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lunes, 22 de diciembre de 2014

Ayotzinapa vive!



Ayotzinapa vive!



  

Fundamerced

Caracas, 22-12-2014
La masacre de Ayotzinapa consiste en una desaparición forzada en Iguala, México, ejecutada mediante una serie de episodios de violencia ocurridos durante la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, dirigida y ejercida principalmente contra estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, también conocida como Escuela Normal Rural de Ayotzinapa; y cometida por policías municipales del municipio de Iguala de la Independencia, en el Estado mexicano de Guerrero, en colusión con cárteles del narcotráfico y con la probable participación del ejército mexicano. Los hechos
dejaron un saldo de al menos seis personas fallecidas, veintisiete heridos y la desaparición forzada de 43 estudiantes de esa escuela normal rural, uno de los cuales apareció posteriormente muerto.

Con posterioridad a los hechos, en la búsqueda de los estudiantes desaparecidos, fueron efectuados intensivos rastreos por parte de las propias comunidades en apoyo a los padres y familiares de los desaparecidos, infructuosamente; apareció sí, una innumerable cantidad de fosas clandestinas, con infinidad de restos humanos inhumados, pero ninguno perteneciente al de los estudiantes normalistas
desaparecidos, sino al de otras víctimas cuya identidad se ignora. Esa afán de búsqueda provocó fuertes reacciones entre la opinión pública mexicana, quienes exigen aparezcan vivos los estudiantes desaparecidos, y a tales efectos no sólo marchan constantemente protestando pacíficamente por las calles, sino que exigen no queden impunes esos crímenes, reclamando justicia a la vez que exigen cesen las muertes y las desapariciones. Sin embargo, la violencia persiste, tanto por efecto de la represión policial como a causa de la criminalidad imperante; debido a ello, no sólo siguen muriendo mexicanos por exigir justicia, sino que los mexicanos siguen muriendo a manos del hampa, así cómo siguen siendo ejecutadas más desapariciones forzadas, y en el menos grave de los casos, las consabidas golpizas y detenciones; aunado a ello, a esa violencia ha de añadirse igualmente la violencia mediática y hasta la cibernética, empleadas para acallar esas voces de protesta, violencia materializada tanto por matrices de opinión generadas desde los medios de comunicación que apoyan al gobierno mexicano, como por los ataques a la libertad de expresión en las redes sociales, objeto de agresiones y de actos de sabotaje cuyo fin es impedir que los manifestantes difundan su voz de protesta por vías electrónicas, “tumbando” hasta las etiquetas utilizadas para distinguir sus mensajes: Palpable ejemplo es el hashtag #YaMeCanse …ya va por el #YaMeCanse10…debido a que las nueve anteriores versiones han sido inutilizadas por hackers y bots, pagados por inescrupulosos.


Sirva lo anterior como vívido ejemplo de mobbing político: Ya no se trata de una mera violencia con fines políticos, pues la rebasa en cuanto a su contenido y fines, dado que es distinta a la pugna entre dos facciones distintas, procurando imponer su propia ideología a la contraria. La masacre de Ayotzinapa pone en evidencia la existencia de un Estado cuyos fines y objetivos desnaturalizó, y que los desnaturaliza por complacer al crimen organizado, quién lo corrompe para actuar impunemente y para que incurra en desviación de poder, al extremo de coludirse y hacerse su cómplice: La pugna no es ideológica: El motivo de la pugna es por obtener las condiciones de vida que les permitan subsistir, al propio tiempo que incrementar esas condiciones a un nivel óptimo para así desarrollar libremente su propia personalidad, y trascenderse a sí mismo como seres humanos. La pugna es para librarse y zafarse de las carencias materiales que les impiden desenvolverse con libertad. Y el Estado, en vez de ocuparse en poner a disposición de sus connacionales esas condiciones de vida, se ocupa de incumplir precisamente esa obligación, qué constituye su función primordial: Velar por la existencia de esas condiciones de vida.

