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martes, 5 de julio de 2016

Las hembras de bonobo se enfadan más que los machos

Las hembras de bonobo se enfadan más que los machos
  • La investigación concluye afirmando, entre otros, que la agresividad y la dominación masculina no constituyen un rasgo innato, ni legado por nuestros ancestros biológicos 




Los bonobos (Pan paniscus) son una de las especies más hippies que ha dado la evolución. Son pacíficos y utilizan las relaciones sexuales para saludarse, resolver conflictos o reconciliarse.

Junto con los chimpancés (Pan troglodytes) son los parientes vivos más cercanos de los humanos. Entre ellos comparten multitud de similitudes, incluso por un tiempo fueron considerados la misma especie conocidos como ‘chimpancé pigmeo’. No obstante, mientras que los chimpancés tienden a ser agresivos –capaces de matar a miembros de su grupo deliberadamente– los bonobos son animales mucho más gentiles.

Pero a pesar de su estilo de vida libertario, también se crispan. Según un estudio de personalidad, publicado en American Journal of Primatology, las hembras de bonobos son más irritables que los machos, lo que según los investigadores podría deberse a su papel dominante dentro de sus sociedades.

Por primera vez en poblaciones salvajes y durante más de seis meses, el equipo de investigadores estudió el comportamiento de un grupo de 16 bonobos que habitan en la Reserva Científica de Luo, en la República Democrática del Congo.

Tras la observación, ocho fueron los factores dominantes que los autores destacaron del análisis del comportamiento: impasibilidad, amabilidad, agresividad, irritabilidad, actividad, alegría, introversión e higiene personal.

Algunos de los resultados eran esperados. Por ejemplo que los bonobos machos son más introvertidos que las hembras y que pierden amabilidad y ganan agresividad según se van haciendo mayores.


Sin embargo, otros fueron sorprendentes. Los investigadores no observaron diferencias entre sexos en los niveles de agresividad, aunque sí observaron que, entre machos, los rangos jerárquicos más altos se asocian con un carácter más agresivo. 

Otro hallazgo inesperado fue la ausencia de rasgos neuróticos en los bonobos, un comportamiento que ha sido ampliamente observado en otras especies de simios.

Aunque estos resultados no aportan datos sobre el comportamiento humano, ofrecen pistas para llegar a entender los cambios en el comportamiento que tuvieron lugar a lo largo de la evolución.

Los investigadores defienden que las marcadas diferencias de comportamiento entre bonobos y chimpancés hacen que ya no se pueda sugerir que la agresión y la dominación masculina presente en el ser humano sea un rasgo innato que le llega de sus ancestros.

El siguiente paso será entender si estos rasgos de personalidad son consistentes con el tiempo y si existen tendencias similares en otras comunidades bonobos.

El comportamiento pacifista de los bonobos ha sido ampliamente estudiado
debido a su contraste con el resto de primates, más agresivos en general. Según otro nuevo estudio, publicado en BioMedCentral Evolutionary Biology, este estilo de vida podría ser debido a la lotería a la que se enfrentan los machos a la hora de fecundar a las hembras.

Como sucede en otras especies, las hembras presentan una hinchazón de los genitales que se entiende como señal de fecundidad. Pero según los resultados, en las bonobos hembras solo un tercio de las ovulaciones se produce mientras esta manifestación fisiológica  está presente.

Según los expertos, esta incertidumbre ha sido esencial para que las relaciones entre ambos sexos sean menos violentas y que los machos prefieran invertir en socializar más con las hembras en lugar de enfrentarse con otros machos por conseguir aparearse.

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Fuente:

http://noticiasdelaciencia.com/not/20221/las-hembras-de-bonobo-se-enfadan-mas-que-los-machos/&num=1&strip=1&vwsrc=0

Enlaces relacionados:



viernes, 2 de octubre de 2015

El lado carnívoro de los afables bonobos

El lado carnívoro de los afables bonobos

 


•       Investigadores del Instituto Max Planck descubren que se comen a otros primates

•       Estos primates son afables, promiscuos y sus hembras gozan de una buena posición social

•       Este hallazgo tumba la teoría de que la caza surge en sociedades de dominación masculina

 

RTVE.ES / EUROPA PRESS
13.10.2008 | actualización 00h00


                           


Pese a su reputación de ser una criaturas que se comportan con altruismo y practican el amor libre, a la hora de comer los bonobos no tienen reparos en cazar y matar las crías de otros monos, al igual que hacen sus más feroces primos, los chimpancés.



Así lo han descubierto un grupo de investigadores del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Alemania tras haber presenciado la caza de algunos primates por parte de una comunidad de bonobos asentada en los bosques de la República Democrática del Congo.




