FUNDAMERCED

martes, 17 de junio de 2014

Metástasis del bullying: Armas, drogas, acoso e intimidación en recintos educativos









Código Policial
Willmer Poleo Zerpa
Lupa en los planteles
Una situación bastante grave, extremadamente grave, se viene presentando puertas adentro de un buen número de planteles públicos de educación media, sobretodo en aquellos que están relativamente cercanos a barriadas populares. Me refiero a la violencia, pero no a la violencia entre los liceístas, sino a la ejercida por éstos en contra de sus profesores. En varios planteles se han detectado alumnos con armas de fuego. Afortunadamente han sido contados los casos en que han accionado las armas. Lo mismo pasa con la droga. El consumo es alarmante y cada vez más descarado, y sobre todo de marihuana y de crispy, una nueva droga que crea una profunda adicción entre los jóvenes, y que es hecha de la mezcla del cogollo de la planta de marihuana y de la coca.
Desde el Liceo “Rafael García Carballo”, Parroquia Caricuao, me enviaron una misiva en la que denuncian que hay una banda de delincuentes juveniles que se dedica a la distribución de drogas en la parte de afuera del plantel y mantiene en zozobra a profesores y estudiantes, a los cuales buscan, por todos los medios, venderles droga, y al que no esté de acuerdo lo amenazan con golpearlo o tirotearlo. Se dice que los distribuidores de droga también se la pasan frente al Liceo “Roberto Martínez Centeno”, y que en su mayoría, son residentes del sector.
Algo parecido ocurre en el “Eduardo Crema”, en la Avenida Páez del Paraíso, donde se aprecia a los jóvenes en moto a la hora de la salida en una actitud extraña.
Pero es en la Unidad Educativa “Gran Colombia” dónde ocurre lo más grave. En su mayoría los alumnos provienen de “El Cementerio” y uno que otro de El Valle. La venta de drogas es puertas adentro y se ha visto a los liceístas armados. Me refiere un profesor que hace algunos días un liceísta le enseñó el arma a uno de los profesores y le dijo:
-         “Vamos a ver cómo salgo en ese examen.”
 El profesor todo asustado comentó el asunto con un colega y el colega le dijo:
- “¿Te vas a poner a inventar? Ponle su diez y se acabó. A ti nadie te va a defender.”
Lo más grave es que, al parecer, ha ocurrido en varias ocasiones.

@WillmerPoleo
Email: wpoleo@cadena-capriles.com

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Tomado de la columna “Código Policial” del periodista Willmer Poleo Zerpa, publicada bajo el mencionado epígrafe, “Lupa en los planteles”, en la edición del día jueves 16-06-2014, del Diario Últimas Noticias, Caracas, Venezuela.

lunes, 16 de junio de 2014

Fiscalía detiene a madre por consentir violación de su hija





Niña de 11 años habría sido ultrajada por expareja de su mamá, en Alajuela

Fiscalía detiene a madre por consentir violación de su hija

Juzgado dictó tres meses de prisión a mujer y a hombre sospechosos



Al parecer, madre recibía dinero para pagar vivienda y ¢30.000 por visita

La niña de 11 años, junto con su hermana, de 4, fueron llevadas a un albergue del PANI luego de que a su madre se le encarcelara como medida cautelar mientras se lleva a cabo la investigación.   | FOTO CON FINES ILUSTRATIVOS.
La niña de 11 años, junto con su hermana, de 4, fueron llevadas a un albergue del PANI luego de que a su madre se le encarcelara como medida cautelar mientras se lleva a cabo la investigación. | FOTO CON FINES ILUSTRATIVOS. 



Una madre fue arrestada por la Fiscalía, este miércoles, por ser sospechosa de consentir que su expareja violara a su propia hija, de 11 años.

El Juzgado Penal de Alajuela dictó ayer tres meses de prisión preventiva contra la mujer, de apellido Gómez, y contra el sujeto, apellidado Camacho. 

La medida se adoptó por solicitud de la Fiscalía de Alajuela, que les achaca los delitos de abuso sexual y violación. 

Los hechos ocurrieron a partir del 2012, cuando Gómez y Camacho ya no convivían; sin embargo, según la Fiscalía, el hombre visitaba a su expareja, tenía relaciones con ella frente a la niña y también abusaba de la menor con la aprobación de la madre.

El caso trascendió cuando la niña le comentó lo que sucedía a un maestro de barrio San José de Alajuela, donde ocurrieron los hechos. Ella es estudiante de quinto grado.