Empero, no quisieramos ahondar más sobre la cuestión; por lo tanto, aprovecharemos la presente oportunidad para presentarles un video que hemos realizado, mostrando imágenes de las protestas iniciales por el caso de la desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa; y que hemos vuelto a musicalizar con la canción “Los Hijos de Sanchez”, inspirada en la obra homónima del antropólogo Oscar Lewis.


                   
Ayotzinapa vive! from FUNDAMERCED on Vimeo.

Esperamos que el video sea del agrado de todos, y goce de aceptación entre nuestros lectores. Seguros estamos que refleja nuestras más profundas convicciones. El delito es algo más que la simple conjunción de simples factores aislados, así cómo el delincuente es algo más que su propia circunstancia. Es por ello qué para explicarnos qué ocurrió en Iguala la fatídica noche del 26 de septiembre pasado, nos remontamos entonces a varias décadas atrás para tratar de encontrar esa explicación; y no es qué no conozcamos de la Historia reciente de México, sino que precisamente son hechos actuales de la historia mexicana los que nos impelen a indagar en su pasado, y nos encontramos entonces con los trabajos de Oscar Lewis, extrayendo y deduciendo qué por el poblador pobre y humilde poco se ha hecho, sin que por ello incurramos en culpar al sistema económico imperante, atribuyéndole el poder de convertir en delincuentes a quienes sean pobres. De lo que se trata es mucho más complejo.

Veámoslo con un simple ejemplo. En anteriores post reseñamos la intervención del Presidente Peña Nieto, al inaugurar en Puebla el evento denominado "XII Encuentro Iberoamericano de la Sociedad Civil: Nuevos roles y expresiones de la sociedad civil"; y nos pareció encomiable la iniciativa gubernamental al brindar a las ONG's apoyo material para la promoción, respeto y protección de los derechos humanos, aliándose así con organizaciones de la sociedad civil para que sean éstas quienes impulsen y fortalezcan una nueva y vigorosa cultura a favor de los derechos humanos. Sin embargo, apenas doce días luego de ese evento ocurrió la masacre de los estudiantes normalistas en Iguala. ¿Qué pasó? ¿A dónde fueron los discursos sobre inclusión social,  el combate de la pobreza, el respeto a los derechos humanos, la justicia y la seguridad pública, la protección de los menores y los migrantes, la igualdad y la no discriminación? De seguro quedaron en el papel, como mera formalidad; el fondo de la cuestión no ha sido resuelto. Y así cómo claman por Justicia en Ayotzinapa, claman también en otras muchas partes del mundo.

En otras palabras, la garantía de los derechos humanos no viene dada por la mayor o la menor cantidad de recursos materiales que pudiesen ser invertidos o gastados, así cómo tampoco decrecerán los indíces de violencia por la mayor o menor cantidad de dineros públicos aplicados para atacar al crimen; importa sí, y son necesarios, pero el crimen no es un fenómeno coyuntural, sino estructural: Siendo así, debería ser atacada la impunidad, sin excepción alguna,  cómo exigen a gritos a raíz del caso Ayotzinapa.

Ahora bién, ¿Cómo atacar la impunidad? Es una cuestión de política criminal, y básicamente versaría sobre el castigo oportuno de quién delinca, bajo una adecuada segregación social para así asegurar la eficaz aplicación de un proceso de resocialización, única vía para preservar y proteger los derechos humanos del resto de los miembros de la sociedad que no están delinquiendo, sino comportándose observando estrictamente los dictados de la Ley. 

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Enlaces relacionados:
 

viernes, 12 de julio de 2013

HEMEROTECA: Los gays también discriminan



La Silla RotaLa Silla Rota




Alejandro Juárez Zepeda
12/Jul/2013 00:00 HRS

Los gays también discriminan

     Libertad es poder elegir, y nadie escatima que es legítimo hacerlo con base en distintas preferencias personales, siempre que éstas no restrinjan o impidan los derechos de los demás ni menoscaben la dignidad humana. Cualquier conducta o práctica que se aleje de estos márgenes constituye discriminación y debe ser sancionada y combatida.