"Los bonobos no tienen compasión. Los cogen y empiezan a comérselos. No les importa matarlos", detalla Gottfried Hohmann, uno de los autores del estudio que revela los hábitos alimenticios de estos primates, que ha sido publicado en el último número de la revista Current Biology.




                        



Las hembras también cazan




El descubrimiento desafía la teoría de que la dominancia y agresividad masculinas deben tener un vínculo causal con la conducta de caza, una idea que mantienen los primeros modelos de la evolución de la agresividad en humanos y en los primates no humanos. 




En las comunidades de primates bonobos las hembras se encuentran en la cúspide de la pirámide social y se pensaba que los machos comían sólo carne de antílopes, ardillas y roedores. 




Según explica Gottfried Hohmann, "estos descubrimientos son particularmente relevantes para el debate sobre la dominancia, vinculación, agresión y caza de los machos, un dominio que se creía distinto entre chimpancés y bonobos". 




Hohmann señala que en el caso de los chimpancés, la dominancia masculina se asocia con la violencia física, la caza y el consumo de carne. 




"Por inferencia, la carencia de dominancia masculina y violencia física a menudo se utiliza para explicar la relativa ausencia de caza y consumo de carne en los bonobos. Nuestras observaciones sugieren que, en contraste con hipótesis previas, estas conductas podrían persistir en sociedades con relaciones sociales diferentes". 




Los bonobos viven sólo en los bosques de las tierras bajas al sur del río Congo y, junto con los chimpancés, son en el ámbito evolutivo los primates más cercanos a los humanos. 




Los bonobos son conocidos por su promiscuidad, ya que los actos sexuales del mismo y distinto sexo son comunes como forma de bienvenida, resolución de problemas o reconciliación después de los conflictos. 




Cinco años de seguimiento




Los investigadores realizaron su descubrimiento mientras estudiaban una población de bonobos que vive en LuiKotale, en el Parque Nacional de Salonga, en la República Democrática del Congo. Los autores habían estado siguiendo a los bonobos durante los últimos cinco años, lo que hizo posibles estas observaciones. 




Los científicos vieron tres episodios exitosos de caza en los que los bonobos capturaron y comieron un primate. En otros dos casos, la caza falló. Los datos de LuiKotale mostraron que los bonobos de ambos sexos jugaban papeles activos en la persecución y caza de los monos. 




Según los investigadores, la participación de las hembras adultas en estas cacerías, algo que no se produce entre los chimpancés, podría reflejar patrones sociales como la formación de una alianza y cooperación entre las hembras adultas. 




Los futuros estudios en LuiKotale podrían seguir arrojando luz sobre el significado y las causas de la agresividad, la caza y el consumo de carne en bonobos, chimpancés y humanos.






                           
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Fuente: http://www.rtve.es/noticias/20081013/lado-carnivoro-afables-bonobos/177129.shtml 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Chimpancés, asesinos natos























Chimpancés, asesinos natos

ABC.ES / MADRID

Día 17/09/2014 - 19.00h

Un estudio demuestra que estos primates se matan unos a otros por una estrategia evolutiva y no por la influencia humana

Chimpancés, asesinos natos
Los chimpancés tienen una naturaleza violenta, según el estudio

De todas las especies que existen en el mundo, los seres humanos y los chimpancés son dos de las pocas que se enzarzan en ataques coordinados contra otros miembros de su misma especie. En la década de los 70, las observaciones de la famosa primatóloga Jane Goodall sobre la violencia letal de estos primates llamaron la atención en todo el mundo. Muchos han creído que esas agresiones letales eran consecuencia de las actividades humanas, como la alimentación por parte de los investigadores o la destrucción del hábitat. Sin embargo, parece que estos simios no han sido perturbados, sino que «nacieron para matar».



Un nuevo estudio que ha reunido datos recogidos durante más de cinco décadas entre 18 comunidades chimpancés (Pan troglodytes) y cuatro grupos de sus parientes más cercanos, los bonobos (Pan paniscus), ha descubierto que el impacto humano no es el culpable de la violencia. «Este estudio echa por tierra la idea de que la agresión letal entre los chimpancés salvajes sea un comportamiento aberrante causado por perturbaciones humanas», dice Ian Gilby, antropólogo de la Universidad Estatal de Arizona, investigador del Instituto Jane Goodall y coautor del estudio publicado en la revista Nature.



Al contrario, el «asesinato» supone para los chimpancés una estrategia adaptativa que proporciona una ventaja a sus autores para aumentar el acceso al territorio, la comida, la pareja u otros beneficios.


Los machos, más violentos



Tras analizar 152 ataques letales, el informe llega a la conclusión de que la agresión mortal hacia miembros de otros grupos es claramente parte del repertorio de comportamiento natural de los chimpancés. A veces los chimpancés se matan entre sí, independientemente del impacto humano, y los machos suelen ser los autores del «crimen». Sin embargo, no se ha observado que los bonobos maten a otros bonobos, cualquiera que sea el nivel de impacto humano.



