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martes, 11 de junio de 2013

HEMEROTECA: Existe un "lobby gay" en el Vaticano

 

Existe "lobby gay" en El Vaticano, reconoce Papa Francisco

 


                 
Foto: AFP 
 
Ciudad de El Vaticano. El papa Francisco habló por primera vez de "una corriente de corrupción" en la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, así como de la existencia de una influyente "lobby gay", según el portal católico progresista latinoamericano Reflexión y Liberación, lo que deja suponer que el pontífice prepara cambios profundos en la maquinaria vaticana.

       "En la curia hay gente santa, de verdad, hay gente santa. Pero también hay una corriente de corrupción, también hay, es verdad", admitió el Papa en una audiencia concedida el 6 de junio pasado a la directiva de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR).

       "Se habla de 'lobby gay', y es verdad, está ahí... hay que ver qué podemos hacer", agregó el pontífice latinoamericano al referirse al sistema de chantajes internos basados en debilidades sexuales, denunciados por la prensa italiana en febrero pasado.

       Según una síntesis del encuentro de una hora, publicado por el portal, Francisco reconoció que es una persona "muy desorganizada" para realizar la reforma de la Curia Romana que exigen "casi todos los cardenales".
   "Yo soy una persona desorganizada, nunca he sido bueno en esto. Pero los cardenales de la comisión la van a llevar adelante", aseguró.

        Un mes después de su elección en marzo como primer Papa latinoamericano y jesuita de la historia, Francisco designó a un grupo de ocho cardenales para asesorarlo en la reforma del gobierno central de la Iglesia, sacudida por una serie de escándalos por corrupción e intrigas.

      Entre los ocho cardenales figuran el hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, presidente de Caritas Internationalis, conocido por sus posiciones a favor de una renovación del gobierno central de la Iglesia, y el chileno Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo emérito de Santiago de Chile, con experiencia en la maquinaria vaticana.
  
        Los purpurados se reunirán por primera vez en octubre próximo.

   "La reforma de la Curia Romana es algo que pedimos casi todos los cardenales en las congregaciones previas al cónclave. Yo también la pedí. La reforma no la puedo hacer yo, estos temas de gestión...", explicó Francisco.

     Interrogado sobre las declaraciones del Papa, el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi,  recalcó que se trató de una "reunión privada", sobre la cual "no tengo nada para decir", agregó.

     Si tales declaraciones son confirmadas oficialmente, se trataría de la primera vez que el Papa argentino habla en forma tan franca y clara de las revelaciones y escándalos sobre la presunta trama de corrupción, sexo y tráfico de influencias en el Vaticano denunciadas por la prensa.

     Las escandalosas denuncias, publicadas por dos importantes medios de comunicación de Italia -el diario La Repubblica y la revista Panorama-, aseguraban que el Papa emérito Benedicto XVI decidió renunciar al cargo tras recibir un informe ultrasecreto de 300 páginas, realizado por tres ancianos e intachables cardenales sobre el tema.

      En el informe, entregado a Francisco por el mismo Benedicto XVI pocos días después de su elección el 13 de marzo, se describen las luchas internas por el poder y el dinero, así como el tráfico de influencias internas con la homosexualidad.

     Francisco, que según el portal trató a los religiosos de CLAR como a iguales, ubicándolos en círculo, les habló también de la influencia de algunas congregaciones y del dinero que manejan.

     La gestión del dinero de la Iglesia es un tema que el Papa abordó también este martes en la homilía matutina en la capilla de su residencia en el Vaticano.

     "San Pedro no tenía cuenta en el banco", dijo al defender de nuevo la idea de una "iglesia pobre" que rechace la mentalidad "empresarial".

     Todo parece indicar que el Papa se ha hado un tiempo de reflexión antes de iniciar profundas reformas en la Curia Romana, cuyos mecanismos no conoce ya que ejercía como arzobispo de Buenos Aires.

    El momento crucial de esos cambios será cuando designe al nuevo Secretario de Estado, el remplazo del cardenal Tarcisio Bertone, la mano derecha del pontífice, que por tradición maneja los asuntos más complejos del papado.

