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lunes, 1 de abril de 2013

HEMEROTECA: Cerebro de Delincuente



el país

CEREBRO DE DELINCUENTE

Las técnicas de neuroimagen identifican un área relacionada con la propensión a saltarse la ley


Los científicos discrepan sobre la genética del comportamiento humano

Emilio de Benito 27 MAR 2013 - 22:51 CET

        



           
                                              El mapa del cerebro todavía es un arcano. / getty

      Los 96 reclusos forman en fila india. Es su último día en prisión, pero antes de salir a la calle tienen que pasar por una última prueba: el detector de futura criminalidad. De uno en uno entran en la sala donde los médicos les colocan una especie de casquete. Sentados frente a un ordenador, los todavía reos tienen que responder a preguntas y usar unos videojuegos. Parece un examen del carné de conducir. Pero no les vale haberse entrenado ni saberse las respuestas. Al otro lado del cristal, un monitor va procesando sus estímulos cerebrales. Al ver los resultados de uno de ellos en pantalla, el doctor Khiel lanza una mirada cómplice al alcaide: “Este”, apunta. No necesita decir más. El director de la cárcel se vuelve hacia su ayudante: “Toma nota. El recluso 4.567 quedará libre, pero con vigilancia especial. Antes de que pasen cuatro años lo volveremos a tener aquí”. No es una película. Y, si lo fuera, no sería muy original, porque Spielberg, en su adaptación del relato Minority report de Philip K. Dick (1956), ya usó un argumento similar. Pero si quisiéramos hacer una nueva versión de la película, la frase de que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” no se podría usar. Más bien, para ser justos con los derechos de propiedad intelectual, en los títulos de crédito debería figurar otra que dijera: “Basada en una historia sacada de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en su versión recogida por Science y Nature”. No es poca cosa como fuente de inspiración: se trata de tres de las publicaciones científicas más importantes del mundo.

     Las bases reales de este supuesto guion se están escribiendo en estos momentos. Las pruebas de neuroimagen son una herramienta cargada de posibilidades entre los investigadores. En este caso se utilizaron para medir la probabilidad de reincidir de un grupo de convictos. Y en ciencia, ya se sabe, después del primer paso vienen los demás. Y la idea de predecir el comportamiento —más aún el criminal— por métodos científicos es tentadora. Ya lo intentó Cesare Lomboso en el siglo XIX, con su intento de identificar y clasificar a los delincuentes en particular o a las personas en general por su aspecto. La teoría, nunca comprobada, tuvo bastante éxito, y sus coletazos llegaron hasta Antonio Vallejo Nájera e incluso a Gregorio Marañón. El franquismo en España intentó usar algo similar para identificar a rojos y otros desafectos, con sentencias en las que “la mirada” o “el prognatismo” se asociaban a comportamientos perseguibles.

    En este caso, se utilizó neuroimagen para ver qué pasaba en una diminuta porción del cerebro, el córtex del cíngulo anterior (CCA). En concreto, los investigadores de la ONG Mind Research Network de Albuquerque (Nuevo México) consiguieron el permiso para estudiar el cerebro de 96 hombres justo antes de salir de prisión. Los sometieron a una serie de preguntas y pruebas en las que tenían que poner en juego su sistema de toma de decisiones o inhibir sus respuestas más impulsivas. Con la resonancia magnética midieron la actividad del CCA de cada uno durante el proceso.

    Esta fue solo la primera parte del ensayo. Aunque todos habían sido condenados y todos respondían a los mismos estímulos, la actividad del CCA era variable. En unos se detectaba el aumento propio de un funcionamiento acelerado; en otros, nada.