Joan Seda, científico de la ASU que estudia la conducta de los primates, señala en un comentario que acompaña al artículo en Nature que «las percepciones de la conducta de los primates, en particular de los chimpancés, son a menudo distorsionadas», de forma que «características moralmente deseables, como la empatía y el altruismo, tienen profundas raíces evolutivas, mientras que las características no deseables, como la violencia a nivel de grupo y coerción sexual, no las tienen».



Los datos, sin embargo, muestran que «hay algunas circunstancias en las que los beneficios de la agresión letal exceden los costes para los chimpancés, nada más. Los seres humanos no están destinados a ser guerreros porque los chimpancés a veces maten a sus vecinos».

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Fuente: http://www.abc.es/ciencia/20140917/abci-chimpances-violentos-naturaleza-201409171657.html

domingo, 3 de noviembre de 2013

El caos y la bisexualidad como efecto de la feminización de la sociedad




El caos y la bisexualidad como efecto de la feminización de la sociedad.

FUNDAMERCED

19 de abril de 2013 a la(s) 21:44
         En nuestras sociedades la interacción social ha cambiado drásticamente; y sí, ya los hombres pueden exteriorizar sus emociones, y comportarse grácilmente; pero esta posibilidad viene dada por el fenómeno de la feminización de la sociedad a la que hemos estado sometidos, y que podría desembocar en una especie de masiva “sodomización”.  
       Hasta ahora, tanto la identidad sexual como la orientación sexual del sujeto debían guardar correspondencia con el sexo biológico del sujeto del cual se trate; sin embargo, se supone mucho más decisivo su derecho a expresarse como quiera, lo cual es de libre elección:   De allí que se pueda escoger no sólo entre la expresión masculina o la expresión femenina, sino también entre la andrógina.  
           Pero todo esto nos conduce inevitablemente al caos, a la anarquía. Por vía de ilustración: Luego que la comunidad LGBTi reivindique los derechos que reclama, obteniendo reconocimiento al matrimonio igualitario y al derecho de adoptar, esas reivindicaciones serán reclamadas igualmente por otras subculturas, como sería el caso de los sadomasoquistas y el de los pedófilos.  Sin ser tán drástico, otros parafílicos merecerían obtener igual reconocimiento respecto a sus derechos, y de este modo quienes permiten que su propia esposa mantengan relaciones sexuales con otros dejarán de ser objeto de burla y de afrenta social, pues el tribadismo deberá ser aceptable socialmente, así como la poligamia, la poliandria y hasta la prostitución, en todas sus formas y modalidades. Desde luego, sí como sociedad ignoramos qué somos una “sociedad” y cómo preservarnos cómo ente social, e ignoramos igualmente qué hemos de preservar y transmitir para la perpetuación de ese ente social, ocurre que dejará de existir nuestra “sociedad” tal cómo la conocemos, y podría convertirse entonces en regla el vivir en una especie de matriarcado, dónde sea irrelevante la figura paterna y dónde hasta para resolver cualquier problema basten caricias, abrazos o relaciones sexuales,  tanto para dirimir cómo para evitar conflictos, dado que será execrable toda agresividad y toda forma de violencia…pero así viven unos chimpancés pigmeos, los bonobos, los monos bisexuales…sería involución!  
      Por tanto, para garantizar tanto la existencia como la perpetuación de toda sociedad, el comportamiento manifiesto dentro de ese ente social debe regirse por determinados parámetros,y estos parámetros ser observados estrictamente por todos los miembros de esa sociedad.  No obstante, cada quién puede expresarse libremente, y sí quiere expresarse en modo distinto al de su propio sexo biológico, es libre de hacerlo; acotaríamos nosotros, podría expresarse libremente siempre que no transgreda esos parámetros ya aludidos.  De allí que notemos exista cierto relajo en las costumbres sociales de nuestras sociedades; y que aquello que denominábamos “las buenas costumbres” brille por su ausencia. Hasta no hace mucho, resultaba difícil “expresarse” libremente; los roles sociales eran sumamente respetados; ahora no, y debido a ese relajo cualquiera puede ahora reunirse con su “mejor” amigo a degustar un buen vino, mientras comparten haciendo origami y departen impresiones sobre tejido con dos agujas. Por supuesto, en la Noche de Fin de Año, se tomarán fotografías uno al lado del otro, chocando copas, brindando…!  Reitero, existe la libertad de expresión sexual  y quienes quieran puedan ejercerla, a su libre albedrío, aún cuándo ello suponga disconformidad con su propio sexo biológico, pero este relajo conducirá inevitablemente al caos social.

