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lunes, 8 de julio de 2013

HEMEROTECA: Guatemala, los chicos presa fácil del crimen organizado











UN GRAVE FLAGELO SOCIAL

Guatemala: los chicos, presa fácil del crimen organizado  

Hijos de la pobreza y la violencia, muchos menores son tentados para ingresar a pandillas que se dedican a la extorsión, al tráfico de drogas y armas, y tienen un promedio de vida de 21 años. Claves del fenómeno

             

    A los 14 años Andrea no iba al colegio ni soñaba con lo que sería de grande: manejaba miles de dólares de extorsiones, traficaba cocaína y fusiles AK-47 como miembro de una de las violentas pandillas que reclutan niños en Guatemala, incluso como sicarios. 

    Hace poco que esta chica de 20 años bajita, de ojos pardos y cabello negro azabache, cumplió su pena de tres años por extorsión. Sentada en una cafetería, en una de tarde lluviosa en la capital de Guatemala, cuenta una historia que se repite en miles de menores pobres de su país. 

    “Cuando estaba en la pandilla Barrio 18 no tenía sueños, no vivía a futuro, sino en el momento, porque allí uno no sabe si al día siguiente va a amanecer”, dice quien eligió llamarse “Andrea” para preservar su seguridad. Tenía 17 años cuando fue detenida mientras cobraba la “renta” -extorsión sistemática- de un comerciante amenazado de muerte. “Si no me hubieran agarrado, seguiría en la pandilla o estaría muerta”, deduce con frialdad. 

    Ella entregaba a colectiveros, taxistas y dueños de comercios de celulares desde donde caía la llamada de la extorsión. “Si no los aceptan, no contestan y no pagan, los matan. A veces, aunque paguen también”, explica. “Los sábados hacía cuentas, manejábamos de las rentas hasta 90.000 quetzales (12.000 dólares) en una semana. Distribuía cocaína y marihuana; y compraba y guardaba 9 mm, mini Uzis, muchos (rifles) AK-47”, relata. 

     Desde prisión, su “homie” -cabecilla-, condenado a 60 años de cárcel por asesinatos, controlaba a las clicas (células de la pandilla) y sus pasos. “Estoy segura que sabe lo que hago hoy”, afirma. 

    Andrea creció en una barriada del sur de la capital, territorio de Barrio 18, que disputa con la Mara Salvatrucha el control de vecindarios en ciudades y aldeas. Su madre era encargada de un edificio; su padre, un mecánico alcohólico. 


HIJOS DE LA POBREZA Y LA VIOLENCIA 

    “La niñez guatemalteca es presa fácil del crimen. El 95% de los menores en delitos son pobres, con poca educación y familia desintegrada. Las pandillas han hecho de ellos un brazo de la criminalidad”, advierte el subsecretario de Bienestar Social de la Presidencia, Enrique Leal. Unos 820 niños y adolescentes -un alarmante crecimiento de casi 150% desde 2008- están en cuatro centros de menores, 17% por asesinato.

    “Las prisiones están llenas; unos salen, como yo, pero más entran. Hay muchos niños, fáciles de manipular y con mucha necesidad, con 100 quetzales (12 dólares) hacen lo que sea”, lamenta Andrea, cuyo único hermano escapó a la presión de las pandillas.

      El representante de Unicef en Guatemala, el sueco Christian Skoog, expresa que “es más fácil para las pandillas convencer a los niños pobres, que no van al colegio y no tienen oportunidades”, en un país con 50% de los menores de cinco años con desnutrición crónica y el que dos de cada tres adolescentes no van a la secundaria.

       Y es que los delitos de los menores en Guatemala son de alto impacto, coincidieron Skoog y Leal. Un “niño sicario”, de 12 años, fue captado por una cámara en febrero cuando mataba, de dos tiros en la cabeza, a un taxista. Hace poco más de un mes, uno de 14 años mató a balazos a dos mujeres y un bebé en una barriada del oeste de la capital.

     Para Leal, la apuesta está en llevar la educación a los centros. Andrea terminó su secundaria encerrada pero, como muchos, cuando salió, volvió al mismo entorno hostil. Aunque sin tatuajes visibles, está marcada. “Los nuevos de la pandilla me miran. Los vecinos, los colectiveros me conocen; a los que no, les oculto mi pasado”, confiesa.

     Unos 50 homicidios por año en Guatemala son atribuidos a niños, según Unicef. De enero a junio fueron detenidos 889 “reclutados” por el crimen organizado, según el ministro del Interior, Mauricio López. “A estos niños les fallaron sus figuras primarias y ejemplos en la sociedad, pasaron de víctimas a victimarios”, explica Jacqueline Díaz, psicóloga de menores reclusos, incluida Andrea.


“PRESOS O MUERTOS”

     Sectores de la sociedad y del gobierno creen que las bandas reclutan a niños para sicariato y extorsiones, porque la ley guatemalteca impone a los menores un máximo de seis años de privación de libertad. Hay legisladores que proponen juzgarlos como adultos. “Eso viola convenciones internacionales de la niñez. La solución no es castigar penalmente, sino rehabilitar, generar oportunidades para los jóvenes”, opina Skoog.

      En Guatemala, que sufrió 36 años de guerra, la cultura de la violencia está arraigada, coinciden Skoog y Leal. A diario hay 16 homicidios y en 2012 murieron violentamente 592 menores. 

     Jonathan, de 16 años, de la pandilla Barrio 18, murió recientemente en un campo de fútbol bajo las balas de “salvatruchos”, en la guerra por territorios en el norte de la capital. “Tratamos de hacerles ver que en la pandilla su promedio de vida es de 21 años pero, si logran escapar, pueden tener futuro”, asegura Díaz.

    Andrea ve a los nuevos niños pandilleros en su colonia y sabe cómo van a terminar. “Presos o muertos”, sentencia. Mientras lee en su celular un mensaje de texto de su hermano que pregunta si está bien, reflexiona que aunque está libre no tiene libertad. Sólo sale de su casa para ir a la Iglesia y a la Universidad. “Ahora veo el daño que hice; mi mamá se rompe el lomo para darme estudio: voy a ser abogada”, dice convencida, cerrando la conversación. 


             




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Fuente:  http://www.eldia.com.ar/edis/20130707/Guatemala-chicos-presa-facil-crimen-organizado-septimodia10.htm

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