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lunes, 25 de mayo de 2015

Explotación sexual y laboral, las dos caras de la trata de personas



Explotación sexual y laboral, las dos caras de la trata de personas
La gran mayoría de los casos reportados hasta el 31 de marzo de 2015 en Estados Unidos de Norteamérica corresponden a tráfico sexual, pero el 14 % es de víctimas de trabajo forzado. 


En julio de 2013, Miriam Kizzie, conocido como “Keys” y “Keyshawn”, de Dorchester -un popular vecindario de Boston- conoció a dos jovencitas de 14 y 15 años de edad. Con apenas 21 años, se ganó la confianza de ambas y logró fotografiarlas en poses sugestivas...ellas nunca imaginaron que las subiría a internet en forma de anuncio para prostitución.

En el curso de una semana, ambas chicas fueron obligadas a prostituirse en habitaciones alquiladas y en los apartamentos de los hombres que respondieron a los anuncios. Kizzie contó con la ayuda de Anthony Pledger, de 26 años, para hacer los arreglos de logística para transportar a las víctimas entre Massachusetts y Rhode Island.

Oficiales del departamento de Investigaciones del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y la unidad antihomicidios y tráfico humano de la Policía de Boston, desmantelaron la operación de ambos hombres; según documentos judiciales, se declararon culpables de los delitos de tráfico y transporte de menores con el objetivo de prostituirlas así como de pertenecer a los Thetford Avenue Buffalos, una pandilla de Boston.

El 11 de mayo, Kizzie fue sentenciado a 12 años de cárcel y 5 años de libertad asistida. Durante la audiencia, las madres de las jovencitas relataron el impacto que esa situación tuvo en sus vidas y familias.

Una de las víctimas, ahora de 16 años, se dirigió a la Corte y contó su lucha por salir adelante: “Él me destruyó. Me mintió. He pasado casi dos años tratando de rehacer mi vida”, declaró.

Tipos de trata de personas

Casos como el anterior ilustran el infierno que alguien puede vivir al ser víctima explotación sexual, una de las dos formas más comunes de la trata de personas. También está la explotación laboral, y aunque en menor frecuencia, la combinación de ambas.

Según estadísticas recopiladas por el National Human Trafficking Resource Center (NHTRC), que opera en todo Estados Unidos, en el transcurso de 2015 ha recibido 5,212 llamadas alertando sobre casos de trata de personas; 778 fueron realizadas por las mismas víctimas y sobrevivientes.

La entidad clasifica el tráfico sexual dependiendo del tipo de local o industria donde se comete el delito, siendo el más frecuente en negocios-fachadas de prostíbulos (104 casos), luego los anuncios en internet y locales desconocidos (89 casos), prostitución en hoteles o moteles (87 casos), prostíbulos residenciales (51 casos) y servicios de acompañantes (49 casos), para un total de 973 expedientes abiertos.

Al 31 de marzo de este año, el NHTRC -que es operado por la organización sin fines de lucro Polaris- ha registrado 973 casos de tráfico sexual en todo el país, cinco veces más que los casos de tráfico para propósitos laborales (194). Los cinco estados con más reportes son California (223), Texas (101), Florida (77) y Nueva York (76).

El trabajo forzado en negocios pequeños constituye la porción más corta de esta clase de trata de personas en Estados Unidos, ya que a la fecha se han registrado 12 casos. Le sigue la agricultura (13), restaurantes y servicios de comida (14), equipos de ventas ambulantes (15) para que el primer lugar sea ocupado por el trabajo doméstico forzado (31).

La mayoría de las víctimas son mujeres (1,127). Se cuentan además 433 menores de edad.

Del total de casos que se abrieron en 2014, el 36.6 por ciento de las víctimas tenían nacionalidad estadounidense o eran residentes legales; le siguen las originarias de México, con el 3 por ciento, y las del triángulo norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador) suman 1.4 por ciento.

