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martes, 27 de enero de 2015

Ayotzinapa: El ejército en la noche de Iguala









El Ejército en la noche de Iguala
Información obtenida por MILENIO revela que tras los ataques de policías a normalistas, soldados del 27 Batallón de Infantería sí tuvieron contacto con estudiantes en hospitales.
Sitio donde ocurrió el primer ataque contra los normalistas. (Rogelio Agustín)
Iguala, Guerrero

¿Qué hicieron los soldados del 27 Batallón de Infantería del Ejército la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del año pasado, cuando 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecieron en Iguala? MILENIO pudo reconstruir paso a paso, cada hora, las acciones de los militares.

De acuerdo con información que consta en el expediente del caso elaborado por la Procuraduría General de la República (PGR), a la que tuvo acceso este reportero, así como testimonios recabados con algunos oficiales y elementos de tropa del 27 Batallón de Infantería destacamentados en esta ciudad, la noche del 26 de septiembre los militares estaban al tanto de lo que estaba aconteciendo en este lugar: las agresiones a balazos contra los normalistas.


La mayor parte ocurrió a una distancia de dos kilómetros en línea recta del cuartel.

Más tarde, luego de los tiroteos, los militares tuvieron contacto con varios estudiantes en dos instalaciones médicas: el Hospital General y el Hospital Cristina, cercanos a su cuartel.

En los hechos de septiembre pasado, los criminales atacaron
el autobús del equipo Avispones de Chilpancingo y mataron
a dos tripulantes. (Rogelio Agustín)
De la investigación periodística se desprende que los soldados no detuvieron ni trasladaron a ninguno de los normalistas que estaban en esos hospitales aquella noche ni en la madrugada del día siguiente porque, hoy se sabe, se trataba de... sobrevivientes de los violentos acontecimientos perpetrados por policías y criminales sin uniforme.

Personal médico, administrativo y de enfermería consultado también por MILENIO confirmó que los soldados únicamente verificaron la identidad de los heridos y, al percatarse que se trataba de estudiantes y no de delincuentes, no procedieron de ninguna forma contra ellos.  

Al comienzo de los acontecimientos, el secretario de Seguridad Pública del municipio, Felipe Flores (hoy prófugo), mintió: vía telefónica dijo que no tenía conocimiento de ningún incidente con estudiantes de Ayotzinapa, aseguró que sus elementos estaban apostados en las entradas de la ciudad y, a pregunta expresa del comandante del Batallón, José Rodríguez Pérez, negó que él o sus hombres hubieran detenido a algún normalista. Hoy se ha confirmado que sus policías y los de Cocula capturaron a los estudiantes y los entregaron a criminales del cártel Guerreros Unidos, conforme a lo asentado en las averiguaciones de la PGR.

El gobierno de Guerrero se negó a intervenir cuando los hechos ya estaban en desarrollo, de acuerdo con una conversación telefónica que sostuvo el mismo comandante militar con José Adame Bautista, coordinador operativo de la Policía Estatal en la zona norte, a la cual pertenece Iguala. Sobre el despliegue de sus elementos, el funcionario dijo: “No van a salir hasta que me lo ordenen mis superiores”, cosa que no ocurrió.

Los soldados no intervinieron en las balaceras que hubo porque, de acuerdo con las normas que los rigen (citan los militares los artículos 21 y 115 constitucionales), tienen que hacerlo a petición de la autoridad civil, lo cual no ocurrió, según explicaron oficiales a este diario. Cuando sí salieron a recorrer las calles fue ante denuncias ciudadanas anónimas (telefónicas) realizadas posteriormente a los hechos, las cuales alertaban sobre la aparición de cuerpos heridos o muertos en determinadas calles, así como a la presunta presencia de hombres armados al interior de un hospital, y a la “posible agresión de gente armada contra civiles”, dijeron.
Una docena de padres de los estudiantes se presentó en el cuartel del 27 Batallón de Infantería un día después de los hechos con el fin de solicitar a los soldados ayuda para hallar a 56 personas que hasta ese momento estaban perdidas. Según los testimonios de los soldados, los padres declararon en ese momento que tenían información de que los estudiantes habían sido levantados por policías de Iguala.

