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martes, 16 de abril de 2013

HEMEROTECA: Bonobos, el paraíso que los humanos perdimos


Bonobos: la muestra viva del paraíso que los humanos perdimos

 

 

     Lástima que Wilhelm Reich no conoció a los bonobos, pues en estos simios habría tenido un potente campo de investigación para sus teorías que unían libertad, comunismo y sexualidad. Conocidos como los “monos hippies”, estos primates viven en comunidad, son nómades y practican el amor libre y el pacifismo. Adaptados a las selvas del Congo –en el corazón de África-, hoy se encuentran en peligro de extinción, pues son cazados por humanos que venden su “sabrosa carne” en algún exótico mercado de nuestra civilizada especie.

ESOS LOCOS BAJITOS
     
    “Bailando como mono” se llama el tema de La Floripondio, banda chilena caracterizada por su estilo salvaje y pachanguero. Más que seguro que estos rockeros hacen referencia –aunque no lo sepan- a los bonobos.

     Los bonobos nos ayudan a comprender cómo pudo haber sido la vida humana durante los miles de años previos a la revolución neolítica, en que mujeres y hombres vagaban en grupos de forrajeros o cazadores-recolectores -como los bosquimanos del kalahari que aún sobreviven en el suroeste africano. También nos llama a la reflexión las similitudes del modo de vida bonobo con algunos matriarcados (o sociedades matricéntricas) que existen actualmente en el mundo (ver etnia mosuo en China).

     La sociobiología dominante nos tenía acostumbrados a comparar al humano con simios jerárquicos y agresivos –chimpancés y gorilas-, ignorando intencionalmente al mono más parecido a nosotros: el bonobo, mono gozador e igualitario.

    Los bonobos caminan erguidos el 25% del tiempo en sus desplazamientos por el suelo. Estas características, junto con su postura, le da a los bonobos una apariencia más humana que los chimpancés comunes. Así mismo, los bonobos tienen una gran diferenciación facial -al igual que los humanos-, de modo que cada individuo tiene una apariencia significativamente distinta, permitiendo el reconocimiento visual en la interacción social.

     Los bonobos pueden pasar la prueba del espejo, que sirve para demostrar la conciencia de uno mismo. Se comunican principalmente mediante sonidos, aunque aún no se conoce el sentido de sus vocalizaciones; sin embargo, los humanos comprenden de forma sencilla sus expresiones faciales y algunos de sus gestos con las manos, como la invitación a jugar. Dos bonobos, Kanzi y Panbanisha, han aprendido un vocabulario de cerca de 400 palabras que pueden escribir usando un teclado especial de lexigramas (símbolos geométricos), y pueden responder a preguntas formuladas de viva voz. Algunos, como el bioético Peter Singer, argumentan que esos resultados califican a los bonobos al “derecho a la supervivencia y la vida”, derechos que los humanos teóricamente reconocen a todas las personas.

    Las relaciones sexuales juegan un papel preponderante en las sociedades de bonobos, ya que son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de reconciliación tras los mismos, y como forma de pago mediante favores tanto de machos como de hembras a cambio de comida. Los bonobos son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara (principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral.

    Por todas estas características, ya hay muchas personas que están adhiriendo a una suerte de “bonobismo”, por lo que les presentamos un texto (*) en tal sentido:

SUERTE DE MANIFIESTO BONOBISTA

 Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan solo tiempo.
El bonobo nunca es yo, es siempre ahora.

     Bonobo es una forma de ser, el bailoteo sonrisón de la vida en circunstancia. Bonobo también es pan paniscus, el primate más cercano al ser humano según lo entiende la ciencia; esto es, genética y categoría. Si nos ceñimos a esto, pronunciaremos con soltura y brava voz que el bonobo, recientemente descubierto por el lente humano -ignorado, inimaginado-, comparte muchas más cosas en común con nosotros que el anterior candidato a la ascendencia, el chimpancé común, simplonamente pan troglodytes.

