FUNDAMERCED

viernes, 6 de diciembre de 2013

Cine venezolano: SOY UN DELINCUENTE

CINE VENEZOLANO:
"Soy un delincuente"
 

                                


    Soy un delincuente es una película del director venezolano Clemente de la Cerda, basado en la novela testimonial del periodista Gustavo Santander. Estrenada en 1976 fue un gran éxito de taquilla superando incluso a grandes producciones norteamericanas como Tiburón, y es considerada una de las películas más importantes dentro del movimiento llamado Nuevo Cine Venezolano.

   Algunos críticos indican que esta película tiene claras influencias del neorrealismo italiano, al presentar elementos en común tales como la presencia de actores no profesionales, así como la utilización de calles reales como escenarios para las escenas.

    La cinta obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Locarno en 1977.

Sinopsis:

    La película cuenta la historia del Ramón Antonio Brizuela (protagonizada por Orlando Zarramera, actor no profesional), quien desde niño debe enfrentarse a la violencia y el desenfrenado estilo de vida de los barrios marginales caraqueños. Corrompido por una vecina, quien lo forza a efectuar atracos desde temprana edad, el joven Ramón Antonio pronto irá conociendo las virtudes y desgracias de un destino al cual parece no poder escapar: Ser un delincuente.


___
Tomado de Wikipedia

PEDOFILIA: MEA MAXIMA CULPA








La pantalla del siglo

Mea maxima culpa

Annemarie Meier

Hay películas que uno no va a ver para divertirse sino para informarse y aprender. Son películas que pueden doler pero son necesarias. Tal es el caso de Mea máxima culpa: Silencio en la casa de dios, documental que encontró distribuidor en México mientras que en otros países no llegará a las salas de cine. El realizador de Mea máxima culpa: Silencio en la casa de dios (2012) es Alex Gibney, experimentado documentalista estadunidense que cuenta con una filmografía de más de veinte documentales en los que muestra, describe y denuncia todo tipo de problemas desde el fracaso del sueño americano, la corrupción en empresas y la política, la tortura en las cárceles y los abusos de poder. Acaba de estrenar The Armstrong Lie en el que sigue el caso del exitoso  ciclista que después de subir a las nubes cayó al infierno del rechazo generalizado. 

En Mea máxima culpa: Silencio en la casa de dios, Gibney trata el tema de los casos de pederastia por parte de miembros del clero católico, en especial la de un sacerdote en un hogar para niños sordo mudos en Milwaukee, Wisconsin. A la pregunta por los motivos que lo movieron para abordar justamente este caso de abuso de niños, Gibney contestó: “Soy católico y tuve una educación católica: Por eso mismo la historia me movió profundamente. Hubo varias historias sobre abuso pero para mí fue importante seguir este caso hasta la cúspide”. (Entrevista en la televisión alemana Das Erste, 7 de julio 2013)

El caso de niños abusados que Gibney menciona en la entrevista para la televisora alemana, fue el centro de una amplia investigación y se convirtió en la espina dorsal del documental. Gibney “ da voz” – o mejor: “cede la imagen” - a un grupo de hombres sordomudos quienes narran en lenguaje de señas, cómo durante su estancia en St. John, hogar para niños sordomudos, sufrieron abuso. St. John, un edificio de tipo castillo medieval en medio de jardines, atendido por monjas y padres católicos. Entre las niñas y niños el padre Lawrence Murphy era el más popular puesto que dominaba el lenguaje de señas y acompañaba a los pequeños en sus actividades educativas, deportivas y de ocio. Doblados por voces, los hombres narran con manos y gestos cómo el padre empezó a molestarlos, cómo el abuso se convirtió en un trauma que los marcó de por vida. También cuentan cómo, al denunciarlo, primero con autoridades eclesiásticas y después civiles, obtuvieron poca respuesta. Gibney menciona en la entrevista a la televisión alemana que su investigación llegó hasta la cúspide, también las víctimas treparon la jerarquía eclesiástica y jurídica para denunciar los casos, hablaron con sacerdotes, escribieron cartas al arzobispado, al Vaticano e incluso al papa Juan Pablo II en Roma. Como no tuvieron respuesta emprendieron campañas de denuncia pública e incluso buscaron y se enfrentaron con el padre Murphy ya retirado para reclamar su castigo.      

