Los bonobos solucionan los problemas abrazándose y practicando sexo
Publicado el 09 mar 2011 por Ana
Ecologiablog.com
Los bonobos, esos tiernos monitos de los que tanto desconocemos todavía, son un “ejemplo de pacifismo del que tenemos mucho que aprender los humanos”, afirma Brian Hare, experto mundial en el estudio de estos primates.
Según cuenta Hare, antropólogo de la Universidad de Duke que pasa largas temporadas observándolos en la reserva Lola Ya de la República Democrática del Congo,
no hay quien saque de sus casillas a esta especie. Y si alguien lo
pretende, ya sabe a lo que se expone: besos, abrazos, incluso a una
sesión campestre de sexo como fórmula infablible para reconciliarse y mantener la armonía.
Ellos no cejan en su empeño, erre que erre, abraza que te abraza,
besa que te besa, y copula que te copula…. Es su modo de practicar su
envidiable filosofía hippie de paz y amor que, por cierto, juega un importante papel para su vida en comunidad, explica este especialista, en su comportamiento y manera de interactuar entre ellos:
Siempre que las cosas se ponen tensas en el mundo bonobo, por lo
general tendrán algún tipo de actividades sociosexuales y esto parece
ayudar realmente a que todo el mundo se lleve bien. Pero otra de las
maneras que tiene este tipo de sociedad de practicar el pacifismo es que
son naturalmente más tolerantes. Comparten más, y si uno de ellos se molesta, no sólo practican sexo, también se abrazan o se acercan para hacer sentir mejor al otro. (Traducción libre)
Abrazos y sexo entre bonobos:
Pese a su gran cercanía genética con los humanos, la mayoría de la
gente no sabe casi nada de estos “maravillosos animales”, se lamenta el
primatólogo. Pero, por suerte, en alguna medida sus palabras van
remediando esta ignorancia. Por ejemplo, Hare nos cuenta que mientras que las personas y los chimpancés se matan entre sí, “nunca se supo de ningún caso, ni en cautividad ni en estado salvaje, en el que un bonobo matase a otro bonobo”.
Y, en fin, aunque la sabiduría popular dice que los conflictos no
debemos resolverlos en la cama, como metáfora sí puede sernos útil. No luchar, hacer el amor, no la guerra, tal es su máxima y, sin duda, un camino a seguir. En su caso, al menos, se ha demostrado que funciona muy bien.
Por si lo desconocías, ahí van algunos datos más sobre los bonobos: son bisexuales y viven en una sociedad matriarcal, donde no se forman
familias ni existen las parejas habituales. Según los últimos hallazgos
científicos, saben negar con la cabeza, ríen y son especialmente generosos. Toda una joyita evolutiva.
BONOBO: EL SIMIO MÁS PROMISCUO Y PARECIDO AL HOMBRE
j. de jorge@judithdj / madrid
Día 13/06/2012 - 19.02h
Ulindi, la hembra de bonobo del Zoo Leipzig cuyo genoma ha sido secuenciado
Michael Seres
Un
equipo internacional de científicos liderado por el Instituto Max
Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) ha conseguido secuenciar por completo el genoma del bonobo, el último gran simio cuyo código de barras quedaba por descifrar. El estudio, que aparece publicado en la revista Nature, muestra que los bonobos son junto a los chimpancés los parientes vivos más cercanos al ser humano.
En cuestión de genética nos diferenciamos muy poco, apenas un 1,3%, de
ambas especies, que entre ellas son aún más parecidas, pero mientras los
chimpancés tienen un carácter más agresivo, los bonobos son conocidos
por ser pacíficos, juguetones y sexualmente muy activos.
La investigación puede ayudar a identificar las bases genéticas de
estos comportamientos tan dispares e incluso, quizás, comprendernos
mejor a nosotros mismos.
El bonobo es el último gran simio que faltaba por secuenciar, después del chimpancé, el orangután y el gorila, cuyo genoma se ha conocido
este mismo año. Nuestra «marca de fábrica» coincide con la de bonobos y
chimpancés en la misma proporción (un 98,7%). Sin embargo, el estudio,
realizado con el ADN de Ulindi, una hembra de bonobo del zoológico de Leipzig, revela que en algunas regiones específicas estamos más cerca de los bonobos que de los chimpancés,
mientras que en otras ocurre precisamente lo contrario. Ambas especies
son aún más similares entre sí: su genoma solo se distingue en un 0,4%.
«Esas diferencias son las interesantes, porque pueden ayudarnos a
entender algo tan complejo como es el comportamiento», afirma a ABC.es
Tòmas Marquès Bonet, investigador del Instituto de Biología Evolutiva,
centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y
la Universidad Pompeu Fabra, que ha participado en la investigación.
La bonobo Ulindi
Los
bonobos y chimpancés se separaron hace apenas un millón de años, pero,
en efecto, sus comportamientos sociales son muy dispares. «Mientras el
chimpancé es más agresivo, con episodios frecuentes de ‘guerras’ entre
tribus y un fuerte componente territorial, el bonobo se caracteriza por
su carácter pacífico y por su alto nivel de actividad sexual», explica
Marquès Bonet. «En los bonobos, el sexo tiene una función de unión
social, pacificadora y de reducción del nivel de estrés».
Separados sin cruces
Según
el investigador, el estudio revela «que hubo un proceso de creación de
especies limpio y sin cruces posteriores». Los territorios que ocupan
los bonobos y los chimpancés en África central están muy próximos, separados solo por el río Congo. Se cree que la formación de este río pudo ser la causa de la evolución del antepasado de los chimpancés y los bonobos en dos especies de simios distintas.
El objetivo de los científicos es buscar las bases genéticas que puedan explicar las diferencias de comportamiento entre bonobos y chimpancés.
«Hemos localizado unos pocos genes candidatos, pero se necesitará
seguir investigando para determinar si estas regiones contribuyen de
algún modo a las diferencias y similitudes de comportamiento» entre las
distintas especies, concluye Marquès Bonet. «Ahora, tenemos que empezar a
buscar».
Anonymous exige cárcel para violadores de adolescente
Informaron que saben los nombres de los acosadores de la joven que se suicidó a consecuencia del bullying.
