La mujer de seis pranes de Sabaneta cuenta su historia
Gaby se convirtió en la amante de seis presos que comandaban diferentes áreas de la antigua Cárcel Nacional de Maracaibo (Sabaneta) y reveló duros episodios de las mujeres en las cárceles a un diario regional
SUCESOS
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18/10/2013 12:27:54 a.m.
ÚN.- Gaby se convirtió en la amante de seis presos que comandaban diferentes áreas de la antigua Cárcel Nacional de Maracaibo (Sabaneta) y de otros que estaban recluidos en el centro de arrestos y detenciones preventivas El Marite.
Antes
de establecer una relación afectiva con estos "pesos pesados", como
ella misma lo definió, integraba la lista de las 12 mujeres contratadas,
que a diario, prestaban servicios sexuales en los recintos penitenciarios.
La dama reveló su vivencia a Panorama,
contando duros episodios: "De lo que estoy segura es que de esta
vivencia tan oscura todo se desvanece y solo quedan recuerdos, lágrimas,
experiencias, malas vivencias, el estrés y el cansancio de hacer y
deshacer para conseguir falsos lujos. Llega un momento en que uno piensa
que el mundo de afuera no existe"
Esta es el trabajo completo, publicado por el diario zuliano:
El
techo de una casa fue su trampolín al estrellato. En ese trono, Gaby,
segura de sus movimientos sensuales, se apoderó de la mirada de un grupo
de 150 universitarios. Su primer escenario, carente de luces de neón y
del sonido profesional de la música electrónica, no era suficiente.
Tampoco lo eran sus espectadores en ese momento.
Más que en unos
recién graduados, sus ambiciones estaban puestas en “los duros”. Habla
de los “tipos con plata, los pesados. Aquéllos que mueven el mundo con
dinero y con un par de llamadas”. Le parecían más interesante los
hombres dispuestos a brindarle atenciones y costosos placeres. Tenía 18
años y un deseo insaciable de ponerle precio a su cuerpo.
Así se
lo dejó claro a sus compañeros de baile. La jovencita, que logró obtener
un título de técnico superior y otro en gerencia de recursos humanos,
explotó sus dotes artísticos. Llegó a ser una de las stripper con mayor
clientela y de las mejores pagadas en Maracaibo.
El medio en el
que se movía le permitió alcanzar su objetivo: Gaby se convirtió en la
amante de seis presos que comandaban diferentes áreas de la antigua
Cárcel Nacional de Maracaibo y de otros que estaban recluidos en el
centro de arrestos y detenciones preventivas El Marite.
Antes de
establecer una relación afectiva, integraba la lista de las 12 mujeres
contratadas, que a diario, prestaban servicios sexuales en los recintos
penitenciarios.
En una astuta estrategia, Gaby entraba camuflada
en cada visita concedida a los reclusos. Se colaba entre las 800 mujeres
que ingresaban a las áreas de reeducación y el penal. Y en otras
oportunidades iba entre las 150 y 200 que solían pasar al resto de los
calabozos, de acuerdo con los registros de visitas que manejaban las
autoridades.
“Eran prepagos. Fáciles de reconocer, pero difícil
de negarles el acceso. Llevaban puesto sus jeans ‘pegados’, blusas
ceñidas al cuerpo, llamativos accesorios y un pronunciado maquillaje.
Traían también un bolso de mano. solo podíamos revisar sus pertenencias y
practicarle una requisa corporal”, interviene un funcionario de la
Guardia Nacional Bolivariana que laboraba como seguridad externa en el
penal zuliano.
El asesinato de la estudiante universitaria
Andreína Madueño, ocurrido el 18 de mayo de 2010, dejó al descubierto lo
que era un secreto a voces: a la cárcel entraban prostitutas. Le
prestaban servicio a los que se consideraban jefes y al “carro” —su
grupo de escoltas— en calabozo, penal, máxima, reeducación y procemil.
A
Madueño la mataron dos motorizados cuando conducía su carro cerca de la
cárcel, en compañía de su prima, Johana Madueño. La familiar les hizo
creer a los padres de Andreína y a los cuerpos policiales que unos
sujetos habían intentado robarles el vehículo.
Sin embargo, la
Brigada contra Homicidios del Cicpc-Maracaibo realizó las
investigaciones sobre lo sucedido y determinó que la muerte de Andreína
se produjo porque su prima Johana llevaba “chicas prepagos” a reos de la
cárcel de Sabaneta.
“Johana Madueño tenía meses desempeñándose
como proxeneta, pero en las últimas semana solo había llevado ‘prepagos’
a reeducación, por lo que el pran de otra área ordenó su muerte”,
explicó un funcionario ligado a las investigaciones del suceso.