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domingo, 21 de julio de 2013

CRIMINOGÉNICA: El caos y la bisexualidad como efecto de la feminización de la sociedad




El caos y la bisexualidad como efecto de la feminización de la sociedad.




      En nuestras sociedades la interacción social ha cambiado drásticamente; y sí, ya los hombres pueden exteriorizar sus emociones, y comportarse grácilmente; pero esta posibilidad viene dada por el fenómeno de la feminización de la sociedad a la que hemos estado sometidos, y que podría desembocar en una especie de masiva “sodomización” de nuestra sociedad.  Hasta ahora, tanto la identidad sexual como la orientación sexual del sujeto debían guardar correspondencia con el sexo biológico del sujeto del cual se trate; sin embargo, se supone mucho más decisivo su derecho a expresarse como quiera, lo cual es de libre elección:   De allí que se pueda escoger no sólo entre la expresión masculina o la expresión femenina, sino también entre la andrógina. 

      Pero todo esto nos conduce inevitablemente al caos, a la anarquía. Por vía de ilustración: Luego que la comunidad LGBT reivindique los derechos que reclama, obteniendo reconocimiento al matrimonio igualitario y al derecho de adoptar, esas reivindicaciones serán reclamadas igualmente por otras subculturas, como sería el caso de los sadomasoquistas y el de los pedófilos.  Sin ser tán drástico, otros parafílicos merecerían obtener igual reconocimiento respecto a sus derechos, y de este modo quienes permiten que su propia esposa mantengan relaciones sexuales con otros dejarán de ser objeto de burla y de afrenta social, pues el tribadismo deberá ser aceptable socialmente, así como la poligamia, la poliandria y hasta la prostitución, en todas sus formas y modalidades.


      Desde luego, sí como sociedad ignoramos qué somos una “sociedad”, e ignoramos igualmente cómo preservarnos como ente social, e ignoramos asimismo qué hemos de preservar y transmitir para la perpetuación de ese ente social, entonces ocurre que dejará de existir nuestra “sociedad” tal cómo la conocemos, y podría convertirse entonces en regla el vivir en una especie de matriarcado, dónde sea irrelevante la figura paterna y dónde hasta para resolver cualquier problema basten caricias, abrazos o relaciones sexuales,  tanto para dirimir cómo para evitar conflictos, dado que será execrable toda agresividad y toda forma de violencia…del modo como efectivamente viven unos chimpancés pigmeos, los bonobos*,  los monos bisexuales*…pero esto sería involución! 

    Por tanto, para garantizar tanto la existencia como la perpetuación de toda sociedad, el comportamiento manifiesto dentro de todo ente social debe regirse por determinados parámetros, y estos parámetros ser observados estrictamente por todos los miembros de esa sociedad.  No obstante, cada quién puede expresarse libremente, y sí quiere expresarse en modo distinto al de su propio sexo biológico, es libre de hacerlo; acotaríamos nosotros, podría expresarse libremente siempre que no transgreda esos parámetros ya aludidos.  De allí que notemos exista cierto relajo en las costumbres sociales de nuestras sociedades; y que aquello que denominábamos “las buenas costumbres” brille por su ausencia. 

         Hasta no hace mucho, resultaba difícil “expresarse” libremente; los roles sociales eran sumamente respetados; ahora no, y debido a ese relajo cualquiera puede ahora reunirse con su “mejor” amigo a degustar un buen vino, mientras comparten haciendo origami y departen impresiones sobre tejido con dos agujas. Por supuesto, en la Noche de Fin de Año, se tomarán fotografías uno al lado del otro, chocando copas, brindando…!  Reitero, existe la libertad de expresión sexual  y quienes quieran puedan ejercerla, a su libre albedrío, aún cuándo ello suponga disconformidad con su propio sexo biológico, pero este relajo conducirá inevitablemente al caos social.

      Mientras tanto, bienvenida sea la tolerancia respecto a todos aquellos cuyos estilos de vida sea distinta a la nuestra, sin distingo de ningún tipo.   Todos somos humanos! ...Incluso los Aghori* !!! 




 

martes, 28 de mayo de 2013

HEMEROTECA: "La moral humana proviene de los monos"


martes 28 de mayo del 2013 09:35

"La moral humana viene de los simios"

Es la evolución y no la religión la que determina los comportamientos morales de los individuos, plantea un polémico libro

martes 28 de mayo del 2013 09:35


Los bonobos y los chimpancés se reconcilian después de pelear con un par que consideran valioso.


(BBC Mundo). Ni Jesús ni Rousseau ni Hobbes. Más bien la mona chita, o Darwin, para los más letrados, tendrían que ver con la moral.

     La moral humana tiene un pasado evolutivo ligado al comportamiento social, no religioso ni filosófico. Así lo plantea el primatólogo y profesor Frans de Waal en su último libro “El bonobo y el ateo”.