 
      La afirmación anterior surge a propósito de un fenómeno que ha tratado de pasar inadvertido, pero cada vez cobra mayor fuerza y es más evidente: la discriminación entre los propios grupos y personas de lo que se ha reunido bajo la categoría de ‘comunidad LGBTTTI’ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales e intersexuales) y, al menos en teoría, busca aglutinar políticamente a todas las expresiones de la disidencia sexual y de género.

    En una entrega anterior, a propósito de la última Marcha del Orgullo LGBTTTI, citábamos el comentario de Omar Oviedo, un joven de 23 años, quien atestiguaba la parada desde el balcón de un edificio: “no le encuentro sentido a una marcha del ‘orgullo’ cuando ni siquiera entre los manifestantes se respetan. Aparte de las grescas entre personas trans, están los que se gritan ‘jotas’, ‘pasivas’ y cosas así. Es absurdo.”

   Entre ‘musculocas’, ‘obvias’, ‘muertas de hambre’, ‘sidosas’, ‘puercas’, ‘pitochicos’ o ‘traileras’, la estigmatización de ciertos grupos y personas al interior de la comunidad LGBTTTI es una realidad ineludible. Se expresa en una obstinación por estereotipar, ridiculizar y rechazar todo aquello que se aleje del nuevo modelo hegemónico de la homosexualidad (físicamente bella, desarrollada y modelada en el gimnasio, educada, cultivada, pudiente y carismática, preconizadora de las bondades del capitalismo y todo lo que forma parte del mainstream). Así pues, es justo decir que los homosexuales que han ganado su ingreso a la sociedad, lo hicieron mediante la reproducción de las estructuras de opresión y dominación características de la sociedad patriarcal y el neoliberalismo económico, tales como el racismo, el clasismo, el machismo y la misoginia. De acuerdo con esta nueva visión, entre más masculino sea un homosexual, estará mejor rankeado, lo mismo si una lesbiana es guapa y femenina, y si las personas trans y queer se abstienen de comportamientos estrambóticos, extraños al ‘buen gusto’.

   Ya sea por diferencias raciales, de clase, por el estatus de salud, el grado académico, el lugar de origen, la edad, la naturaleza de las prácticas sexuales e identidades de género, el tamaño y la forma de los órganos sexuales; ya sea verbal, física, estructural, institucional, elitista, externa o interna, leve u ostensible, por pertenecer a una tribu o no, la discriminación en contra de cualquier persona, basada en diferencias que desafían los cánones grupales o sistémicos, siempre es perniciosa y atenta contra el tejido y la solidaridad sociales.

    Una activista trans acusaba hace tiempo con mucha razón que, entre ciertos homosexuales, ha surgido “una visión agresiva y violenta que ha replicado históricamente las prácticas excluyentes de la 'heteronormatividad', mediante la implantación de ciertas dinámicas socioculturales en las poblaciones que forman la diversidad sexual, dando origen a una ‘homonormatividad’".

    De acuerdo con Lisa Duggan, autora del libro The Twilight of Equality?: Neoliberalism, Cultural Politics, and the Attack on Democracy, ‘homonormatividad’ significa mantener y seguir parámetros heteronormativos en las vidas homosexuales, cuando éstas, en cambio, podrían servir de base para la construcción de nuevas y diferentes maneras de habitar el mundo y expresarse personal y colectivamente. Ella también vincula este concepto al de ‘neoliberalismo’, desde lo cual formula una crítica feroz al deseo casi obsesivo por parte de las parejas homosexuales por la obtención del derecho al matrimonio y la adopción, es decir, por encajar en el modelo de familia tradicional. Y es que, cada vez más, todo parece indicar --de acuerdo con Duggan-- que las ‘bodas gays’ son otro ámbito de reproducción capitalista y una forma de mantener a un ‘mercado rosa’, en el que gays y lesbianas son productos comerciales.

    La homosexualidad no constituye un rasgo identitario, ya que no es suficiente por sí misma para definir a una persona, pues no abarca toda la personalidad ni, mucho menos, un tipo humano o identidad colectiva. En palabras de Norberto Chaves: “la noción de ‘homosexualidad’ nace puramente de la necesidad de calificar para discriminar (en el sentido de ‘distinguir’ y en el sentido de ‘marginar’) a ciertas personas que poseen un rasgo no asumible por el modelo de normalidad dominante, aunque dicho rasgo no defina, per se, una estructura identitaria”.