Un estudio con 96 presos identifica alteraciones asociadas al crimen
    El experimento se completó con un seguimiento de la reincidencia de estos voluntarios durante cuatro años. Y el resultado llegó al cruzar los datos de aquella primera prueba de neuroimagen con su registro delictivo: aquellos que mostraban una menor actividad en el CCA tenían unas tasas de reingreso en prisión 2,6 veces mayor que los demás. Más aún: la proporción subía a 4,3 veces si se tomaban solo delitos no violentos. Y todo ello después de descartar el efecto en el futuro comportamiento de los investigados de factores como la adicción a sustancias.

   El supuesto doctor Khiel de la historia (un nombre no tan ficticio porque Kent Khiel es el neurólogo de la ONG que ha dirigido el trabajo) tenía, por tanto, una base seria para advertir al alcaide del riesgo potencial de quienes iba a poner en libertad.

   La tentación inmediata de esta historia sería hacer la prueba de la neuroimagen a todo el que vaya a dejar la cárcel. En función del resultado, ya se sabría a quién habría que poner especial vigilancia. Quizá, llegado al extremo, se podría pensar en no excarcelarlo. Aún más, siguiendo el giro que dio Spielberg a la historia, ni siquiera habría que esperar a que las personas delincan por primera vez: se les podría detener antes de que lo hicieran. Pero los propios autores del estudio descartan que esto pueda usarse tal cual. Con los pies en la tierra, Khiel, el neurólogo real que ha dirigido el trabajo, es categórico: “No es algo para aplicar ya”.

   Sin embargo, el estudio no deja indiferente a los científicos. Miquel Bernardo, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB), empieza por destacar la importancia de las publicaciones en las que se ha presentado. No es un guion destinado a consumo masivo y a ser disfrutado con un cubo de palomitas. Pero, en su papel de representante del mundo de la ciencia, a renglón seguido, advierte contra la traslación tal cual de los resultados de las técnicas de neuroimagen. Estas “han creado expectativas muy esperanzadoras y optimistas para la predicción y tratamiento de conductas y enfermedades mentales”, pero este entusiasmo “va por oleadas” y “ahora se está enfriando”, advierte, de una manera similar a lo que ocurrió con el Proyecto Genoma de hace más de 10 años, que causó una fiebre por identificar genes relacionados con todo, desde obesidad a autismo, y ahora mismo esas informaciones, valiosas sin duda, pasan ya desapercibidas.


La tentación sería aplicar estos métodos con fines de orden público
   Lo ideal, indica el experto, sería que se pudiera asociar un área del cerebro de manera unívoca a una conducta, pero el comportamiento humano es tan complejo que eso no es posible, por lo que todos estos estudios hay que tomarlos como “ayudas o pistas”, pero “nunca de manera definitiva”, dice Bernardo. “Lo que está claro es que en el cerebro está el sustrato de la conducta humana”. Con algo más de poesía, el neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás decía en una entrevista concedida a este periódico en 2009 que “el alma está en el cerebro”.

   Según este estudio, la variación en la actividad cerebral puede asociarse a la comisión de delitos pasados o futuros, pero la psicóloga forense Rocío Gómez Hermoso cree que tal y como este está diseñado el estudio no sirve para discriminar si la neuroimagen refleja una causa o un efecto. “Si es un efecto del comportamiento anterior, no serviría de nada”.

     Lo que está detrás de estos intentos es la base de las disquisiciones sobre el comportamiento humano desde hace 30 siglos: si nacemos de una manera o nos hacemos. Se puede aplicar a prácticamente todo: inteligencia, orientación sexual, propensión a delinquir, bondad —el hombre como lobo para el hombre de Hobbes o el buen salvaje al que la sociedad corrompe de Rousseau— o la creatividad. Trasladado al lenguaje de hace medio siglo, es el debate entre genotipo, lo innato, y fenotipo, lo adquirido. Santiago Ramón y Cajal lo complicó todo más y lo llevó al mundo más científico al describir la plasticidad del cerebro: este determina lo que hacemos, pero cambia según lo que nos pasa.