La noche de aquel viernes, la mayor parte de los militares estaba franca y en el cuartel solo permanecían de guardia 23 elementos, así como una Fuerza de Reacción compuesta por 21 soldados y 41 elementos de personal administrativo, entre cocineros, meseros, oficinistas y mecánicos.

***
Para los soldados, su actividad extramuros empezó cuando, hacia las 10 de la mañana, en la carretera Iguala-Puente de Ixtla, a la altura del kilómetro 44, un tráiler que transportaba 35 toneladas de nitrato de amonio, sustancia inflamable que genera vapores altamente tóxicos, volcó. Hacia allá se dirigió la Fuerza de Reacción compuesta por un oficial y 21 elementos de tropa, con el fin de aplicar el plan DN-III-E. Los militares volvieron al cuartel cerca de las 11 de la noche.

Sin embargo, a esa hora, en las instalaciones militares ya hacía rato que había comenzado a fluir la información sobre lo que ocurría en distintos puntos de la ciudad y sus inmediaciones: a las 21:20 horas el C-4 de Iguala informó al 27 Batallón que un grupo de normalistas a bordo de un autobús había arribado a la central de Estrella Blanca, que está a dos kilómetros en línea recta del cuartel. Ahí los estudiantes se apoderaron de dos autobuses de la empresa Costa Line.

Poco después de las nueve y media de esa noche, el C-4 informó al cuartel militar que los normalistas habían salido del lugar con tres autobuses, y que iban seguidos por elementos de la Policía Municipal. Minutos más tarde se produjo una primera escaramuza entre estudiantes y policías en el cruce de las calles Hermenegildo Galeana y Melchor Ocampo. Ahí hubo disparos de los policías luego de que los jóvenes lanzaron piedras y palos al momento de ser interceptados. Ese lugar se ubica a dos kilómetros en línea recta del cuartel.

A las 10 de la noche el comandante del 27 Batallón fue informado por el C-4 que en la calle de Juan N. Álvarez esquina con Periférico Norte había detonaciones y una persona herida de bala. Este punto también está a dos kilómetros de distancia de las instalaciones militares.

Veinte minutos más tarde, a la salida de la carretera Chilpancingo-Iguala, cerca del nuevo Palacio de Justicia, policías municipales que se trasladaban en ocho patrullas ya tenían rodeados a estudiantes que viajaban en el autobús con número 1531. Los policías iban vestidos de negro y varios de ellos llevaban pasamontañas. Usaron gases y bajaron a los normalistas que iban en el vehículo. Ese sitio está a 2.3 kilómetros en línea recta.

Iban a dar las 11 de la noche cuando los elementos de la Fuerza de Reacción regresaron del sitio de la volcadura del tráiler, pasando a 400 metros del lugar donde los policías habían capturado a los estudiantes minutos antes.

Comenzaban a bajar de sus unidades, pero el comandante les ordenó que se dirigieran al Hospital General, ya que se había recibido una llamada de alguien que informó que personas heridas de bala habían sido ingresadas ahí. El lugar está a 300 metros en línea recta del batallón. Cuando llegaron los soldados confirmaron que había tres heridos de bala: dos estudiantes con lesiones leves, uno en un brazo (Erick Santiago) y otro en una mano (Daniel Martínez). El tercero estaba en coma y permanece así hasta hoy: Aldo Gutiérrez. Los militares volvieron al cuartel poco antes de las 12 de la noche.

Pocos minutos después llegaron a las instalaciones militares ocho integrantes del equipo de futbol Avispones de Chilpancingo para pedir auxilio.

Casi a la medianoche el comandante ordenó a sus soldados dirigirse al sitio en el que fueron agredidos los jóvenes futbolistas, uno de los cuales falleció, además del chofer del autobús en el que se transportaban, así como un taxista que quedó en medio del fuego de los policías municipales.

Alrededor de las doce y media se presentaron los primeros elementos de la Policía Federal.

Ante lo que iba sabiendo de lo que sucedía en las calles, el comandante organizó otra Fuerza de Reacción con el personal que tenía disponible. Y la envió a patrullar.

Después de la una de la mañana esta segunda unidad militar se dirigió al Hospital Cristina, en la calle Juan N. Álvarez, para verificar información que llegaba al C-4 en el sentido de que gente armada había llegado al lugar y que había evacuado a todo el personal médico y de enfermería para atrincherarse ahí. 