Canadá |
Agencias
HALIFAX, Canadá.- Si las autoridades canadienses no toman medidas, el grupo de "hackers" Anonymous promete revelar los nombres de los acosadores de una joven canadiense que se suicidó este 7 de abril a consecuencia de años de maltrato e intimidación, según publica el sitio web actualidad.rt.com.
En el mensaje dirigido a la Policía de Canadá, Anonymous informó de que saben los nombres de los cuatro acosadores y demandaron que fueran castigados.
“Nuestra demanda es simple: Queremos que N.S. RCMP (Real Policía
Montada del Canadá) emprenda inmediatamente acciones legales contra los
individuos en cuestión. Los instamos a actuar rápido. Si nosotros fuimos
capaz de localizar a los jóvenes en dos horas, no va a pasar mucho
tiempo en que alguien más los localice”.
En el mensaje subrayan que el grupo no opta por tomarse justicia por
su mano, sino que quieren que las autoridades hagan su trabajo.
Rehtaeh Parsons, una adolescente canadiense de 17
años, fue violada en noviembre de 2011 por un grupo de cuatro jóvenes
que además fotografiaron el crimen y distribuyeron las imágenes en su
colegio.
El trauma de la violación, además de la creciente intimidación,
llevaron a Rehtaeh Parsons a la depresión y finalmente al suicidio.
“Hubo una investigación y un año más tarde la Policía dijo que no
había bastantes pruebas, aunque la foto de una menor de edad había sido
distribuida, pensaron que no era un asunto policial”, escribe su madre
en una página de Facebook dedicada a su hija.
La madre escribe que la intimidación fue tan grave que abandonaron la
comunidad y se mudaron a otra ciudad para empezar una nueva vida.
El estado emocional y psíquico de Rehtaeh era tan preocupante que la adolescente estuvo seis meses ingresada en un hospital.
Anonymous ya se ha visto envuelto en casos similares. Uno de los más
sonados fue el caso de la violación de una joven en Ohio, EU, cuyos los
acosadores, dos jugadores de fútbol americano, fueron declarados
culpables. __________
Romper el "tabú" de la pedofilia:el pretexto de los psicópatas para seguir violando impunemente a los niños
Mrs. Tigersoap
Sott.net
sab, 02 feb 2013 10:31 CST
Recientemente,
dos científicos holandeses han propuesto la
legalización de la pornografía infantil. Hace unos meses un simposio fue organizado en los Estados Unidos para
discutir la manera de legalizar la pedofilia. Hoy en día, los pedófilos tienen
sus propios foros y grupos de Facebook, sus partidos políticos, sus diarios, su mascota, sus "juguetes
sexuales", su día internacional ("International
Love Boy Day" para los amantes de chicos o "Alice Day" para los amantes de las niñas) y hasta
forman asociaciones para" defender sus
derechos". Los pedófilos se asumen, se muestran y se reivindican. Casi
olvidaríamos que su asunto es el de violar niños.
Si los pedófilos parecen así de abiertos en sus reivindicaciones al derecho a
"vivir su sexualidad" es en
parte porque juegan algunas nociones y conceptos que a veces son borrosos en la
mente del público (y, de manera más alarmante, entre algunos científicos - pero
veremos que esto no es realmente tan sorprendente). Con el pretexto de la
"libertad
de expresión", de superar el "tabú" y apresurándose a través
de la enorme brecha que dejaron abierta los
homosexuales que (legítimamente, ellos) defendieron sus derechos, los
pedófilos se atreven a todo.
Entre estas nociones vagas en la mente del público, consideremos primero la del tabú.
Por definición, un tabú es algo de lo "que sería impropio
hablar en virtud de las convenciones sociales o morales" (Larousse). A
menudo, el concepto de tabú es un concepto relacionado con la mentalidad
de una época o cultura. Lo que era tabú en un momento ya no lo es en otro. Lo que es
un tabú
en una cultura no lo es en otra. De acuerdo con Freud (quien, por cierto, era
un psicópata, como lo demuestra el
famoso experto de grado en psicopatía, Hervey Cleckley, en su libroThe Caricature of Love (La caricatura del
amor), sólo dos
tabúes son universales: el parricidio y el incesto. Sí, al parecer,
hay regiones, épocas y culturas donde el canibalismo, el asesinato, la necrofilia
y la pedofilia son bastante aceptables...
La noción de tabú es entonces inherentemente subjetiva y variable.
Cuando los medios hablan de tabúes, la palabra es a menudo sinónimo de falta de transparencia, de mentalidad
retrógrada, de disposición a estancarse en el pasado. La definición de la
Larousse ciertamente va en esa dirección. Al parecer, es entonces "la
sociedad", en el más amplio sentido del término, la que determina un tabú y
si ya es hora de sobrepasarlo. A veces para bien (terminar con la discriminación contra los homosexuales), a veces
para mal (la normalización de la
pedofilia).
Sin embargo, ¿el hecho de
que "la sociedad en sentido general" parezca tirar a una dirección,
necesariamente significa que la misma tiene razón? Por supuesto que no. Por un
lado, se debe observar primero el grado de ponerización
de dicha sociedad y por lo tanto su
tendencia a aceptar lo inaceptable. Una sociedad que es cada día un poco
más chocada y traumatizada por los acontecimientos cada vez más violentos ya no
es capaz de responder a otros. Esto se
llama inhibición transmarginal. Por otro lado, hay que ver si es realmente
la voluntad de la sociedad en sentido general, o bien, el hecho que de un grupo
de personas tienen un interés en el asunto y ejercen su influencia.
Que la época en la que
vivimos está ponerizada es obvio. Para
aquellos que todavía están en duda, no hace falta más que consultar la sección
"El niño de la sociedad" de este
sitio [<es.sott.net>]. Usted encontrará
muchos ejemplos de todo tipo de actos del "final
de los tiempos", de degeneración y todo tipo de hechos, cada uno
más preocupante que el otro. ¿Podemos confiar en las decisiones de una sociedad
tal?
Probablemente no. ¿Son éstas las de un grupo de
personas con un interés en el asunto? ¿Serían ellos más confiables? Obviamente
no. Así que tenemos que tener esto en cuenta cuando se habla de "cambio de mentalidad", "la evolución de la moral", "desafiar lo prohibido" y "concepto tabú". También hay que tener en cuenta
que este grupo con un interés en el caso, tratará de explotar la ponerización de la sociedad para sus propósitos.