   Paradójicamente, la comunidad LGBTTTI se encuentra reproduciendo interiormente ciertas facetas de un mismo fenómeno, que se llama discriminación, y que, al menos exteriormente, dice combatir, siempre que se refiera a la orientación sexual y, en algunas ocasiones, la identidad de género.

   Lo cierto es que lesbianas y gays se han instalado en una zona de confort y no están dispuestos a ampliar su lucha más allá de lo que implica despenalizar la homosexualidad y lograr para sí una mínima protección legal; es decir, crear solidaridades con otras causas sociales. No obstante, como decía Paco Vidarte: “¿de qué sirve la lucha contra la homofobia si no se acompaña de una lucha contra los medios de exclusión social? Para empezar, para lavarle la cara al poder. Para entrar en complicidad con estrategias neoliberales que respetan a las maricas pero no se preocupan por su bienestar social. Una ‘ética marica’ se tiene que hacer cargo de este absurdo ideológico, de esta hipocresía.”

    Es preciso avanzar de la estigmatización actual a la diferencia tolerada, y de ahí, a la integración mutua e indiferenciada, o sea, hacia el fin de las identidades sexuales y de género. Para ello, es preciso reaccionar contra todas las estructuras de dominación, incluyendo la sociedad patriarcal y esa versión radical del capitalismo, que es el neoliberalismo económico.

   El neoliberalismo gay coopta las identidades y la diferencia para venderlas como mercancías de consumo rápido. En este contexto, el racismo y el clasismo; es decir, la discriminación por patrones de belleza, perfección física, posición social y capacidad económica, siguen imponiéndose. Este proceso de aburguesamiento del movimiento gay está produciendo modelos homonormativos que esconden prácticas de gobierno y regulación, escudadas en el carácter de crítica social y cultural de sus inicios.

Twitter: @abrevaciones
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Fuente: http://www.lasillarota.com/component/k2/item/72340-los-gays-tambi%C3%A9n-discriminan

jueves, 30 de mayo de 2013

HEMEROTECA:El debate mundial generado por el DSM-5



       El debate mundial generado por el DSM-5
Infocop |




Jamás en la historia se había hablado tanto de ningún otro libro de la medicina. La última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) – DSM-5, la denominada “biblia de la psiquiatría”, ha iniciado su lanzamiento inmerso en una gran polémica y en un momento en que la comunidad científica, los profesionales y el público general muestran su preocupación ante los intereses de las compañías farmacéuticas y su influencia en el quehacer de la psiquiatría. A este respecto, no hay que olvidar que el precio del manual asciende a los 199 dólares, una cifra muy superior a la de su anterior versión, constituyendo la principal fuente de ingresos para la Asociación Americana de Psiquiatría.
El debate, erróneamente reducido y explicado -en algunos medios de comunicación- como un enfrentamiento entre profesionales de la psiquiatría y la psicología, nace del mismo gremio de la psiquiatría. De hecho, uno de los más acérrimos opositores al DSM-5 es Allen Frances, psiquiatra y presidente del grupo de trabajo del DSM-IV (la versión anterior), quien desde hace varios años lleva manifestando su recelo hacia la ampliación de diagnósticos que recoge el DSM-5. En un artículo del Psychiatric Times, del 26 de junio de 2009, Frances ya escribía: "el DSM-5 será una bonanza para la industria farmacéutica, pero a costa de un enorme sufrimiento para los nuevos pacientes falsos positivos que queden atrapados en la excesiva amplia red del DSM-5".



















Sí bién Allen Frances continúa mostrando abiertamente sus críticas (ahora a través de una activa cuenta en twitter), e incluso ha publicado un libro en el que habla sobre los peligros de la medicalización de la vida cotidiana, que ha salido a la venta este mes de mayo (titulado Saving Normal), la polémica entre detractores y defensores del DSM se ha avivado recientemente tras las declaraciones de otro prestigioso neurocientífico y psiquiatra, Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health - NIMH).