Las autoridades dependen del público para detener a los perpetradores y liberar a las víctimas, que por lo general están asustadas, fuera de la vista y sufren en silencio.
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lunes, 15 de septiembre de 2014

Las Cristinas nunca duerme. El mayor yacimiento de oro venezolano




 Fotoreportaje: Las Cristinas nunca duerme

14/09/2014



Esta serie fotográfica del periodista y documentalista Jorge Benezra muestra el drama diario de la mayor mina de oro de Venezuela. Una colonia multinacional de 30.000 mineros artesanales, librados a su suerte y a lo que determinen la codicia y las mafias locales, arrasan con lo que queda de humanidad y del medio ambiente en ese sector al sureste del estado Bolívar. Las autoridades observan pero apenas intervienen en ese coliseo en medio de la selva. Pronto debe llegar la corporación china Citic a poner orden y a producir.

Jorge Benezra
@JorgeBenezra
Armando.info

El yacimiento aurífero de Las Cristinas, en el estado Bolívar (sureste de Venezuela), a unos 15 kilómetros de la frontera con el Territorio Esequibo que Guyana controla, y a 88 de las Colonias de El Dorado, es la quinta mina de oro del mundo. Tiene unas reservas probadas cercanas a las 17 millones de onzas, un botín que despierta la codicia de cualquiera. Se sabe que el Estado venezolano la asignó a la corporación china Citic, que debería reanudar en unos pocos meses la producción que otrora estuvo a cargo de trasnacionales como Placer Dome, Vanessa Ventures o Cristallex… Pero no será tan sencillo.

Hoy Las Cristinas es el reino de la anarquía, es un lugar que nunca duerme. Manda la ley del más fuerte. En sus entrañas hormiguean unos 30.000 mineros ilegales. Y siguen llegando a diario en autobuses y camiones. Muchos de ellos son extranjeros. Vienen de Brasil, Trinidad, República Dominicana, Perú, Guyana y Colombia. A todos, locales o foráneos, los une el sueño compartido de una riqueza súbita. Cuando menos, que es el caso más frecuente, obtienen lo suficiente para sobrevivir.

Algunos son retenidos por los porteros que autorizan la entrada al yacimiento Las Cristinas

Tropas de la Guardia Nacional Bolivariana y del Ejército custodian la mina y las instalaciones del campamento aledaño. Pero es poco más que un saludo a la bandera. Nada perturba a los buscadores de oro. El perímetro militar es como la frontera del laissez faire. De y hacia el exterior pasan camiones, motores, combustible, alimentos, bebidas alcohólicas. Al interior las cosas son de quienes las toman, casi siempre organizados en mafias. La valiosa nucleoteca, el archivo geológico donde se guardaba toda la memoria de exploración de Las Cristinas, es una ruina, desvalijada.

La minería ilegal no tiene límites. Es un paroxismo colectivo que los precios del oro estimulan. Un kilo de oro ronda los 33.000 dólares americanos en el mercado internacional. Un equipo de mineros, por rudimentario que sea, puede extraer diariamente unos 10 o 20 gramos. Por algo se habla de la fiebre del oro.

“Si la tierra brilla, allí estaremos”, dice Felix Rodriguez, un minero con más de 20 años en la zona. “No nos importa pagar vacuna a quien sea”.

 
Trabajadores informales se encuentran en una parada fuera de la mina, para abastecerse de insumos con el fin de seguir trabajando
En los últimos dos años la población de El Callao, la puerta de entrada a la minería en el estado Bolívar, pasó a superar el promedio nacional de asesinatos. La voracidad se ha convertido en el gentilicio local. Para hacerle honor, los pobladores explotan con desenfreno el territorio. Coltán, madera y oro alimentan el delirio. Alrededor de cada explotación se congrega una cadena criminal para controlar los suministros.

El costo de la vida vale oro. No es una metáfora en Las Cristinas. En la zona se puede pagar 35 bolívares por litro de gasolina, 40 veces el precio oficial. En los abastos no se registra la escasez ya típica de las ciudades. Todo se consigue, pero los precios pueden ser tres o cuatro veces lo normal y hay hasta quien paga con gramas de oro.