     “Muchos de los patrones que consideramos ‘morales’ vienen de la evolución de las especies”, le explica De Waal a BBC Mundo.

     Basado en 40 años de observación de primates, De Waal asegura que lo que los seres humanos denominamos como “moral” está mucho más cerca del comportamiento social de los simios que a una imposición divina o una decisión filosófica.

       Para el científico, la moral no pasa por una decisión que se toma o que se impone desde arriba -filosofía, religión o incluso autoridad- sino que es innata al comportamiento social humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que viene como parte del “paquete social” que también puede encontrarse en otros animales como nuestros parientes primates.

      Según el autor, los dos pilares de la moral: reciprocidad y justicia, por un lado y empatía y compasión por el otro, están presentes en el comportamiento social de los simios, el cual es ampliamente retratado en el libro.

ÉTICA PRIMATE

     Lo anterior está relacionado con los dos grados de moralidad que De Waal distingue en el comportamiento de estos animales. La primera, denominada moral “uno a uno”, tiene que ver con cómo un individuo espera ser tratado.

        Los estudios de De Waal, así como los de otros investigadores, han comprobado que chimpancés y bonobos respetan el concepto de propiedad y tratan a sus pares según la escala de jerarquía.

        Sin embargo, muchas otras especies parecieran regirse por un sistema parecido. Entonces, ¿cuándo un comportamiento social se vuelve moral?

        La clave es que estos primates esperan que se les respeten sus “derechos” y ser tratados según su grado jerárquico. Como animales sociales, muestran gratitud e incluso pueden tomar venganza, dependiendo del comportamiento de otros hacia ellos.

        El segundo grado de moralidad se denomina “preocupación social” y tiene relación con un concepto más abstracto, que involucra el sentido de armonía de la comunidad o grupo como un todo. Aunque bastante rudimentario, los simios sí muestran ciertas formas de reconocimiento de este grado de moralidad al compartir su comida, tranquilizar a sus vecinos o incluso “intervenir” en peleas de terceros para evitar disturbios en la comunidad.

       En una charla TED dictada por De Waal previo al lanzamiento del libro, el autor explicó que una de las cosas que más le llamó la atención de los primates que estudió fue su afán por reconciliarse luego de una pelea. “El principio es que tienes relaciones valiosas que resultan dañadas por el conflicto, por lo que tienes que hacer algo al respecto”, explicó en esa ocasión.

        Todo, siempre en miras a la aceptación -y cooperación- social.

     Los humanos, tal como nuestros parientes simios, evolucionamos en pequeños grupos donde la cooperación se volvió fundamental. Tal como ellos, también, ser sensible a las necesidades, intenciones y ánimos de nuestros pares se volvió una necesidad vital. Y eso, según de Waal, no tiene nada que ver con una decisión o un mandato superior, sino con la básica supervivencia.

    “Los seres humanos tenemos todo tipo de intereses egoístas y conflictos individuales que necesitamos resolver para lograr una sociedad cooperativa. Por eso es que tenemos moral, y las abejas u hormigas no”, señaló De Waal en una entrevista.

        Sin embargo, tampoco es que la moral provenga de una especie de Leviatán hobbesco.

        “El concepto de ‘el hombre es un lobo para el hombre’ es bastante injusto. Tanto para los lobos, que son animales bastante cooperativos, como para la humanidad que también es bastante más cooperativa y empática que lo que suele decirse”, aseguró el científico en su charla TED.

POLÉMICA RELIGIOSA
 
       Ni Dios ni la filosofía entonces habría influido en el desarrollo del comportamiento moral.

    Sin embargo las teorías de De Waal, basadas en sus descubrimientos, no caen muy bien entre filósofos, antropólogos e incluso economistas, según el mismo De Waal ha contado.

     “Ellos decidieron en su mente que la justicia es un concepto muy complejo y que los animales no pueden tenerlo. Hubo un filósofo incluso que nos escribió quejándose de que era imposible que los monos tuvieran un sentido de equidad, ya que la equidad es un concepto inventado durante la Revolución Francesa”, relató el científico en su charla TED.

      Y hoy se ha visto envuelto en otra polémica. Esta vez con religiosos. O no religiosos, para ser exactos.

        “La religión no es irrelevante, pero no es la base de la moralidad”, le dice De Waal a BBC Mundo.

       Originario de los Países Bajos, De Waal le cuenta a BBC Mundo que el libro es también una reacción a una sociedad como la estadounidense, donde la mayoría de las personas asocian directamente la moral con la religión.

     En su libro, el científico dedicó un capítulo completo al ateísmo. “Estoy por un rol reducido de la religión, con menos foco en Dios todopoderoso y más foco en la potencialidad humana”, escribe. Pero eso parece no ser suficiente para los ateos.