Tal y como hemos informado en Infocop, tan sólo unas semanas antes de la presentación oficial del DSM-5, T. Insel emitió un comunicado en el que criticaba la falta de validez del DSM, y anunciaba que el NIMH se desligaba de este sistema de clasificación, alentando públicamente a los científicos a no utilizarlo y anunciando su pretensión de desarrollar un nuevo sistema de diagnóstico basado en biomarcadores y no en juicios clínicos (denominado Research Domain Criteria). En sus declaraciones, T. Insel desprestigiaba el manual de la Asociación Americana de Psiquiatría, al afirmar que el DSM “no se puede considerar una biblia, sino tan sólo un diccionario”. Unos días después, el 6 de mayo, el presidente del Grupo de Trabajo del DSM-5 de la Asociación de Americana de Psiquiatría, David Kupfer, respondiendo a dichas afirmaciones, expresaba sus recelos hacia el modelo biologicista que defiende el director del NIMH, teniendo en cuenta la falta de evidencias tras más de 30 años de investigación: “hemos estado diciendo a los pacientes durante varias décadas que estamos a la espera de encontrar unos biomarcadores. Todavía seguimos esperando”, criticaba D. Kupfer. Finalmente, en un intento de volver las aguas a su cauce, el NIMH publicó una declaración conjunta con la Asociación Americana de Psiquiatría, aclarando que ambas instituciones comparten su compromiso de mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos mentales. “Los pacientes, las familias y las aseguradoras pueden estar seguros de que existen tratamientos eficaces disponibles y que el DSM es el recurso clave para ofrecer la mejor atención disponible”, vela dicha declaración.
No obstante, la polémica -lejos de disolverse- ha disparado un aluvión de críticas y debates en todo el mundo, y prueba de ello es que los grandes medios de comunicación internacionales, como The New York Times, The Guardian, The Economist, Daily News o Scientific American, se han hecho eco durante estos días de las distintas opiniones vertidas por los expertos hacia este manual. En tan sólo un mes, han salido a la venta dos libros, “Saving Normal” (de F. Allen) y “The Book of Woe” (de Gary Greenberg), se han publicado cientos de artículos y se han lanzado importantes campañas de recogida de firmas a escala mundial, advirtiendo de los peligros que entraña el uso del DSM-5 y solicitando la abolición de los sistemas de clasificación diagnóstica.

El debate está dividiendo al gremio de la psiquiatría y aunque el punto candente se sitúa en EE.UU., se está extendiendo con rapidez en Europa, -sobre todo, en el Reino Unido- e incluso está calando de lleno en el mundo árabe. De esta manera, la cadena de TV Al Jazeera ha emitido hace unos días una entrevista con Robert Whitaker, periodista de investigación experto en el área de la medicina y la ciencia, y autor del libro Anatomy of an Epidemic (Anatomía de una epidemia), -del que ya hemos hablado en Infocop (ver: Robert Whithaker y los efectos nocivos de los psicofármacos ), y Allen Frances. En dicha entrevista, Allen Frances apuntó que los diagnósticos “siempre se expanden, nunca se reducen” y se abordaron aspectos tan trascendentes como los perjuicios que genera la expansión de las categorías diagnósticas y su asociación con el aumento de la medicalización de la población.

El debate mundial que ha abierto el cuestionamiento del DSM-5 supone un replanteamiento de los cimientos en los que se sustenta la psiquiatría, por lo que está siendo considerado como una revolución histórica en salud mental (ver: Los psiquiatras se suman a la abolición del DSM y el CIE y apoyan el modelo de rehabilitación en salud mental 2). Sin embargo, llama la atención que este tema aún no haya tenido la repercusión mediática que se merece en nuestro país.