     A saber: primeramente denominado Chimpancé Pigmeo, el bonobo es un simio juguetón, de largas piernas y orejas cortas, y que comparte el 99,8% del genoma humano. Si a esto le sumamos una relación social basada en el entendimiento a toda prueba, camaradería y carcajadas a granel, es que entonces el bonobo ya está aquí, rasga nuestras vestiduras, y nos invita a escondrijarnos, a olvidarnos a la deliciosa lejanía, al calor voluptuoso y carnavalesco del Zaire, allá donde en África sólo se sabe gozar.

    La sociedad bonobo es, por supuesto, matriarcal. A diferencia del chimpancé, no conoce la verticalidad, ni la jerarquía, ni el desenvolvimiento a golpes. Vadea ríos e incluso canturrea, si le viene en gana. Niños y adultos se codean no ya por lo bajo, sino al descaro mismo y compartiendo constantemente alimentos y aventuras; las chiquillas en flor suspiran encantos, y aquellos jóvenes mozos las observan con ojos que no adivinan más que el enamorarse.

     Todo nace y florece en África. La vida es dulce, y corre de la mano del primate que te abraza a medio camino de encontrar los frutos mágicos y beber del jugo que hace transpirar la tierra. Nunca supieron de la Guerra de los Chimpancés –siempre tan en busca de aquello que sólo consigue irritarles-; nunca supieron de los hombrecitos tímidos enviando maquinarias a robar energía allá donde habrá que asesinarlos para conseguirlo. La paz no es, por fin, aquella fúnebre y grisácea estación inmóvil entre dos guerras. La paz es un estado de conciencia, y el bonobo lo sabe. Y, como ha de ser, pues, se relame ente ella.

    Así como se asemejan, así también son diferentes uno del otro. El chimpancé asustado berrea y se sacude en violencia si es que la casualidad amordazada se le aparece en sustento y comida –bien podría ser carroña-: “nadie se me acerque, han oído ya esto es mío, tú no querrás probar mi furia”. El bonobo, por el contrario, encuentra regalos bajo las piedras y entonces, henchido e ilimitadamente feliz, corre a buscar camarada a que se repartan juntos la dulzona picardía de los frutos prohibidos del paraíso africano. Se rumorea que es entonces cuando estos amiguetes revoltosos harán estallar la magia y será también entonces cuando sabremos su secreto:

                     

SEXUALIDAD DESBORDANTE

      Nada más sencillo. No es nuevo para nadie que el sexo es la actividad predilecta del ser humano. Embellece y nutre la carne, arranca suspiros allí por donde se practique, y además es saludable en cuanto las sonrisas que arranca desintegran y anulan cualquier vestigio de depresión urbana-productiva amparadora del cáncer del progreso.

      Tanto el humano como el bonobo son los únicos mamíferos etiquetados ya con el celo permanente, y es entonces que, si bien los seres humanos intentamos a toda costa convencernos de que hay instancias y lugares determinados para el específico acto y entendemos la sexualidad como un capítulo sellado y estéril dentro del estándar del acto sexual coital y sus sucedáneos, el bonobo, que no entiende de matemáticas y que sinceramente tiene mejores cosas en qué pensar, se entrega al mandato incuestionable del deseo y la coquetería como reales y primarias relaciones sociales.

    A toda hora, a cada circunstancia, es posible embobarse en el espectáculo amoroso que ejecuta el bonobo desde que el cuerpo vitorea caricias.

    Lo hace todo: masturbación, penetración, contacto oral, orgía. Los machos intercambian alimentos sellando pactos de amistad mediante la frotación de sus genitales; las hembras se entrelazan entre el verdor del trópico estableciendo relaciones horizontales de hermandad y simpatía. Contrastando con el chimpancé, que irradia agresividad y abandona sus frustraciones sexuales en esporádicas uniones de verdadera dominación, el bonobo se abraza y vive en comunidades pacíficas donde no hay cabida al egoísmo ni a la guerra. Se aman, constantemente.

     Y hay más. Sólo la hembra humana y la bonobo (recordemos que somos parientes entrañablemente cercanos) tienen la vagina adelante. Los demás mamíferos del reino animal (bonita etiqueta, ¿eh?), al tener las hembras la vagina situada al reverso, copulan como todos sabemos lo hacen los perros. Incluido el chimpancé.