    Prominentes representantes del ateísmo como PZ Myers y AC Grayling han criticado duramente el libro, molestos no sólo porque De Waal es un científico que no “demoniza” la religión, sino que además critica al ateísmo, advirtiendo sobre los peligros de convertirlo en un dogma tan fuerte como la propia religión.

    “Creo que deberían calmarse un poco”, le dice De Waal a BBC Mundo, poniendo paños fríos a la discusión.

    “Si Dios existe es una pregunta interesante, pero no es la pregunta de mi libro y tampoco es una pregunta que un científico va a poder contestar”, concluye.

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Fuente:  http://elcomercio.pe/actualidad/1582121/noticia-moral-humana-viene-simios

martes, 16 de abril de 2013

HEMEROTECA: Bonobos, el paraíso que los humanos perdimos


Bonobos: la muestra viva del paraíso que los humanos perdimos

 

 

     Lástima que Wilhelm Reich no conoció a los bonobos, pues en estos simios habría tenido un potente campo de investigación para sus teorías que unían libertad, comunismo y sexualidad. Conocidos como los “monos hippies”, estos primates viven en comunidad, son nómades y practican el amor libre y el pacifismo. Adaptados a las selvas del Congo –en el corazón de África-, hoy se encuentran en peligro de extinción, pues son cazados por humanos que venden su “sabrosa carne” en algún exótico mercado de nuestra civilizada especie.

ESOS LOCOS BAJITOS
     
    “Bailando como mono” se llama el tema de La Floripondio, banda chilena caracterizada por su estilo salvaje y pachanguero. Más que seguro que estos rockeros hacen referencia –aunque no lo sepan- a los bonobos.

     Los bonobos nos ayudan a comprender cómo pudo haber sido la vida humana durante los miles de años previos a la revolución neolítica, en que mujeres y hombres vagaban en grupos de forrajeros o cazadores-recolectores -como los bosquimanos del kalahari que aún sobreviven en el suroeste africano. También nos llama a la reflexión las similitudes del modo de vida bonobo con algunos matriarcados (o sociedades matricéntricas) que existen actualmente en el mundo (ver etnia mosuo en China).

     La sociobiología dominante nos tenía acostumbrados a comparar al humano con simios jerárquicos y agresivos –chimpancés y gorilas-, ignorando intencionalmente al mono más parecido a nosotros: el bonobo, mono gozador e igualitario.

    Los bonobos caminan erguidos el 25% del tiempo en sus desplazamientos por el suelo. Estas características, junto con su postura, le da a los bonobos una apariencia más humana que los chimpancés comunes. Así mismo, los bonobos tienen una gran diferenciación facial -al igual que los humanos-, de modo que cada individuo tiene una apariencia significativamente distinta, permitiendo el reconocimiento visual en la interacción social.

     Los bonobos pueden pasar la prueba del espejo, que sirve para demostrar la conciencia de uno mismo. Se comunican principalmente mediante sonidos, aunque aún no se conoce el sentido de sus vocalizaciones; sin embargo, los humanos comprenden de forma sencilla sus expresiones faciales y algunos de sus gestos con las manos, como la invitación a jugar. Dos bonobos, Kanzi y Panbanisha, han aprendido un vocabulario de cerca de 400 palabras que pueden escribir usando un teclado especial de lexigramas (símbolos geométricos), y pueden responder a preguntas formuladas de viva voz. Algunos, como el bioético Peter Singer, argumentan que esos resultados califican a los bonobos al “derecho a la supervivencia y la vida”, derechos que los humanos teóricamente reconocen a todas las personas.

    Las relaciones sexuales juegan un papel preponderante en las sociedades de bonobos, ya que son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de reconciliación tras los mismos, y como forma de pago mediante favores tanto de machos como de hembras a cambio de comida. Los bonobos son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara (principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral.

    Por todas estas características, ya hay muchas personas que están adhiriendo a una suerte de “bonobismo”, por lo que les presentamos un texto (*) en tal sentido:

SUERTE DE MANIFIESTO BONOBISTA

 Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan solo tiempo.
El bonobo nunca es yo, es siempre ahora.

     Bonobo es una forma de ser, el bailoteo sonrisón de la vida en circunstancia. Bonobo también es pan paniscus, el primate más cercano al ser humano según lo entiende la ciencia; esto es, genética y categoría. Si nos ceñimos a esto, pronunciaremos con soltura y brava voz que el bonobo, recientemente descubierto por el lente humano -ignorado, inimaginado-, comparte muchas más cosas en común con nosotros que el anterior candidato a la ascendencia, el chimpancé común, simplonamente pan troglodytes.

