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sábado, 2 de agosto de 2014

Rani Hong: Trata de Personas, verídico relato



 Radiografía de la trata de personas

"Me vendieron en la India cuando tenía siete años"
 
Rani Hong, una sobreviviente de este crimen execrable, le contó a El Espectador su historia. 

El Mundo 2 Ago 2014 - 11:19 am

Por: Juan David Laverde Palma
"Me vendieron en la India cuando tenía siete años"
 Rani Hong. /Cortesía


     Mientras el mundo parece concentrar sus esfuerzos en la lucha contra la droga, la corrupción y otras formas de violencia, no es mucho lo que se ha avanzado para ponerle freno de una buena vez a un delito tan execrable como la trata de personas. Es común que en el imaginario colectivo, cuando se menciona esta forma de esclavitud moderna, siempre se asocie con explotación sexual. Pero casi nada se dice sobre la mendicidad ajena, redes internacionales para el trabajo forzoso, la extracción de órganos, el matrimonio servil y otras tantas variaciones de un mismo fenómeno delictual que hace metástasis.

     Los reportes de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el delito provocan escalofríos. Se sabe que seis de cada 10 víctimas son mujeres. Y que tres de cada 10 de ellas son menores de edad. “Mientras los países de Europa y de Asia central informan de que el 16% de las víctimas detectadas son menores de edad, en África y el Oriente Medio los menores representaron el 68% del total”, asegura el último informe, con corte a 2012. La radiografía de este crimen constituye un verdadero desafío para las autoridades, pues el crimen organizado ha logrado burlar la acción de los organismos de control para multiplicar con éxito estas formas de explotación mundial.

     Sólo por mencionar una estadística: según Naciones Unidas, la trata de personas con fines de extracción de órganos representó el 0,2% del número total de casos detectados en 2010 (un universo calculado de 400 mil víctimas). Así mismo, en América Latina el 27% de las víctimas son menores de 18 años; entre 2012 y 2014 se identificaron victimas de 136 nacionalidades que estaban siendo explotadas en 118 países; se sabe que hay no menos de 460 rutas en todo el mundo para el traslado de personas con fines de explotación; y unas 140.000 víctimas llegan a Europa cada año para ser explotadas sexualmente. Falta mucho aún para documentar cómo los niños son secuestrados por grupos ilegales para que sirvan a su causa.

     Este 30 y 31 de julio en Cali se realizó el Encuentro Internacional de Sobrevivientes de Trata de Personas, un evento apoyado por el ministerio del Interior, la Organización Internacional para las Migraciones, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la Fundación Marcela Loaiza, que en los últimos años ha venido ganando un espacio en la lucha contra este fenómeno de violencia. En diálogo con este diario el viceministro del Interior Juan Camilo Restrepo señaló que hay una urgencia para detener este flagelo a como dé lugar, que se han desarrollado esfuerzos institucionales para ponerle coto a los tentáculos de estas redes en Colombia, pero que falta mucho por hacer aún. Dijo que si se logra avances importantes en esta lucha “habrá valido la pena haber sido viceministro”.

       Cada historia de cada víctima podría ser un libro. Sin embargo, muchas veces son las frías estadísticas las que se apoderan de los titulares de los diarios y otros medios en el mundo. El Espectador habló con Rani Hong, una sobreviviente de este delito. A los siete años fue separada violentamente de su familia en el sur de la India y poco tiempo después ya era víctima de trabajos forzados por parte de una red internacional. Su historia tiene un pasado de violencia del que logró sacudirse y hoy es un ejemplo en el mundo, al punto de que el año pasado, ante 193 representantes de todos los países, alzó su voz en la Asamblea de Naciones Unidas. Y el mundo la escuchó. Esta es la entrevista.

¿Cómo fue la experiencia de hablar ante las Naciones Unidas?