Otro concepto que parece
confuso es el de la libertad de expresión.
Todo el mundo tiene derecho a tener una opinión y expresarla. Sin embargo, la
propia ley establece que algunas opiniones (racistas "anti-semitas",
sexistas, que inciten al odio o a la violencia) de hecho pierden este derecho
por su propia naturaleza. El hecho de disfrutar de violar a niños ¿no es, por
lo menos, tan grave, si no más, que estas excepciones a la libertad de
expresión?
Luego viene la cuestión de la identidad sexual.
Los pedófilos se defienden diciendo que "nacen de esa manera y no pueden
hacer nada", y evocan a la homosexualidad como un ejemplo de esta sexualidad
que no se elige. Nosotros nos saltearemos (por el momento en todo caso, ver más
abajo) esta comparación tan ridícula como peligrosa (los homosexuales tienen
relaciones CONSENTIDAS entre ADULTOS). Contrariamente, que los pedófilos hayan
elegido su sexualidad o no, no tiene nada que ver con el derecho a la práctica.
Después de todo, si seguimos esta lógica, los necrófilos también podrían hacer
valer este derecho "porque nacieron así" y los degenerados a quienes
les gusta hacer muebles de piel humana también tienen el derecho de expresar su
creatividad, "porque ellos nacieron de esa manera." ¿Debemos dejar que estas personas hagan lo que quieran porque
"nacieron así"? Obviamente no.
Un aumento (debido a que no es algo nuevo, véase más abajo) de la tendencia a
la "tolerancia" es inminente y
por lo tanto estos "progresistas" quieren debatir sobre la pedofilia
y la pornografía infantil con el fin de legalizarlas. Los defensores de la
pedofilia son, obviamente, los pedófilos mismos (que, como hemos visto, incluso
hoy en día se reúnen en asociaciones - a cuándo la asociaciones de fanáticos de
la violación?), pero también los escritores, científicos, sexólogos, profesores
universitarios, políticos, etc., algo que no deja de añadir a la confusión
pública.
De hecho, estos científicos ¿no están allí para guiar
el hombre común que, en esencia, sabe menos que ellos? Esto es lo que sería
lógico pensar, pero lamentablemente es falso. Por un lado, pueden estar tan ponerizados
como la sociedad en general. La corrupción de la ciencia es un hecho probado y
las universidades tampoco son inmunes. Por otra parte, debido a su condición,
estos "especialistas eminentes" pueden ser cortejados (o pagados) por
los psicópatas que tienen un interés en que la pedofilia y la pornografía
infantil sean desdramatizadas y legalizadas. También pueden ser objeto
de abuso por el psicópata y/o pedófilo, expertos en la manipulación y cuya
especialidad es hacerse pasar por víctimas. Por último, no dejemos de lado el
hecho de que
estos científicos pueden ser psicópatas y/o pedófilos ellos mismos.
Nunca están mejor atendidos que por sí mismos después de todo. Así que no tome
automáticamente en serio lo que estas personas dicen. Su situación profesional
o social no es en absoluto garantía de su moralidad o fiabilidad.
En lugar de basarse en
conceptos vagos y desvíos deliberados y sobre el apoyo y el testimonio sesgado
de individuos indignos de confianza, vamos a examinar los hechos para darnos
una mejor idea de lo que realmente significa la pedofilia.
La pedofilia
La pedofilia es una atracción o preferencia sexual de un adulto hacia
niños impúberes o en el inicio de la pubertad. Un pedófilo es una
persona que experimenta este tipo de atracción.
De acuerdo con el criterio de la OMS, los adolescentes de entre 16 y 17
también se clasifican como pedófilos si tienen una preferencia sexual
persistente o predominante hacia niños impúberes al menos cinco años más
joven que ellos.
En la mayoría de las sociedades modernas, este tipo de preferencia
es considerada una perversión sexual (parafilia) y las actividades
relacionadas son condenados por la ley. Los pasajes al acto de pedofilia
o las relaciones sexuales entre un adulto y un niño debajo de la edad
de consentimiento, constituyen, jurídicamente, el abuso sexual de un
menor, un título que puede adoptar diferentes formas según la
legislación y el tipo de acto sexual incriminado. La pedofilia está
clasificada como un trastorno de la preferencia sexual (trastorno
mental) por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y como
una parafilia por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales (DSM).
La comunidad médica cree que la pedofilia es enfermedad, desviación,
perversidad, en una palabra proveniente de la psiquiatría, y tal vez de
la medicina. Se trata de la tesis más aceptada en el discurso
psiquiátrico sobre el tema. (Fuente: Wikipedia)
Vemos, entonces, lo que es la pedofilia: enfermedad, desviación,
perversidad. La pedofilia es una perversión sexual. Que sea o no tabú en
un momento o en un lugar determinado no cambia nada. Los tabúes pasan, la
perversión permanece. Cualquier sexualidad que involucre a otro ser vivo sin su
consentimiento o asimilado (léase: un ser que no puede ser considerado como
capaz de dar consentimiento en virtud de su falta de madurez y cuyo
consentimiento por lo tanto no significa nada) es condenable. La pedofilia no
se puede comparar EN NADA a la homosexualidad. La amalgama es común (por
ignorancia o por intolerancia), pero también porque los pedófilos y psicópatas
han encontrado esta táctica con el fin de ganarse el respeto en la opinión
pública. Ellos intentan recuperar la lucha que los homosexuales han llevado a
cabo por el reconocimiento de sus derechos para satisfacer así su perversión.