Las
mujeres que prestaban este tipo de servicio no tenían miedo de entrar a
la cárcel. Estaban convencidas de que el sexo lo pagaban mejor los
clientes de adentro que los de afuera. Frente a estas propuestas, en
2010 Gaby aceptó la invitación de un preso apodado “El Chacarrón”.
“Me lo presentó un amigo stripper. Una noche salimos de un baile y me dijo:
—Si a ti te gustan los tipos pesados te tengo un candidato. Es mi primo. Espera su llamada.
La
mañana siguiente, a primera hora, mi celular timbró. Era un recluso.
Contesté y no sentí temor. Atendió al sonido que la llevó a interactuar
en el oscuro mundo de la cárcel, rodeado de rumbas, stripper,
prostitución y pranismo.
Influenciada por su compañero stripper,
Gaby se adentró al amor con un preso de Sabaneta. Se ilusionó con las
supuestas virtudes de los pranes y se enamoró de seis de ellos.
Durante
seis años estuvo seducida por ese oscuro mundo en el que se tejía una
gruesa red hamponil. Hoy, a sus 25 años, nos cuenta su historia con un
gusto amargo en la boca.
“Esa experiencia me gustó, sentí la
adrenalina de seducir a los hombres con mi cuerpo y comencé a hacerles
bailes eróticos. Ya no los hacía por mi cuenta. Una vez, después de
salir de un baile, uno de los strippers hombres, conversaba sobre las
relaciones de pareja. Le dije:
—“No me gustaban los coñitos, quiero
un tipo pesado. Él de inmediato me respondió que tenía al candidato
perfecto. ‘Mi primo reune el perfil’, me comentó”.
No le presté
atención, pero al otro día yo estaba por la Circunvalación 2, cuando
recibí la llamada de un pran de la cárcel de Sabaneta. Para mi sorpresa
era el primo del stripper. Comencé a hablar con él por teléfono.
Conversábamos a diario, después de un mes me incitó y me hizo entrar a
verlo. Recuerdo que fue en diciembre de 2010.
En principio me
daba terror. Sentía las palpitaciones a millón, pero también me carcomía
la curiosidad de conocer cómo era la vida allá adentro.
Escuchaba
muchas cosas feas de la cárcel, me imaginaba eso como un túnel oscuro y
tenebroso, como un lugar carente de toda comodidad. Pero no era así,
eso era como ver un liceo con su cancha. Penal era el área más equipada,
era como entrar a una universidad, era un lugar grande y con pilares
inmensos, allí no comían de cuentos para hacer una rumba. En
reeducación, los presos también tenían discotecas, y en calabozo
hicieron una tasca poco menos de un año.
Estaba clara en lo que
quería, mi objetivo era hacerme novia del reo principal, el que mandaba.
Él tenía 24 años cuando lo conocí y fue mi primer novio dentro de
Sabaneta. Estaba en el área de máxima y había caído preso por un
cargamento de cocaína.
Después de que uno entraba a la cárcel
cambiabas por completo. Parecía que se te envenenaba la mente. Sentía el
deseo de querer más y más cosas porque veía como los internos manejaban
grandes pacas de dinero. Es un ambiente donde la ambición por querer
tener más, crece y crece. Todo era producto de sus negocios ilícitos:
Ellos cobraban por todo. Tenían entrada de dinero por el ‘obligaíto’ que
pagaba cada recluso, por la droga, por los sicariatos que se
planificaban entre esos muros, los cobros de vacunas, el tráfico de
armas y las extorsiones. Todos esos reales iban a parar a los bolsillos
de los pranes.
Era increíble la cantidad de menores de edad que
entraban a la cárcel a tener sexo con los reos. Los pranes pagaban y
cuadraban con los guardias para que las dejaran entrar. Y si uno iba a
visitar a algún familiar o amigo en la cárcel, y el pran gustaba de ti,
ellos hacían la vuelta y como sea te tenían.
Desde mis 18 años estuve como estrippers y haciendo “guisos” en la calle, un guiso es salir a prostituirse.
Puedo
asegurar que todas las stripper que existen en Maracaibo bailaron e
hicieron sus guisos tras las rejas. Pero antes de bailar para todos los
presos consideré que era más rentable convertirme en su mujer. Así nadie
más me tocaba. Hice muchas amistades y me enamoré locamente de seis
pranes. Dos de ellos eran del retén y luego fueron trasladados a
Sabaneta. A los dos recintos fui a visitarlos.
La primera vez que
entré a la cárcel a visitar a “El Chacarrón”, sus hombres, a quienes
llamaban los “cuadrilleros”, fueron quienes me recibieron. Me llevaron
hasta la lujosa habitación del pran. Había presos que tenían
ventiladores, otros aires acondicionados, había cuartos bonitos y
equipados.
Todo eso lo vi cuando era novia del pran. Cuando uno
va a prestar servicio es otra cosa. Había siempre una mujer que manejaba
los “guisos”.