El día 3 de octubre de 2013 yo hablé en la Asamblea General de las Naciones Unidas y les dije: “Quiero hablar un día para que todo el mundo reconozca las millones de víctimas que existen y que nos ofrezcan apoyo”. Entonces dije: “Yo hablo por aquellas personas que no tienen voz, estoy aquí hoy con ustedes para hablar por las millones de pequeñas niñas, tal como la pequeña niña que fui yo alguna vez, que fue silenciosa, callada y esclavizada sin posibilidad de hablar. Hoy quiero que toda la Asamblea de Naciones Unidas, los 193 países aquí presentes, creen un día para que el mundo me vea como una persona, no como una ganancia”. Yo estoy complacida de decir que en diciembre pasado, la Asamblea General pasó una resolución en la que estipuló que el día julio 30 del año 2014 iba a ser el primer Día Mundial Contra la Trata de Personas. Estoy muy complacida de que las Naciones Unidas tomaran una acción de esta manera y hoy celebro este día y estoy en Colombia. Es muy grandioso el hecho de que crea que Colombia sea el líder en la lucha contra esta problemática.

¿Por qué a pesar de que este fenómeno está tan extendido por el mundo y lleva tantos años sólo se vino a declarar el día mundial contra la trata este año?

Nosotros hicimos esa pregunta. La esclavitud ha existido en el mundo durante milenios, nosotros pensamos que había terminado en 1865, pero sabemos que no fue así. No terminó en 1865 la esclavitud. Hoy en día hay más mujeres y hombres que están siendo esclavizados para trabajos forzados y eso es una forma de tráfico humano también. Nosotros estamos preguntándonos por qué se han demorado tantos años en conmemorar este día, pero creo que lo que pasaba era que las víctimas no eran visibles antes. Muchas víctimas no podían hablar, no rompían su silencio. 14 años atrás yo rompí mi silencio y hablé. No tenía idea de lo que estaba pasando. En 2013 me paré frente a la Asamblea de las Naciones Unidas para decir “soy una persona, tengo un nombre un real, soy una hija y soy una madre”. Y por esa razón las formas modernas de esclavitud tienen que ser abordadas a escala mundial, donde ningún país acepte este tipo de negocio. Yo esperaría que ojalá no necesitáramos celebrar este día porque la esclavitud no debería existir, pero desafortunadamente vivimos en un mundo donde las personas compran y venden niños para tener una ganancia. Entonces, ¿por qué se demoró tanto? No debió haber tomado tanto tiempo el hecho de reconocer eso, pero parte de eso es porque las víctimas no eran visibles. Cuando las víctimas son visibles hacemos cosas sorprendentes. Nosotros podemos emprender nuevas conversaciones y creamos nuevas soluciones. Hoy en día creo que avanzamos en este tema.



¿Cómo resultó afectada por este flagelo?



Mi historia es la historia de una pequeña niña que a los siete años fue vendida para ser esclava. Una bebé, una niña que fue llevada de la parte sur de Kerala, en la India, a otra provincia donde no conocía ni siquiera el idioma. Estaba totalmente desorientada, temerosa y sola. Los traficantes me dijeron, cuando lloraba por mi mamá, que ella estaba muerta. Yo seguía llorando, lloraba más y más y más y después empecé a creer que era verdad que mi mamá había muerto. Pero en 1999, viajé nuevamente a la India por primera vez en mi vida y pude reunirme nuevamente con mi madre biológica después de 21 años. Ella pensó que yo también estaba muerta. Los traficantes no lograron que nos separáramos, hoy somos un gran equipo para poder cambiar el mundo.

¿Qué recuerda de esa época cuando fue “vendida”?

Yo fui vendida a los 7 años. Debido a que estaba muy enferma, los traficantes pensaron que iba a morir. Yo me veía en un estado tan deplorable que mis traficantes, mi propietario pensó que yo no tenía ningún valor, entonces me sacaron del país. Durante un año fui esclavizada y a los 8 me vendieron nuevamente a una red internacional de adopción y me llevaron a Canadá. Y de Canadá después me llevaron a los Estados Unidos. En este momento, yo vivo a Seattle.