“La niña llegó a un punto en que estaba muy afectada y le contó al maestro”, explicó Edwin Retana, fiscal adjunto de Alajuela.

El docente interpuso la denuncia ante la Fiscalía. Los funcionarios judiciales entrevistaron a la menor por varias horas y detuvieron a la madre y al excompañero.

Retana detalló que el individuo fue arrestado en Jacó (Puntarenas), donde tiene un negocio de aires acondicionados.

De acuerdo con la Fiscalía, Gómez y Camacho vivieron juntos durante tres años. 

Las autoridades indicaron que la mujer no trabaja. 

El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) comunicó que la niña y su hermana, de cuatro años, están bajo la protección de la institución en un albergue. 

Videos. El fiscal Retana relató que, de acuerdo con la denuncia de la niña, el agresor la obligaba a ver videos pornográficos de adultos teniendo relaciones sexuales con menores, para luego exigirle que hiciera lo observado.

Además, aparentemente, le regaló un teléfono celular. 

Retana informó de que se encontraron mensajes de texto obscenos que, supuestamente, el hombre le envió a la víctima. 

El funcionario agregó que posteriormente revisarán si en la memoria de los teléfonos hay imágenes de la menor, pues, cuando fue entrevistada, ella aseguró que le tomaron fotos desnuda. 

Pagos. De acuerdo con la información de la Fiscalía, pese a que Gómez y Camacho ya no vivían juntos, él le daba ¢110.000 para el alquiler de la vivienda. Además, al parecer, cuando el sujeto visitaba la casa y tenía relaciones sexuales con la madre y la menor, le entregaba a Gómez ¢30.000. 

Las autoridades creen que la mujer accedió a que los abusos continuaran para recibir el dinero de su expareja.

El fiscal Retana resaltó la importancia de que los docentes, que conozcan casos de abusos sexuales o violaciones a menores, los denuncien ante las autoridades. Agregó que la ley protege a los educadores que realicen esas gestiones. 

“El Código de la Niñez establece que si finalmente el delito no se puede comprobar, no se puede volver la denuncia al maestro”, manifestó el funcionario.

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Fuente: http://www.nacion.com/sucesos/seguridad/Fiscalia-detiene-madre-consentir-violacion_0_1420657942.html


La niña de Pataya

LA NIÑA DE PATAYA

Mario Vargas Llosa - 29 OCT 2000
 
 
                                                    

Empleado modelo de los transportes públicos franceses según sus jefes y compañeros de trabajo, el parisino Amnon Chemouil, solterón de 48 años, descubrió en 1992 los encantos de Tailandia. No los de su bravío paisaje tropical, ni los de su antiquísima civilización y sus templos budistas, sino los del sexo fácil y barato, una de las industrias florecientes del país. En el balneario de Pataya, a poca distancia de Bangkok, pudo hacer el amor con prostitutas muy jóvenes, por las que siempre sintió predilección. Desde entonces, decidió pasar sus vacaciones en aquel paraíso exótico, al que volvió en 1993 y 1994.  En el tercero de sus viajes, conoció en un bar de Pataya a otro turista sexual, el suizo Viktor Michel, también un entusiasta, en materia amorosa, de la juventud, o, más bien, de la niñez, principalmente masculina. Incitado por su flamante y experimentado amigo a iniciarse en los placeres de la pedofilia, Amnon Chemouil consintió. Viktor se encargó de todo: encontró a la celestina y tomó un cuarto de hotel. Aquélla compareció a la cita con una sobrinita de once años y desplegó ante los clientes el abanico de servicios que la niña podía ofrecer, con las correspondientes tarifas. Amnon escogió la felación, que era una verdadera ganga: apenas el equivalente de 125 francos (unas 3.100 pesetas). Pese a que la niña lloriqueó un poco al principio, porque quería ver la televisión en vez de trabajar, el parisino quedó tan satisfecho, que, además de pagar lo pactado a la tía-alcahueta, dio a la pequeña un propina de 25 francos. Todo lo sucedido en aquel cuartito de hotel de Pataya quedó filmado por una cámara portátil del exquisito Viktor Michel, que, además de pedófilo, es también voyeur. A poco de regresar a París y reintegrarse a sus juiciosas labores de servidor público en la RATP, Amnon recibió una copia de aquel vídeo, que le envió desde Suiza su amigo Michel, como recuerdo de aquella excitante travesura. El parisino lo incorporó a su colección de películas pornográficas, que rayaba ya el centenar.