    Desde su desarrollo, la neuroimagen se ha usado para medir qué pasa en el cerebro en todo tipo de situaciones: al sentir hambre o ira, al estar sano o enfermo, al leer, al recordar, al conducir, y también en otras donde parece que el aparataje necesario (una especie de secador de pelo que es el encargado de medir qué partes del cerebro se activan —o no— en cada momento) es más complicado de aplicar, como al practicar sexo o arbitrar un partido de fútbol.



Una psicóloga forense descarta el ensayo frente a las técnicas actuales
    Obviamente, Khiel no había elegido estudiar el CCA al azar.Ya en pruebas más generales se había visto que el CCA, como indica en un artículo John Allman, del California Institute of Techonology (Caltec), era un área de “interfaz entre la emoción y el conocimiento”, con competencias sobre el “autocontrol emocional, la resolución de problemas, el reconocimiento de errores y una respuesta adaptativa a condiciones cambiantes en yuxtaposición con las emociones”. Por todo esto, no se ha estudiado todo el cerebro. La elección del área sobre la que se investigó, el CCA, es lógica. “Está relacionada con la impulsividad y el autocontrol”, resume Bernardo. “Una desregulación de este área significaría vulnerabilidad ante cierto tipo de conductas”, añade.

    No es que los científicos tengan especial predilección por el CCA (aunque su riqueza potencial lo justificaría). Cada emoción y actividad se corresponde con una o varias zonas del cerebro, desde respirar a pensar en física cuántica. O, al menos, eso es lo que creemos. Y es que el sistema neurológico es, seguramente, el más desconocido del cuerpo humano. Su núcleo, encerrado por los fuertes huesos del cráneo, es el cerebro, el órgano más misterioso. Resulta casi imposible de manipular en vivo. Como si se le pudiera aplicar el principio de incertidumbre de Heisenberg, medirlo implicaría alterarlo. Y de ahí el auge de las técnicas de imagen, como la resonancia, que son las que más se acercan a ver cómo funcionan sus engranajes sin tener que entrar dentro de él.

     Por eso, Bernardo cree que la lectura positiva que se puede sacar de este trabajo, más que lo “exótico” de sus planteamientos —el juego mental sobre el posible guion que saldría de la historia—, es que se avanza en dirección hacia unos “nuevos biomarcadores”. Si en otras enfermedades, como el cáncer, se buscan proteínas o células que indiquen lo que le pasa al paciente, en el caso de las enfermedades mentales las técnicas de imagen pueden ser un agente fundamental, “y no solo para predecir conductas, sino, más importante, para definir tratamientos”, añade el psiquiatra. “Tiene una utilidad funcional y estructural para validar diagnósticos, tratamientos y efectuar pronósticos”.

    Centrada en el trabajo, Rocío Gómez Hermoso, psicóloga forense desde 1995, señala las debilidades que ve en el estudio. Aunque reconoce lo atractivo que puede resultar, “concluir algo de un trabajo tan incipiente es problemático”, afirma. Para la psicóloga de vigilancia penitenciaria, hay tres inconvenientes grandes en el artículo. “Son solo 96 personas, que son pocas, solo se las sigue durante cuatro años y falta comparar con el resultado que darían en la prueba personas que no hubieran estado en prisión”. “Tampoco sabemos la tipología exacta ni a violencia de sus delitos”. “De hecho, los propios autores reconocen que no saben cómo pueden influir otros elementos”, indica la psicóloga.


La resonancia es más útil para seguir tratamientos, dice un psiquiatra
    Contra los fuegos artificiales de una tecnología muy llamativa pero con resultados controvertidos, Gómez Hermoso ofrece la realidad del día a día de su trabajo. “Estamos haciendo un estudio con 150 personas que hemos evaluado, y hemos acertado —tanto para indicar que van a reincidir como que no— en el 96% de los casos”.

    Para ello, Gómez Hermoso y su equipo han recurrido a la metodología tradicional: “Medir mediante entrevistas, la observación y las guías de valoración, básicamente la asunción de la autoría y su responsabilidad; analizar si existen o no rasgos psicopáticos”. Por eso, asegura: “Ni tenemos el equipamiento para hacer esas mediciones de neuroimagen, ni lo necesitamos”.