En trayecto al hospital, los soldados pasaron frente a dos cuerpos que yacían abatidos en la calle Juan N. Álvarez pero no se detuvieron y siguieron de largo hacia la clínica Cristina, a la que arribaron 15 minutos después. Fue ahí donde los militares tuvieron un contacto más prolongado con estudiantes sobrevivientes.

Cuentan que al llegar, todas las luces estaban apagadas. Llamaron a la puerta y un hombre les abrió, levantó las manos en cuanto los vio, se tranquilizó y encendió las luces de la recepción. Era uno de los normalistas de Ayotzinapa.

“Arriba hay más de nosotros”, les dijo.

Los soldados revisaron todo el inmueble, los 15 cuartos del lugar y la azotea. Los normalistas, 24 en total, y un hombre que dijo ser profesor, fueron a la planta baja y se sentaron tanto en las bancas de la recepción como las del pasillo. Los jóvenes explicaron que habían sido baleados por policías municipales y que uno de ellos estaba herido en el rostro, en el labio superior, como comprobaron los militares al hallarlo en un cuarto adicional.

Aquí es donde hay divergencias de testimonios: según los normalistas, los militares no los dejaban hacer llamadas, les tomaron fotografías, se burlaron de ellos y les impidieron hablar:

—¡Cállense! ¡Ustedes se lo buscaron, querían ponerse con hombrecitos, pues ahora éntrenle y aguántense! —les habrían dicho los soldados a los estudiantes, según declaró a la cadena Telemundo el estudiante Omar García.

Los soldados entrevistados niegan la versión y cuentan que llamaron a una ambulancia para que atendieran el herido, y recibieron la orden de regresar a donde habían visto los dos cuerpos abatidos junto a tres autobuses que habían sido usados por los estudiantes.

Más tarde, el oficial a cargo recibió la orden de volver al hospital Cristina para custodiar y proteger a los sobrevivientes. En ese momento el grupo militar se dividió en dos: un oficial y seis elementos de tropa permanecieron junto a los cadáveres y otro oficial con seis elementos de tropa regresaron a la clínica.

Minutos después de las dos de la mañana arribaron, pero los estudiantes ya no estaban ahí: el herido fue llevado en un taxi al Hospital General y los demás se retiraron a pie, según narró un médico del Cristina. Los soldados se fueron también, de vuelta hacia los cadáveres.
Felipe Flores, ex titular de la SSP
igualense, permanece prófugo. (AFP)

A las tres de la madrugada, ya con presencia de algunos periodistas, llegó al lugar un autobús con normalistas. Hubo un intercambio verbal sin consecuencias: uno de los estudiantes espetó que los agresores eran del “gobierno”, del “Estado”.

Los soldados permanecieron custodiando los cuerpos hasta que un agente del Ministerio Público, un perito en criminalística y un médico forense concluyeron su trabajo.

El regreso de estos soldados a su cuartel fue poco antes de las seis de la mañana. El del primer grupo, el que estaba con Los Avispones, dicen que había vuelto tres horas antes.

El 28 de septiembre, el comandante del 27 Batallón se reunió con 20 padres de familia de los estudiantes, quienes le pidieron auxilio para localizar a 56 personas desaparecidas. Los papás declararon que sus hijos habían sido “detenidos” por agentes de la policía municipal de Iguala.
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Fuente:


http://www.milenio.com/politica/Ejercito_en_Iguala-estudiantes_de_Ayotzinapa-contacto_de_Ejercito_con_normalistas_0_452954727.html?utm_source=Twitter&utm_medium=Referral&utm_term=Politica&utm_campaign=Milenio

Enlaces relacionados:


viernes, 23 de enero de 2015

México: Señalan riesgos de un plan legislativo contra el bullying



Señalan riesgos de un plan contra el “bullying”

Predominio de lo legislativo sobre lo pedagógico

 
Un par de alumnos pelea en una escuela capitalina
ante la aprobación y porras de otros estudiantes
 
Viernes, 23 de enero de 2015 - Edición impresa
MÉXICO (Notimex).- Las iniciativas legislativas presentadas a nivel federal y local para disminuir los casos de “bullying” pueden tener un efecto negativo para las escuelas si no se estructuran con criterios pedagógicos, advirtió Eduardo Weiss Horz, experto del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

El científico del Departamento de Investigaciones Educativas opinó que el mayor riesgo de pretender contener el problema con la creación de leyes es que impere el criterio legislativo sobre el pedagógico.