     Según un importante prelado, varios organismos de la Curia serán fusionados y el Papa seguirá los consejos de Benedicto XVI, quien no consiguió actuar el esquema de reforma que había elaborado basado en su experiencia de 25 años dentro de la maquinaria vaticana.


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Fuente:  http://eleconomista.com.mx/internacional/2013/06/11/existe-lobby-gay-vaticano-reconoce-papa-francisco

viernes, 31 de mayo de 2013

HEMEROTECA: Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)<, no hay riesgo de adicción debido al uso de medicamentos


Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH):               No hay riesgo de adicción        debido al uso de Ritalin




        Los niños que sufren de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) tratados con Ritalin        o Adderall no tienen mayor riesgo de adicción al desarrollarse en adolescentes y adultos, muestra un estudio publicado el miércoles en los Estados Unidos ( Mychele Daniau )



     Los niños que sufren de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) tratados con Ritalin o Adderall no tienen mayor riesgo de adicción que otros adolescentes o adultos, demuestra un estudio publicado el miércoles en Estados Unidos.

     De acuerdo con estudios anteriores, de la Universidad de California en Los Angeles (oeste), los niños con este trastorno parecen tener una mayor propensión a consumir drogas, alcohol o fumar durante su crecimiento.

    Pero los investigadores no sabían si los fármacos utilizados provocaban esa adicción.
 
   Estos psicólogos analizaron los resultados de 15 estudios a largo plazo, tres de los cuales aún no han sido publicados.
 
   Para esta investigación, más de 2.500 niños que sufren de trastorno por déficit de atención con hiperactividad fueron seguidos hasta la adolescencia y la edad adulta.
 
   "Hemos encontrado que los niños que toman medicamentos no mostraron ni mayor probabilidad ni menor probabilidad de convertirse en alcohólicos o adictos a las drogas, por haber sido tratados con estos estimulantes", dijo Kathryn Humphreys, un psicólogo de la Universidad de California y autor principal del estudio publicado en JAMA de Psiquiatría del 29 de mayo.
 
    "No encontramos ninguna relación entre el uso de fármacos como Ritalin y el uso futuro del alcohol, el tabaco, la marihuana o la cocaína."
 
   Los niños tenían un promedio de ocho años, cuando comenzó la investigación y 20 años en el momento del último seguimiento.
 
    Son de diferentes partes de los Estados Unidos, pero también en Canadá y Alemania.
 
    "Por lo menos dos tercios de los niños con Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) tienen serios problemas en la escuela y para socializar, a menudo sufren de ansiedad y depresión en la adolescencia", dijo Steve Lee, profesor asistente de psicología en la Universidad de California.
 
    El Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) afecta a entre 5 y 10% de los niños en los Estados Unidos, proporciones que son similares en muchos otros países industrializados.
 
    Este trastorno es tres veces más común en niños que en niñas.
 
   Los síntomas incluyen la distracción, se aburren fácilmente, o la incapacidad para terminar una tarea simple.

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Traducción libre del francés
Fuente: http://www.leparisien.fr/laparisienne/sante/deficit-d-attention-pas-de-risque-de-toxicomanie-du-a-la-prise-de-ritaline-29-05-2013-2847577.php

HEMEROTECA: El Psiquiatra que "descubrió" el TDAH confesó antes de morir que es "una enfermedad ficticia"


El psiquiatra que "descubrió" el TDAH confesó antes de morir que "es una enfermedad ficticia"

23 de mayo de 2013 | 08:12 CET




Leon Eisenberg
    A la psiquiatría hace tiempo que se le ve el plumero. Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada. Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM, la biblia de los psiquiatras) y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.

El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.

Los inicios del TDAH

      Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

       En los años sesenta apareció el protagonista de nuestra historia, Leon Eisenberg, quien volvió a hablar de dicha enfermedad, pero esta vez con otro nombre, “reacción hipercinética de la infancia”. Bajo dicho diagnóstico pudo tratar a alumnos difíciles, probando diferentes psicofármacos con ellos. Empezó con dextroanfetamina y luego utilizó el metilfenidato, droga con la que consiguió su objetivo y que hoy en día prevalece como tratamiento de elección: los niños enérgicos se transformaban en niños dóciles.