    O, por lo menos, no lo necesita de momento.


Fuente:  http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/27/actualidad/1364411067_127743.html

martes, 19 de marzo de 2013

CRIMINOGÉNICA: AGHORI



 Aghori




 En-Lighten!

 "Aghori"

                                                                 Photographer: CoSurvivor
                                                                 Date taken: 2012-09-21T14:10:38Z
                                                                 Date posted: 2012-11-28T00:00:00Z
                                                                 Camera Make: Nikon
                                                                 Camera Model: NIKON D7000
                                                                 Shutter speed: 1/30
                                                                 Aperture: f/5.6 


    The Aghori are a Shaivite Hindu sect mostly composed of ascetic sadhus. The Aghori ascetic is himself a symbol of the God Shiva in Shiva's form as Bhairava. The main symbol which makes him distinct from other sadhus is the skull cup he uses as a begging bowl. He goes naked or wears the shroud of a corpse, covers himself in the ashes of the cremation ground and always has his hair disheveled or in matted dreadlocks. If an aghori uses a corpse as part of his ritual worship, it is a symbol of his own body, and the corpse-devouring ritual is a symbol of the transcendence of his lower self and a realization of the greater, all pervading Self that is universal consciousness. Another symbol of the Aghori, which ties him to the affiliation of Bhairava and links aghoris together with other Saiva and Sakta traditions, is the trident. The three pronged trident staff in Tantric Hinduism, which aghoris follow, is a symbol representing the three constituents with which Shiva and Shakti first created the universe: iccha shakti (power of will/desire/intention), jnana shakti (power of knowledge - the preconceived architectural design of the universe), and kriya shakti (the power of action).

       The staff part of a trident in Hinduism represents the human spinal cord, of which the sushumna nadi runs along. The sushumna nadi is the main nerve current, or meridian, in the human body which is the track that the kundalini energy rises up, bringing the Aghori or yogi, or meditation practitioner into full spiritual enlightenment, nirvana, or more precisely nirvikalpa samadhi.

      Aghoris base their beliefs on two principles common to broader Shaivite dogma: that Shiva is perfect (omniscient, omnipresent, omnipotent, etc.) and that Shiva is responsible for everything that occurs – all conditions, causes and effects – in the phenomenal universe. Consequently, everything that exists must be perfect, and to deny the perfection of anything would be to deny the sacredness of all life in its full manifestation, as well as to deny the supreme being and the demigods' perfections. 

       An Aghor aspirant performs a “ghor tapasya” (very severe penance or self-mortification). During this period, he lives a shelter less and means less life in total isolation, completely detached from the worldly affairs. He does not care at all about his own physical conditions. His only mission during this period is to experience and realize that divine power, the “Shakti”. This kind of severe “Tapasya” is known only in Aghor tradition. This is how an Aughar attains a spiritual elevation. Aughar is actually a high stage in seekers life when all rules are finished. It is the highest discipline, without any worldly discipline. Contrary to accepted practice for religious sects, Aughars have no rules for eating, sleeping, cleanliness or wearing particular robes. For them there is no difference between the water in the gutter and the sacred water from the Ganges river. For them there is no difference between a diet of pure fruit and vegetables and the decayed flesh of dead animals. They are above good and bad. 