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Fuente: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=4587&cat=44

Psiquiatras se suman a la abolición del DSM y el CIE, apoyando modelo de rehabilitación en salud mental


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Los psiquiatras se suman a la abolición del DSM y el CIE y apoyan el modelo de rehabilitación en salud mental




Un amplio grupo de psiquiatras, liderados por el doctor S. Timimi, han enviado una petición formal al Colegio de Psiquiatras de Reino Unido en la que solicitan la abolición de los sistemas de clasificación diagnóstica, CIE y DSM. La petición se ha acompañado de una campaña de recogida de firmas en la plataforma Change.org, que, en el momento de redactar este artículo, contaba con el apoyo de más de 1.000 firmantes en tan sólo dos días tras su lanzamiento. En declaraciones a los medios, S. Timimi ha afirmado que: “El proyecto del DSM no se puede justificar, ni en sus principios teóricos ni en la práctica. Tiene que ser abandonado para que podamos encontrar formas más humanas y eficaces de responder a la angustia mental”.
En el comunicado, titulado “No más etiquetas diagnósticas” (No more psychiatric labels), realizan una revisión exhaustiva de los motivos y de la evidencia científica en la que sustentan esta posición, estableciendo las siguientes conclusiones:
  • Los diagnósticos psiquiátricos no son válidos.
  • El uso de los diagnósticos psiquiátricos aumenta la estigmatización.
  • La utilización de diagnósticos psiquiátricos no ayuda a la decisión sobre el tratamiento a elegir.
  • El pronóstico a largo plazo de los problemas de salud mental ha empeorado.
  • Estos sistemas imponen las creencias occidentales sobre los trastornos mentales en otras culturas.
  • Existen modelos alternativos, basados en la evidencia, para proporcionar una atención eficaz en salud mental.
El escrito, supone una declaración sin tapujos, de lo que estos psiquiatras consideran acerca del quehacer de su trabajo y del futuro de la salud mental. “La psiquiatría se encuentra atrapada en un callejón sin salida”, aseguran en la introducción al texto. La recopilación de estudios científicos sobre epidemiología, las investigaciones transculturales y los ensayos clínicos de eficacia del tratamiento “ponen de relieve hasta qué punto los datos son inconsistentes con el modelo médico dominante, basado en diagnósticos, y considerado como el paradigma organizativo de la práctica clínica”. “El uso continuado de los sistemas de clasificación diagnóstica para la realización de la investigación, la formación, la evaluación y el tratamiento de las personas con problemas de salud mental es incompatible con un enfoque basado en la evidencia, capaz de mejorar los resultados”. Por tanto, “ha llegado el momento de facilitar que la teoría y la práctica en salud mental superen este estancamiento, eliminando los sistemas de clasificación diagnóstica CIE y DSM”.
En relación con la etiología de los trastornos mentales, el comunicado señala que “el fracaso de la investigación científica básica para revelar cualquier disfunción biológica específica o cualquier marcador fisiológico  o psicológico que sirva para identificar un determinado diagnóstico psiquiátrico es sobradamente reconocido”. “La única excepción importante a la falta de apoyo sobre la etiología de un diagnóstico es el trastorno por estrés postraumático, que atribuye los síntomas al resultado directo de un trauma”. Además, “existe un amplio cuerpo de evidencia que vincula los episodios psiquiátricos, considerados como más graves, como las alucinaciones auditivas y la psicosis, a situaciones de trauma y abuso, incluyendo el abuso sexual, el físico y el racial, la pobreza, el abandono y el estigma”. Por este motivo, “es importante tratar de comprender las experiencias psicóticas dentro del contexto de la historia de vida de la persona. No hacerlo puede resultar perjudicial porque empaña y añade confusión acerca de los orígenes de las experiencias y conductas problemáticas, teniendo la posibilidad de ser entendidas”.