       En el año 1968 se incluyó la “reacción hipercinética de la infancia” en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de dicho manual, sólo que ahora recibe el conocido nombre de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

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     El logro de Eisenberg y sus colaboradores fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas, que es una enfermedad con la que se nace. Él mismo dijo, junto con las palabras en que decía que era una enfermedad inventada, que la idea de que un niño tenga TDAH (entendemos que la idea de que un niño sea muy movido y sea un alumno problemático) desde el nacimiento estaba sobrevalorada. Sin embargo, al conseguir que esto calara en la población y en los padres, el sentimiento de culpa desaparece, los padres se sienten aliviados porque el niño ha nacido así y el tratamiento es menos cuestionable. En 1993 se vendieron en las farmacias alemanas 34 kg de metilfenidato (*)   . En el año 2011 se vendieron 1.760 kg.

     El conocido psiquiatra, que llegó a hacerse cargo de la gestión del servicio de psiquiatría en el prestigioso Hospital General de Massachusetts en Boston, donde fue reconocido como uno de los más famosos profesionales de la neurología y de la psiquiatría del mundo, decidió confesar la verdad meses antes de morir afectado de un cáncer de próstata, añadiendo que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de determinar las razones psicosociales que pueden producir problemas de conducta. Ver si hay problemas con los padres, si hay discusiones en la familia, si los padres están juntos o separados, si hay problemas con la escuela, si al niño le cuesta adaptarse, por qué le cuesta, etc. A todo esto añadió que, lógicamente, esto lleva un tiempo, un trabajo y acompañado de un suspiro concluyó: “prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido” (a lo que yo añadiría “y mucho más ventajoso para el negocio de la psiquiatría”).

El negocio de la psiquiatría

      Como he dicho al principio de la entrada parece que la psiquiatría es un monstruo capaz de llevarse cualquier cosa por delante, con un hambre voraz, que no se detiene y que hará todo lo posible por tratar de conseguir que toda persona sana acabe tomando una u otra medicación para tratar su (no) enfermedad. Se les ve el plumero, y una prueba más de ello es que ya existe la próxima enfermedad que será difundida por toda la infancia: el trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva. 

     Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, hasta el punto que las visitas por este trastorno se han multiplicado por 40 en menos de diez años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años.

     Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EE.UU. es el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólares entre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad.

       Pero esto no es todo. Para conocer el alcance real del negocio de la psiquiatría, para ver hasta qué punto se inventan las enfermedades para luego poder dar los fármacos que ya existen, un estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove  reveló que, de los 170 miembros del grupo de trabajo del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), es decir, los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56%) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la Industria Farmacéutica.

¿Existe el TDAH?

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      Yo no sé si existe o no existe (y eso que el que la inventó dice que no), ni tampoco me toca a mí responder a esta pregunta, sin embargo estoy seguro de que son muchos los niños diagnosticados cuyo único pecado ha sido ser demasiado movidos, o ser demasiado insistentes a la hora de demandar de sus padres un poco más de atención. Ya hace más de dos años os ofrecí dos entradas en las que explicaba cómo se diagnostica el TDAH, para que vierais que no existe ninguna prueba diagnóstica de ningún tipo que determine que un niño tiene el mencionado trastorno. Todo se hace en base a la observación y en base al cumplimiento o no de unos criterios o parámetros que los niños normales deben hacer. 

      Ahora bien, ¿qué es ser normal? Krishnamurti dijo que “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, así que quién sabe, quizás los niños que se rebelan ante el intento de domesticarles, aquellos que no soportan estar sentados escuchando cosas que no les interesan, aquellos que preferirían poder decidir qué hacer en sus vidas en todo momento, aquellos que quieren probarlo todo y no dejarse nada, quizás sean al fin y al cabo los más cuerdos.

     No digo que ninguno de estos niños no tengan nada. No digo que no necesiten ayuda, porque es muy probable que muchos de ellos tengan muchos problemas, pero nunca he creído en la existencia de un trastorno que afecte al 10% de los niños y mucho menos he creído en la cura milagrosa del metilfenidato (*), porque si bien los niños cambian su comportamiento, los problemas que hicieron que el niño funcionara de un modo no aceptado siguen ahí.

