neuroimagen. Siguiendo estos criterios, se seleccionaron 5 artículos. Mediante la combinación de palabras clave "pedophilia" y "physical height", se identificó 3 artículos que fueron incluidos.

En relación con el CI, el grupo de Cantor 19 encuentra en uno de sus trabajos, realizado con un grupo heterogéneo de delincuentes sexuales, que un CI más bajo se relaciona con un mayor número de víctimas niños y con mayores respuestas peneanas a estímulos sexuales que representaban a menores. Además, a menor CI, menor es la edad del niño en el que se está interesado sexualmente. Un metaanálisis posterior sobre el CI en todo tipo de delincuentes sexuales, con una muestra total de 19.711 delincuentes, de los que 3.187 habían cometido delitos sexuales contra niños, apoyan los resultados anteriores 20.

La relación entre la preferencia manual y la pedofilia también se ha examinado en diferentes estudios publicados, en el primero de ellos se encuentra una proporción más alta de preferencia manual izquierda en delincuentes sexuales que atacaban a niños menores de 12 años, al compararlos con un grupo control 21. Un estudio más completo para evaluar la preferencia manual en pedofilia y hebefilia muestra una correlación negativa de la preferencia manual derecha con las respuestas peneanas mostradas ante estímulos que representaban a niños prepúberes, y positiva con estímulos que representaban a adultos 22. Trabajos posteriores confirman estos resultados tras incluir covariables como edad y CI 19, aunque ambos trabajos difieren en el número de víctimas. Para explorar esta diferencia, el último estudio combinó la muestra de sus pacientes 22 con los del estudio previo 19. Se encontró que los varones que tenían como grupo de interés sexual a niños prepúberes utilizaban la mano izquierda en una proporción 2 veces mayor que los que preferían sexualmente a las personas adultas.

Para estudiar si la asociación observada entre la pedofilia, un bajo CI y la preferencia manual podría ser un artefacto debido a la heterogeneidad de la procedencia de las muestras usadas, un trabajo actual forma grupos homogéneos de pedófilos según su situación legal (si estaban en evaluación por ser remitidos por sus abogados, en libertad provisional o en libertad vigilada). Se muestra que las relaciones entre la pedofilia, un CI más bajo, menor educación y aumento de la proporción de preferencia manual izquierda, en los diferentes grupos, eran iguales que cuando los participantes estaban todos incluidos en un grupo heterogéneo con distintas fuentes de procedencia. Lo que apoya una relación entre la pedofilia y el funcionamiento cognitivo genuina y no como un artefacto 23.

En relación con la talla, diferentes estudios han comparado la estatura de varones pedófilos y no pedófilos. Los primeros estudios muestran una menor talla en los pedófilos que en sujetos sanos 24,25, aunque las diferencias no son estadísticamente significativas, debido posiblemente al insuficiente poder asociado a la muestra usada en ambos estudios. El problema en relación con el tamaño muestral es solucionado por un reciente estudio, en éste se forman diferentes grupos según la edad de las víctimas (delincuentes pedófilos y hebéfilos y delincuentes sexuales contra adultos), más un grupo de controles no delincuentes. Obtienen que los delincuentes sexuales pedófilos-hebéfilos son significativamente más bajos que los sujetos controles, la talla de los delincuentes sexuales que actúan contra adultos se encontraba en un valor intermedio entre los grupos anteriores 26. Se evidencia que, al aumentar el tamaño muestral, las diferencias de estatura se hacen significativas.

Además de las señales descritas en los estudios anteriores, algunos trabajos encuentran una relación entre la pedofilia, el orden de nacimiento tardío 27, 28 y mayor edad de la madre 29; una proporción aumentada de pedofilia y niveles más bajos de educación e inteligencia en personas que han sufrido traumatismos con pérdida de conciencia antes de la edad de 6 años 30, y la presencia en esta parafilia de una alta comorbilidad con trastornos del control de impulsos (por ejemplo, trastorno de personalidad explosivo, cleptomanía, piromanía, juego patológico), de un 30-55% 31. Estos datos pueden interpretarse, en la línea de los estudios anteriores, como posibles factores indicadores de alteraciones del neurodesarrollo en pedofilia 30, 32, aunque han recibido menos atención empírica que los indicadores anteriormente comentados.