La salud de la población se ve afectada especialmente por la absorción en el organismo de mercurio y otros metales pesados que los mineros ilegales usan. El mercurio contamina también las fuentes de agua. Las aguas de ríos oscuros como el Cuyuní y Caroní arrastran el elemento que contamina y mata los peces, que a su vez constituyen la base de la dieta de los pueblos ribereños.

Los niños son explotados en las minas. Hay prostitución y maltrato infantil.

 
Siempre se trata de separar la arena para encontrar el oro

Bárbara es una muchacha de 19 años venida de estado Zulia, al otro extremo del país. Lleva viviendo los últimos cuatro meses en una residencia de chicas en los campamentos mineros. Cuenta que llegó a Las Cristinas con una amiga de su pueblo que tenía ya varios meses de campaña y regresó al terruño con mucho dinero. “En los pocos meses que tengo viviendo acá he ganado lo que tendría tras dos años trabajando en la tienda de donde me botaron”.

Cada vez son más las historias de personas que son explotadas sexualmente, que en su mayoría son mujeres y niñas, en torno a los 15 o 17 años de edad, a las que trasladan de otras regiones del país –incluso desde Caracas– a este borde resplandeciente de la Gran Sabana. A menudo llegan engañadas con la promesa de un rentable trabajo como domésticas. Terminan acomodándose, por necesidad, en la prostitución.

Los réditos rápidos de la extracción del oro convierten a gente sencilla en el lobo del hombre. Sobre el terreno la vida es difícil. Pero las dificultades se soportan con el horizonte ilusorio de la riqueza. América Latina, y dentro de ella, Venezuela, tienen tradición blandiendo ese señuelo.
 
 Hay que sacar tierra en la búsqueda de la veta o filón del oro

Para conocer esas dificultades se hizo este trabajo. Han sido varias semanas de investigación visitando los pueblos del sur de Venezuela donde se concentra la actividad minera ilegal: Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Las Claritas. Uno más complejo que el otro. Como la mayoría de la explotación minera es ilegal, la presencia de periodistas no es grata. Hace falta hacerse invisible ante las bandas delictivas que se pelean el territorio y las propias autoridades. Es incontable el dinero que está en juego.

Los mineros son gente como cualquiera, que solo busca sobrevivir. Pero tienen miedo. De las mafias, de los militares. Todo el mundo busca aprovecharse de ellos. Lo que extraes con el sudor de tu frente tienes que compartido con esos grupos, es una máxima que hay que seguir si se quiere vivir en las minas. Aquí no existe ningún tipo de organismo de defensa de los derechos humanos. Todo es explotación en este mundo que el resto del país se resiste en reconocer.

 
Una mujer iniciando la jornada con la batea en su cabeza, para lavar el oro

 
Panorámica del campamento Las Cristinas con los restos de lo que alguna vez fue la nucleoteca donde se encontraban documentados los estudios de exploración de la mina

sábado, 2 de agosto de 2014

Rani Hong: Trata de Personas, verídico relato



 Radiografía de la trata de personas

"Me vendieron en la India cuando tenía siete años"
 
Rani Hong, una sobreviviente de este crimen execrable, le contó a El Espectador su historia. 

El Mundo 2 Ago 2014 - 11:19 am

Por: Juan David Laverde Palma
"Me vendieron en la India cuando tenía siete años"
 Rani Hong. /Cortesía


     Mientras el mundo parece concentrar sus esfuerzos en la lucha contra la droga, la corrupción y otras formas de violencia, no es mucho lo que se ha avanzado para ponerle freno de una buena vez a un delito tan execrable como la trata de personas. Es común que en el imaginario colectivo, cuando se menciona esta forma de esclavitud moderna, siempre se asocie con explotación sexual. Pero casi nada se dice sobre la mendicidad ajena, redes internacionales para el trabajo forzoso, la extracción de órganos, el matrimonio servil y otras tantas variaciones de un mismo fenómeno delictual que hace metástasis.