     A saber: primeramente denominado Chimpancé Pigmeo, el bonobo es un simio juguetón, de largas piernas y orejas cortas, y que comparte el 99,8% del genoma humano. Si a esto le sumamos una relación social basada en el entendimiento a toda prueba, camaradería y carcajadas a granel, es que entonces el bonobo ya está aquí, rasga nuestras vestiduras, y nos invita a escondrijarnos, a olvidarnos a la deliciosa lejanía, al calor voluptuoso y carnavalesco del Zaire, allá donde en África sólo se sabe gozar.

    La sociedad bonobo es, por supuesto, matriarcal. A diferencia del chimpancé, no conoce la verticalidad, ni la jerarquía, ni el desenvolvimiento a golpes. Vadea ríos e incluso canturrea, si le viene en gana. Niños y adultos se codean no ya por lo bajo, sino al descaro mismo y compartiendo constantemente alimentos y aventuras; las chiquillas en flor suspiran encantos, y aquellos jóvenes mozos las observan con ojos que no adivinan más que el enamorarse.

     Todo nace y florece en África. La vida es dulce, y corre de la mano del primate que te abraza a medio camino de encontrar los frutos mágicos y beber del jugo que hace transpirar la tierra. Nunca supieron de la Guerra de los Chimpancés –siempre tan en busca de aquello que sólo consigue irritarles-; nunca supieron de los hombrecitos tímidos enviando maquinarias a robar energía allá donde habrá que asesinarlos para conseguirlo. La paz no es, por fin, aquella fúnebre y grisácea estación inmóvil entre dos guerras. La paz es un estado de conciencia, y el bonobo lo sabe. Y, como ha de ser, pues, se relame ente ella.

    Así como se asemejan, así también son diferentes uno del otro. El chimpancé asustado berrea y se sacude en violencia si es que la casualidad amordazada se le aparece en sustento y comida –bien podría ser carroña-: “nadie se me acerque, han oído ya esto es mío, tú no querrás probar mi furia”. El bonobo, por el contrario, encuentra regalos bajo las piedras y entonces, henchido e ilimitadamente feliz, corre a buscar camarada a que se repartan juntos la dulzona picardía de los frutos prohibidos del paraíso africano. Se rumorea que es entonces cuando estos amiguetes revoltosos harán estallar la magia y será también entonces cuando sabremos su secreto:

                     

SEXUALIDAD DESBORDANTE

      Nada más sencillo. No es nuevo para nadie que el sexo es la actividad predilecta del ser humano. Embellece y nutre la carne, arranca suspiros allí por donde se practique, y además es saludable en cuanto las sonrisas que arranca desintegran y anulan cualquier vestigio de depresión urbana-productiva amparadora del cáncer del progreso.

      Tanto el humano como el bonobo son los únicos mamíferos etiquetados ya con el celo permanente, y es entonces que, si bien los seres humanos intentamos a toda costa convencernos de que hay instancias y lugares determinados para el específico acto y entendemos la sexualidad como un capítulo sellado y estéril dentro del estándar del acto sexual coital y sus sucedáneos, el bonobo, que no entiende de matemáticas y que sinceramente tiene mejores cosas en qué pensar, se entrega al mandato incuestionable del deseo y la coquetería como reales y primarias relaciones sociales.

    A toda hora, a cada circunstancia, es posible embobarse en el espectáculo amoroso que ejecuta el bonobo desde que el cuerpo vitorea caricias.

    Lo hace todo: masturbación, penetración, contacto oral, orgía. Los machos intercambian alimentos sellando pactos de amistad mediante la frotación de sus genitales; las hembras se entrelazan entre el verdor del trópico estableciendo relaciones horizontales de hermandad y simpatía. Contrastando con el chimpancé, que irradia agresividad y abandona sus frustraciones sexuales en esporádicas uniones de verdadera dominación, el bonobo se abraza y vive en comunidades pacíficas donde no hay cabida al egoísmo ni a la guerra. Se aman, constantemente.

     Y hay más. Sólo la hembra humana y la bonobo (recordemos que somos parientes entrañablemente cercanos) tienen la vagina adelante. Los demás mamíferos del reino animal (bonita etiqueta, ¿eh?), al tener las hembras la vagina situada al reverso, copulan como todos sabemos lo hacen los perros. Incluido el chimpancé.

      El bonobo, en cambio, además de adoptar todas las posturas sexuales imaginables, lo hace cara a cara. Y, como diría Susan Bloch, estudiosa de un grupo de bonobos en cautiverio, cuando se aman así son “como practicantes de sexo tántrico, o como dos personas profundamente enamoradas”. Y como tales, se miran directamente a los ojos y se besan lánguida y acarameladamente.