Con las narraciones de las víctimas, material de archivo, fotos familiares, escenas recreadas y tomas de los habitantes de St. John, niños sonrientes haciendo deporte, jugando o estudiando, el filme teje un relato complejo. Las secuencias – o capítulos - con imágenes de espacios religiosos y rituales católicos, forman un discurso paralelo que muestra la belleza de iglesias y conventos. Son planos fijos y coreografías coloridas de las ceremonias de religiosos y creyentes. Es un mundo perfectamente estructurado, altamente estético y significativo. A través de las narraciones de las víctimas y las voces de expertos, investigadores, terapeutas y religiosos, se muestra, sin embargo, un sistema cerrado en sí y movido por leyes petrificadas que callan, silencian y tabuízan lo que llega desde afuera. Para no tratar el caso de pederastia en St. John como caso aislado, el filme aborda, aunque de manera lateral, los casos de los sacerdotes en Irlanda y el del mexicano Marcial Maciel. Con cuidado Gibney invita al espectador a no confundir los asuntos de la religiosidad y la fe con los casos de sacerdotes pederastas y su exculpación, o incluso justificación, tema que comentan varios de los personajes entrevistados.  

Mea culpa: silencio en la casa de dios es un documental impactante realizado a partir de una profunda investigación, complejo en su estructura, con un ritmo y una progresión dramática perfectamente calculadas. Le sugiero completar el filme estadunidense con el mexicano Agnus Dei: Cordero de Dios de Alejandra Sánchez. El excelente documental mexicano que se puede ver en línea, merece una reseña aparte. Por cierto, mi próxima columna saldrá dentro de quince días.  

annemariemeier@hotmail.com

____
Fuente:  http://www.milenio.com/firmas/annemarie_meier/Mea-maxima-culpa_18_187961251.html

martes, 3 de diciembre de 2013

Violencia entre mujeres


¿Cómo agreden las mujeres?

GÉNERO Un estudio científico confirma que las mujeres agreden a sus congéneres con tácticas sutiles pero letales. Los expertos explican por qué ellas pueden llegar a ser sus peores enemigas.

30 noviembre 2013

¿Cómo agreden las mujeres?. Donde hay competencia femenina, hay agresión. Entre las tácticas más populares  están hablar mal de la víctima a sus espaldas o generar rumores que la descalifican.

Donde hay competencia femenina, hay agresión. Entre las tácticas más populares están hablar mal de la víctima a sus espaldas o generar rumores que la descalifican.

Foto: ING image



         Todas en algún momento de sus vidas lo han hecho: mirar hacia arriba en señal de desaprobación, poner a rodar chismes o inventar apodos para descalificar a otra mujer. Hace tres décadas, los científicos que se aproximaban al tema de la competencia entre mujeres afirmaban que era un asunto anecdótico
, intuitivo y sin soporte científico.

    Pero recientes estudios han dado indicios de que es un fenómeno real que merece atención por el impacto emocional que genera en las víctimas. La semana pasada un nuevo estudio, publicado en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society, confirmó una vez más esta práctica, lo que contradice a quienes pregonan sobre la hermética hermandad femenina.

         La dura realidad es que las mujeres pueden llegar a ser las peores enemigas de sí mismas. A diferencia de los hombres, que se van directo a los puños y los insultos, lo hacen de manera soterrada y sutil. A esto se le llama agresión indirecta y su más importante característica es que hace daño sin dejar rastro. En efecto, si las atrapan lo niegan con frases como “¿yo?, nunca”, o “era una broma”.

          Para el estudio Tracy Vaillancourt y Aanchal Sharma, psicólogas de la Universidad de Ottawa, reclutaron dos grupos de mujeres entre 20 y 25 años en un aula de este plantel y les dijeron que era un experimento sobre la amistad. Cada grupo fue interrumpido durante la reunión por una mujer joven, bonita y de buena figura. Las diferenciaba solo la vestimenta. Una iba en jeans y camiseta mientras la otra vestía una minifalda y una blusa que dejaban ver parte de sus atributos.

            La reacción de las mujeres en ambos grupos fue opuesta. El primero aceptó a la mujer vestida de forma conservadora pero el segundo reaccionó de manera hostil ante la que llevaba el atuendo provocativo. Las investigadoras notaron que las demás estaban incómodas ante su presencia, la miraban de arriba abajo y hacían gestos de desaprobación. Cuando se marchó muchas se burlaron de ella y se llegó a sugerir que quería acostarse con el profesor.

       Para confirmar los hallazgos hicieron otra prueba, esta vez con fotos. En ambas la mujer bonita aparece con la pinta sugestiva pero una de las imágenes fue alterada digitalmente para hacerla ver más gorda. En este experimento las participantes rechazaron toda posibilidad de ser amigas de ella, de presentársela a su novio y ni hablar de dejarlas a solas con él.

        Los dos experimentos demuestran por primera vez que “el uso de agresión indirecta es generalizado y fácil de provocar”, dijo Vaillancourt a SEMANA. Se trata de una estrategia instintiva pero consciente que utilizan las mujeres a menudo para eliminar a una posible rival. El estudio es importante debido a que este tipo de agresión causa daño en la víctima. 