     Los reportes de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el delito provocan escalofríos. Se sabe que seis de cada 10 víctimas son mujeres. Y que tres de cada 10 de ellas son menores de edad. “Mientras los países de Europa y de Asia central informan de que el 16% de las víctimas detectadas son menores de edad, en África y el Oriente Medio los menores representaron el 68% del total”, asegura el último informe, con corte a 2012. La radiografía de este crimen constituye un verdadero desafío para las autoridades, pues el crimen organizado ha logrado burlar la acción de los organismos de control para multiplicar con éxito estas formas de explotación mundial.

     Sólo por mencionar una estadística: según Naciones Unidas, la trata de personas con fines de extracción de órganos representó el 0,2% del número total de casos detectados en 2010 (un universo calculado de 400 mil víctimas). Así mismo, en América Latina el 27% de las víctimas son menores de 18 años; entre 2012 y 2014 se identificaron victimas de 136 nacionalidades que estaban siendo explotadas en 118 países; se sabe que hay no menos de 460 rutas en todo el mundo para el traslado de personas con fines de explotación; y unas 140.000 víctimas llegan a Europa cada año para ser explotadas sexualmente. Falta mucho aún para documentar cómo los niños son secuestrados por grupos ilegales para que sirvan a su causa.

     Este 30 y 31 de julio en Cali se realizó el Encuentro Internacional de Sobrevivientes de Trata de Personas, un evento apoyado por el ministerio del Interior, la Organización Internacional para las Migraciones, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la Fundación Marcela Loaiza, que en los últimos años ha venido ganando un espacio en la lucha contra este fenómeno de violencia. En diálogo con este diario el viceministro del Interior Juan Camilo Restrepo señaló que hay una urgencia para detener este flagelo a como dé lugar, que se han desarrollado esfuerzos institucionales para ponerle coto a los tentáculos de estas redes en Colombia, pero que falta mucho por hacer aún. Dijo que si se logra avances importantes en esta lucha “habrá valido la pena haber sido viceministro”.

       Cada historia de cada víctima podría ser un libro. Sin embargo, muchas veces son las frías estadísticas las que se apoderan de los titulares de los diarios y otros medios en el mundo. El Espectador habló con Rani Hong, una sobreviviente de este delito. A los siete años fue separada violentamente de su familia en el sur de la India y poco tiempo después ya era víctima de trabajos forzados por parte de una red internacional. Su historia tiene un pasado de violencia del que logró sacudirse y hoy es un ejemplo en el mundo, al punto de que el año pasado, ante 193 representantes de todos los países, alzó su voz en la Asamblea de Naciones Unidas. Y el mundo la escuchó. Esta es la entrevista.

¿Cómo fue la experiencia de hablar ante las Naciones Unidas?

El día 3 de octubre de 2013 yo hablé en la Asamblea General de las Naciones Unidas y les dije: “Quiero hablar un día para que todo el mundo reconozca las millones de víctimas que existen y que nos ofrezcan apoyo”. Entonces dije: “Yo hablo por aquellas personas que no tienen voz, estoy aquí hoy con ustedes para hablar por las millones de pequeñas niñas, tal como la pequeña niña que fui yo alguna vez, que fue silenciosa, callada y esclavizada sin posibilidad de hablar. Hoy quiero que toda la Asamblea de Naciones Unidas, los 193 países aquí presentes, creen un día para que el mundo me vea como una persona, no como una ganancia”. Yo estoy complacida de decir que en diciembre pasado, la Asamblea General pasó una resolución en la que estipuló que el día julio 30 del año 2014 iba a ser el primer Día Mundial Contra la Trata de Personas. Estoy muy complacida de que las Naciones Unidas tomaran una acción de esta manera y hoy celebro este día y estoy en Colombia. Es muy grandioso el hecho de que crea que Colombia sea el líder en la lucha contra esta problemática.

¿Por qué a pesar de que este fenómeno está tan extendido por el mundo y lleva tantos años sólo se vino a declarar el día mundial contra la trata este año?