      El bonobo, en cambio, además de adoptar todas las posturas sexuales imaginables, lo hace cara a cara. Y, como diría Susan Bloch, estudiosa de un grupo de bonobos en cautiverio, cuando se aman así son “como practicantes de sexo tántrico, o como dos personas profundamente enamoradas”. Y como tales, se miran directamente a los ojos y se besan lánguida y acarameladamente.

   Los bonobos son extremadamente agradables. Cuando no están acariciándose o compartiendo alimentos se dedican al ocio, a la contemplación y al juego. Poseen un lenguaje único y complejo que la ciencia humana ha categorizado como “capaz de reconocer más de 400 pictogramas”. Como no temen al agua, no delimitan territorios ni por supuesto deben matarse para conservarlos intactos. Son nómadas y aventureros. Así como los enfurruñados chimpancés protagonizaron desde 1930 una extraña guerra en la cual las diversas tribus se cazaban la una a la otra, los bonobos en ocasiones se reúnen por centenares con tribus repletas de desconocidos para aullarle a la luna y desdibujar las tensiones con espontáneas y dulces sesiones de amor colectivo.


                  
El chimpancé es caníbal y brutal. El bonobo es vegetariano e irremediablemente pacífico.

     A pesar de que los bonobos se menean en un ritmo sexual que supera diez veces la actividad ídem del chimpancé, y casi mil la del gorila, su reproducción es armoniosa, y por supuesto no se desbordan de los mapas. Es común que una hembra adulta dé a luz a una criatura cada cuatro años, aproximadamente; esto sin contar abstinencia, ni recato, ni interrupción coital, ni el empleo de maravillas tecnológicas como el suministro de drogas hormonales para controlar sus ciclos reproductivos o el tener que enfundarse incómodamente un armazón de látex en el miembro viril para intentar detener el incesante fluir de la vida. Simplemente se enroscan y se enredan, desterrando cualquier tentativa de agresión, y sustituyendo la competitividad por el esparcimiento y el compañerismo. Todo esto sin dejar de hacer el amor a cada sonrisa de la tarde.

     Es probable que el ser humano se halle confundido. Tantos y tantos años intentando conquistar galaxias lejanas y apoderarse de aquellas baratijas diarias que de tanto encandilarle le han hecho creer son el Oro, debiendo hacerse cómplice de multitud de inescrupulosos y vergonzosos medios para lograr tan siniestros fines, le deben de haber nublado un poco el seso. Tan animal como el bonobo, parece haber olvidado aquellos nexos cálidos que reconocen la fertilidad como un circunstancia amiga y amparadora de la armoniosa distribución natural de la vida, donde cada pétalo, cada flor, y cada insecto que la poliniza y le hace gozar (pues esto también es hacer el amor) se interrelacionan y no hay cabida al desorden reproductivo, ni a la escasez, ni al aborto.

    Parece haber desestimado y ninguneado una sabiduría ancestral que, puesto como les gusta oírlo, está en los genes, y sistemáticamente se ha ido hundiendo en una larga y tediosa pataleta chimpancesca que indudablemente le ha arrojado a pretender que la única y eficaz manera de controlar su natalidad es a través de la moralización y censura de la sexualidad latente, demonizando el encuentro afectivo condicionado por sus consecuencias venéreas, enfermas, y generadoras de vida no deseada, siendo que la “sociedad” bonobo demuestra como se quiera que la gestación y el brote, la conservación de la especie, está en el ejercicio sano y limpio de la sexualidad plena.

MANJAR EXÓTICO

      Sea como fuera, el bonobo es rey. Y la vida le seguirá sonriendo y dándole el visto bueno a su estilo de vivirla, si es que la gula imaginaria del humano no acaba de exterminarle del carnaval del Congo.

      Lamentablemente se le considera en peligro de extinción, puesto que se paga suculentas sumas por su carne, considerada un manjar para paladares exóticos. Esto último ha experimentado un incremento dramático durante la última guerra civil en el país, a causa de la presencia de milicianos fuertemente armados incluso en áreas remotas “protegidas” como el Parque Nacional de Salonga.  Actualmente se estima que bailotean alrededor de 10.000 bonobos en estado salvaje -más unos cuantos miles más en cautiverio-, formando parte de una pauta mucho más general de extinción de los simios.