Los presos siempre pedían mujeres, pero eran muy
vivos, no les gustaba pagar, a menos de que estuviese muy explotadísima y
full operada. El dicho de ellos era que podían tener a la mujer que les
diera la gana.
En el negocio se cobraba 2 mil bolívares por la
mujer, el encuentro duraba dos o tres horas. A ella se le pagaban mil
doscientos y a uno le quedaban 500 bolívares.
A mí dentro de la
cárcel no me pagaban, yo solo iba a rumbear, como quien dice iba de
nota. Llegué a llevar mujeres, pero no era buen negocio, a veces no
querían pagar lo que era, o en otros casos ellas se enamoraban de los
presos, se querían quedar con ellos y a uno entonces se le caía el
negocio. En un día entraban a un patio, al menos, cuatro mujeres a
prestar servicios, ellos le decían cualquier cosa en el cuarto, entonces
ellas comenzaban a entrar por su propia voluntad.
En la calle el
negocio es distinto, porque es solo una hora, un solo encuentro sexual
lo pagan más barato. Para ser novia de un pran hay que concentrarse solo
en él, porque si mirabas a los lados tenías la muerte segura. En la
cárcel no comían de nada para agredir a alguien.
Mi relación con
el primer pran duró dos meses y medio, porque era muy celoso. Hasta
antes del desalojo de la cárcel me llama para amenazarme. Me decía que
me iba a matar, que iban a enviar un carro para que me tiroteara la casa
y que donde me viera me iba a caer a tiros. Todo eso es porque después
que terminamos la relación, él se enteró que yo entraba en otros patios y
que me veía con otros reos.
No todos mis novios fueron en el mismo patio. El último que tuve era pran en el retén. Luego fue llevado a la cárcel.
Mi
tercer novio también estaba en el retén y después pasó a Sabaneta, él
era una persona que me trataba como una princesa y me complacía en todo.
Siempre me habló claro y me dijo que tenía otras mujeres, igual no me
importó y nos hicimos novios. Cuando lo pasaron a la cárcel me tarde en
ir a visitarlo porque yo había tenido dos novios en esa área.
El
venía de ser un pran en el retén y estaba claro con los tipos. Yo
también tuve que ser clara y le conté que me había acostado con dos
reos. Ambos estábamos pidiendo “luz” (permiso) con el pran para poder
entrar.
Luego de toda esta experiencia, llegué hasta visitar
brujas para saber si me iban a matar o no. La política que manejaban los
presos era hacer las cosas bien, no hablar, no mirar pa’ los lados. Si
entras en un patio no tienes porque entrar en otro. Hay mujeres que se
tragan la luz, como fue el caso de una muchacha que le dieron un tiro en
la pelvis porque salió de calabozo y luego se fue caminando para máxima
a visitar a otro reo.
El día de las elecciones del 2012, también
asesinaron a Georgina Solorzo, en el frente de la casa de su abuela, al
parecer, tenía cuentas viejas con un pran de la cárcel y meses antes
una muchacha recibió un tiro en la frente cuando se trasladaba en su
carro cerca de Sabaneta. Iban por Georgina, pero se confundieron y cayó
la inocente.
Esos tipos tenían tanto tiempo presos que se hacían
una mente maquiavélica. Así dijeras que eras una santa o que venías de
un convento, ellos no iban a ver eso. Eso sí, cuando te conseguían, te
trataban como una reina, los “cuadrilleros” preparaban comida y te
servían. Cuando me empaté con mi quinto novio a mí no me pagaron nada,
solo el taxi y las tarjetas para activar el teléfono.
Al momento
de nuestros encuentros los obligaba a que se colocaran el preservativo.
Cuando tenía el periodo no me dejaban entrar, supuestamente para evitar
contaminación en el área, pero quiénes más sucios que ellos.
La
última vez que entré a la cárcel fue en Semana Santa del año pasado, me
tiré una rumba con pistolas y todo y me tomé fotos con todo el mundo.
A
pesar de los buenos momentos, yo hago un stop en mi vida y reflexionó y
doy gracias a Dios porque salí ilesa de todo esto. Fui testigos de cómo
mandaron a matar a varias amigas y vi a madres llorar sus muertes.
De
lo que estoy segura es que de esta vivencia tan oscura todo se
desvanece y solo quedan recuerdos, lágrimas, experiencias, malas
vivencias, el estrés y el cansancio de hacer y deshacer para conseguir
falsos lujos. Llega un momento en que uno piensa que el mundo de afuera
no existe”.
El pasado 19 de septiembre, Gabriela fue testigo del
punto final que las autoridades pusieron a historias de armas y
prostitución en la Cárcel Nacional de Maracaibo. Hoy, con una nueva vida
y con una niña de cinco meses en sus brazos, celebra lo que ella misma
ha llamado su renacimiento personal.
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Fuente: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/sucesos/la-mujer-de-seis-pranes-de-sabaneta-cuenta-su-hist.aspx#ixzz2pfPpcNyL