Según Anna Salter, en su libro Predators(Depredadores), hay básicamente dos
tipos de pedófilos (en su mayoría hombres, pero de hecho, también hay pedófilas
mujeres): los psicópatas y el resto. El resto, son personas que tienen una
atracción por los niños. Algunos pasan al acto, otros no. Una vez que pasan al
acto, ellos se las arreglan para convencerse de que el niño fue el iniciador del contacto (el más mínimo gesto puede
ser erotizado por el pedófilo), que el niño "es un adulto en el cuerpo de
un niño", que el niño lo deseaba tanto como él/ella, que el intercambio es
agradable y beneficioso para el niño. Son absolutamente incapaces de ponerse en
el lugar del niño, de comprender su sufrimiento y el abuso al que es sometido y
se niegan a ver a su manipulación. Sólo sus instintos importan y éstos tienen
que ser satisfechos. Ilustración:
Daniel Cohn-Bendit (1)
El
niño quiere agradar, ser aceptado y amado. Si un adulto, referencia absoluta
para el niño, lo incentiva a tener una relación, sea del tipo que sea, el niño
no tiene otra opción que obedecer. Decir que el niño podría negarse equivale a
decir que el ratón puede negarse a ser devorado por el gato. No tiene peso. El
niño es manipulable mentalmente y, sobretodo, emocionalmente. Y ésta es a
menudo la táctica del pedófilo: se gana al niño a través de sus sentimientos.
Se gana la confianza, la amistad, el amor, y luego procede a su arreglo
personal. Cuando el niño se siente seguro, el pedófilo "propone". El
niño no es capaz de rechazar. Él pedófilo le habla sobre un secreto a
compartir, un amor especial que sería incomprendido, pero si el niño se resiste
demasiado para su gusto, puede muy bien amenazarlo. El pedófilo generalmente
preferirá a los niños que no están bien, que tienen relaciones difíciles o
inexistentes con sus padres. Propone darles lo que nunca recibió. ¿Qué niño
podría negarse? Una vez que el niño es tocado por un adulto (o adolescente
según el caso) con fines sexuales, el niño no es respetado en su integridad
física y psicológica (y esto también se aplica a un niño cuya imagen se utiliza
con un propósito sexual sin que haya contacto físico directo - ver más abajo).
El niño es manipulado, ya que no tiene la madurez para entender que este acto
no es sólo desviado y reprobable, sino que también tendrá graves consecuencias
en su desarrollo. Incluso las caricias que pueden parecer agradables para los niños
(y por más inquietante que pueda parecer, los niños pueden experimentar una
forma de "placer físico" - un hecho a menudo esgrimido por los
pedófilos como prueba irrefutable de que el niño no sufre y que la relación se
da de manera consentida) es un incumplimiento de su integridad física. A pesar
de que el niño puede parecer curioso o interesado, él no puede entender lo que
significa una relación sexual ni las consecuencias que tendrá sobre su persona.
De hecho, numerosos niños maltratados heredarán una visión de sí mismos, de la
sexualidad y, de manera general; una visión del bien y del mal completamente
perturbada - en el mejor de los casos. Algunos nunca desarrollarán una relación
normal con una pareja, otros encontrarán consuelo en el alcohol o las drogas,
otros se convertirán en delincuentes (en
los Estados Unidos, se estima que el 90% de los adolescentes que están en
prisión han sido víctimas de abuso sexual cuando eran niños) o trabajarán
en la industria del sexo (prostitución,
pornografía); otros se suicidan. Ninguno escapa ileso, cualquiera sea el
abuso. Una vez que hemos sido ensuciados y utilizados, traicionados y abusados
por una persona que supuestamente nos debía proteger (el adulto), ¿como podría
ser de otra manera?
El otro tipo de pedófilo es el psicópata. Es necesario saber que es
psicópata antes de ser pedófilo. El niño es un pretexto, lo que cuenta es el
dominio (a menudo mediante la violencia) del otro. Ver sufrir al niño y
robar su inocencia son partes integrantes del placer experimentado por el
psicópata. Sin embargo, la víctima podría muy bien ser un hombre o una mujer
también. Uno probablemente no puede realmente hablar de atracción por los niños
en este caso. El psicópata no intenta mentirse
a sí mismo diciendo que el niño está dispuesto, el hecho de que el niño no lo
esté ES de donde él retira su disfrute. La falta total de conciencia del
psicópata a menudo lo empuja a filmar sus actos, sea laviolación, la tortura o el asesinato (películas snuff). Él filma por varias razones: para
poder ver las películas cuando no hay una víctima a su disposición, pero
también porque sabe que hay una fuerte demanda de este tipo de películas
odiosas. La pedofilia es de hecho inseparable de la pornografía infantil.
Los pedófilos, sean psicópatas o no, han acudido todos, al menos una vez en sus
vidas, al recurso de la pornografía infantil. No todos ven las películas snuff,
pero la mayoría alivian sus impulsos viendo pornografía infantil de manera
regular.
La pornografía infantil
Antes de hablar de la pornografía infantil, debemos hablar brevemente de la
"simple" pornografía. En el momento en el que vivimos, la pornografía
está en todas partes y ver "hype" se ha hecho casi respetable (otro
signo de la ponerización extrema de la
sociedad). Si la pornografía ha existido siempre (ya existía en la antigüedad),
su distribución y su contenido han "evolucionado" un montón en los
siglos XX y XXI, de las fotos intercambiadas bajo el manto de damas en
combinación, la pornografía ha pasado a revistas a todo color que se venden en
tiendas especializadas. Revistas con fotos cada vez más sugerentes en seguida
fueron vendidas en librerías. Hoy en día, está en todos los hogares a un par de
clics en Internet, y "provocador y atrevido" ya no es suficiente para
describir el contenido cada vez más degradante y violento.
Hay que saber que la adicción a la pornografía en efecto existe. En una excitación fuerte, se libera
dopamina, un neurotransmisor. La repetición de estas dos acciones
(excitación seguida de la liberación de dopamina) hará a los receptores de
dopamina menos sensibles a la misma, un fenómeno de habituación típico de la
adicción. Para un estímulo dado, la reacción se hace menos fuerte. Para
producir el mismo efecto del principio, el estímulo debe ser más fuerte. El
fenómeno de la habituación se manifiesta en cualquiera que vea pornografía
regularmente. Lejos de calmar los impulsos sexuales, la pornografía los
exacerba. El control de los impulsos se hace cada vez más difícil. Y,
sobretodo, debido al fenómeno de la habituación a la dopamina, un adicto a la
pornografía va a buscar una pornografía más "rica en sensaciones", lo
que se traduce en un contenido cada vez más violento y degradante. Esto es lo
que llevó a los "géneros" como el gonzo (y en algunos casos extremos,
las películas snuff) a desarrollarse, un
fenómeno impensable hace algunas décadas.