El bonobo, pacífico, coqueto, juguetón y enamorado, es un ejemplo para la humanidad.
   
     Habrá que abrirse paso entre la foresta para contemplarlo en su gloria. Parece haber vencido una batalla que hoy muchos sueñan con empezar a pelearla. No chillará ni enseñará los dientes cuando nos descubra observarle boquiabiertos; es probable que nos invite a desintegrar el estrés y a seducir el encanto de la sonrisa femenina y machota. Hoy por hoy, humanos y chimpancés se desencajan los sesos buscando la manera de encontrar la maña para hacer cada vez armas más grandes y poderosas. Y el bonobo tiene el pene bastante más largo que el humano y que las pretensiones de sus pistolas y su guerra.      
               
 

 (*) Extractos de “Bonobo Rey” (autor: Ludo)
Revista Absinthe, Nº5, diciembre 2007, Santiago de Chile.

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 Fuente:  http://www.elciudadano.cl/2009/08/19/10490/bonobos-la-muestra-viva-del-paraiso-que-los-humanos-perdimos/

lunes, 15 de abril de 2013

HEMEROTECA: Los bonobos solucionan los problemas abrazándose y practicando sexo




Los bonobos solucionan los problemas abrazándose y practicando sexo

Publicado el 09 mar 2011 por Ana
Ecologiablog.com
  
                         



                       


                             Bonobo besa a otro bonobo


    Los bonobos, esos tiernos monitos de los que tanto desconocemos todavía, son un “ejemplo de pacifismo del que tenemos mucho que aprender los humanos”, afirma Brian Hare, experto mundial en el estudio de estos primates.

      Según cuenta Hare, antropólogo de la Universidad de Duke que pasa largas temporadas observándolos en la reserva Lola Ya de la República Democrática del Congo, no hay quien saque de sus casillas a esta especie. Y si alguien lo pretende, ya sabe a lo que se expone: besos, abrazos, incluso a una sesión campestre de sexo como fórmula infablible para reconciliarse y mantener la armonía. 

    Ellos no cejan en su empeño, erre que erre, abraza que te abraza, besa que te besa, y copula que te copula…. Es su modo de practicar su envidiable filosofía hippie de paz y amor que, por cierto, juega un importante papel para su vida en comunidad, explica este especialista, en su comportamiento y manera de interactuar entre ellos:
      Siempre que las cosas se ponen tensas en el mundo bonobo, por lo general tendrán algún tipo de actividades sociosexuales y esto parece ayudar realmente a que todo el mundo se lleve bien. Pero otra de las maneras que tiene este tipo de sociedad de practicar el pacifismo es que son naturalmente más tolerantes. Comparten más, y si uno de ellos se molesta, no sólo practican sexo, también se abrazan o se acercan para hacer sentir mejor al otro. (Traducción libre)
 Abrazos y sexo entre bonobos:

Abrazos y sexo entre bonobosAbrazos y sexo entre bonobos

 Abrazos y sexo entre bonobosAbrazos y sexo entre bonobosAbrazos y sexo entre bonobosAbrazos y sexo entre bonobos 
Abrazos y sexo entre bonobosAbrazos y sexo entre bonobos 



     Pese a su gran cercanía genética con los humanos, la mayoría de la gente no sabe casi nada de estos “maravillosos animales”, se lamenta el primatólogo. Pero, por suerte, en alguna medida sus palabras van remediando esta ignorancia. Por ejemplo, Hare nos cuenta que mientras que las personas y los chimpancés se matan entre sí, “nunca se supo de ningún caso, ni en cautividad ni en estado salvaje, en el que un bonobo matase a otro bonobo”.

     Y, en fin, aunque la sabiduría popular dice que los conflictos no debemos resolverlos en la cama, como metáfora sí puede sernos útil. No luchar, hacer el amor, no la guerra, tal es su máxima y, sin duda, un camino a seguir. En su caso, al menos, se ha demostrado que funciona muy bien. 