Source:  http://www.piebaldo.com/?filter=tags_s_mv:shiva

lunes, 18 de marzo de 2013

HEMEROTECA: Colegios son condenados a pagar indemnización por acoso escolar



Al menos cuarenta colegios han sido juzgados ya en España por obviar casos de acoso escolar



Acoso escolar

  • El acoso escolar da el salto del patio de recreo a los tribunales de Justicia.
  • Los padres demandan indemnizaciones a los colegios por daños y perjuicios.
  • Los jueces condenan solo si tienen pruebas de que no se frenó el maltrato.
  • Las multas que les imponen, muy dispares: de 2.000 a 30.000 euros.
  • Aumentan los acuerdos extrajudiciales para evitar una sentencia condenatoria.
  • "Económicamente no compensa, pero hay que denunciar", cuenta Mónica, que ha logrado la mayor conciliación judicial por un caso de acoso.
Avatar del periodista A. LARRAÑETA  A. LARRAÑETA 18.03.2013 - 11:11
 

Ocho años después de que la sociedad despertara de golpe al problema social del acoso escolar —con el salto mortal de la muralla de Hondarribia (Guipúzcoa) de Jokin Zeberio, un chaval de 14 años que no aguantó más las afrentas, burlas y agresiones de sus compañeros de clase— este grave asunto llega cada vez con más frecuencia a los juzgados.                                                          
 
 
Acoso escolar"La litigiosidad en el acoso escolar avanza al ritmo que crece la sensibilidad social", explica Pedro González, un abogado madrileño cuyo teléfono no deja de sonar estos días. Al otro lado de la línea, padres muy preocupados con el sufrimiento de sus hijos, que se sienten machacados por sus compañeros de clase.
En España ya existe jurisprudencia en la responsabilidad civil de los centros educativos ante el acoso escolar Si llaman tanto al despacho de González es porque este letrado madrileño consiguió que el colegio privado Amor de Dios de Alcorcón (Madrid) indemnizara con 24.000 euros a una familia tras incumplir el "deber de cuidado" de un alumno de 10 años ante "una situación de acoso que toda la clase y los profesores conocían", como especifica la sentencia. Y este mes de enero logró que el colegio concertado Ramar de Sabadell (Barcelona) accediera a compensar con 30.000 euros a otra familia por un caso idéntico.
En España ya existe jurisprudencia en la responsabilidad civil de los centros educativos ante el acoso escolar. Los centros pueden ser condenados por omisión del deber de cuidado y al menos cuarenta colegios han visto sentarse a la dirección en el banquillo de los acusados por mirar para otro lado ante las situaciones de acoso. Muchas escuelas han recibido sentencias condenatorias, otras han elegido la conciliación y evitar el proceso judicial. En su mayoría son centros concertados o privados. Los litigios con la escuela pública se dirimen en lo contencioso administrativo, un ámbito más complejo para reclamar.
Los juicios a colegios, casi todos posteriores al año 2000, demuestran que "a los jueces no les tiembla el pulso" a la hora de condenar si se acredita que profesores, tutores y directores hicieron caso omiso o permitieron que un compañero sufriese vejaciones continuadas de sus iguales, explica la abogada catalana Nuria Rebón, experta en denuncias de acoso.

Prevalencia del acoso escolar

La muerte del adolescente Jokin Zeberio, en septiembre de 2004, marcó un antes y un después en la consideración social del acoso escolar. Ese día los abusos entre iguales dentro de la escuela dejaron de considerarse "cosa de críos".
Los estudios más fiables, como el Cisneros X de 2007, aseguran que el 23% de los alumnos en España han sufrido alguna vez hostigamiento continuado por parte de compañeros. Las situaciones más graves —que se metan con ellos hasta llorar o les peguen— suman un 4%. Las edades más conflictivas, de los 11 a los 14 años.
Con todo, ocho años después de la muerte de Jokin, ni Educación ni Interior aportan dato alguno sobre el número de casos de acoso que se dan al año en España. La Fiscalía de Menores a penas dedica ocho líneas al acoso escolar en su memoria de 2012. Y este tipo de agresión no está tipificado como delito.
El 23% de los alumnos en España han sufrido alguna vez hostigamiento continuado La fiscalía percibe, sin aportar datos, un "continuo descenso" de los casos de acoso escolar gracias a las actuaciones preventivas de los colegios y a su vigilancia de la violencia en el ámbito escolar.
Ferrán Barri, presidente de SOS Bullying, ONG creada en 2004, opina que "si bien antes había una negación total del acoso, los planes de convivencia de los centros educativos abordan ahora mejor la situación. Se trabaja más en la prevención y en la detección precoz, pese a que hay bastantes casos todavía en los que no se actúa correctamente", añade.
Encarna García, de ACAE (Asociación contra el Acoso Escolar), es bastante más pesimista y subraya que hay excepciones honrosas entre los centros educativos, pero la mayoría "no saben cómo afrontar el acoso o no quieren ver este problema".