Nosotros hicimos esa pregunta. La esclavitud ha existido en el mundo durante milenios, nosotros pensamos que había terminado en 1865, pero sabemos que no fue así. No terminó en 1865 la esclavitud. Hoy en día hay más mujeres y hombres que están siendo esclavizados para trabajos forzados y eso es una forma de tráfico humano también. Nosotros estamos preguntándonos por qué se han demorado tantos años en conmemorar este día, pero creo que lo que pasaba era que las víctimas no eran visibles antes. Muchas víctimas no podían hablar, no rompían su silencio. 14 años atrás yo rompí mi silencio y hablé. No tenía idea de lo que estaba pasando. En 2013 me paré frente a la Asamblea de las Naciones Unidas para decir “soy una persona, tengo un nombre un real, soy una hija y soy una madre”. Y por esa razón las formas modernas de esclavitud tienen que ser abordadas a escala mundial, donde ningún país acepte este tipo de negocio. Yo esperaría que ojalá no necesitáramos celebrar este día porque la esclavitud no debería existir, pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde las personas compran y venden niños para tener una ganancia. Entonces, ¿por qué se demoró tanto? No debió haber tomado tanto tiempo el hecho de reconocer eso, pero parte de eso es porque las víctimas no eran visibles. Cuando las víctimas son visibles hacemos cosas sorprendentes. Nosotros podemos emprender nuevas conversaciones y creamos nuevas soluciones. Hoy en día creo que avanzamos en este tema.



¿Cómo resultó afectada por este flagelo?



Mi historia es la historia de una pequeña niña que a los siete años fue vendida para ser esclava. Una bebé, una niña que fue llevada de la parte sur de Kerala, en la India, a otra provincia donde no conocía ni siquiera el idioma. Estaba totalmente desorientada, temerosa y sola. Los traficantes me dijeron, cuando lloraba por mi mamá, que ella estaba muerta. Yo seguía llorando, lloraba más y más y más y después empecé a creer que era verdad que mi mamá había muerto. Pero en 1999, viajé nuevamente a la India por primera vez en mi vida y pude reunirme nuevamente con mi madre biológica después de 21 años. Ella pensó que yo también estaba muerta. Los traficantes no lograron que nos separáramos, hoy somos un gran equipo para poder cambiar el mundo.

¿Qué recuerda de esa época cuando fue “vendida”?

Yo fui vendida a los 7 años. Debido a que estaba muy enferma, los traficantes pensaron que iba a morir. Yo me veía en un estado tan deplorable que mis traficantes, mi propietario pensó que yo no tenía ningún valor, entonces me sacaron del país. Durante un año fui esclavizada y a los 8 me vendieron nuevamente a una red internacional de adopción y me llevaron a Canadá. Y de Canadá después me llevaron a los Estados Unidos. En este momento, yo vivo a Seattle.

¿Qué la obligaron a hacer?



A los 7 años los niños tienen manos pequeñas, entonces para trabajo forzado nosotros podemos trabajar mucho más rápido que un adulto por nuestras manos pequeñas. Mi propietario estaba involucrado en la fabricación de ladrillos, entonces utilizaban a los niños para fabricar ladrillos en contra de nuestra voluntad, sin ninguna paga. Debido a que yo no podía hacerlo bien, por eso me vendieron.

¿Cómo pudo salir de ese mundo?

A los ocho años… Estamos hablando de una niña bastante pequeña que no sabe nada del mundo. Entonces llegué a América, no podía caminar porque había sido mantenida en una caja, en una especie de jaula, y se me habían atrofiado mis músculos. Mis piernas estaban en esta posición de estado fetal, no funcionaban para nada. Fuera de eso me cerré totalmente, no podía hablar, no quería hablar porque me sentía abusada. Cuando llegué a Norteamérica nadie sabía qué hacer conmigo. Pero una sola persona, mi madre adoptiva, me dio mi libertad. Me dio libertad para dejar de ser esclava. Nell Clark se llama ella. Ella me dio una cosa, me dio amor. Cada niño tiene el derecho de no ser explotado y mi madre adoptiva me ayudó, trabajó conmigo, me amó y yo volví, pude surgir nuevamente como persona y me sané.