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*)  Véanse también: "El metilfenidato -la cocaína de los niños- es un asunto de salud pública"    
                                   "Los efectos nocivos de los psicofármacos"

Fuente:  http://www.bebesymas.com/salud-infantil/el-psiquiatra-que-descubrio-el-tdah-confeso-antes-de-morir-que-es-una-enfermedad-ficticia

HEMEROTECA: Los efectos nocivos de los psicofármacos





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ROBERT WHITAKER Y LOS EFECTOS NOCIVOS DE LOS PSICOFÁRMACOS
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El libro de Whitaker, Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America (Anatomía de una epidemia: panaceas, psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en EE.UU.) es más extenso y polémico que el libro de Irving Kirsch, tal y como subraya Marcia Angell, periodista del New York Review of Books, en la revisión que hace de su obra (The Epidemic of Mental Illness: Why?). 

Whitaker analiza todas las enfermedades mentales, no sólo la depresión y, si bien Kirsch concluye que los antidepresivos probablemente no son más eficaces que el placebo, Whitaker establece que tanto los antidepresivos como la mayoría de los fármacos psicoactivos no son sólo ineficaces, sino perjudiciales. 



Whitaker da cuenta de las alteraciones, a nivel cerebral, que puede suponer el consumo continuado de psicofármacos, tal y como han puesto en evidencia diferentes estudios científicos y tal y como ha sido reconocido por parte de algunos responsables de prestigiosas agencias de salud. Además, advierte de los peligros que adquiere la escalada de consumo de psicofármacos en la que se ve inmersa la mayor parte de los pacientes. Una espiral de consumo de la que es extremadamente difícil volver a salir.

Su análisis parte de la observación de que la progresión natural de la enfermedad mental ha manifestado un cambio en las últimas décadas. Mientras que hace unos años la esquizofrenia o los trastornos depresivos se caracterizaban por ser episodios autolimitados o episódicos, con una duración típica no mayor a seis meses y con largos periodos de normalidad entre las crisis, ahora estas condiciones son consideradas habitualmente crónicas y una carga para toda la vida. Según manifiesta Whitaker, entre las causas que han motivado este cambio se encuentran los psicofármacos, ya que todos ellos, incluso los que alivian los síntomas a corto plazo, causan daños cerebrales a largo plazo, cuya duración se prolonga más en el tiempo que los daños que se hubieran derivado de la progresión natural de la enfermedad mental, sin intervención farmacológica.

Whitaker trae a colación las declaraciones de Steve Hyman, exdirector del National Institute of Mental Health (NIMH) de EE.UU. y hasta hace poco rector de la Universidad de Harvard, quien reconoció que el consumo de fármacos psicoactivos prolongado en el tiempo produce "alteraciones sustanciales y de larga duración en la función neuronal".

Tal y como explica Whitaker, el consumo habitual de psicofármacos hace que el cerebro comience a funcionar de manera cualitativa y cuantitativamente distinta respecto a su estado normal. Tras varias semanas de consumo de fármacos psicoactivos, los esfuerzos del cerebro por compensar los cambios que éstos introducen a nivel neuronal comienzan a fallar y es entonces cuando se empiezan a manifestar los efectos secundarios asociados al medicamento, que son una señal de que el fármaco en cuestión está poniendo en marcha sus mecanismos de acción. De esta manera, por ejemplo, el consumo de antidepresivos inhibidores de recaptación de serotonina produce una concentración anormal y elevada del nivel de serotonina en el cerebro, que el organismo es incapaz de corregir si se prolonga su consumo en el tiempo, circunstancia que, a su vez, puede desembocar en episodios de manía. Por su parte, los antipsicóticos causan efectos secundarios que se asemejan a la enfermedad de Parkinson, debido a que disminuyen los niveles de dopamina, cuya carencia también se observa en este tipo de enfermedad. 

Para Whitaker el problema no termina aquí, ya que una vez que el paciente comienza a presentar efectos secundarios derivados del consumo de psicofármacos, a menudo acude al médico en busca de un tratamiento para aliviar estos nuevos síntomas, de tal manera que la mayoría de los pacientes acaban consumiendo un cóctel de psicofármacos para un cóctel de diagnósticos. 