     Por si lo desconocías, ahí van algunos datos más sobre los bonobos: son bisexuales y viven en una sociedad matriarcal, donde no se forman familias ni existen las parejas habituales. Según los últimos hallazgos científicos, saben negar con la cabeza, ríen y son especialmente generosos. Toda una joyita evolutiva.

Vía | www.physorg.com
Fotografía | Courtney Bolton
Fotografía | whiteshark29
Fotografía | tinkerroll21

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Fuente:   http://www.ecologiablog.com/post/5503/los-bonobos-resuelven-los-conflictos-abrazandose-y-practicando-sexo/last?message=mail_sent#add_comment

HEMEROTECA: Bonobo, el simio más promiscuo




BONOBO:
EL SIMIO MÁS PROMISCUO Y PARECIDO AL HOMBRE

Día 13/06/2012 - 19.02h


                                  Bonobo, el simio más promiscuo y parecido al hombre
Ulindi, la hembra de bonobo del Zoo Leipzig cuyo genoma ha sido secuenciado
Michael Seres
     Un equipo internacional de científicos liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) ha conseguido secuenciar por completo el genoma del bonobo, el último gran simio cuyo código de barras quedaba por descifrar. El estudio, que aparece publicado en la revista Nature, muestra que los bonobos son junto a los chimpancés los parientes vivos más cercanos al ser humano. En cuestión de genética nos diferenciamos muy poco, apenas un 1,3%, de ambas especies, que entre ellas son aún más parecidas, pero mientras los chimpancés tienen un carácter más agresivo, los bonobos son conocidos por ser pacíficos, juguetones y sexualmente muy activos. La investigación puede ayudar a identificar las bases genéticas de estos comportamientos tan dispares e incluso, quizás, comprendernos mejor a nosotros mismos.

     El bonobo es el último gran simio que faltaba por secuenciar, después del chimpancé, el orangután y el gorila, cuyo genoma se ha conocido este mismo año. Nuestra «marca de fábrica» coincide con la de bonobos y chimpancés en la misma proporción (un 98,7%). Sin embargo, el estudio, realizado con el ADN de Ulindi, una hembra de bonobo del zoológico de Leipzig, revela que en algunas regiones específicas estamos más cerca de los bonobos que de los chimpancés, mientras que en otras ocurre precisamente lo contrario. Ambas especies son aún más similares entre sí: su genoma solo se distingue en un 0,4%. «Esas diferencias son las interesantes, porque pueden ayudarnos a entender algo tan complejo como es el comportamiento», afirma a ABC.es Tòmas Marquès Bonet, investigador del Instituto de Biología Evolutiva, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra, que ha participado en la investigación. 


Bonobo, el simio más promiscuo y parecido al hombre
                                                                     La bonobo Ulindi
















   Los bonobos y chimpancés se separaron hace apenas un millón de años, pero, en efecto, sus comportamientos sociales son muy dispares. «Mientras el chimpancé es más agresivo, con episodios frecuentes de ‘guerras’ entre tribus y un fuerte componente territorial, el bonobo se caracteriza por su carácter pacífico y por su alto nivel de actividad sexual», explica Marquès Bonet. «En los bonobos, el sexo tiene una función de unión social, pacificadora y de reducción del nivel de estrés».

Separados sin cruces

      Según el investigador, el estudio revela «que hubo un proceso de creación de especies limpio y sin cruces posteriores». Los territorios que ocupan los bonobos y los chimpancés en África central están muy próximos, separados solo por el río Congo. Se cree que la formación de este río pudo ser la causa de la evolución del antepasado de los chimpancés y los bonobos en dos especies de simios distintas.
 
       El objetivo de los científicos es buscar las bases genéticas que puedan explicar las diferencias de comportamiento entre bonobos y chimpancés. «Hemos localizado unos pocos genes candidatos, pero se necesitará seguir investigando para determinar si estas regiones contribuyen de algún modo a las diferencias y similitudes de comportamiento» entre las distintas especies, concluye Marquès Bonet. «Ahora, tenemos que empezar a buscar».

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Fuente: http://www.abc.es/20120613/ciencia/abci-bonobo-mono-erotico-parecido-201206131114.html