FUNDAMERCED

jueves, 31 de octubre de 2013

Dinámica Social, Vigencia Social de la Ley y Control Social del Individuo


Dinámica social, Vigencia Social de la Ley y Control Social del Individuo

Fundamerced - 21-04-2013

       Vivimos en sociedad, y para vivir en sociedad hemos de ajustar a determinados parámetros nuestra conducta observable o comportamiento manifiesto; esos parámetros son el instrumento que garantizarán que en sociedad existirá el Orden que se requiere para que todos los miembros de esa sociedad puedan alcanzar sus propios fines particulares, y qué es o se constituye entonces en la “garantía” de mis propios derechos así como en la “garantía” del derecho de todos y de cada uno de los restantes miembros de la sociedad.  Por supuesto, la dinámica social impide que todos y cada uno de los aspectos de nuestra cotidianeidad estén regulados por normas jurídicas, pero esto no impide que sean toda esa casuística estén regulados mediante otros mecanismos jurídicos, a saber, los principios generales del derecho, por poner un ejemplo; en otras oportunidades ocurre que por torpeza dejamos de legislar respecto a determinados aspectos, o derogamos normas que regulaban situaciones concretas pero no sustituimos esas normas por otras:  En el caso específico que se refiere al del duelo, antiguo modo arraigado en antaño para limpiar el honor, combatiendo contra el ofensor, pero que en una sociedad cómo la nuestra carecería de objeto y de sentido, principiando porque aquél “honor” de épocas pretéritas es inexistente, aparentemente; sin embargo, no puede ser eliminado de nuestra legislación, por cuanto el combate a duelo forma parte de la indiosincracia humana, y en cualquier momento a alguién se le ocurre usarlo (de hecho, en nuestros recintos penitenciarios es usual observar este tipo de combate, al cual denominan “coliseo”; o sea, aún se conserva y se practica en nuestra sociedad), además de constituir a simple vista una circunstancia que habría de actuar como atenuante, por haber actuado el sujeto empujado o impelido por la necesidad de eliminar aquello que le mancilló su honor. De modo pues, no es que nuestra ley penal consagra el duelo, o lo permite, no; nuestra ley penal, y así ocurre en toda Iberoamérica, consagra que quién hiera o mate a otro en duelo será castigado con una sanción relativamente menor a aquella que se aplica por matar o herir a otro; no la consagra, la considera una atenuante.

     Del mismo modo, quisiera mencionar los casos respecto a la mendicidad,  la prostitución, el dedicarse a la vagancia, ser de carácter pendenciero o dedicarse a los juegos de envite y azar, todos tipificados penalmente, más no aplicados, por carecer de vigencia social, y en consecuencia un gentío dedicado a labores de tahúr, proxenetas, mendigos, etc.  Empero, la Ley está allí, para ser cumplida, para ser observada; cayó en desuso, pero allí está.  Es una falta achacable a quienes administran justicia y a quienes diseñan los programas de políticas públicas; algo así como eliminar un recinto penitenciario, sin construir primeramente otro que sirva para albergar a la población penitenciaria: Una torpeza, cómo lo fue en su momento la derogación de la Ley contra Vagos y Maleantes, debido a que era violatoria de Derechos Humanos y, por tanto, inconstitucional; una torpeza cómo lo fue también el haber eliminado el Reten de Catia,en Caracas, que aumentó en su época el hacinamiento carcelario.

         Sin embargo, quieres conocer la posición de FUNDAMERCED respecto a otros temas mucho más álgidos, cómo lo es la legalización de drogas.   Para darte respuesta, retomaré el argumento ya expuesto:   Todo individuo debe ajustar su propio comportamiento manifiesto a las correspondientes pautas exigibles en su sociedad; siendo así, será la Ley quién determinará cómo habrá de comportarse en sociedad todo individuo; y para determinar cuál habrá de ser ese comportamiento primeramente habrá de establecer cuál es el tipo de sociedad que quiere promover, pues de esa elección dependerá el contenido tanto de la socialización como de la resocialización de todos los individuos.

          En apretujada síntesis, no se trata de sí estamos o no en contra del matrimonio gay, o en contra de reconocerles a los gays los mismos derechos patrimoniales, sociales y económicos gozados por las parejas heterosexuales, estén o no unidos en matrimonio; se trata más bién de tratar de conservar ese “orden” que se supone me garantiza la Ley, pues de una parte se pretende feminizar a toda la sociedad, conduciéndola a una especie de  abominable sodomización, y de otra parte se estaría posibilitando que los pedófilos y pederastas también pretendan “amar” impúberes pero sin riesgo de ser sancionados ni perseguidos:  ¿Tienes hijos… o sobrinos?  Aceptemos hoy una abominación, y mañana tendremos que aceptar otra abominación parecida.  Sí hoy aceptamos el matrimonio gay, mañana tendremos que aceptar el matrimonio entre adultos y niños (apenas hablen, pues el “amor” lo podrán consentir hasta con la mirada), así como tendremos que aceptar igualmente que se casen tres personas entre sí al mismo tiempo (tribadismo) o que un hombre despose varias mujeres (poligamia), o que una mujer se despose con varios machos (poliandria). [y aún me faltaría agregar aquellos cuya parafilia son los animales: Los zoofilos, los que yacen con animales !...]

         ¿Legalización de drogas?  Primeramente hemos de establecer que es aceptable socialmente, pues suponemos que sí el alcohol provoca daños a nivel social (ausentismo laboral, accidentes de tránsito, homicidios, lesiones, etc.), las drogas igualmente provocarán graves daños, toda vez que alteran  al individuo, al igual o mucho más que el alcohol. Sin embargo, sí suponemos que una abominación es “aceptable” por qué así nos lo hacen suponer hasta por TV, careceremos entonces de un adecuado criterio para discernir qué es lo que nos conviene cómo sociedad; y esa falta de adecuado criterio será mucho más grave cuándo advertímos que aún restringiendo el tráfico de drogas no sabemos ni hemos podido controlar siquiera a los conductores que irresponsablemente deambulan por nuestras calles, chocando y matando gente por doquier.  Tenemos Ley, pero en el papel; y cuándo la aplican, la aplican unos autómatas, ignorantes hasta del propósito y razón del espíritu de la Ley. 

        ¿Legalizar drogas?  Será nuestro acabóse como sociedad; no hemos podido lidiar con unos cuántos malandros, por respetarles los derechos humanos, mucho menos podremos lidiar con los millares de zombies que surgirán cuándo las drogas circulen libremente por nuestras calles.   

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