Meses o años después, Viktor Michel, debido a su debilidad por la puericia, se vio en problemas con la policía suiza, bastante menos tolerante que la tailandesa en materia sexual (¡Ah, manes de Calvino y Rousseau!). Al registrar su domicilio, aquélla encontró, entre otras delicadezas, el vídeo que documentaba las eyaculaciones de Amnon Chemouil (tres, al parecer) en aquel hotelito de la esplendorosa Pataya. Interrogado, el cineasta reveló las circunstancias en que filmó aquel documento y la identidad del héroe del film. Los gendarmes helvéticos constituyeron un expediente y lo enviaron a la policía francesa. Ésta, después de examinarlo, lo puso en manos de un juez de instrucción.

Aquí, debo abrir un paréntesis en mi relato, para declarar mi admiración por la Justicia francesa. Muchas cosas andan mal en Francia y merecen ser criticadas -yo lo hago, a veces, en esta columna-, pero hay una que anda muy bien, y es la Justicia, pilar de la democracia y garantía máxima de la convivencia social y el funcionamiento de las instituciones. Los tribunales y jueces franceses actúan con una independencia y valentía que son un ejemplo para todas las demás democracias. Su actuación ha servido para sacar a la luz innumerables casos de corrupción en las más altas esferas económicas, administrativas y políticas y para sentar en el banquillo de los acusados -y, si hay lugar, poner entre rejas- a personajes que por su riqueza o influencia serían, en otras sociedades, intocables. Sea en materia de derechos humanos, de discriminación racial, sexual, o de subversión y terrorismo, la Justicia suele mostrar en Francia una eficacia y prontitud para intervenir, y una solvencia para enmendar los yerros, que dan al ciudadano de a pie, aquí, esa tranquila y rara presunción de que, en el medio en que vive, por lo menos hay una institución pública, el juez, que está allí no para perjudicarlo sino servirlo.

No fue ésta, seguramente, la impresión que tuvo el sorprendido Amnon Chemouil, cuando, años después de aquel episodio tailandés, se vio detenido y enfrentado a un tribunal parisino, que le tomaba cuentas por haber transgredido el código penal de 1994, perpetrando una violación sexual a una menor. La ley penal francesa es aplicable a todo delito cometido por un francés "dentro o fuera" del territorio de la República, y una ley aprobada el 17 de junio de 1998 autoriza a los tribunales a juzgar las "agresiones sexuales cometidas en el extranjero" aun cuando los hechos imputados al acusado no sean considerados delitos en el país donde se cometieron.

El proceso de Amnon Chemouil ante la Corte Superior de París concitó considerable atención, pues sentaba un precedente. Era la primera vez que se ventilaba ante los tribunales un caso de "turismo sexual" delictuoso. Varias organizaciones, nacionales e internacionales, que combaten la explotación sexual de los niños, se habían constituido parte civil en el juicio, entre ellas la UNICEF, Ecpat (End Child Prostitution in Asian Tourism), y varias ONGs, incluida una tailandesa cuyo empeño permitió localizar en Bangkok, siete años después, a la tía y la niña de la historia. Ésta, ahora una joven de 18 años, vino a París y prestó declaración, en privado, ante los jueces, quienes, además, pudieron ver la copia del vídeo de Viktor Michel, encontrado en el registro de la vivienda de Chemouil. El acusado, que, en los ocho meses que pasó en prisión antes del juicio, dice haber experimentado un verdadero cataclismo psíquico, reconoció los hechos imputados, pidió perdón a su víctima y reclamó al tribunal un castigo. La sentencia fue de siete años de cárcel, en lugar de los diez que había pedido la fiscal.

Muchas conclusiones se pueden sacar de esta historia. La primera es que, si siguen el ejemplo de Francia países como España, Alemania, el Reino Unido, Italia, Estados Unidos y los países nórdicos, que, debido a sus altos niveles de vida, figuran entre los principales practicantes del "turismo sexual", es posible que los delitos que al amparo de esta práctica se cometen a diario y por millares en países del tercer mundo, y que conciernen sobre todo a la explotación sexual de los niños, puede que al menos disminuyan, y que algunos de los delincuentes sean sancionados. El precedente que ha establecido Francia es impecable: una democracia moderna no puede aceptar que, salvadas las fronteras nacionales, sus ciudadanos queden exonerados de responsabilidad legal y delincan alegremente porque, en el país forastero, no haya normas jurídicas que prohíban aquel delito o porque, si las hay, no se acatan, son letra muerta. No sé qué ocurre en Tailandia en materia legal con los crímenes sexuales. Pero estoy seguro de que, en Cuba, otro de los "paraísos sexuales" del planeta para turistas con divisas, hay una puntillosa legislación prohibiendo la prostitución infantil. (Siempre recordaré las náuseas que me provocó, en un viaje de avión, mi vecino de asiento, un comerciante mallorquín, eufórico consumidor de "jineteras" habaneras, que, me contó, se disponía a llevar a su hijo a Cuba ese verano, para que lo desvirgaran allá esas mulatas deliciosas, tan jovencitas, tan baratas, y "tan limpitas").