Los autores del texto se muestran preocupados ante la falta de validez de los sistemas de clasificación diagnóstica y manifiestan que  “el hecho de que la investigación científica básica no haya podido establecer ningún marcador biológico específico para ningún diagnóstico psiquiátrico, pone de manifiesto que los sistemas de clasificación actuales no comparten el mismo valor científico para pertenecer a las ciencias biológicas que el resto de la medicina”. Sin embargo, afirma el comunicado, “nuestra incapacidad para encontrar correlatos biológicos no debe ser vista como una debilidad. En lugar de empeñarnos en mantener un línea de investigación científica y clínicamente inútil, debemos entender este fracaso como una oportunidad para revisar el paradigma dominante en salud mental y desarrollar otro que se adapte mejor a la evidencia”.
A este respecto, el documento recoge los estudios y meta-análisis que avalan la eficacia de determinadas intervenciones psicológicas, así como las investigaciones sobre el efecto placebo asociado a los psicofármacos, afirmando que el modelo biologicista en enfermedad mental está obsoleto. El desequilibrio bioquímico en el que se basa el tratamiento farmacológico en salud mental, “no se ha podido demostrar”, según señala.
Asimismo, detallan los graves perjuicios que puede suponer para las personas ser tratadas bajo la perspectiva biológica (la estigmatización, la falta de búsqueda de las verdaderas causas del problema, la confianza ciega en la medicación…), así como los riesgos y la falta de eficacia del tratamiento farmacológico, citando las investigaciones, incluso realizadas por la Organización Mundial de la Salud, que evidencian, al comparar transculturalmente poblaciones de personas con trastorno mental que no habían recibido ningún tratamiento farmacológico con personas con trastorno mental que sí lo habían recibido, que  “los pacientes con trastorno mental, fuera de EE.UU. y Europa, presentan unas tasas de recaída significativamente más bajas y son significativamente más propensos a alcanzar una plena recuperación y menor grado de deterioro a largo plazo, aunque la mayoría haya tenido un acceso limitado o nulo a medicación antipsicótica”.
“En resumen, parece que actualmente contamos con una evidencia sustancial que muestra que el diagnóstico en salud mental, como cualquier otro enfoque basado en la enfermedad, puede estar contribuyendo a empeorar el pronóstico de las personas diagnosticadas, más que a mejorarlo”, señala el documento. “Por lo tanto, la única conclusión basada en la evidencia que se puede extraer es que los sistemas psiquiátricos diagnósticos formales, como el DSM y el CIE, deberían abolirse”.
Como alternativa, el grupo de psiquiatras que ha elaborado el documento, propone la implantación de nuevos paradigmas, basados en la evidencia, “que pueden ser desarrollados e implementados fácilmente”, e instan a la colaboración y el debate conjunto con otros profesionales de la psicología, sociología, filosofía, medicina, etc. Concluyen su comunicado, enumerando los siguientes “buenos puntos de partida”, tanto en la búsqueda de factores causales como en la realización de la práctica clínica:
  • Etiología: las investigaciones sobre la estrecha asociación entre situaciones traumáticas, sobre todo, en la infancia y adolescencia, y trastornos mentales como la psicosis, dan cuenta de que los factores contextuales deben integrarse en la investigación.
  • Práctica Clínica: Si bien los resultados sobre la eficacia del tratamiento farmacológico no ha mejorado en 40 años de investigación, existen otras alternativas, “en áreas tan diversas como los servicios de psicoterapia, los servicios comunitarios en salud mental, abuso de sustancias e intervención con parejas”, que han incorporado el peso que juega la alianza terapéutica o el apoyo social en la eficacia de la intervención, mejorando la eficacia de las resultados. Determinados movimientos basados en un enfoque de “recuperación” o “rehabilitación”, en vez de en un modelo de enfermedad y de clasificación diagnóstica, así como los programas que defienden un modelo integrado de atención a la salud mental y física, “son buenos ejemplos de cómo la evidencia puede incorporarse para facilitar un cambio de la cultura institucional”.
En definitiva, el texto supone un reconocimiento formal de las aportaciones y de la eficacia de las intervenciones psicológicas, así como del paradigma biopsicosocial y del enfoque basado en la rehabilitación, que defiende esta rama de la ciencia. Lo insólito del documento, es que es un hito que esta afirmación esté siendo avalada por un grupo de psiquiatras, comprometidos con su profesión y preocupados por mejorar la atención que se presta en salud mental.

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Fuente: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=4586&cat=44