Alteraciones neurales en pedofilia: hallazgos recientes

Estudios neuropsicológicos previos han dividido las teorías neuroanatómicas predominantes sobre pedofilia en tres grandes categorías. Por un lado, las teorías frontales-disejecutivas asocian la pedofilia con una disfunción en la corteza prefrontal y con la desinhibición conductual 33,34. Por otro, las teorías temporolímbicas implican a ambas regiones en la desinhibición conductual 35 y a estructuras profundas del lóbulo temporal en la regulación de la conducta sexual 36-38. Por último, las teorías de la disfunción dual defienden que los pedófilos sufrirían de disfunción en ambas regiones, disfunción en las regiones temporales que causaría la perturbación de los impulsos sexuales y alteración en las regiones frontales que causaría la desinhibición     conductual 39. Estas teorías van a predecir que las alteraciones neurales, en la pedofilia, se encuentran en el volumen de la sustancia gris de las distintas estructuras que cada una defiende. Pero diferentes trabajos muestran un escaso apoyo a estas teorías 36, ya que encuentran resultados contradictorios si se explora únicamente la anatomía indicada por estas teorías y no se tiene en cuenta otras regiones 40-42. Además, otros trabajos indican que la evidencia pretendida por estas teorías puede ser un artefacto metodológico, asociado al mayor tamaño muestral (mayor poder estadístico) de los estudios que muestran diferencias frente a los que no las muestran 43.

Para conocer los hallazgos aportados por las modernas técnicas de neuroimagen, se realizó una búsqueda bibliográfica en MEDLINE, con la combinación de palabras clave "pedophilia" y "brain", limitada a artículos publicados en los últimos 5 años. Ésta identificó un total de 13 artículos. Se seleccionaron, para la inclusión, los artículos en que se estudiaba la estructura y la actividad funcional cerebral de la pedofilia, específicamente mediante técnicas de resonancia magnética (RM). Siguiendo estos criterios, se seleccionaron 6 artículos, en los que se evidencian diferentes líneas en el estudio de las alteraciones neurales de la pedofilia, que van desde el estudio de la morfología cerebral, basado tanto en las teorías neuroanatómicas anteriores como en el estudio del cerebro en su totalidad, al estudio del funcionamiento neural durante la excitación emocional y sexual.

El primer estudio de la pedofilia mediante RM emplea la morfometría basada en vóxels para estudiar diferencias de sustancia gris cortical en regiones de interés, y pone a prueba la teoría frontal-disejecutiva. Los resultados muestran que los pedófilos tenían un menor volumen de sustancia gris en los circuitos frontoestriatales y en el estriado ventral, que se extendía en el núcleo accumbens y en la corteza orbitofrontal 32. Por lo que, según estos hallazgos, los pedófilos sufren la misma dificultad para inhibir conductas repetitivas como las personas con trastorno obsesivo-compulsivo 32. En la misma línea, otro estudio, con técnicas similares, también busca diferencias en áreas específicas. En este caso, en áreas del sistema límbico, como la amígdala, y en la sustancia gris de estructuras relacionadas con el desarrollo del comportamiento sexual, como el hipotálamo. Se encontró en los pedófilos una disminución significativa del volumen amigdalar derecho y una reducción bilateral de la sustancia gris del hipotálamo, regiones septales, sustancia innominada y base del núcleo de la estría terminal 44. Estos deterioros estructurales, en regiones críticas para el desarrollo sexual, pueden estar implicados en la patogenia de la pedofilia 44.

Una desventaja de limitar el análisis a las regiones predichas por las teorías neuroanatómicas es que posibles diferencias en otras regiones se pasarían por alto, mientras que la desventaja de analizar el cerebro entero es la necesidad de muestras más numerosas para compensar el bajo poder del que dispone cada comparación 43. Además, otra posible desventaja que puede influir en los resultados es que, en los estudios anteriores, se compara a delincuentes pedófilos con personas no delincuentes, con lo que las alteraciones estructurales halladas pueden ser debidas a otros factores, como la delincuencia en general, el estrés crónico del encarcelamiento, etc., y no a la pedofilia en sí.