¿Qué la obligaron a hacer?



A los 7 años los niños tienen manos pequeñas, entonces para trabajo forzado nosotros podemos trabajar mucho más rápido que un adulto por nuestras manos pequeñas. Mi propietario estaba involucrado en la fabricación de ladrillos, entonces utilizaban a los niños para fabricar ladrillos en contra de nuestra voluntad, sin ninguna paga. Debido a que yo no podía hacerlo bien, por eso me vendieron.

¿Cómo pudo salir de ese mundo?

A los ocho años… Estamos hablando de una niña bastante pequeña que no sabe nada del mundo. Entonces llegué a América, no podía caminar porque había sido mantenida en una caja, en una especie de jaula, y se me habían atrofiado mis músculos. Mis piernas estaban en esta posición de estado fetal, no funcionaban para nada. Fuera de eso me cerré totalmente, no podía hablar, no quería hablar porque me sentía abusada. Cuando llegué a Norteamérica nadie sabía qué hacer conmigo. Pero una sola persona, mi madre adoptiva, me dio mi libertad. Me dio libertad para dejar de ser esclava. Nell Clark se llama ella. Ella me dio una cosa, me dio amor. Cada niño tiene el derecho de no ser explotado y mi madre adoptiva me ayudó, trabajó conmigo, me amó y yo volví, pude surgir nuevamente como persona y me sané.



¿Qué sabe de las redes de traficantes en la India?

Nosotros sabemos que esto sucede en todos los países y que ningún país está exento. India es conocida como el país número uno que utiliza trabajo forzado de niños y niños esclavos. Hoy día estoy trabajando con el gobierno de la India, con los periodistas, y con las personas de diferentes ONG para crear una concientización. Yo trabajo con Bollywood (el Hollywood indio) para que los actores se involucren, trabajo también con Hollywood en Estados Unidos porque necesitamos voces que compartan mi voz, que repliquen mi voz, de manera que yo no me sienta sola.



¿Cómo fue su reunión con su mamá? ¿Cómo fue encontrarla otra vez?

En noviembre de 1999 recibo una llamada y alguien dijo: “¿Sabe qué? Yo soy su hermana”. Y dije, cómo así, yo no tengo hermana, qué está pasando. Fui a visitar uno de mis orfanatos en la India y alguien me reconoció y me dijo: “Usted vino de otro lugar”. Entonces me llevaron al otro sitio de donde yo provenía y estuve esperando a mi mamá biológica allá. Habíamos pactado una cita. Y finalmente pude verla. Nos reunimos y fue maravilloso. Esos traficantes no pudieron separarnos. Esto funciona como una industria. El traficante toma la oportunidad y la explota. Toma un niño, a un ser humano y lo vende para obtener una ganancia. La persona que me reclutó, esa mujer le prometió a mi mamá que me iba a proteger, dar comida, pero en realidad estaba en la industria de vender niños a otros estados.



¿Qué la impulsó a contarle al mundo su historia?

Primero no quería hablar sobre eso. Yo no quería romper mi silencio porque era muy difícil. Cuando miraba hacia arriba no veía a nadie haciendo esto, una víctima que saliera adelante. Yo dije: “No, jamás vamos a terminar esto a no ser que alguien se pare y diga”. Yo me animé, fui valiente y en 2013 hablé frente a 30.000 personas. Y luego fui a la Asamblea General de Naciones Unidas, 193 países reunidos, y les dije: “Yo quiero acción, quiero planes para terminar con ese crimen, es un crimen que amenaza la seguridad. Cada país debe estar preocupado por lo que está pasando y tomar acciones al respecto para evitarlo”. Hoy sé que hay más conciencia. Este crimen infame tiene que ser desterrado de este mundo ya.

Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/me-vendieron-india-cuando-tenia-siete-anos-articulo-508124

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