Que por hambre, por la urgencia de divisas, por la extendida corrupción o ineficacia de las instituciones, en muchos países del tercer mundo la prostitución infantil prospere de manera espectacular ante la indiferencia (o con la abierta complicidad) de las autoridades, es una realidad innegable. Lo cierto es que, según las publicaciones de UNICEF y Ecpat al respecto que se han dado a conocer con motivo de este juicio, el problema tiene contornos multitudinarios y crecientes. Todo ello debería ser un aliciente para que los gobiernos de las democracias desarrolladas, tal como acaba de hacerlo Francia, contribuyan a la lucha contra la industrialización sexual de los niños y niñas en los países pobres, persiguiendo legalmente a sus ciudadanos que practican el turismo a la manera de Viktor Michel y Amnon Chemouil, pues, en buena medida, ellos y sus congéneres son responsables de la existencia de aquel innoble mercado.

No hay que hacerse muchas ilusiones, desde luego, porque la pobreza y la miseria que están detrás de la prostitución infantil en los países subdesarrollados constituyen un obstáculo casi infranqueable para su erradicación, o, al menos, drástica reducción. Quienes se interesen por conocer los niveles dramáticos a que esto puede llegar, aconsejo leer un librito que publicaron en 1963 dos escritores norteamericanos, Allen Ginsberg y William S. Burroughs, The Yage Letters, con las cartas que se escribieron, recíprocamente, desde Lima y dos ciudades de la selva peruana, Tingo María y Pucallpa, en los años cincuenta, contándose sus experiencias sexuales y con cocimientos alucinógenos en el país de los Incas. Recuerdo haber leído con verdadera estupefacción estos textos, donde aparecía una cara de Lima que yo no sospechaba siquiera que existía: la de los niñitos putos, de los barrios de La Victoria y El Porvenir, que indistintamente hacían de lustrabotas, mendigos o meretrices para aficionados como los beatniks susodichos. Uno de ellos, Ginsberg creo, elogiaba en una carta la destreza sexual de esos niños limeños, aunque lamentaba que tuvieran tantos piojos.

Pero, quizás, la conclusión más importante del reciente juicio de París, sea que muestra una cara positiva de esa nueva bestia negra fabricada por los enemigos irredentos de la modernidad: la globalización. Si las fronteras no se hubieran ido adelgazando, y, en muchos campos, desapareciendo, Amnon Chemouil jamás hubiera llegado a comparecer ante el tribunal que lo juzgó y condenó, y es seguro que hubiera pasado muchas otras vacaciones en Pataya, disfrutando de los cómodos precios y la variedad de oportunidades para la fantasía y los deseos que ofrecen a los turistas con divisas las niñas y niños tailandeses. Gracias a que ese concepto rígido, de camisa de fuerza, que tenía la soberanía nacional, se va disolviendo en una entidad más ancha y profunda que abarca todos los contornos de la humanidad, los legisladores franceses decidieron extender la jurisdicción de las leyes y códigos a esa sociedad globalizada de nuestro tiempo, lo que ha permitido sentar un precedente y un ejemplo, como ocurrió, ya no en el campo de los delitos sexuales, sino en el de los crímenes contra la humanidad, con el general Pinochet en España e Inglaterra. Es verdad que aquél se libró de comparecer ante el tribunal para responder por sus crímenes, pero no por defectos de los jueces británicos, que cumplieron con su deber, sino por el feo enjuage político a que se prestó el gobierno inglés devolviendo al ex dictador a Chile por "motivos de salud". De todas maneras, otro precedente quedó sentado, que, desde entonces, hace correr escalofríos a los tiranuelos y sátrapas en ejercicio. La globalización no es sólo la creación de mercados mundiales y de compañías trasnacionales; es, también, una interdependencia planetaria que puede permitir extender la justicia y los valores democráticos a las regiones donde todavía imperan la barbarie y la impunidad para los crímenes sexuales y políticos.
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© Mario Vargas Llosa, 2000. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2000.
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Fuente:  http://elpais.com/diario/2000/10/29/opinion/972770407_850215.html