Una investigación reciente, que tiene en cuenta estos problemas, estudia las posibles alteraciones estructurales de la pedofilia mediante un análisis del cerebro en su totalidad. Además, compara a un grupo de pedófilos delincuentes sexuales con un grupo similar de delincuentes con historial de delitos no sexuales. Se encuentran asociaciones negativas entre la pedofilia y los volúmenes de la sustancia blanca bilateral de los lóbulos parietales y temporales. Las regiones con el volumen más bajo de sustancia blanca eran contiguas a dos grupos mayores de fibras, como el fascículo frontooccipital superior y el fascículo arcuato derecho. No se encontró ninguna diferencia en sustancia gris ni en volumen de líquido cefalorraquídeo 45. Así, vemos que, al aumentar la muestra, controlar posibles factores de confusión y hacer comparaciones del cerebro en su totalidad, no se encuentran diferencias en la sustancia gris de las regiones predichas por las teorías neuroanatómicas, sino que estas diferencias aparecen en la sustancia blanca, en fascículos que conectan regiones corticales que responden a señales sexuales.

Los resultados anteriores hacen pensar en cómo estas diferencias estructurales pueden afectar al funcionamiento cerebral ante señales sexuales, por lo que se realizan estudios de neuroimagen funcional. Así, se investigó la actividad neural, mediante RM funcional, durante la estimulación visual emocional y erótica, con imágenes del International Affective Picture System, en un grupo de pedófilos y un grupo control. Se encontró que los pedófilos respondían menos a la estimulación visual erótica en tres regiones: corteza prefrontal dorsolateral, hipotálamo y sustancia gris periacueductal. Mientras que en el procesamiento emocional no erótico, mostraban una menor respuesta funcional de estructuras como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal dorsomedial 46. La activación reducida de estas regiones en los pedófilos indica una alteración que puede contribuir a la modificación del interés sexual hacia los adultos.

Aunque, para determinar si las mismas estructuras responden de igual manera en los cerebros de pedófilos y no pedófilos, se necesitaría emplear diseños en los que cada tipo de sujeto sea expuesto al estímulo que le es sexualmente excitante, niños y adultos, respectivamente. Así, dos investigaciones posteriores del grupo de Boris Schiffer, con RM funcional, comparan los patrones de activación en pedófilos heterosexuales y homosexuales cuando se les presentan estímulos sexualmente interesantes para ellos.

En el primero de estos trabajos, se encontró que la respuesta cerebral de los pedófilos heterosexuales a estímulos visuales heteropedófilos es comparable con la respuesta cerebral de varones heterosexuales a estímulos heterosexuales. Esta respuesta comprende la activación de diferentes estructuras límbicas (amígdala, giro cingulado e hipocampo), sustancia negra, núcleo caudado, corteza del cíngulo anterior, diferentes núcleos talámicos y corteza asociativa. Sin embargo, en varones heterosexuales del grupo control, se encontró respuesta cerebral en la corteza orbitofrontal durante la estimulación sexual visual; esta respuesta frontal no se halló en los pedófilos, que además mostraron una actividad anormalmente reducida en la corteza prefrontal dorsolateral 47. En el segundo, estudian el patrón de activación cerebral en pedófilos homosexuales y controles homosexuales, durante estimulación sexual visual, usando para ello fotografías sexualmente estimulantes para ambos y emocionalmente neutras. En ambos grupos, las imágenes sexualmente excitantes activaban áreas cerebrales involucradas en el procesamiento visual de estímulos emocionales (cortezas occipitotemporal y prefrontal), pero durante la presentación de estas imágenes se encontró una activación significativa de áreas como el tálamo, el globo pálido y el estriado únicamente en el grupo de pedófilos 48.