También estableció que, “además de la severidad de las sanciones establecidas a las instituciones, se está considerando a las escuelas un ‘terreno criminal’”.

Entre los puntos más controvertidos presentados en la propuesta federal está que se pretende sancionar a los profesores y directivos que “toleran o ignoran la realización de violencia dentro o fuera del centro educativo”.

La definición “violencia escolar” puede referirse a cualquier tipo y grado de agresión, y puede resultar peligrosa la criminalización de ese tipo de interacción entre estudiantes, porque los maestros actuarán según un ordenamiento legal y no con criterios pedagógicos, advirtió el investigador.

De esa manera, en lugar de corregir y prevenir el comportamiento agresivo entre los alumnos, por medios de herramientas pedagógicas, se buscaría sancionar una acción de esa naturaleza.

“La labor de las escuelas y de los maestros no debe confundirse con el Ministerio Público, su trabajo debe ser formativo y preventivo”.

Weiss Horz, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Erlangen, en Alemania, estimó que el actual problema del “bullying” recae en una mala definición del término, al identificarse como cualquier agresión que sucede en las escuelas.

Empero, “para que una agresión sea calificada de “bullying” debe tener dos características: que haya un desbalance de poder (el agresor más fuerte que la víctima) y que sea repetida”, detalló.

Sin hacer apología de la violencia, el experto dijo que las agresiones entre compañeros de escuela es un tema que siempre ha existido y es parte de las relaciones humanas. Refirió que sus estudios revelan que la agresividad y la violencia entre chicos se relaciona primordialmente con la experimentación de la masculinidad, mientras que en las mujeres la agresión es más verbal y está relacionada con la popularidad de las personas. También consideró equivocado pensar que hay un escalamiento de las agresiones en las escuelas como parte de la violencia generalizada en el país. Aunque precisó que sí se han registrado casos donde una escuela se ve afectada porque se ubica en una zona con violencia, “pero eso es otra problemática”. 

Puntualizó que “la mayoría de las investigaciones refieren que las violencias entre pares no ha aumentado significativamente; lo que sí se ha incrementado la visibilidad de estos casos como parte del uso de tecnologías de las información”.

Violencia | Escuelas
Observaciones de un profesional sobre la agresión entre alumnos.

Masculinidad y popularidad
“La violencia entre jóvenes se relaciona primordialmente con la experimentación de la masculinidad, mientras que en las mujeres la agresión es más verbal y está relacionada con la popularidad de las personas”.

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Fuente: http://yucatan.com.mx/mexico/gobierno-mexico/senalan-riesgos-de-un-plan-contra-el-bullying

jueves, 22 de enero de 2015

Delincuente o terrorista, definiciones penales impuestas por régimen gobernante







 



Cinco motivos por los que podrías ser delincuente… o terrorista


Con la reforma del Código Penal se introducen disposiciones penales que podrían convertir en acto criminal la simple participación en una protesta


Ana Goméz  @paisdejarl
Amnistia Internacional @amnistiaespana

 21/01/2015 - 17:18h
 
No tengo nada que ocultar. No me dedico a amenazar a nadie ni tengo ganas de poner bombas. Claro que asisto a manifestaciones y protesto de formas diversas, aunque tengo a mi favor que todavía no me ha surgido la necesidad de consultar webs yihadistas. Sin embargo, mi resistencia pacífica a la autoridad o mi participación en manifestaciones que acaben en disturbios, aunque yo no sea quien los provoque, pueden convertirme, en el nuevo Código Penal que ha aprobado el Congreso de los Diputados, en una delincuente.

Además de esta reforma, el Grupo Popular presentó doce enmiendas sobre terrorismo en las que, violando la presunción de inocencia, se da la vuelta a la responsabilidad: ya no es el Estado quien tiene que demostrar la culpabilidad, sino el ciudadano quien debe justificar su inocencia. Y, aunque los dos grandes partidos hayan anunciado, tras los atentados en Francia contra el semanario Charlie Hebdo, que podrían sacar las enmiendas sobre terrorismo de la actual discusión sobre el Código Penal, que puede seguir en el Senado, para meterlas en otro tipo de reforma posterior, nuestras preocupaciones son las mismas. Aquí van algunos asuntos en los que te puedes ver envuelto, lo siento.