La pornografía infantil no es una excepción a
esta regla. Por su propia admisión, los pedófilos son, con el tiempo, atraídos
por la pornografía cada vez más violenta y los niños cada vez más jóvenes. Así,
un pedófilo entrevistado por Anna Salter en Nashville, dijo que al comienzo se
sentía atraído por niños de 8 años, pero gradualmente, esta edad disminuyó
hasta su atracción por niños de 2 años. Esto es bastante común según los
numerosos testimonios obtenidos por la autora. Eso responde a aquellos que se
preguntaban cómo puede haber personas que violan a los bebés. Los dos sexólogos
holandeses del inicio del artículo que esperan que los pedófilos estén
satisfechos con una pornografía compuesta de "algunos montajes y dibujos
animados regulados por el gobierno" para regular sus impulsos,
probablemente obtuvieron su título de sexología en la misma facultad que el Dr.
Nick Riviera, o tienen algún interés en mentir...
Desde un punto de vista puramente comercial, la pornografía
(y la trata de niños, porque los dos son
inseparables) es grande. La pornografía por sí sola representaba en la década
de 1990 cerca de $3 mil millones al año sólo en los Estados Unidos (el doble en
el mundo entero). 22 millones de copias de videos de pornografía infantil
fueron vendidas o arrendadas en los Estados Unidos en 1991. Una película snuff
puede vender hasta $5.000 más si se hace "a medida". Dutroux ofreció
sus cohortes entre 2000 y 4000 € para un secuestro de niñas (la reventa
internacional, de acuerdo con las palabras de algunos traficantes puede subir a
$30.000). Si estas cifras (citadas por David Mc Gowan muy detalladamente en su
libroProgrammed to Kill) son correctas,
muchos pedófilos son muy aficionados a este tipo de "recreación". Al
parecer, algunos también tienen grandes medios a su alcance para pagar dichas
sumas, lo cual parece apoyar la idea de que muchos de estos amantes de la
pornografía infantil (y el abuso de niños) son
ricos - como los médicos, abogados, políticos y notables.
Las redes y la élite psicopática
Para estos ricos, la pedofilia y la pornografía infantil son una forma de entretener y
aliviar sus impulsos. Bien integrados en la sociedad - incluso en lo más alto
de la escala social - tienen mucho que perder si son descubiertos. Esta es una
razón por la cual las redes existen. Los psicópatas
y pedófilos trabajan mano a mano para el tráfico de niños y la pornografía
infantil y que sea aprovechada por su círculo de amigos y clientes. Al
considerar estas redes, vemos que ningún entorno está a salvo, pero que
definitivamente hay una gran cantidad de políticos, líderes, celebridades,
jueces, policías, médicos, psiquiatras y abogados. Si usted se pregunta por qué
la proporción de personas depravadas parece ser tan importante en las altas
esferas, he aquí un intento de contestarlo: en primer lugar, el psicópata
raramente se contenta simplemente con un pequeño trabajo discreto que paga poco
(aunque algunos psicópatas de pequeña escala
simplemente viven de los demás) y atraen a estas profesiones, para empezar. Por
otro lado, al psicópata le agrada disfrutar del
estatus y la casi-inmunidad conferida por estas ocupaciones. Por último, debido
a la "respetabilidad" de estas profesiones, el psicópata se ve
obligado a usar una máscara de normalidad (la famosa Mask of Sanity [Máscara de la Cordura] descrita por Hervey
Cleckley) y luego tendrá entonces la necesidad, para compensar, de participar
de actos de depravación para encontrar a su verdadera naturaleza. El abuso de
niños y la visión de pornografía infantil responden bastante bien a esta
necesidad.
Por lo tanto, estas famosas redes (que se han discutido mucho, sobre todo en el
archivo Dutroux en Bélgica, el archivo Zandvoort en los Países Bajos y en el
archivo Franklin en los Estados Unidos) son, aparentemente, muy protegidas, ya
que cualquiera que trate de desenmascararlas se expone a represalias: la
censura del parlamentario Laurent Louis, la
ridícularización pública de la testigo Regina Louf, la destrucción de la
carrera del periodista de investigación Michel Bouffioulx, la desaparición de Stan Maillaud y su esposa Janett
Seemann, la condena Marcel Vervloesem (condenar por pedofilia a las
personas que se oponen es una especialidad de las redes). Estas represalias
pueden ser incluso fatales y la tasa de suicidio en estos casos es simplemente
increíble (¡no menos de 12 testigos "se
suicidaron" en el caso Dutroux! Ver también el "suicidio" con
dos balas en la cabeza del gendarme Jambert en el caso de las desapariciones de Yonne).
La Justicia igualmente parece estar muy a menudo en el lado de los pedófilos.
En Programmed to Kill, David Mc Gowann
afirma que el sistema legal, la justicia y la policía están entre los sistemas
más corruptos y están, literalmente, infestados por psicópatas y pedófilos.
Esta es en realidad su técnica preferida: infiltrarse en los servicios que
podrían poner palos en sus ruedas. Práctico también para tener acceso a la
famosa pornografía infantil "incautadas" por la policía. En efecto, a
través de estas incautaciones ¿no se convertiría la policía en el mayor
poseedor de pornografía en el mundo? Práctico también, ser parte del poder
judicial para hacer descarrilar o retirar los cargos contra sus amigos... o sus
proveedores.
Los pedófilos, así como los psicópatas, son expertos en el arte de estar en las
posiciones o puestos de trabajo que les permitan acceder fácilmente a sus
presas. No hacen nada al azar. Admitido por los pedófilos mismos, ciertas
ocupaciones son conocidas en su medio por ofrecer una acceso fácil y riesgos
mínimos. Este es el caso de la profesión de
sacerdote: los padres católicos muy raras veces atacan en
justicia a los sacerdotes pedófilos por haber violado a su hijo, y la Iglesia
Católica siempre encuentra una manera de cubrir y resolver "el problema
internamente". Sin embargo, las otras religiones no son inmunes. Otros
oficios y ocupaciones para los pedófilos, que tal vez mantienen menos el olor
del incienso, también son posibles: monitores de
campos de vacaciones o de grupos de jóvenes, maestros o entrenadores deportivos.