Denuncias a los centros

R. tenía 9 años cuando empezó a sufrir burlas de un grupo de compañeros de su clase. Burlas que derivaron en agresiones verbales, aislamiento y palizas. Su madre explica que R interiorizó que ese "era el papel que le tocaba jugar en la pandilla". Pero la violencia fue a más y R. cayó en depresión, dejó de comer y sentía pavor al ir a clase. Los padres intentaron cortarlo de raíz. Hablaron con los maestros, con la tutora, con dirección. Todo fue en balde. Los compañeros de R "le regalaron una paliza" el día de su 11 cumpleaños y sus padres decidieron cambiarle de colegio e interponer una demanda contra el centro educativo, el Ramar de Sabadell, por daños y perjuicios.
Los niños menores de 14 años son inimputables, lo que hace que los padres una vez han agotado todas las vías administrativas para poner fin al acoso de sus hijos se inclinen por denunciar a la escuela por omisión del deber de cuidado.
"Cada vez más padres van a los tribunales porque hay más conciencia de que se debe denunciar", explica la abogada Rebón. También Araceli Oñate, inventora de una herramienta para calibrar el grado de acoso al que es sometido un niño muy utilizada en los peritajes, opina que la juidicialización del acoso "es una tristísima realidad, creciente ante el silencio administrativo".
Cada vez más padres van a los tribunales porque cada vez hay más conciencia de que hay que denunciar De las primeras condenas que se hicieron públicas, la más famosa es la del Colegio Suizo de Alcobendas (Madrid). Un juez de primera instancia desestimó la denuncia de los padres, pese a que obraban en su poder vídeos probatorios del acoso. Recurrieron y la Audiencia Provincial condenó al centro privado a la multa más alta impuesta hasta la fecha en Europa, 30.000 euros.
La primera condena a un centro de titularidad pública recayó en el C. P. de Hellín. Un juez impuso a Castilla La Mancha una multa de 2.000 euros, más los gastos del psicólogo, para la familia de una exalumna de 10 años. El juez destacó en la sentencia la actitud "omisiva y en ocasiones permisiva" ante los malos tratos psico-verbales recibidos por la niña.
El último centro en ser sancionado, el Ramar, pactó en enero abonar 30.000 euros para evitar el juicio, no sin antes reconocer ante el juez su responsabilidad en el maltrato continuado del exalumno R.
"Estamos ante un fenómeno nuevo, que crece, y que si no despega es por el freno de una justicia muy cara", destaca Ferran Bullí, de SOS Bulling.