¿Qué sabe de las redes de traficantes en la India?

Nosotros sabemos que esto sucede en todos los países y que ningún país está exento. India es conocida como el país número uno que utiliza trabajo forzado de niños y niños esclavos. Hoy día estoy trabajando con el gobierno de la India, con los periodistas, y con las personas de diferentes ONG para crear una concientización. Yo trabajo con Bollywood (el Hollywood indio) para que los actores se involucren, trabajo también con Hollywood en Estados Unidos porque necesitamos voces que compartan mi voz, que repliquen mi voz, de manera que yo no me sienta sola.



¿Cómo fue su reunión con su mamá? ¿Cómo fue encontrarla otra vez?

En noviembre de 1999 recibo una llamada y alguien dijo: “¿Sabe qué? Yo soy su hermana”. Y dije, cómo así, yo no tengo hermana, qué está pasando. Fui a visitar uno de mis orfanatos en la India y alguien me reconoció y me dijo: “Usted vino de otro lugar”. Entonces me llevaron al otro sitio de donde yo provenía y estuve esperando a mi mamá biológica allá. Habíamos pactado una cita. Y finalmente pude verla. Nos reunimos y fue maravilloso. Esos traficantes no pudieron separarnos. Esto funciona como una industria. El traficante toma la oportunidad y la explota. Toma un niño, a un ser humano y lo vende para obtener una ganancia. La persona que me reclutó, esa mujer le prometió a mi mamá que me iba a proteger, dar comida, pero en realidad estaba en la industria de vender niños a otros estados.



¿Qué la impulsó a contarle al mundo su historia?

Primero no quería hablar sobre eso. Yo no quería romper mi silencio porque era muy difícil. Cuando miraba hacia arriba no veía a nadie haciendo esto, una víctima que saliera adelante. Yo dije: “No, jamás vamos a terminar esto a no ser que alguien se pare y diga”. Yo me animé, fui valiente y en 2013 hablé frente a 30.000 personas. Y luego fui a la Asamblea General de Naciones Unidas, 193 países reunidos, y les dije: “Yo quiero acción, quiero planes para terminar con ese crimen, es un crimen que amenaza la seguridad. Cada país debe estar preocupado por lo que está pasando y tomar acciones al respecto para evitarlo”. Hoy sé que hay más conciencia. Este crimen infame tiene que ser desterrado de este mundo ya.

Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/me-vendieron-india-cuando-tenia-siete-anos-articulo-508124