Los más desviados abrirán un orfanato o una guardería y no sólo tendrán acceso a niños muy
pequeños (o discapacitados) que todavía no saben testificar, ellos
tendrán acceso durante días, lo cual es conveniente para el beneficio de otros
o para hacer películas. Luego están los "ambiciosos", esos que
quieren acceder a su presa. Y ser ricos y famosos. Ellos trabajarán en Hollywood
o, más prosaicamente, para la televisión o la prensa,
incluyendo a la BBC, que sabe permanecer
discreta acerca de la vida privada de sus presentadores; se convertirán en
cantantes, cineastas, deportistas y guitarristas en una banda de rock. Pero la
consagración, probablemente sea ser todas las cosas a la vez: célebre,
poderoso, invencible, y disponer de un acceso sin límite y una inmunidad sin
igual debido a su estatus en la parte más alta de la escala social, en esta
sociedad gangrenada que es la nuestra: el hombre
político.
Hoy está, una vez más, de moda hacer ser
"progresista" y defender el llamado
"tabú" de la pedofilia
y la pornografía infantil, ofreciendo
foros a estas dos perversiones, como han hecho anteriormente algunos,
notablementeLe Monde o Libération.
De todos modos, los ataques contra la mayoría sexual, justamente, fueron objeto
de peticiones en los años 70, publicadas en Libération
y otros periódicos. Y en 1977 salió una petición al Parlamento para derogar los
diversos artículos de la ley de consentimiento sexual y ladespenalización de las relaciones sexuales entre un adulto y
un menor de 15 años. Las personas a las que llamaríamos
intelectuales tales como Jean-Paul Sartre,
Simone de Beauvoir, Michel Foucault, Guy Hocquenghem, Jacques Derrida, André Glucksman, Roland Barthe,
Alain Robbe Grillet, Françoise Dolto o Philippe Sollers, la han firmado.
El mismo año, una carta abierta fue publicada en Le
Monde, para solicitar la clemencia para tres pedófilos que habían abusado de menores y se habían divertido
haciendo fotos de sus proezas. Los autores de esta carta abierta evocaban
"un simple caso 'moral', donde los niños no han
sido víctimas de ningún tipo de violencia", antes de
concluir que "tres años de prisión por besos y caricias, eso es
suficiente." Entre los firmantes, Louis Aragon, Francis Ponge, Roland
Barthes, Simone de Beauvoir, el Dr. Michel Bon, Patrice Chéreau, Gilles y Fanny
Deleuze, Bernard Dort, Jean-Pierre Faye, André Glucksmann, Guy Hocquenghem,
Bernard Kouchner, Françoise Laborie, Jack Lang, Georges Lapassade, Gabriel
Matzneff, Catherine Millet, Jean-Paul Sartre, René Scherer, Philippe Sollers.
Después de esta carta abierta, los lectores de Libération
han creado el Frente de Liberación de Pedófilos (FLIP,
por sus siglas en Francés) (Fuente: Pedopolis)
Liberación
que, por cierto, recientemente ha añadido una capa con este artículo:
Un niño al que privamos de toda fuerza de resistencia, de
cualquier posibilidad de dar un uso libre y colectivo de su cuerpo, de sus
órganos y de sus fluidos sexuales. [...]
Yo fui un día el niño al que Frigide Barjot se jacta de
proteger. Y me levanto hoy en nombre de los niños a los que éstos discursos
hipócritas intentan preservar. ¿Quién defiende los derechos de los niños
diferentes? ¿Los derechos del niño al que le gusta vestir de rosa? ¿La niña que
sueña con casarse con su mejor amiga? ¿Los derechos del niño extraño,
maricón, bollera, transgénero o transexual? ¿Quién defiende los derechos de los
niños a cambiarse de sexo si así lo desean?
Gran argumento para pedófilos y psicópatas que son siempre muy fuertes culpando
a la víctima. En base a este principio falaz según el cual el niño tendría la
madurez suficiente como para tomar las decisiones mencionadas anteriormente,
imaginemos que, a fuerza del derecho de usar "libremente su cuerpo",
él "decide" satisfacer sus supuestas "necesidades sexuales"
con un adulto. Esto no sería culpa del adulto, sino del niño!
Otro
ejemplo reciente, este elocuente alegato para la pedofilia emitido por «Maître
Lévy» sobre un canal del servicio público:
A
pesar de estos ejemplos asombrosos de la degeneración moral, siempre habrá
personas que tienen, ellas mismas, una conciencia y facultades intelectuales, y
que saben que manipular o forzar a un niño a tener relaciones sexuales es un
acto puramente abyecto que merece ser castigado, y los niños del mundo entero
deben ser protegidos. Y vista la poca cantidad de gente de conciencia que no
han alcanzado un grado terminal de ponerización,
es nuestro deber llamar la atención, incansablemente, sobre esta perversión.
Hable a su alrededor, cite las encuestas, haga leer los artículos, llame a las
cosas por su nombre, recuerde las estadísticas. Y hablando de estadísticas,
aquí están algunas cifras, en forma de conclusión: los casos denunciados de abuso infantil (y es bastante seguro estimar que sólo
representan una parte de las cifras!) entre 1963 y 1988 han sido de 150.000
a 2.000.000 POR AÑO, lo que representa un incremento del 1300% en 25
años.
El abuso de
los niños, del cual forman parte la pedofilia y
la pornografía infantil, es una epidemia.
Callar, es propagarla. Callar, es ser cómplice.
Mrs.Tigersoap is from Brussels, Belgium. She has a BA in
Translation and a training in alternative therapies. She got the Truth
Seeking bug during childhood and luckily never recovered. After many
detours, she finally found
Sott.net in 2007. Besides helping with translation into French, she
is a Sott.net Editor and has recently started writing Focus pieces. Her
favourite fields of research are cognitive sciences, psychopathy, diet
and health,linguistics, self-development and science. In her spare time,
she joins Batman in his adventures.
1) Daniel Cohn-Bendit, político europeo de origen alemán, participó en el Mayo de 1968, anarquista, ecologista luego, escribió un libro, Le Grand Bazar, de cuyo contenido posteriormente se arrepintió sabiendo lo que sabe hoy acerca del abuso sexual infantil.