        “Genera ansiedad, depresión y riesgo de suicidio”, agregó la experta. Además, es una problemática que pasa desapercibida “porque sucede en el ámbito social y no en clase, pero es muy letal porque las mujeres saben dónde es que a las otras les duele más”, dice María Elena López, autora del libro ¡Basta ya! El ‘bullying’ puede parar.

        La competencia entre el mismo género se da durante toda la vida desde la etapa preescolar hasta la tercera edad, pero es más intensa entre los 11 y los 25 años, cuando ellas están en pleno juego de la conquista. Claro está que en la medida en que las mujeres han pospuesto el momento de establecerse con alguien este rango se ha ampliado. 

        “Donde hay competencia femenina hay agresión indirecta”, dice la investigadora, quien no duda de que estos incidentes también se dan en el ambiente laboral. Y cuando ya se han establecido con sus respectivas parejas la contienda pasa a ser sobre quién tiene los mejores hijos.

         En el caso de la competencia por los hombres, las mujeres utilizan varias modalidades de agresión indirecta como la difamación, lo que algunos expertos llaman el factor prostituta. “La desaprueban y la castigan calificándola de fácil y promiscua”, dice. Pero en esta guerra fría se vale todo: rechazar, ignorar, menospreciar y criticar sus defectos. 

         De hecho, otros estudios muestran que las mujeres tienden a formar alianzas que buscan excluir a otras. Así mismo aíslan a las recién llegadas o se hacen amigas de las enemigas por venganza. Mariana, de 25 años, alta y llamativa, recién llegada a Bogotá, señala que siempre le cae mal a las novias de sus amigos. “No son simpáticas conmigo, no me incluyen en sus grupos de WhatsApp, nunca me llaman por mi nombre y no me invitan a sus planes”, admite.

         Los hallazgos de Vaillencourt confirman que las mayores reguladoras del comportamiento sexual femenino son las propias mujeres. El psicólogo Roy Baumeister ha investigado el tema de por qué el deseo sexual parece más suprimido en el sexo femenino. Se podría pensar que los hombres se encargan de establecer esas normativas culturales para evitar que sus parejas les sean infieles.

       Pero en su estudio Baumeister concluye que son ellas las que controlan la sexualidad de sus congéneres “porque el sexo es un recurso limitado que las mujeres usan para negociar con los hombres, y esa escasez les da una ventaja”.

          Es como si en un mercado competido, un aspirante a un puesto se deja contratar por menos sueldo del que aspiran los demás. Si se vende fácil daña el precio del grupo. En ese sentido, “las mujeres que quieren tener sexo casual perjudican las metas de aquellas que desean relaciones a largo plazo”, señala Anne Campbell, autora del libro The Evolution of Desire. 

       Cuando las mujeres perciben a otras como fáciles las atacan porque las de este tipo les envían señales a los hombres de que no es necesario el compromiso pues hay otras disponibles de manera ‘gratis’. El menosprecio de sus congéneres es, entonces, una manera de menoscabar la reputación de estas féminas supuestamente libertinas.

       La razón por la cual las mujeres prefieren hablar mal de sus rivales a sus espaldas en lugar de comportarse como gallos de pelea responde a procesos evolutivos. Por un lado Vaillancourt explica que las mujeres culturalmente aprenden a no usar la violencia física. Pero además este comportamiento se ancla en raíces evolutivas. 

    “Las mujeres necesitan mantenerse sanas para que sus hijos sobrevivan. Involucrarse en comportamientos violentos físicos las pondría en riesgo de morir y por ende también a sus retoños”.

         Aunque el foco de esta investigación son las mujeres, Vaillancourt dice que los hombres a menudo también se involucran en este tipo de comportamiento. Lo que sucede es que ellos lo hacen más directamente y optan por insultarse por medio del tema que más les duele, el dinero y el estatus, que son también los elementos que más valoran las mujeres en ellos.

        Vaillancourt espera que hablar de este tema haga más conscientes a las mujeres pues aunque es un comportamiento arraigado, es susceptible de controlarse. Se trata de un asunto espinoso y esta investigación ya ha levantado ampolla. El buzón de correo electrónico de Vaillancourt está lleno de mensajes de mujeres que rechazan esta idea. “Usted debe ser un hombre”, “usted debe ser muy fea”, “usted es una zorra”. Ella se ríe porque al tratar de menospreciarla y desmeritar su trabajo, lo que lograron fue confirmar sus hallazgos...
 
____
Fuente: http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/lo-danino-del-bullying-entre-mujeres/366541-3