martes, 29 de julio de 2014

Trata de personas



Trata de Personas

                            
El 30 de Julio se celebra el “Día Mundial contra la Trata de Personas”, a instancias de una Resolución de la ONU, quién la ha definido como la captación, transporte, traslado,  acogida o recepción de personas con fines de explotación, entendida ésta como la explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos, y siempre que medien amenazas o el uso de la fuerza u otras formas de coacción, el rapto, el fraude, el engaño, el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios a cambio del control sobre la víctima. La trata de personas es un delito, y su tipificación está prevista en el Protocolo de la Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la Trata de Personas, especialmente en Mujeres y Niños, también conocido como Protocolo contra la Trata de Personas.
A nivel global, es un delito cuya erradicación necesita de la cooperación de las correspondientes autoridades locales; no basta que exista una Resolución de la ONU afirmando se requiere de la cooperación internacional para erradicar ese flagelo; se requiere que a nivel local sean puestas en práctica todas las medidas para hacer frente a la trata de blancas. Abundan los casos, y emblemáticos: las niñas secuestradas por Boko Haram en Nigeria, los jóvenes migrando desde Centroamérica hacia EEUU, los obligados a trabajo forzado alrededor de todo el mundo, los explotados a trabajar a cambio de irrisorios salarios con la excusa de compensarlos posteriormente, los obligados a incorporarse a grupos paramilitares, o los sometidos a explotación sexual por redes de prostitución o por redes pedófilas pederásticas, más aún sí se trata de prostitución infantil o pornografía infantil. La trata de personas no es el mero tráfico de seres humanos; tampoco es el simple negocio para ganar dinero, a costa del sufrimiento de otro ser humano; la trata de personas es todo eso, y también es más que eso: Es un crimen; es asesinar, es matar; es amputar, mancar y convertir en inválido a otro ser humano, o asesinarlo, para extraerle órganos; es asesinarlo luego de haberlo convertido en un simple objeto sexual, para impedir delate el abuso sexual, o impedir que se descubra la comisión de ese abuso; es embrutecerlo, sometiéndolo a explotación sexual; es fraude y engaño, forzándolo a trabajar a cambio de migajas con la excusa de compensarle futuramente con participación en ganancias o mejoras salariales, o ayudas en status migratorio propio o de algún allegado, o prometiéndole simplemente un mejor futuro, a sabiendas de estarlo engañando. En otras palabras, es la realidad que palpamos en la violencia que impregna nuestra sociedad.
Navegando por la red, encontré un video cuya finalidad es impulsar la promulgación de instrumentos legales en México, relativos a la trata de personas, el abuso sexual, la violación; y tras visualizarlo, procuré entonces investigar sí esos instrumentos legales habían sido promulgados. Pareciera que fracasó la iniciativa legal respecto a la trata de personas, pues no aparece aprobada como ley en el correspondiente listado, y esperamos habernos equivocado; sin embargo, de no haber sido aprobada esa iniciativa legal, ello no sería obstáculo alguno para que sea combatida la trata de personas en tierras mexicanas, pues México suscribió efectivamente el Protocolo contra la Trata de Personas siendo signatario de ese Tratado Internacional, estando obligado a aplicar el Protocolo, e integrarlo a su propio Derecho nacional. Por tanto, sirva entonces el ejemplo así expuesto como acción a emular para combatir eficazmente la trata de personas; y, por supuesto, nuestras más calurosas felicitaciones a la Diputado Federal Flor Ayala Robles, de Sonora, México, autora de la iniciativa legal bajo comentario, por su encomiable tesón.


                           



      


   Nuestras sociedades deben brindar mayor seguridad al ciudadano. El crimen debe ser combatido; no basta mantenernos en estado contemplativo, bajo éxtasis, leyendo y releyendo libros; tampoco basta observarlo, para llevar estadísticas o caracterizarlo; tampoco basta limitarnos a dar cumplimiento a las meras formas, sin atender el fondo, creando normas y más normas pretendiendo regular y controlar el crimen, pues nos rebasará sí no entendemos que el quid de toda la cuestión radica en la socialización del sujeto, y en su respectiva resocialización cuando pase al acto criminal: No basta con sancionar a quién delinque, es necesario resocializarlo como requisito previo a su ulterior reinserción social.
 El crimen debe ser combatido cabalmente. ¿De qué nos sirve conocer todo lo escrito sobre Criminología, sí no aplicamos ese conocimiento para combatir al crimen? Es algo así como sí supiésemos mucho de Medicina, pero jamás hubiésemos curado a ningún enfermo. El conocimiento no es para acumularlo, atesorándolo; el conocimiento es para usarlo, para aplicarlo. Mientras tanto, miríadas de seres caen abatidos por el fenómeno criminal. Es menester aplicar medidas coherentes en cuanto a política criminal se refiera, que comprendan y abarquen al sujeto desde la fase misma de la socialización. Unos de esos tantos seres que son víctimas de la criminalidad son precisamente esos miles de jóvenes que huyen de sus hogares y de sus propios pueblos, pero huyendo de la violencia; y huyen por cuanto no se les garantiza en modo alguno las condiciones necesarias ni para trascender ni para vivir dignamente como humanos, cayendo víctimas de la trata de blancas, apagándose hasta sus propias esperanzas.

 

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