En ese libro Daniel Cohn-Bendit defendía la liberación sexual de los
niños y su capacidad de otorgar consentimiento para vivir su sexualidad
libremente con los adultos. Daniel Cohn-Bendit se justifica diciendo que
en la década de los 70
los revolucionarios estaban obsesionados con la represión en todas sus
formas, incluida la represión sexual y que se creía que una educación
anti-autoritaria era permitir a un niño crecer sin tabúes sexuales. Dice
que exageró al describir que tuvo situaciones sexuales con los niños
del jardín de infantes donde trabajaba y que había sido una manera
contestaria de luchar contra la moral burguesa, que lo había escrito por
pura provocación (Tomado de Wikipedia).
Las técnicas de neuroimagen identifican un área relacionada con la propensión a saltarse la ley
Los científicos discrepan sobre la genética del comportamiento humano
Emilio de Benito
27 MAR 2013 - 22:51 CET
El mapa del cerebro todavía es un arcano. / getty
Los 96 reclusos forman en fila india. Es su último día en prisión,
pero antes de salir a la calle tienen que pasar por una última prueba:
el detector de futura criminalidad. De uno en uno entran en la sala
donde los médicos les colocan una especie de casquete. Sentados frente a
un ordenador, los todavía reos tienen que responder a preguntas y usar
unos videojuegos. Parece un examen del carné de conducir. Pero no les
vale haberse entrenado ni saberse las respuestas. Al otro lado del
cristal, un monitor va procesando sus estímulos cerebrales. Al ver los
resultados de uno de ellos en pantalla, el doctor Khiel lanza una mirada
cómplice al alcaide: “Este”, apunta. No necesita decir más. El director
de la cárcel se vuelve hacia su ayudante: “Toma nota. El recluso 4.567
quedará libre, pero con vigilancia especial. Antes de que pasen cuatro
años lo volveremos a tener aquí”. No es una película. Y, si lo fuera, no
sería muy original, porque Spielberg, en su adaptación del relato Minority report
de Philip K. Dick (1956), ya usó un argumento similar. Pero si
quisiéramos hacer una nueva versión de la película, la frase de que
“cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” no se podría
usar. Más bien, para ser justos con los derechos de propiedad
intelectual, en los títulos de crédito debería figurar otra que dijera:
“Basada en una historia sacada deProceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en su versión recogida por Sciencey Nature”. No es poca cosa como fuente de inspiración: se trata de tres de las publicaciones científicas más importantes del mundo.
Las bases reales de este supuesto guion se están escribiendo en estos
momentos. Las pruebas de neuroimagen son una herramienta cargada de
posibilidades entre los investigadores. En este caso se utilizaron para
medir la probabilidad de reincidir de un grupo de convictos. Y en
ciencia, ya se sabe, después del primer paso vienen los demás. Y la idea
de predecir el comportamiento —más aún el criminal— por métodos
científicos es tentadora. Ya lo intentó Cesare Lomboso en el siglo XIX,
con su intento de identificar y clasificar a los delincuentes en
particular o a las personas en general por su aspecto. La teoría, nunca
comprobada, tuvo bastante éxito, y sus coletazos llegaron hasta Antonio
Vallejo Nájera e incluso a Gregorio Marañón. El franquismo en España
intentó usar algo similar para identificar a rojos y otros desafectos,
con sentencias en las que “la mirada” o “el prognatismo” se asociaban a
comportamientos perseguibles.
En este caso, se utilizó neuroimagen para ver qué pasaba en una
diminuta porción del cerebro, el córtex del cíngulo anterior (CCA). En
concreto, los investigadores de la ONG Mind Research Network de
Albuquerque (Nuevo México) consiguieron el permiso para estudiar el
cerebro de 96 hombres justo antes de salir de prisión. Los sometieron a
una serie de preguntas y pruebas en las que tenían que poner en juego su
sistema de toma de decisiones o inhibir sus respuestas más impulsivas.
Con la resonancia magnética midieron la actividad del CCA de cada uno
durante el proceso.
Esta fue solo la primera parte del ensayo. Aunque todos habían sido
condenados y todos respondían a los mismos estímulos, la actividad del
CCA era variable. En unos se detectaba el aumento propio de un
funcionamiento acelerado; en otros, nada.
Un estudio con 96 presos identifica alteraciones asociadas al crimen
El experimento se completó con un seguimiento de la reincidencia de
estos voluntarios durante cuatro años. Y el resultado llegó al cruzar
los datos de aquella primera prueba de neuroimagen con su registro
delictivo: aquellos que mostraban una menor actividad en el CCA tenían
unas tasas de reingreso en prisión 2,6 veces mayor que los demás. Más
aún: la proporción subía a 4,3 veces si se tomaban solo delitos no
violentos. Y todo ello después de descartar el efecto en el futuro
comportamiento de los investigados de factores como la adicción a
sustancias.
El supuesto doctor Khiel de la historia (un nombre no tan ficticio
porque Kent Khiel es el neurólogo de la ONG que ha dirigido el trabajo)
tenía, por tanto, una base seria para advertir al alcaide del riesgo
potencial de quienes iba a poner en libertad.
La tentación inmediata de esta historia sería hacer la prueba de la
neuroimagen a todo el que vaya a dejar la cárcel. En función del
resultado, ya se sabría a quién habría que poner especial vigilancia.
Quizá, llegado al extremo, se podría pensar en no excarcelarlo. Aún más,
siguiendo el giro que dio Spielberg a la historia, ni siquiera habría
que esperar a que las personas delincan por primera vez: se les podría
detener antes de que lo hicieran. Pero los propios autores del estudio
descartan que esto pueda usarse tal cual. Con los pies en la tierra,
Khiel, el neurólogo real que ha dirigido el trabajo, es categórico: “No
es algo para aplicar ya”.
Sin embargo, el estudio no deja indiferente a los científicos. Miquel
Bernardo, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica
(SEPB), empieza por destacar la importancia de las publicaciones en las
que se ha presentado. No es un guion destinado a consumo masivo y a ser
disfrutado con un cubo de palomitas. Pero, en su papel de representante
del mundo de la ciencia, a renglón seguido, advierte contra la
traslación tal cual de los resultados de las técnicas de neuroimagen.