Litigar sale caro

Mónica, maestra cuyos hijos sufrieron acoso escolar.Denunciar el acoso escolar cuesta mucho dinero. Mónica, la madre que se enfrentó al colegio Ramar de Sabadell, tuvo que ampliar la hipoteca. Ella obtuvo la mayor indemnización extrajudicial por un caso de acoso (30.000 euros), pero echando cuentas descubrió que se había gastado 22.000 euros entre "abogados, procurador, informes, psicólogos y desplazamientos..."
Las multas o compensaciones que imponen los jueces en este tipo de casos son todavía, a juicio de los abogados, demasiado dispares. Llamativamente se toma de guía las indemnizaciones por accidente de tráfico, pero en las sentencias estudiadas la compensación oscila entre los 2.000 y los 30.000 euros.
Sin embargo, denunciar no siempre significa ganar. El abogado Pedro González avisa:  solo lleva a juicio una cuarta parte de los casos que le llegan. "Si el juez no lo ve claro no habrá condena", explica. Les ha ocurrido recientemente a dos familias, que han perdido sendos litigios contra los colegios Joan Pelegrí, en Barcelona, y los Maristas, en Madrid.
Si se le pregunta al abogado sevillano Gregorio Martinez Tello —especialista en responsabilidad civil— si judicialmente se acabará con el acoso escolar, Martínez Tello contesta:"¿Acaso ha acabado el código penal con los asesinatos? Denunciar debe ser el último paso. Primero está la detección precoz y la prevención", insiste. "Pero estas sentencias ayudan a que los centros pongan toda la carne en el asador con el acoso", remata. Su colega González coincide: "Las condenas suponen un toque de atención a los colegios".
Los directores del Colegio Suizo y del Ramar declinaron hablar para 20minutos.es. Un portavoz jurídico de la compañía religiosa dueña del colegio Amor de Dios, centro condenado por "tolerar el maltrato", sí reconoce que "la herida aún sigue abierta" en su comunidad educativa, que la sentencia ha producido un efecto llamada y ahora afrontan varias denuncias similares. Sin embargo, admite también que conllevó la implantación de un plan de detección precoz del acoso en los 23 centros educativos de la congregación".

¿Cómo identificar el acoso escolar?

Para determinar si un colegio ha sido negligente en su actuación es preciso demostrar que el acoso ha sido persistente en el tiempo, de la suficiente gravedad y en el ámbito de vigilancia y control del centro escolar.
Según la especialista Araceli Oñate cada vez hay más denuncias en las consejerías de Educación y "escandalosamente más violencia en las aulas". Para Oñate, "la institución educativa ha aprendido que es más rentable excluir a un alumno que admitir la realidad" denuncia. De hecho, en el 99% de los casos es el niño acosado el que deja el centro escolar, no sus agresores. "La mayoría de los traslados se producen precisamente ahora, a mitad de curso", expone.
Oñate cree que existe una negación institucional que hace que los padres terminen recurriendo a los juzgados. En su opinión, Educación se ha puesto del lado de las conductas del maltrato por falta de acción y advierte: "Los niños acosadores que no son corregidos a tiempo salen como verdaderos depredadores al mundo laboral, familiar y social".


Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/1741682/0/colegios/juzgados/acoso-escolar/

HEMEROTECA: Metilfenidato, la cocaína de los niños



Globedia Noticias  de España

El metilfenidato -la cocaína de los niños- es un asunto de salud pública

Miguel Jara    Publicada el 14-03-2013 13:48 





imageLa Interpol trabaja para la industria farmacéutica persiguiendo a quien vende en internet copias de sus productos. El top manta farmacéutico perseguido. Desde luego no les va a faltar trabajo pues existen infinidad de webs en las que se venden drogas legales de manera ilegal.

Sitios que facilitan la compra de, por ejemplo, metilfenidato -utilizado para tratar el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)- y otros psicofármacos con capacidad adictiva por internet sin receta.
 