Así, en cuanto al funcionamiento cerebral de sujetos controles y pedófilos, los resultados de estos últimos estudios parecen mostrar que, ante los estímulos sexualmente relevantes para cada grupo, el procesamiento central de éstos es comparable en ambos, mientras que el patrón de activación cerebral mostrado es diferente. Los hallazgos más destacados de los anteriores estudios se encuentran resumidos en la tabla 2




Conclusiones

Los estudios consultados muestran que la pedofilia se relaciona con diferentes indicadores de alteraciones del neurodesarrollo, como un bajo CI, mayor preferencia manual izquierda y menor talla física. Cuando se compara a pedófilos con diferentes grupos, éstos muestran sistemáticamente un menor CI, que es menor cuanto menor es la víctima, una mayor proporción de preferencia manual izquierda y una menor talla física o estatura. Además de otros factores, descritos en diferentes trabajos, que también parecen indicar la posible presencia de alteraciones en el neurodesarrollo en la pedofilia.

En cuanto a los hallazgos neurales, el estudio de morfometría con mayor potencia estadística encuentra en pedófilos un menor volumen en la sustancia blanca que conecta regiones corticales que responden a señales sexuales. La presencia de este tipo de alteración estructural apunta también en la dirección de problemas durante el desarrollo neural y son la evidencia más sólida a favor de dicha hipótesis. Los hallazgos funcionales, complemento de los estructurales, muestran en los pedófilos un procesamiento central de estímulos sexuales visuales similar al de los controles, pero con un patrón de activación cerebral diferente, consistente en una mayor activación de regiones subcorticales frente a una menor activación de regiones corticales prefrontales. Los trabajos de neuroimagen muestran la pedofilia como un trastorno caracterizado por una desconexión parcial dentro de una red de reconocimiento de estímulos sexuales relevantes y por una activación cerebral disfuncional ante estos estímulos.

Los indicadores anteriormente citados no causan la pedofilia, sino que predicen una correlación entre ambos, ya que las alteraciones del neurodesarrollo predisponen a desarrollar tanto la pedofilia como los indicadores (es decir, un bajo CI, preferencia manual izquierda, menor talla física, menor volumen de sustancia blanca, etc.). Hay que suponer que los problemas en el neurodesarrollo no sean las únicas causas de la pedofilia, sino que únicamente pueden contribuir al riesgo de desarrollar este trastorno. Así, se puede decir que no hay una explicación determinante sobre las razones que llevan a una persona a la pedofilia, pero los resultados de estos trabajos hacen pensar que el origen se pueda encontrar, en parte, en las disfunciones cerebrales debidas a eventos adversos durante el neurodesarrollo. Aunque estas alteraciones son problemas que no libran a estas personas de ser responsables de sus actos.

En relación con los diferentes estudios revisados, algunos no incluyen una comparación con un grupo control de sujetos sanos, por lo que las alteraciones podrían relacionarse con variables distintas de la preferencia por los menores. Sería conveniente incluir, en diferentes trabajos citados 19, 20, 22, 23,45, un grupo de sujetos sanos y barajar la posibilidad de que las alteraciones estuvieran relacionadas con la agresividad o con el tipo de delito sexual cometido (violación, tocamientos, etc.), independientemente de si se realiza con menores o adultos. Por otro lado, lo obtenido por los trabajos con mayor potencia estadística hacen pensar que investigaciones con mayor tamaño muestral serían eficaces para descubrir otras posibles diferencias. Según los hallazgos estructurales, las futuras investigaciones sobre neuropatología en pedofilia deberían centrarse en el estudio de la sustancia blanca, usando técnicas más específicas, como la toma de imágenes con tensor de difusión, que se ha empezado a aplicar al estudio de alteraciones neuropsiquiátricas.

Como conclusión, los resultados de este tipo de estudios abren la puerta a una nueva perspectiva sobre la pedofilia, y pueden proporcionar las bases para el desarrollo de herramientas de diagnóstico más sofisticadas y de nuevas aproximaciones terapéuticas al tratamiento de este trastorno.

Declaración de conflicto de intereses:
El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

Correo electrónico: jbecerra@ujaen.es" > jbecerra@ujaen.es

Recibido el 22 de junio de 2009; aceptado el 28 de octubre de 2009

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Publicado en: 
Revista de Psiquiatría y Salud mental
Vol. 02. Núm. 04. Octubre - Diciembre 2009
doi: 10.1016/S1888-9891(09)73237-9

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Fuente: http://www.elsevier.es/es-revista-revista-psiquiatria-salud-mental-286-articulo-etiologia-pedofilia-desde-el-neurodesarrollo-13145914