Estas “han creado expectativas muy esperanzadoras y optimistas para la
predicción y tratamiento de conductas y enfermedades mentales”, pero
este entusiasmo “va por oleadas” y “ahora se está enfriando”, advierte,
de una manera similar a lo que ocurrió con el Proyecto Genoma de hace
más de 10 años, que causó una fiebre por identificar genes relacionados
con todo, desde obesidad a autismo, y ahora mismo esas informaciones,
valiosas sin duda, pasan ya desapercibidas.
La tentación sería aplicar estos métodos con fines de orden público
Lo ideal, indica el experto, sería que se pudiera asociar un área del
cerebro de manera unívoca a una conducta, pero el comportamiento humano
es tan complejo que eso no es posible, por lo que todos estos estudios
hay que tomarlos como “ayudas o pistas”, pero “nunca de manera
definitiva”, dice Bernardo. “Lo que está claro es que en el cerebro está
el sustrato de la conducta humana”. Con algo más de poesía, el
neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás decía en una entrevista
concedida a este periódico en 2009 que “el alma está en el cerebro”.
Según este estudio, la variación en la actividad cerebral puede
asociarse a la comisión de delitos pasados o futuros, pero la psicóloga
forense Rocío Gómez Hermoso cree que tal y como este está diseñado el
estudio no sirve para discriminar si la neuroimagen refleja una causa o
un efecto. “Si es un efecto del comportamiento anterior, no serviría de
nada”.
Lo que está detrás de estos intentos es la base de las disquisiciones
sobre el comportamiento humano desde hace 30 siglos: si nacemos de una
manera o nos hacemos. Se puede aplicar a prácticamente todo:
inteligencia, orientación sexual, propensión a delinquir, bondad —el
hombre como lobo para el hombre de Hobbes o el buen salvaje al que la
sociedad corrompe de Rousseau— o la creatividad. Trasladado al lenguaje
de hace medio siglo, es el debate entre genotipo, lo innato, y fenotipo,
lo adquirido. Santiago Ramón y Cajal lo complicó todo más y lo llevó al
mundo más científico al describir la plasticidad del cerebro: este
determina lo que hacemos, pero cambia según lo que nos pasa.
Desde su desarrollo, la neuroimagen se ha usado para medir qué pasa
en el cerebro en todo tipo de situaciones: al sentir hambre o ira, al
estar sano o enfermo, al leer, al recordar, al conducir, y también en
otras donde parece que el aparataje necesario (una especie de secador de
pelo que es el encargado de medir qué partes del cerebro se activan —o
no— en cada momento) es más complicado de aplicar, como al practicar
sexo o arbitrar un partido de fútbol.
Una psicóloga forense descarta el ensayo frente a las técnicas actuales
Obviamente, Khiel no había elegido estudiar el CCA al azar.Ya en
pruebas más generales se había visto que el CCA, como indica en un
artículo John Allman, del California Institute of Techonology (Caltec),
era un área de “interfaz entre la emoción y el conocimiento”, con
competencias sobre el “autocontrol emocional, la resolución de
problemas, el reconocimiento de errores y una respuesta adaptativa a
condiciones cambiantes en yuxtaposición con las emociones”. Por todo
esto, no se ha estudiado todo el cerebro. La elección del área sobre la
que se investigó, el CCA, es lógica. “Está relacionada con la
impulsividad y el autocontrol”, resume Bernardo. “Una desregulación de
este área significaría vulnerabilidad ante cierto tipo de conductas”,
añade.
No es que los científicos tengan especial predilección por el CCA
(aunque su riqueza potencial lo justificaría). Cada emoción y actividad
se corresponde con una o varias zonas del cerebro, desde respirar a
pensar en física cuántica. O, al menos, eso es lo que creemos. Y es que
el sistema neurológico es, seguramente, el más desconocido del cuerpo
humano. Su núcleo, encerrado por los fuertes huesos del cráneo, es el
cerebro, el órgano más misterioso. Resulta casi imposible de manipular
en vivo. Como si se le pudiera aplicar el principio de incertidumbre de
Heisenberg, medirlo implicaría alterarlo. Y de ahí el auge de las
técnicas de imagen, como la resonancia, que son las que más se acercan a
ver cómo funcionan sus engranajes sin tener que entrar dentro de él.
Por eso, Bernardo cree que la lectura positiva que se puede sacar de
este trabajo, más que lo “exótico” de sus planteamientos —el juego
mental sobre el posible guion que saldría de la historia—, es que se
avanza en dirección hacia unos “nuevos biomarcadores”. Si en otras
enfermedades, como el cáncer, se buscan proteínas o células que indiquen
lo que le pasa al paciente, en el caso de las enfermedades mentales las
técnicas de imagen pueden ser un agente fundamental, “y no solo para
predecir conductas, sino, más importante, para definir tratamientos”,
añade el psiquiatra. “Tiene una utilidad funcional y estructural para
validar diagnósticos, tratamientos y efectuar pronósticos”.
Centrada en el trabajo, Rocío Gómez Hermoso, psicóloga forense desde
1995, señala las debilidades que ve en el estudio. Aunque reconoce lo
atractivo que puede resultar, “concluir algo de un trabajo tan
incipiente es problemático”, afirma. Para la psicóloga de vigilancia
penitenciaria, hay tres inconvenientes grandes en el artículo. “Son solo
96 personas, que son pocas, solo se las sigue durante cuatro años y
falta comparar con el resultado que darían en la prueba personas que no
hubieran estado en prisión”. “Tampoco sabemos la tipología exacta ni a
violencia de sus delitos”. “De hecho, los propios autores reconocen que
no saben cómo pueden influir otros elementos”, indica la psicóloga.
La resonancia es más útil para seguir tratamientos, dice un psiquiatra
Contra los fuegos artificiales de una tecnología muy llamativa pero
con resultados controvertidos, Gómez Hermoso ofrece la realidad del día a
día de su trabajo. “Estamos haciendo un estudio con 150 personas que
hemos evaluado, y hemos acertado —tanto para indicar que van a reincidir
como que no— en el 96% de los casos”.
Para ello, Gómez Hermoso y su equipo han recurrido a la metodología
tradicional: “Medir mediante entrevistas, la observación y las guías de
valoración, básicamente la asunción de la autoría y su responsabilidad;
analizar si existen o no rasgos psicopáticos”. Por eso, asegura: “Ni
tenemos el equipamiento para hacer esas mediciones de neuroimagen, ni lo
necesitamos”.