Así, un episodio de manía desencadenado tras el consumo prolongado de antidepresivos puede dar lugar a un nuevo diagnóstico de trastorno bipolar y a un nuevo programa de tratamiento que incluye fármacos estabilizadores del estado de ánimo, como el Depakote (divalproex sódico, un anticonvulsivo), junto con otro antipsicótico, lo que genera nuevos efectos secundarios. Y así sucesivamente. Según Whitaker, este proceso en espiral hace que algunos pacientes puedan llegar incluso a tomar hasta seis psicofármacos distintos al día. 

Whitaker además advierte que este consumo abusivo de psicofármacos da lugar a una atrofia cerebral, tal y como ha quedado manifiesto en los estudios realizados por Nancy Andreasen, una prestigiosa neurocientífica y psiquiatra que ha sido galardonada por su línea de investigación en el análisis del funcionamiento neuronal de personas con trastorno mental a través de técnicas de neuroimagen. Según uno de los hallazgos del equipo de Andreasen, el consumo de psicofármacos está asociado a un "encogimiento" del cerebro y este efecto está directamente relacionado con la dosis y la duración del tratamiento farmacológico. En declaraciones al New York Times, Andreasen señaló que "el consumo de psicofármacos impide que la corteza prefrontal reciba la entrada de lo que necesita y empieza a experimentar apagones. Lo que se traduce en síntomas psicóticos. Esto también hace que la corteza prefrontal se atrofie lentamente".

Otra de las circunstancias que para Whitaker evidencia las consecuencias nocivas del consumo de psicofármacos se observa en la dificultad que entraña el proceso de retirada de este tipo de medicamentos. Bajar la dosis de un psicofármaco es un proceso sumamente delicado, según Whitaker, porque cuando se retira, los mecanismos de compensación que había desarrollado el cerebro durante su consumo, continúan manteniéndose a pesar de la desaparición del agente que los activó. Así Whitaker explica, por ejemplo, que cuando se realiza el proceso de retirada del antidepresivo Celexa (citalopram hidrobromuro), un inhibidor selectivo de recaptación de serotonina, los niveles de este neurotransmisor caen de forma precipitada ya que las neuronas presinápticas no están liberando las cantidades normales de serotonina y las neuronas postsinápticas no tienen suficientes receptores para ella. Del mismo modo, cuando un antipsicótico se suspende, se pueden disparar los niveles de dopamina. Los síntomas producidos por la retirada de psicofármacos se confunden a menudo con recaídas de la enfermedad original, lo que puede llevar a los psiquiatras a reanudar el tratamiento farmacológico, tal vez incluso con dosis aún más elevadas, advierte Whitaker, quién se siente indignado por lo que él considera un efecto iatrogénico, es decir, involuntario e introducido médicamente. 

Whitaker define este proceso de consumo abusivo de psicofármacos como "la epidemia de la disfunción cerebral", epidemia que se ha expandido principalmente con la nueva generación de antipsicóticos "atípicos", tales como Zyprexa (olanzapina), causantes de graves efectos secundarios. A este respecto invita a la reflexión a sus lectores mediante el siguiente ejemplo:

"Imagina un virus que aparece de repente en el mundo y que provoca que las personas duerman doce o catorce horas al día. Las personas infectadas se mueven con cierta lentitud y parecen desconectadas emocionalmente. Muchas de ellas ganan bastante peso. A menudo, sus niveles de azúcar en sangre se elevan, al igual que sus niveles de colesterol. Un número de afectados por la enfermedad, entre los que se incluyen, inexplicablemente, niños y adolescentes, se convierten en diabéticos en un breve plazo de tiempo... El gobierno ofrece cientos de millones de dólares a los científicos de las mejores universidades para que descifren el funcionamiento interno de este virus, quienes afirman que la razón por la que causa estas disfunciones globales radica en que bloquea gran cantidad de neurotransmisores cerebrales (dopaminérgico, serotoninérgico, muscarínico, adrenérgicos e histaminérgicos). Todas esas vías neuronales se ven comprometidas. Mientras tanto, los estudios de resonancia magnética que encontramos en un período de varios años, demuestran que el virus contrae la corteza cerebral y que esta contracción provoca deterioro cognitivo. Un atemorizado público clama por una cura.
Ahora, dicha enfermedad, de hecho ha afectado a millones de niños y adultos norteamericanos. Se acaban de describir los efectos del antipsicótico más vendido, Zyprexa, de los laboratorios Eli Lilly".