   Los bonobos son extremadamente agradables. Cuando no están acariciándose o compartiendo alimentos se dedican al ocio, a la contemplación y al juego. Poseen un lenguaje único y complejo que la ciencia humana ha categorizado como “capaz de reconocer más de 400 pictogramas”. Como no temen al agua, no delimitan territorios ni por supuesto deben matarse para conservarlos intactos. Son nómadas y aventureros. Así como los enfurruñados chimpancés protagonizaron desde 1930 una extraña guerra en la cual las diversas tribus se cazaban la una a la otra, los bonobos en ocasiones se reúnen por centenares con tribus repletas de desconocidos para aullarle a la luna y desdibujar las tensiones con espontáneas y dulces sesiones de amor colectivo.


                  
El chimpancé es caníbal y brutal. El bonobo es vegetariano e irremediablemente pacífico.

     A pesar de que los bonobos se menean en un ritmo sexual que supera diez veces la actividad ídem del chimpancé, y casi mil la del gorila, su reproducción es armoniosa, y por supuesto no se desbordan de los mapas. Es común que una hembra adulta dé a luz a una criatura cada cuatro años, aproximadamente; esto sin contar abstinencia, ni recato, ni interrupción coital, ni el empleo de maravillas tecnológicas como el suministro de drogas hormonales para controlar sus ciclos reproductivos o el tener que enfundarse incómodamente un armazón de látex en el miembro viril para intentar detener el incesante fluir de la vida. Simplemente se enroscan y se enredan, desterrando cualquier tentativa de agresión, y sustituyendo la competitividad por el esparcimiento y el compañerismo. Todo esto sin dejar de hacer el amor a cada sonrisa de la tarde.

     Es probable que el ser humano se halle confundido. Tantos y tantos años intentando conquistar galaxias lejanas y apoderarse de aquellas baratijas diarias que de tanto encandilarle le han hecho creer son el Oro, debiendo hacerse cómplice de multitud de inescrupulosos y vergonzosos medios para lograr tan siniestros fines, le deben de haber nublado un poco el seso. Tan animal como el bonobo, parece haber olvidado aquellos nexos cálidos que reconocen la fertilidad como un circunstancia amiga y amparadora de la armoniosa distribución natural de la vida, donde cada pétalo, cada flor, y cada insecto que la poliniza y le hace gozar (pues esto también es hacer el amor) se interrelacionan y no hay cabida al desorden reproductivo, ni a la escasez, ni al aborto.

    Parece haber desestimado y ninguneado una sabiduría ancestral que, puesto como les gusta oírlo, está en los genes, y sistemáticamente se ha ido hundiendo en una larga y tediosa pataleta chimpancesca que indudablemente le ha arrojado a pretender que la única y eficaz manera de controlar su natalidad es a través de la moralización y censura de la sexualidad latente, demonizando el encuentro afectivo condicionado por sus consecuencias venéreas, enfermas, y generadoras de vida no deseada, siendo que la “sociedad” bonobo demuestra como se quiera que la gestación y el brote, la conservación de la especie, está en el ejercicio sano y limpio de la sexualidad plena.

MANJAR EXÓTICO

      Sea como fuera, el bonobo es rey. Y la vida le seguirá sonriendo y dándole el visto bueno a su estilo de vivirla, si es que la gula imaginaria del humano no acaba de exterminarle del carnaval del Congo.

      Lamentablemente se le considera en peligro de extinción, puesto que se paga suculentas sumas por su carne, considerada un manjar para paladares exóticos. Esto último ha experimentado un incremento dramático durante la última guerra civil en el país, a causa de la presencia de milicianos fuertemente armados incluso en áreas remotas “protegidas” como el Parque Nacional de Salonga.  Actualmente se estima que bailotean alrededor de 10.000 bonobos en estado salvaje -más unos cuantos miles más en cautiverio-, formando parte de una pauta mucho más general de extinción de los simios.

El bonobo, pacífico, coqueto, juguetón y enamorado, es un ejemplo para la humanidad.
   
     Habrá que abrirse paso entre la foresta para contemplarlo en su gloria. Parece haber vencido una batalla que hoy muchos sueñan con empezar a pelearla. No chillará ni enseñará los dientes cuando nos descubra observarle boquiabiertos; es probable que nos invite a desintegrar el estrés y a seducir el encanto de la sonrisa femenina y machota. Hoy por hoy, humanos y chimpancés se desencajan los sesos buscando la manera de encontrar la maña para hacer cada vez armas más grandes y poderosas. Y el bonobo tiene el pene bastante más largo que el humano y que las pretensiones de sus pistolas y su guerra.      
               
 

 (*) Extractos de “Bonobo Rey” (autor: Ludo)
Revista Absinthe, Nº5, diciembre 2007, Santiago de Chile.

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 Fuente:  http://www.elciudadano.cl/2009/08/19/10490/bonobos-la-muestra-viva-del-paraiso-que-los-humanos-perdimos/