Claro que las policías del mundo tienen un conflicto de interesas brutal pues al tiempo que persiguen a quienes trafican de manera ilegal con los fármacos de Big Pharma -la gran industria farmacéutica- no pueden evitar el conflicto entre las farmacéuticas y tanto las instituciones sanitarias como la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos, la agencia del control de drogas ilegales. En el centro de la cuestión está el control del metilfenidato y otros estimulantes que son objeto de abuso. Como publica The New York Times, las compañías farmacéuticas tratan de maximizar sus ganancias y los agentes de control de drogas tratan de minimizar el abuso por parte de personas, estudiantes universitarios, muchos de ellos, que utilizan los medicamentos para drogarse o estar despiertos toda la noche. El uso de estupefacientes legales, fármacos, se ha convertido en un problema de salud pública . A tenor de lo que cuenta dicho diario, en EE.UU, las farmacias se vacían de pastillas como Ritalin o Adderall . Hacen falta más. Eso o que los fabricantes de estos medicamentos, algunos de los cuales han suscrito el acuerdo con la Interpol que comentábamos ayer, no fabrican las suficientes unidades de sus genéricos para que se compren más los de marca, mucho más caros . ¿Se entiende ahora por qué en Big Pharma están tan preocupados porque se vendan copias de sus fármacos en Internet? Pierden mercado . Lo más preocupantes es que el metilfenidato es similar en acción a la cocaína y no hay estudios de medio a largo plazo que demuestren su efectividad y su seguridad. Muchas personas lo consumen durante años. Está claro que es legal drogar a niños con sustancias de igual acción que otras [pero] que si sus padres traficaran con ellas sería ilegal . 



Fuente:   http://es.globedia.com/metilfenidato-cocaina-ninos-asunto-salud-publica

viernes, 15 de marzo de 2013

CRIMINOGENICA: "Construyendo el concepto de 'Pedagogía Criminológica'", post de Agustín Salgado




Construyendo el concepto de "Pedagogía Criminológica"


Post by On 16 Febrero 2013 
en "Criminología y Justicia"

     La escuela como ente socializador sienta las bases del desarrollo psíquico del sujeto conjuntamente con la familia, que como aparatos ideológicos del Estado, están siendo rebasados por el fenómeno criminal que existe a nivel global. Es así como la pedagogía criminológica surge de la necesidad de una intervención temprana de prevención de conductas antisociales, que mediante un fundamento ecléctico-filosófico y teórico-científico, sienta las bases para su desarrollo y consecuente aplicación, mediante el desarrollo de estrategias contextualizadas a cada entorno y necesidades propias.

     Desde su génesis la pedagogía criminológica está dirigida a ambientes escolarizados, sin embargo, puede ser adaptada en casos especiales; la prevención en este sentido no se debe limitar a determinados tópicos formales. El sistema educativo deberá evolucionar para afrontar los retos que implica la proliferación de conductas antisociales, cada vez más generalizadas.

    La formación proporcionada por la pedagogía criminológica deberá ser ecuánime, compasiva e impregnada de sabiduría, combatiendo firmemente el abuso infantil y la depresión que este fenómeno causa a las victimas, se deben disminuir las emociones destructivas, que propician ansiedad, angustia, miedo y actitudes egocéntricas muy acentuadas. La educación deberá desarrollar la habilidad para que se controlen las emociones negativas, para que no vayan más allá de lo estrictamente necesario, disciplinándolas racionalmente para volver a tener estabilidad emocional.

      La pedagogía criminológica deberá enfocar su análisis en la regulación de las emociones que permita equilibrio interior en el sujeto, para que se puedan afrontar favorablemente la frustración, el estrés y el miedo, que cada vez están más presentes en la vida escolar; deberá evitar que la escuela propicie el rechazo de los alumnos, por haber roto las reglas, por el contrario deberá procurar la integración escolar, para que este individuo no “termine” con resentimiento social, debe procurarse la sana convivencia desde las aulas, propiciando relaciones interpersonales afectivas, respetuosas, generando en el individuo la habilidad de un armónico actuar, “nutriéndole” con confianza.

     El fenómeno criminal se extiende cada vez con mayor intensidad en todas las culturas. La pedagogía criminológica debe llevar a la praxis educativa de manera global, adaptada a cada contexto cultural, surgiendo por la necesidad estructurada de anticipación conductual nociva.


Sobre el Autor:

Agustin Salgado

Agustin Salgado 

Licenciado en Derecho con Estudios en Psicología Educativa



Fuente: http://cj-worldnews.com/spain/index.php/es/criminologia-30/menores-y-violencia/item/2518-construyendo-el-concepto-de-pedagog%C3%ADa-criminol%C3%B3gica