La evidencia proporcionada por Whitaker para argumentar su planteamiento varía en calidad, debido a las dificultades inherentes que conlleva acceder a muestras reales de pacientes donde se puedan comparar los efectos de una progresión natural de un trastorno mental, esto es, sin que se haya administrado ningún tipo de tratamiento farmacológico durante un periodo de 50 años desde la aparición de los primeros síntomas. No obstante, según manifiesta Marcia Angell, las reflexiones que aporta este investigador, si bien no llegan a ser tan concluyentes como las de Irving Kirsch (gracias a su aplicación del método científico) "no dejan de ser sugerentes".

Los críticos a este punto de vista podrían argumentar, comenta la periodista, que los efectos secundarios que provoca el consumo de psicofármacos "son el precio que debe pagarse para aliviar el sufrimiento causado por una enfermedad mental" (tal y como sugiere Nancy Andreasen implícitamente en su investigación sobre la pérdida de tejido cerebral debido al tratamiento antipsicótico a largo plazo). Pero para Marcia Angell este argumento merece una reflexión: "si estuviéramos seguros de que los beneficios de los psicofármacos superan con creces los daños que provocan, este sería un potente argumento, ya que no hay duda de que muchas personas se encuentran afectadas gravemente por alguna enfermedad mental. Pero como Kirsch, Whitaker y Carlat argumentan de manera convincente, es probable que estas expectativas no se correspondan a la realidad (...) Al menos, tenemos que dejar de creer que los psicofármacos son el mejor y único tratamiento para la enfermedad mental y el sufrimiento psicológico. Tanto la psicoterapia como el ejercicio físico han demostrado ser tan eficaces como los psicofármacos para la depresión y sus efectos son más duraderos; sin embargo, por desgracia, no existe una industria para impulsar estas alternativas".

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Fuente: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=3843

HEMEROTECA: Descubridor del TDAH confesó antes de morir que es un trastorno ficticio



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El descubridor del déficit de atención confesó antes de morir que el TDAH es un trastorno ficticio


Publicado: 25 may 2013 | 17:08 GMT Última actualización: 29 may 2013 | 13:36 GMT


El descubridor del déficit de atención confesó antes de morir que es un trastorno ficticio
Corbis


      Siete meses antes de morir, el famoso psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg, quién descubrió el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), afirmó que se trata de "un ejemplo de enfermedad ficticia". 

      Esta afirmación, hecha por el destacado médico, fue publicada por el semanario alemán 'Der Spiegel'.

     Los primeros intentos de explicar la existencia de este trastorno fueron llevados a cabo en los años 30. En aquel momento, los médicos que trataban a niños con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse les diagnosticaban el síndrome posencefálico, pese a que la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

     Fue precisamente Leon Eisenberg quien en los años 60 volvió a hablar de dicho trastorno. En el año 1968 incluyó la enfermedad en el 'Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales'.

harvard.edu
                               
      Uno de los principales logros de Eisenberg fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas. El sentimiento de culpa de los padres desaparece de esa forma al pensar que el niño ha nacido así y el tratamiento con medicamentos es menos cuestionable. Sin embargo, pocos meses antes de su muerte, confesó que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de establecer las razones psicosociales que pueden provocar determinadas conductas, un proceso que lleva tiempo por lo que "prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido".

   Después de estas revelaciones se puede mencionar otro estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove. Según esta profesional, de los 170 miembros del grupo que trabaja con el 'Manual de los trastornos mentales', el 56% tenía una o más relaciones financieras con empresas de la industria farmacéutica. 

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Fuente:  http://www.infocop.es/view_article.asp?id=4587&cat=44