¿Eres delincuente?

Con la reforma del Código Penal se introducen disposiciones penales que podrían convertir en acto criminal la simple participación en una protesta. Dicho de otra manera: los manifestantes podrían devenir en delincuentes, aunque no causen daños a bienes o a terceros, ni su objetivo vaya más allá de protestar pacíficamente. No sólo porque el delito de desórdenes públicos se agrava si se produce en el contexto de las manifestaciones, sino porque la ambigüedad de las disposiciones hace que puedan ser usadas para reprimir derechos como la libertad de expresión y reunión, que, ya se sabe, son derechos que a veces molestan a las autoridades.

1. La difusión de mensajes. Ten cuidado con lo que sueltas por tu boca, o por tus dedos. Si se aprueba esta reforma definitivamente en el Senado: penas de multa de 3 a 12 meses o de prisión de tres meses a un año por distribuir mensajes que inciten a la alteración del orden público o sirvan para reforzar la decisión de llevarlos a cabo. Según cómo se interprete la perturbación del orden, podría, como consecuencia, limitar la protesta, y, según qué se entienda por “reforzar”, existe el riesgo de que cualquier crítica pueda ser punible.

2. Perturbar la actividad: a partir de ahora llevar a cabo actos de protesta pacífica, como los que han tenido lugar dentro de oficinas bancarias, o como los realizados por los preferentistas, pueden ser considerados delitos contra el orden público, aunque se realicen cuando el local esté abierto al público, si se perturba el funcionamiento normal de la actividad.

3. Una sentada. La reforma convierte la resistencia grave a la autoridad en delito de atentado, equiparando actos pacíficos, como por ejemplo una sentada, con una agresión a la autoridad. Si se aprueba la reforma, ese tipo de protesta podría conllevar penas hasta de prisión.

¿Eres terrorista?

Por si esto fuera poco, puede que, sin saberlo, pases de delincuente a terrorista, si las enmiendas sobre terrorismo siguen adelante, dentro del Código Penal o fuera de él. Los organismos internacionales indican que las condiciones necesarias para que exista el delito de terrorismo son las de intencionalidad de causar muerte o heridos graves, o de tomar rehenes; propósito de atemorizar o intimidad a la población, u obligar a un Gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo; y que sean delitos definidos en convenciones y protocolos internacionales. Si sale adelante la propuesta del Grupo Popular, sin embargo, no sería obligatoria esa “intencionalidad” para considerar un acto como terrorismo; se definen de manera tan amplia los delitos que de muchos de ellos no se sabe cómo podrían llegar a causar muerte o intimidación a la población; y, por último, se usan términos tan vagos que tampoco está claro si están en línea con los convenios y normas internacionales sobre terrorismo.

4. Consignas peligrosas. Si eres de los que te incendias en las redes sociales ante las violaciones de derechos humanos, aunque no llames a las armas ni propongas actos denominados terroristas, podrías ser considerado como tal. Lo único necesario es que tus mensajes sean “idóneos”, es decir, que las autoridades consideren que pueda llevar a otros a realizar actos terroristas. ¿Verdad que te parece una definición demasiado vaga, eso de “idóneo”?

5. La consulta de páginas webs con contenido “idóneo” para reforzar la disposición de otros a cometer actos terroristas también puede ser delito. Periodistas que estén buscando información sobre grupos armados de oposición, investigadores que tengan que consultar libros o documentos sobre el tema podrían verse afectados, poniéndose así en peligro la libertad de información.

Si todo lo anterior te parece un disparate, no es todo. Ten cuidado porque el terrorismo puede ser un cajón de sastre. Cualquier otro delito grave puede ser considerado como delito terrorista, si "altera la paz social". En definitiva, este Código Penal, que se suma a las restricciones que ya hemos denunciado en la Ley de Seguridad Ciudadana, no va contra la delincuencia y el terrorismo, va... contra ti.


Protesta en Madrid el 10 de abril de 2014 para exigir la libertad de los detenidos tras las manifestaciones del 22 de marzo (AP Photo / Andres Kudacki)


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Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/motivos-podrias-delincuente-terrorista_6_348275187.html